LA PERUANA GRINGO-RUSA QUE ESPIABA PARA RUSIA PERO QUE ES UNA CONTRATADA DEL CHAVISMO EN LOS ESTADOS UNIDOS… POR ESO SU ARDUA DEFENSA DESDE LOS MEDIOS ROJOS

CUANDO LA SEMANA PASADA el gobierno de los Estados Unidos anunció el desmantelamiento de una red de espías rusos muchos no pudieron entender cómo después de la exitosa gira del presidente de Rusia, Dimitri  Medvedev, quien junto al presidente Barack Obama habían disfrutado de una decidida mejoría en sus relaciones se anunciaba al mundo esta noticia que parecía sacada de la “Guerra Fría”. Fue así que “el Departamento de Justicia de los Estados Unidos comunicó el desmantelamiento de una red de espionaje de origen ruso que operaba en territorio Norteamericano. Se levantaron cargos contra 11 personas que tendrían como tarea establecer relaciones con personas del gobierno estadounidense para enterarse de secretos de estado. Lo más destacable es el uso de alta tecnología a lo más Bourne, incluyendo sistemas de intercomunicación privada vía WiFi, envío de mensajes de texto, videos y fotografías mediante los gadgets más modernos. Los agentes vivían con identidades falsas en matrimonios arreglados por Moscú, y tenían hijos que desconocían su identidad.

Entre los detenidos están Vicky Peláez, una periodista peruana radicada en Nueva York que mantiene una columna regular en el periódico hispano El Diario/La Prensa, quien fue arrestada junto con su esposo, Juan Lázaro, el domingo en su residencia en Yonkers, un suburbio de la ciudad de Nueva York, según el expediente del caso y un comunicado del Departamento de Justicia.

Lázaro fue el primero de los espías en confesarse como tal, además de decir que era falso que fuera uruguayo y que su verdadera nacionalidad era la rusa.

Su esposa fue la única a la que se le permitió salir bajo fianza de $ 250 Mil.

Ella es una periodista izquierdosa, muy ligada en su momento al movimiento Senderista del Perú así como a otros grupos izquierdistas latinoamericanos. Por eso de inmediato los voceros chavistas del periodismo rojo comenzaron una campaña a su favor, ligada como ha estado en términos de simpatía y algunos económicos que saldrán a la luz estos días por venir, con la causa chavista.

Desde Maripili hasta la Gollinger pasando por la radical Anahís Arismendi, y otros de sus colegas rojitos del Twitter o el Facebook, o a través de la red de medios dominados por el régimen se rasgaron las vestiduras por la detención de “ésta demócrata comprometida con los cambios latinoamericanos”.

Pues bien, la peruanita en cuestión tiene una historia sórdida hasta en el diario donde trabaja. Traigo aquí la crónica que sobre esta chavista gringo peruana, encargada de promover las visitas de Chávez al Norte, visitante de Caracas con frecuencia y donde se presume se hicieron algunos pagos rusos, hace un colega suyo. Saquen sus propias conclusiones:

Vicky Peláez, ¿espía rusa?

Viernes 02 de Julio de 2010 09:30 Miguel Ángel Sánchez, Nueva York

Durante 15 años, Vicky Peláez fue mi compañera de trabajo en la sala de redacción de El Diario/La Prensa, un periódico en idioma castellano que se edita en Nueva York desde hace más de 90 años.
Ahora ha sido detenida, y previa fianza de 250.000 dólares, se ha dictado contra ella arresto domiciliario y vigilancia electrónica. Todo, por espiar para Rusia. Se trata de cargos muy graves para una mujer que se tilda a sí misma de dura luchadora y que se distingue por sus fuertes contrastes de carácter: agria y fanática a rabiar la mayoría de las veces; ingenua y dulce las menos.

Los artículos de Peláez en El Diario/La Prensa reflejaban lo peor de ella, un odio desesperado contra cualquiera que no compartiera su credo comunista. Su lenguaje era soez, de barricada y hedor de albañal, con terminología marxista muy pasada de moda.

Lo escandaloso, sin embargo, era que en numerosas ocasiones dichos artículos eran dictados telefónicamente por su marido Juan (Juancho) Lázaro, o sencillamente copiados de cualquier otro lugar. Las diferencias entre unas columnas y otras resultaban palpables. Cuando Vicky “escribía” sobre temas históricos, personajes y corrientes de pensamiento, no era ella; su capacidad no llegaba hasta allí. Esos eran los plagios más evidentes.

Cuando el odio afloraba en sus artículos, entonces era lícito creer que esas notas firmadas con su nombre eran, al decir de un músico, de “propia inspiración”.

Por muchos años, los diferentes directores de El Diario/La Prensa permitieron esta situación. Y lo que es peor, nunca dejaron que ningún periodista en la redacción tuviera una voz que contrapesara su radical irracionalidad. Era Peláez quien daba la pauta política del periódico.
Su odio hacia los cubanos que nos oponíamos a Castro llegaba a un nivel tan alto que en numerosas ocasiones chocamos verbalmente en la redacción. Sus columnas eran una caja de resonancia de la propaganda oficial castrista.

Pero en un periódico, si es algo más que fachada e historia, estas tendencias por parte de periodistas radicales deben ser contenidas. En El Diario/La Prensa, por el contrario, fueron estimuladas. Vicky Peláez siguió escribiendo allí porque figuras que compartían su credo, como los puertorriqueños radicales de izquierda Gerson Borrero y Rosana Rosado, la estimulaban a hacerlo. Era el tipo de periodismo que compartían, el lenguaje al cual estaban acostumbrados. Peláez era la mensajera del grupo.

Vicky Peláez, es necesario recordar, era una senderista luminosa de entrañas. Durante años, tuvo junto a su escritorio la fotografía de Abimael Guzmán, el tenebroso Presidente Gonzalo, del grupo terrorista peruano. Su arrebato por ese asesino nunca amainó, mucho menos fue negado.

Era sabido por los miembros de la redacción que el marido de Peláez, el soviético/uruguayo Juancho, primero terrorista tumaparo y luego, claro, senderista luminoso, se vanagloriaba de ser un exitoso recaudador de fondos para la organización maoísta peruana, en Estados Unidos y, en especial, en Nueva York.

No sería extraño que ambos, Peláez y Lázaro, estuvieran bajo la lupa federal desde muchos antes que lo que reconoce la acusación de la fiscalía federal.
Lo que queda en evidencia en esta detención, más que la acusación contra Peláez, es el quebranto profesional de El Diario/La Prensa, en donde Vicky, en varios momentos, tuvo el control absoluto de las noticias que se publicaban sobre América Latina, a la vez que su columna semanal.
Sus odios y prejuicios ideológicos resurgían en las páginas de noticias que editaba, sin que ello preocupara lo más mínimo ni a Borrero ni a Rosado, y por último a un oscuro diletante de apellido Bourbilias, que dirigió el diario durante un lustro, hasta que alguien súbitamente descubrió su incompetencia. Para el tal Bourbilias, la Peláez era un genio.

En un medio profesional, los periodistas tienen el derecho y hasta la obligación de hacer conocer sus criterios mediante artículos personales en la página de Opinión. A lo que no tienen derecho es a convertir las páginas de noticias a su cargo en un alter ego de sus preferencias ideológicas, que es lo que ocurrió por muchos años en el rotativo neoyorquino.

Plagios, despidos y readmisiones

Este no es el primer tropiezo de Vicky Peláez, aunque sí el más serio. Hace unos dos años, Peláez fue suspendida de empleo y sueldo en el diario tras comprobársele que muchas de sus crónicas eran plagios. Lo primero no era increíble; lo segundo, que la repusieran en el cargo tras la sanción e incluso la dejaran seguir escribiendo sus columnas semanales, sí.

Lo lamento por ella, a la que no le pesará, y por sus hijos, pero algo así se veía venir, era demasiado evidente.

El Diario/La Prensa, estoy seguro, no la despedirá. Pretextará confusos elementos legales, aunque en otras oportunidades, y por motivos totalmente baladíes, haya echado a periodistas como los cubanos Vicente Echerri y Justo J. Sánchez, los peruanos Dora Rubiano y Roberto Bustamante, y el ecuatoriano Ricardo Vasconcelos.

Tras la detención de Vicky Peláez, lo único sorprendente es su vinculación con la inteligencia rusa. Siempre estuve seguro que sus posibles conflictos con la justicia norteamericana tendrían que ver con sus asociaciones con organizaciones terroristas de cualquier género, entre las cuales no descartaba Al Qaeda, Hezbollah u otras de ese tipo, pues tal era (es) su férrea convicción de que las bombas y los asesinatos son otra suerte de partera histórica.

Tras las primeras acusaciones —espionaje para Rusia y lavado de dinero—, no sería inverosímil que aparecieran lazos con los aparatos de inteligencia de La Habana o Caracas; tal vez el verdadero propósito de la redada.

Por ahora, sus crónicas malignas en El Diario/La Prensa, de Nueva York, están en reposo. Aunque no me extrañaría que se reanudaran. Allí la siguen esperando con los brazos abiertos.

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CUANDO LA SEMANA PASADA el gobierno de los Estados Unidos anunció el desmantelamiento de una red de espías rusos muchos no pudieron entender cómo después de la exitosa gira del presidente de Rusia, Dimitri  Medvedev, quien junto al presidente Barack Obama habían disfrutado de una decidida mejoría en sus relaciones se anunciaba al mundo esta noticia que parecía sacada de la “Guerra Fría”. Fue así que “el Departamento de Justicia de los Estados Unidos comunicó el desmantelamiento de una red de espionaje de origen ruso que operaba en territorio Norteamericano. Se levantaron cargos contra 11 personas que tendrían como tarea establecer relaciones con personas del gobierno estadounidense para enterarse de secretos de estado. Lo más destacable es el uso de alta tecnología a lo más Bourne, incluyendo sistemas de intercomunicación privada vía WiFi, envío de mensajes de texto, videos y fotografías mediante los gadgets más modernos. Los agentes vivían con identidades falsas en matrimonios arreglados por Moscú, y tenían hijos que desconocían su identidad.

Entre los detenidos están Vicky Peláez, una periodista peruana radicada en Nueva York que mantiene una columna regular en el periódico hispano El Diario/La Prensa, quien fue arrestada junto con su esposo, Juan Lázaro, el domingo en su residencia en Yonkers, un suburbio de la ciudad de Nueva York, según el expediente del caso y un comunicado del Departamento de Justicia.

Lázaro fue el primero de los espías en confesarse como tal, además de decir que era falso que fuera uruguayo y que su verdadera nacionalidad era la rusa.

Su esposa fue la única a la que se le permitió salir bajo fianza de $ 250 Mil.

Ella es una periodista izquierdosa, muy ligada en su momento al movimiento Senderista del Perú así como a otros grupos izquierdistas latinoamericanos. Por eso de inmediato los voceros chavistas del periodismo rojo comenzaron una campaña a su favor, ligada como ha estado en términos de simpatía y algunos económicos que saldrán a la luz estos días por venir, con la causa chavista.

Desde Maripili hasta la Gollinger pasando por la radical Anahís Arismendi, y otros de sus colegas rojitos del Twitter o el Facebook, o a través de la red de medios dominados por el régimen se rasgaron las vestiduras por la detención de “ésta demócrata comprometida con los cambios latinoamericanos”.

Pues bien, la peruanita en cuestión tiene una historia sórdida hasta en el diario donde trabaja. Traigo aquí la crónica que sobre esta chavista gringo peruana, encargada de promover las visitas de Chávez al Norte, visitante de Caracas con frecuencia y donde se presume se hicieron algunos pagos rusos, hace un colega suyo. Saquen sus propias conclusiones:

Vicky Peláez, ¿espía rusa?

Viernes 02 de Julio de 2010 09:30 Miguel Ángel Sánchez, Nueva York

Durante 15 años, Vicky Peláez fue mi compañera de trabajo en la sala de redacción de El Diario/La Prensa, un periódico en idioma castellano que se edita en Nueva York desde hace más de 90 años.
Ahora ha sido detenida, y previa fianza de 250.000 dólares, se ha dictado contra ella arresto domiciliario y vigilancia electrónica. Todo, por espiar para Rusia. Se trata de cargos muy graves para una mujer que se tilda a sí misma de dura luchadora y que se distingue por sus fuertes contrastes de carácter: agria y fanática a rabiar la mayoría de las veces; ingenua y dulce las menos.

Los artículos de Peláez en El Diario/La Prensa reflejaban lo peor de ella, un odio desesperado contra cualquiera que no compartiera su credo comunista. Su lenguaje era soez, de barricada y hedor de albañal, con terminología marxista muy pasada de moda.

Lo escandaloso, sin embargo, era que en numerosas ocasiones dichos artículos eran dictados telefónicamente por su marido Juan (Juancho) Lázaro, o sencillamente copiados de cualquier otro lugar. Las diferencias entre unas columnas y otras resultaban palpables. Cuando Vicky “escribía” sobre temas históricos, personajes y corrientes de pensamiento, no era ella; su capacidad no llegaba hasta allí. Esos eran los plagios más evidentes.

Cuando el odio afloraba en sus artículos, entonces era lícito creer que esas notas firmadas con su nombre eran, al decir de un músico, de “propia inspiración”.

Por muchos años, los diferentes directores de El Diario/La Prensa permitieron esta situación. Y lo que es peor, nunca dejaron que ningún periodista en la redacción tuviera una voz que contrapesara su radical irracionalidad. Era Peláez quien daba la pauta política del periódico.
Su odio hacia los cubanos que nos oponíamos a Castro llegaba a un nivel tan alto que en numerosas ocasiones chocamos verbalmente en la redacción. Sus columnas eran una caja de resonancia de la propaganda oficial castrista.

Pero en un periódico, si es algo más que fachada e historia, estas tendencias por parte de periodistas radicales deben ser contenidas. En El Diario/La Prensa, por el contrario, fueron estimuladas. Vicky Peláez siguió escribiendo allí porque figuras que compartían su credo, como los puertorriqueños radicales de izquierda Gerson Borrero y Rosana Rosado, la estimulaban a hacerlo. Era el tipo de periodismo que compartían, el lenguaje al cual estaban acostumbrados. Peláez era la mensajera del grupo.

Vicky Peláez, es necesario recordar, era una senderista luminosa de entrañas. Durante años, tuvo junto a su escritorio la fotografía de Abimael Guzmán, el tenebroso Presidente Gonzalo, del grupo terrorista peruano. Su arrebato por ese asesino nunca amainó, mucho menos fue negado.

Era sabido por los miembros de la redacción que el marido de Peláez, el soviético/uruguayo Juancho, primero terrorista tumaparo y luego, claro, senderista luminoso, se vanagloriaba de ser un exitoso recaudador de fondos para la organización maoísta peruana, en Estados Unidos y, en especial, en Nueva York.

No sería extraño que ambos, Peláez y Lázaro, estuvieran bajo la lupa federal desde muchos antes que lo que reconoce la acusación de la fiscalía federal.
Lo que queda en evidencia en esta detención, más que la acusación contra Peláez, es el quebranto profesional de El Diario/La Prensa, en donde Vicky, en varios momentos, tuvo el control absoluto de las noticias que se publicaban sobre América Latina, a la vez que su columna semanal.
Sus odios y prejuicios ideológicos resurgían en las páginas de noticias que editaba, sin que ello preocupara lo más mínimo ni a Borrero ni a Rosado, y por último a un oscuro diletante de apellido Bourbilias, que dirigió el diario durante un lustro, hasta que alguien súbitamente descubrió su incompetencia. Para el tal Bourbilias, la Peláez era un genio.

En un medio profesional, los periodistas tienen el derecho y hasta la obligación de hacer conocer sus criterios mediante artículos personales en la página de Opinión. A lo que no tienen derecho es a convertir las páginas de noticias a su cargo en un alter ego de sus preferencias ideológicas, que es lo que ocurrió por muchos años en el rotativo neoyorquino.

Plagios, despidos y readmisiones

Este no es el primer tropiezo de Vicky Peláez, aunque sí el más serio. Hace unos dos años, Peláez fue suspendida de empleo y sueldo en el diario tras comprobársele que muchas de sus crónicas eran plagios. Lo primero no era increíble; lo segundo, que la repusieran en el cargo tras la sanción e incluso la dejaran seguir escribiendo sus columnas semanales, sí.

Lo lamento por ella, a la que no le pesará, y por sus hijos, pero algo así se veía venir, era demasiado evidente.

El Diario/La Prensa, estoy seguro, no la despedirá. Pretextará confusos elementos legales, aunque en otras oportunidades, y por motivos totalmente baladíes, haya echado a periodistas como los cubanos Vicente Echerri y Justo J. Sánchez, los peruanos Dora Rubiano y Roberto Bustamante, y el ecuatoriano Ricardo Vasconcelos.

Tras la detención de Vicky Peláez, lo único sorprendente es su vinculación con la inteligencia rusa. Siempre estuve seguro que sus posibles conflictos con la justicia norteamericana tendrían que ver con sus asociaciones con organizaciones terroristas de cualquier género, entre las cuales no descartaba Al Qaeda, Hezbollah u otras de ese tipo, pues tal era (es) su férrea convicción de que las bombas y los asesinatos son otra suerte de partera histórica.

Tras las primeras acusaciones —espionaje para Rusia y lavado de dinero—, no sería inverosímil que aparecieran lazos con los aparatos de inteligencia de La Habana o Caracas; tal vez el verdadero propósito de la redada.

Por ahora, sus crónicas malignas en El Diario/La Prensa, de Nueva York, están en reposo. Aunque no me extrañaría que se reanudaran. Allí la siguen esperando con los brazos abiertos.

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