@Alepuro: “El miedo es lo que nos mantiene vivos”

@AdrianitaN

Profesión: Periodista y Videógrafo

Ejercicio: Videógrafo de El Nacional

Edad: 35 años

Más de 15 tomando fotografías. 7 años trabajando para medios de comunicación.

 

José Miguel Domínguez -alias “Miguelito”-, escolta del exalcalde Freddy Bernal se moviliza hacia la esquina de Tracabordo. Jonnathan Rodríguez, sargento del Ejército Nacional y escolta del para entonces ministro, Miguel Rodríguez Torres, se traslada sobre una moto de uso oficial luego de haber accionado un arma de fuego en dirección a los jóvenes que manifestaban, a las puertas del Ministerio Público, el 12 de febrero. Alejandro Hernández está debajo de una camioneta registrando todo el episodio en video; cuando escucha las primeras detonaciones cerca, sabe que la única alternativa es resguardarse.

Cada vez que una bala rebota cerca del refugio, su cámara da un salto, pero nunca deja de grabar. “Cuando estoy allí veo que quienes disparan son funcionarios y no colectivos”, relata Hernández, sorprendido, como si estuviese viendo la escena por primera vez. Desde donde está logra ver que los funcionarios se repliegan y decide salir. Un grupo de jóvenes traen cargado a un herido: es Bassil Dacosta. “No tuve ángulo de visión hacia el sitio donde lo mataron. No sabía que él estaba muerto. Ni siquiera vi cuando cayó, pero sí vi el momento en que cruzan cargándolo”, recuerda.

El recorrido que hizo el cuerpo de Dacosta está fresco en la mente de Hernández: “Lo llevan al final de la avenida Universidad, por donde está el McDonald’s. Ningún motorizado lo quería llevar. Era un tiro bastante serio. Hacen una foto, en esa es que sale [Robert] Redman. A Bassil lo levantan, lo llevan hacia la vía de la plaza La Candelaria y lo entregan a un cordón de la PNB. El cordón se abre cuando vieron que traían al muchacho herido. Sale una unidad de la policía y se lo lleva”. Esa fue la última imagen que le quedó de la primera víctima de esa jornada.

Luego, el fotógrafo regresa a registrar la situación en la sede del Ministerio Público (MP), en Parque Carabobo. “Se empieza a ver a los muchachos tirándole piedras al MP. La gente dice que ellos atacaron primero al MP y luego cae Bassil. No es así. Después de que hieren a Bassil, la gente empieza a lanzar las piedras; se ponen más violentos y lanzan bombas molotov hacia dentro. Después empezaron a explotar las unidades del CICPC”, aclara.

Como respuesta al incendio de sus unidades, los integrantes del CICPC “empezaron a llevarse preso a todo el mundo”, ilustra Hernández. “Las imágenes de funcionarios disparando armas de fuego eran invaluables”, pensó, y decidió movilizarse hacia Bellas Artes. En esa zona el panorama no resultaba ser muy alentador: funcionarios de la Guardia Nacional (GN) arremetían contra los pocos manifestantes que quedaban allí. Grabar este episodio llevó al fotógrafo a las manos de las autoridades.

“Nos presentan al general Manuel Quevedo. Él nos manda a identificarnos. Mi compañero sacó la memoria y la escondió bien. El general le quito la credencial a mi amigo. Por allí hay edificios de la Misión Vivienda (MV) y las personas que viven ahí estaban deteniendo a la gente junto a la (GN). Esa gente [los habitantes de la MV] nos golpeó y recibimos también golpes de funcionarios. Nos montaron en las motos y nos llevaron”, detalla.

En horas las credenciales de prensa fueron verificadas, los jefes fueron llamados y los fotoperiodistas fueron liberados. “Después nos fuimos a la redacción. Allí nadie podía creer el material que teníamos. El video salió el mismo día publicado y le dio la vuelta al mundo”.

¿Miedo? “Miedo siempre hay. Es lo que nos mantiene vivos, a raya de lo que debemos hacer o no. Me parece irresponsable que gente, porque gente tiene una GoPro, se crea súper periodista. Tienes que tomar una decisión y eso te lo da el tiempo de experiencia. Tienes que saber cuándo sacar una cámara, cuándo corre peligro tu vida. Hay gente que piensa que una fotografía vale la vida, pero si tu fotografía no sale publicada, entonces no vale de nada. Al final, en estas situaciones, nadie sabe quién es quién”.

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@AdrianitaN

Profesión: Periodista y Videógrafo

Ejercicio: Videógrafo de El Nacional

Edad: 35 años

Más de 15 tomando fotografías. 7 años trabajando para medios de comunicación.

 

José Miguel Domínguez -alias “Miguelito”-, escolta del exalcalde Freddy Bernal se moviliza hacia la esquina de Tracabordo. Jonnathan Rodríguez, sargento del Ejército Nacional y escolta del para entonces ministro, Miguel Rodríguez Torres, se traslada sobre una moto de uso oficial luego de haber accionado un arma de fuego en dirección a los jóvenes que manifestaban, a las puertas del Ministerio Público, el 12 de febrero. Alejandro Hernández está debajo de una camioneta registrando todo el episodio en video; cuando escucha las primeras detonaciones cerca, sabe que la única alternativa es resguardarse.

Cada vez que una bala rebota cerca del refugio, su cámara da un salto, pero nunca deja de grabar. “Cuando estoy allí veo que quienes disparan son funcionarios y no colectivos”, relata Hernández, sorprendido, como si estuviese viendo la escena por primera vez. Desde donde está logra ver que los funcionarios se repliegan y decide salir. Un grupo de jóvenes traen cargado a un herido: es Bassil Dacosta. “No tuve ángulo de visión hacia el sitio donde lo mataron. No sabía que él estaba muerto. Ni siquiera vi cuando cayó, pero sí vi el momento en que cruzan cargándolo”, recuerda.

El recorrido que hizo el cuerpo de Dacosta está fresco en la mente de Hernández: “Lo llevan al final de la avenida Universidad, por donde está el McDonald’s. Ningún motorizado lo quería llevar. Era un tiro bastante serio. Hacen una foto, en esa es que sale [Robert] Redman. A Bassil lo levantan, lo llevan hacia la vía de la plaza La Candelaria y lo entregan a un cordón de la PNB. El cordón se abre cuando vieron que traían al muchacho herido. Sale una unidad de la policía y se lo lleva”. Esa fue la última imagen que le quedó de la primera víctima de esa jornada.

Luego, el fotógrafo regresa a registrar la situación en la sede del Ministerio Público (MP), en Parque Carabobo. “Se empieza a ver a los muchachos tirándole piedras al MP. La gente dice que ellos atacaron primero al MP y luego cae Bassil. No es así. Después de que hieren a Bassil, la gente empieza a lanzar las piedras; se ponen más violentos y lanzan bombas molotov hacia dentro. Después empezaron a explotar las unidades del CICPC”, aclara.

Como respuesta al incendio de sus unidades, los integrantes del CICPC “empezaron a llevarse preso a todo el mundo”, ilustra Hernández. “Las imágenes de funcionarios disparando armas de fuego eran invaluables”, pensó, y decidió movilizarse hacia Bellas Artes. En esa zona el panorama no resultaba ser muy alentador: funcionarios de la Guardia Nacional (GN) arremetían contra los pocos manifestantes que quedaban allí. Grabar este episodio llevó al fotógrafo a las manos de las autoridades.

“Nos presentan al general Manuel Quevedo. Él nos manda a identificarnos. Mi compañero sacó la memoria y la escondió bien. El general le quito la credencial a mi amigo. Por allí hay edificios de la Misión Vivienda (MV) y las personas que viven ahí estaban deteniendo a la gente junto a la (GN). Esa gente [los habitantes de la MV] nos golpeó y recibimos también golpes de funcionarios. Nos montaron en las motos y nos llevaron”, detalla.

En horas las credenciales de prensa fueron verificadas, los jefes fueron llamados y los fotoperiodistas fueron liberados. “Después nos fuimos a la redacción. Allí nadie podía creer el material que teníamos. El video salió el mismo día publicado y le dio la vuelta al mundo”.

¿Miedo? “Miedo siempre hay. Es lo que nos mantiene vivos, a raya de lo que debemos hacer o no. Me parece irresponsable que gente, porque gente tiene una GoPro, se crea súper periodista. Tienes que tomar una decisión y eso te lo da el tiempo de experiencia. Tienes que saber cuándo sacar una cámara, cuándo corre peligro tu vida. Hay gente que piensa que una fotografía vale la vida, pero si tu fotografía no sale publicada, entonces no vale de nada. Al final, en estas situaciones, nadie sabe quién es quién”.

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Una base de datos de mujeres y personas no binarias con la que buscamos reolver el problema: la falta de diversidad de género en la vocería y fuentes autorizadas en los contenidos periodísticos.