
A veces pienso que los problemas de este país se arreglarían más fáciles si sentáramos a Venezuela en un talk show. Cada tarde cuando llego a mi casa, Josefa la señora que trabaja ahí está enchufada a Venevisión Plus viendo un programa llamado Casos de Familia. Es como el show de Cristina salvo que en este caso la conductora no deja a hablar a nadie, pero tampoco es tan amarillista como la señorita Laura cuando gritaba: “¡Qué traigan al amante! ¡Qué pase el desgracio!”
En Casos de Familia se resuelven una infinidad de cuestiones dantescas con acento mayamero. El otro día estaba una adolescente gritándole a su madre porque no la dejaba “ejercer mi sessualidad” con un chico de su edad cuando sí le permitía a su hermano hacer lo mismo con una compañera de estudios de la menor. Cualquier casualidad es pura coincidencia pero si comparamos esto con la situación política en Venezuela debemos preguntarnos, ¿no es la misma vaina?
La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha tomado una decisión de forma unánime en el caso de Leopoldo López, quien fue inhabilitado por la Contraloría General de la República hasta el año 2014. La decisión aún no se ha hecho pública pero por los vientos que soplan, ya sabemos que la misma le dirá a Lilian Tintori que vaya comprando tarros de protector solar para que López no se queme bajo el sol de la campaña hacia las presidenciales.
La decisión parece ser tan obvia que hasta Luisa Estela Morales, presidenta del TSJ declaró recientemente en el programa de José Vicente Rangel en Televén lo siguiente: “Nuestro país es respetuoso de los acuerdos internacionales que ha suscrito siempre y cuando los órganos internacionales respeten la soberanía y nuestra jurisdicción”. En criollo, para el Poder Judicial venezolano, los jueces internacionales de peluca rizada podrán decir misa pero Leopoldo López que no se vista de candidato porque no va. Publíquese y regístrese.
Dado que las cortes internacionales no pueden imponer sanciones a los Estados Miembros que no ejecuten sus fallos, el juego está trancado. Por lo tanto, la solución más fácil es sentar a Leopoldo López y a Luisa Estela Morales en un talk show como Casos de Familia. Un set con cómodas sillas donde ambos puedan ventilar su “¿cómo hacemos?” frente a una audiencia en vivo.
Allí los dos personajes hablar sobre sus diferencias, traer a un experto y responder preguntas del público. La señora Morales podrá explicar que la cosa juzgada es cuando se han agotado todos los recursos posibles para impugnar una sentencia. El señor López podrá interrumpir diciendo que Venezuela es parte de la OEA y que el dictamen de la Corte Interamericana es la última instancia para agotar la sentencia que lo inhabilita.
Si se quieren caer a piñas para darle un efecto dramático, bien por el rating. Pero no es la idea. Se lo deben a la audiencia. Un público escogido al azar que no podrá saber mucho sobre tecnicismos legales pero que no le teme a opinar cuando siente que alguien tiene la razón. Ya va siendo hora que comencemos a pensar más en los problemas de la gente y menos en quien ocupa el cargo. Que se respeten las decisiones internacionales, sea cual sea el dictamen, antes de que sea demasiado tarde. Pues airear nuestros trapos sucios en un talk show es definitivamente lo único que nos falta por vivir en Venezuela.
Toto Aguerrevere
@totoaguerrevere

A veces pienso que los problemas de este país se arreglarían más fáciles si sentáramos a Venezuela en un talk show. Cada tarde cuando llego a mi casa, Josefa la señora que trabaja ahí está enchufada a Venevisión Plus viendo un programa llamado Casos de Familia. Es como el show de Cristina salvo que en este caso la conductora no deja a hablar a nadie, pero tampoco es tan amarillista como la señorita Laura cuando gritaba: “¡Qué traigan al amante! ¡Qué pase el desgracio!”
En Casos de Familia se resuelven una infinidad de cuestiones dantescas con acento mayamero. El otro día estaba una adolescente gritándole a su madre porque no la dejaba “ejercer mi sessualidad” con un chico de su edad cuando sí le permitía a su hermano hacer lo mismo con una compañera de estudios de la menor. Cualquier casualidad es pura coincidencia pero si comparamos esto con la situación política en Venezuela debemos preguntarnos, ¿no es la misma vaina?
La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha tomado una decisión de forma unánime en el caso de Leopoldo López, quien fue inhabilitado por la Contraloría General de la República hasta el año 2014. La decisión aún no se ha hecho pública pero por los vientos que soplan, ya sabemos que la misma le dirá a Lilian Tintori que vaya comprando tarros de protector solar para que López no se queme bajo el sol de la campaña hacia las presidenciales.
La decisión parece ser tan obvia que hasta Luisa Estela Morales, presidenta del TSJ declaró recientemente en el programa de José Vicente Rangel en Televén lo siguiente: “Nuestro país es respetuoso de los acuerdos internacionales que ha suscrito siempre y cuando los órganos internacionales respeten la soberanía y nuestra jurisdicción”. En criollo, para el Poder Judicial venezolano, los jueces internacionales de peluca rizada podrán decir misa pero Leopoldo López que no se vista de candidato porque no va. Publíquese y regístrese.
Dado que las cortes internacionales no pueden imponer sanciones a los Estados Miembros que no ejecuten sus fallos, el juego está trancado. Por lo tanto, la solución más fácil es sentar a Leopoldo López y a Luisa Estela Morales en un talk show como Casos de Familia. Un set con cómodas sillas donde ambos puedan ventilar su “¿cómo hacemos?” frente a una audiencia en vivo.
Allí los dos personajes hablar sobre sus diferencias, traer a un experto y responder preguntas del público. La señora Morales podrá explicar que la cosa juzgada es cuando se han agotado todos los recursos posibles para impugnar una sentencia. El señor López podrá interrumpir diciendo que Venezuela es parte de la OEA y que el dictamen de la Corte Interamericana es la última instancia para agotar la sentencia que lo inhabilita.
Si se quieren caer a piñas para darle un efecto dramático, bien por el rating. Pero no es la idea. Se lo deben a la audiencia. Un público escogido al azar que no podrá saber mucho sobre tecnicismos legales pero que no le teme a opinar cuando siente que alguien tiene la razón. Ya va siendo hora que comencemos a pensar más en los problemas de la gente y menos en quien ocupa el cargo. Que se respeten las decisiones internacionales, sea cual sea el dictamen, antes de que sea demasiado tarde. Pues airear nuestros trapos sucios en un talk show es definitivamente lo único que nos falta por vivir en Venezuela.
Toto Aguerrevere
@totoaguerrevere