El mismo día dos medios dan cuenta del atropello a Econoinvest

EL CASO DE LA CASA DE BOLSA Econoinvest es digno de Ripley. Los acusaron de no tener dinero para respaldar a los inversionistas y tras llegar un nuevo interventor las autoridades se “dan cuenta” que se pagaron todas las deudas y les sobran varios cientos de millones de bolívares que deben ser devueltos a sus dueños que están presos sin juicio y sin nadie, desde el alto gobierno, que de una orden para que los liberen pues se ha comprobado que no cometieron delito.

La justicia venezolana, queda demostrado una vez más, no es independiente y protege a los ladrones de cuello rojo cuyas tropelías han quedado harto demostradas con la intervención de la empresa solvente.

La columna editorial de Tal Cual bajo el seudónimo de Simón Boccanegra del pasado viernes es demoledora:

¿Quién responde por las tropelías contra Econoinvest?

¿Quién va a devolverles a los cuatro ejecutivos de Econoinvest los dos años que tienen encerrados por un infundio que acaba de ser echado por tierra por el segundo interventor de la casa de bolsa? La primera interventora, Nahunimar Castillo, logró crear la impresión de que Econoinvest era un hueco sin fondo, mientras ella aprovechaba para hacerse de un sueldo fabuloso con dineros de Econoinvest.

Los meses transcurrían y la señora, dicen que muy amiga del Superintendente Nacional de Valores, Tomás Sánchez, cometía otro conjunto de irregularidades, que llevaron a su destitución. Fuera de la golilla Nahunimar, su sucesor, Víctor Moreira, en tres meses resolvió el problema. Pagó a todos los acreedores y tenedores de bonos, y todavía, a pesar del arrase que llevó a cabo Nahunimar, sobraron unos cien millones de bolívares, que lógicamente serán entregados a los accionistas.

Miles de ahorristas fueron perjudicados por la conducta abusiva y ofensiva del primer equipo interventor, con el visto bueno del Superintendente Nacional, Tomás Sánchez. ¿Esto se queda así? ¿Quién indemniza a la gente de Econoinvest? ¿Van a continuar presos a pesar de que ha quedado demostrada la solidez y solvencia de la casa de bolsa? ¿Los responsables de la intervención chimba de Nahunimar no van a responder por sus actos? ¿Tampoco el Superintendente Nacional? Econoinvest era la punta del iceberg. Aquí fueron intervenidas casi un centenar de casas de bolsa.

¿Todas con la pulcritud que caracteriza a Víctor Moreira?

En el semanario Quinto Día del pasado viernes bajo la firma de J.A. Almenar aparece un segmento de sus “Exclusivas de Última Página” ésta nota sobre el drama que viven los socios de Econoinvest, varias veces mencionados en Runrunes:

Exclusivas de Última Página

JUSTICIA. Alguna vez leí en un libro del filósofo norteamericano William J. Bennett, un párrafo que enseñaba cómo en la vida de toda persona hay momentos de tristeza, inevitables. Sólo podemos ayudarnos los unos a los otros a enfrentarnos a esa tristeza y, con suerte superarla. Y concluía igual que, cualquier otra virtud la compasión requiere práctica. Debemos habituarnos a mantenernos junto a los demás en sus malos momentos. No sólo es sino de madurez, sino también de ser buena persona.” Pero no es la compasión como sinónimo de lastima. Es para mí la de un acto de humanidad capaz de corregir la desviación en la aplicación de la norma, que es el fin ulterior de la justicia en la sociedad y esto último lo digo yo. Evoco aquellas frases cuando un día de esta semana me encuentro a las puertas de una clínica, a un viejo amigo que llevaba varias horas a la espera de su hijo, enfermo desde una prisión adonde había ingresado sano y optimista porque sentía que nada lo acusaba. Pues, no fue así. Por lo que me dijo el viejo amigo, jubilado, honesto, ex funcionario, extraviado en mirada que buscaba al hijo que no acababa de llegar, el joven llevaba para la fecha meses y tal vez años encerrado cuando el Poder decidió que junto a otros jóvenes de Econoinvest, debía perder su libertad y su derecho a vivir. El viejo me contaba cómo a la hora de la decisión, esa empresa mantenía bienes y activos. Si hubiera que juzgar, habría que empezar por sus verdugos o algunos de sus interventores. Lo que frustra a este paciente padre es lo que se esgrime para mantener en prisión a su hijo y como él a otros ejecutivos financieros, es que deben esperar una orden de “muy arriba”. Las palabras del buen señor traen a mi memoria, además de aquella reflexión de Bennett, los indultos de ayer a quienes disponen de destino de los presos de hoy. Contra aquellos hubo pruebas, cualquiera fue la justificación política de sus actos, contra estos me dice el viejo amigo, no las hay. Créemelo Almenar. Será que en algún momento llega, no la compasión, la justicia, mi buen amigo. Y me entrega este verso y quiere que llegue donde tiene que llegar. “Por muchos peligros y trabajos Mi ser ha tenido que pasar. La gracia me trajo hasta aquí a salvo. La gracia me llevará a mi hogar. Allí sigo a la espera de mi hijo. Que va a llegar”. Releo su verso y me conmueve. ¡Suerte mi buen amigo!

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EL CASO DE LA CASA DE BOLSA Econoinvest es digno de Ripley. Los acusaron de no tener dinero para respaldar a los inversionistas y tras llegar un nuevo interventor las autoridades se “dan cuenta” que se pagaron todas las deudas y les sobran varios cientos de millones de bolívares que deben ser devueltos a sus dueños que están presos sin juicio y sin nadie, desde el alto gobierno, que de una orden para que los liberen pues se ha comprobado que no cometieron delito.

La justicia venezolana, queda demostrado una vez más, no es independiente y protege a los ladrones de cuello rojo cuyas tropelías han quedado harto demostradas con la intervención de la empresa solvente.

La columna editorial de Tal Cual bajo el seudónimo de Simón Boccanegra del pasado viernes es demoledora:

¿Quién responde por las tropelías contra Econoinvest?

¿Quién va a devolverles a los cuatro ejecutivos de Econoinvest los dos años que tienen encerrados por un infundio que acaba de ser echado por tierra por el segundo interventor de la casa de bolsa? La primera interventora, Nahunimar Castillo, logró crear la impresión de que Econoinvest era un hueco sin fondo, mientras ella aprovechaba para hacerse de un sueldo fabuloso con dineros de Econoinvest.

Los meses transcurrían y la señora, dicen que muy amiga del Superintendente Nacional de Valores, Tomás Sánchez, cometía otro conjunto de irregularidades, que llevaron a su destitución. Fuera de la golilla Nahunimar, su sucesor, Víctor Moreira, en tres meses resolvió el problema. Pagó a todos los acreedores y tenedores de bonos, y todavía, a pesar del arrase que llevó a cabo Nahunimar, sobraron unos cien millones de bolívares, que lógicamente serán entregados a los accionistas.

Miles de ahorristas fueron perjudicados por la conducta abusiva y ofensiva del primer equipo interventor, con el visto bueno del Superintendente Nacional, Tomás Sánchez. ¿Esto se queda así? ¿Quién indemniza a la gente de Econoinvest? ¿Van a continuar presos a pesar de que ha quedado demostrada la solidez y solvencia de la casa de bolsa? ¿Los responsables de la intervención chimba de Nahunimar no van a responder por sus actos? ¿Tampoco el Superintendente Nacional? Econoinvest era la punta del iceberg. Aquí fueron intervenidas casi un centenar de casas de bolsa.

¿Todas con la pulcritud que caracteriza a Víctor Moreira?

En el semanario Quinto Día del pasado viernes bajo la firma de J.A. Almenar aparece un segmento de sus “Exclusivas de Última Página” ésta nota sobre el drama que viven los socios de Econoinvest, varias veces mencionados en Runrunes:

Exclusivas de Última Página

JUSTICIA. Alguna vez leí en un libro del filósofo norteamericano William J. Bennett, un párrafo que enseñaba cómo en la vida de toda persona hay momentos de tristeza, inevitables. Sólo podemos ayudarnos los unos a los otros a enfrentarnos a esa tristeza y, con suerte superarla. Y concluía igual que, cualquier otra virtud la compasión requiere práctica. Debemos habituarnos a mantenernos junto a los demás en sus malos momentos. No sólo es sino de madurez, sino también de ser buena persona.” Pero no es la compasión como sinónimo de lastima. Es para mí la de un acto de humanidad capaz de corregir la desviación en la aplicación de la norma, que es el fin ulterior de la justicia en la sociedad y esto último lo digo yo. Evoco aquellas frases cuando un día de esta semana me encuentro a las puertas de una clínica, a un viejo amigo que llevaba varias horas a la espera de su hijo, enfermo desde una prisión adonde había ingresado sano y optimista porque sentía que nada lo acusaba. Pues, no fue así. Por lo que me dijo el viejo amigo, jubilado, honesto, ex funcionario, extraviado en mirada que buscaba al hijo que no acababa de llegar, el joven llevaba para la fecha meses y tal vez años encerrado cuando el Poder decidió que junto a otros jóvenes de Econoinvest, debía perder su libertad y su derecho a vivir. El viejo me contaba cómo a la hora de la decisión, esa empresa mantenía bienes y activos. Si hubiera que juzgar, habría que empezar por sus verdugos o algunos de sus interventores. Lo que frustra a este paciente padre es lo que se esgrime para mantener en prisión a su hijo y como él a otros ejecutivos financieros, es que deben esperar una orden de “muy arriba”. Las palabras del buen señor traen a mi memoria, además de aquella reflexión de Bennett, los indultos de ayer a quienes disponen de destino de los presos de hoy. Contra aquellos hubo pruebas, cualquiera fue la justificación política de sus actos, contra estos me dice el viejo amigo, no las hay. Créemelo Almenar. Será que en algún momento llega, no la compasión, la justicia, mi buen amigo. Y me entrega este verso y quiere que llegue donde tiene que llegar. “Por muchos peligros y trabajos Mi ser ha tenido que pasar. La gracia me trajo hasta aquí a salvo. La gracia me llevará a mi hogar. Allí sigo a la espera de mi hijo. Que va a llegar”. Releo su verso y me conmueve. ¡Suerte mi buen amigo!

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