Cuando se analiza el discurso de la élite gobernante, no deja de provocarle a uno la sensación de que se consideran dueños del paÃs. Por lo tanto, libertad absoluta de disponer de los recursos, de imponer formas de comportamiento, de someter a los venezolanos a condiciones de pobreza y deterioro permanente de la calidad de vida. Mientras, a ellos los vemos engordar, usar ropas y prendas que difÃcilmente se pagan con salarios de funcionarios públicos, tener a su disposición los recursos que en realidad le pertenecen al pueblo.
Es común oÃr a funcionarios decir que van a bajar los recursos. Eso me genera un grave problema con lo dispuesto por la constitución que esta misma élite escribió. El artÃculo 5 del libro fundamental dice que la soberanÃa reside en el pueblo. Que de esa soberanÃa manan los poderes públicos que se entiende, están al servicio de ese pueblo soberano. Siendo eso asÃ, ¿en qué cabeza cabe que un burócrata cualquiera se sienta por encima del pueblo al que sirve?
Aquà tenemos un problema de cultura polÃtica que a ninguna élite le ha convenido solventar. Es asà como la mayorÃa de los venezolanos entiende el término primer mandatario como la persona que más manda. La que detenta el poder máximo. Eso no es posible según nuestro ya mencionado artÃculo 5 de la constitución. Para comenzar, primer mandatario se refiere a esa persona que recibió el mandato del pueblo de gobernar el paÃs según el libro fundamental, las leyes de la república y un plan de gobierno que, lógicamente, está limitado por el marco legal vigente. Para ponerlo sencillo, el primer mandatario, ya sea nacional, estadal o local, es una persona que está al servicio del pueblo y en ningún caso por encima de él.
Es por ello que un primer mandatario o cualquier funcionario cuyo poder deviene del artÃculo 5 constitucional, no puede permitirse el lujo de un lenguaje altisonante o insultante para dirigirse al pueblo que es su soberano. Esta condición de la polÃtica moderna es poco entendida por sociedades primitivas que tienen direcciones igualmente primitivas.
Chávez implantó en el discurso el uso de epÃtetos y descalificaciones para personas que conforman parte del soberano y a las cuales no les debÃa otra cosa que respeto dado su estatus, como presidente, de subalterno. Para él en cambio reclamaba respeto y el uso de tÃtulos no previstos en la constitución. Este abuso del cargo fue heredado por sus seguidores, que pretenden hacer del insulto y la mentira la forma de dirigirse a quienes conforman la superioridad, es decir, el pueblo.
Y la cosa no se queda ahÃ. Recientemente una ministra sugerÃa que los artÃculos de lÃnea blanca que el gobierno comercializará en la época navideña es un regalo de Maduro. ¿De dónde sacó esta señora semejante desatino? ¿Fue con dinero de Maduro que se compraron esos aparatos? Definitivamente no. Por lo tanto, no es un favor de Maduro para con el pueblo es un cumplimiento, aunque bastante mediocre, de su deber de servir al soberano.
Varias personas me han preguntado sobre los trámites para reservar un avión de PDVSA e irse a tratar a hospitales de primera lÃnea en otros paÃses. Porque si un ministro del gobierno pudo hacerlo, ¿por qué ellos no?
Lo cierto es que el paÃs luce secuestrado por unos polÃticos mediocres que creen que el paÃs, sus recursos y su gente les pertenecen y están a su disposición. Ante estos abusos es poco lo que hacen el resto de los actores polÃticos y sociales para poner orden en este desaguisado.
Yo he comenzado por puntualizar lo ya mencionado. Se puede resumir en: el paÃs y los recursos le pertenecen al pueblo. Asà lo dice la constitución y lo han dicho todas las anteriores. El estado es un aparato que sirve al ciudadano, que está a su servicio. No al servicio de una clase polÃtica primitiva que cree haber llegado al poder por medio de una invasión sangrienta, y que por eso, tiene derecho al usufructo de nuestros recursos y al sometimiento del pueblo en general.
Nos hace falta una clase polÃtica moderna que entienda que está al servicio de los venezolanos a los cuales les sube los recursos necesarios para mejorar su calidad de vida, y rinde cuenta por esas acciones ante la ley que, también está al servicio del soberano.
Es hora de traer el paÃs al siglo XXI. Venezuela es del pueblo. No de los gobernantes y mucho menos si tienen su voluntad sometida a los designios de los Castro.
Es deber del pueblo reclamar lo que es suyo. Es su deber exigir polÃticas que mejoren su calidad de vida. Con los recursos con los que hemos contado, no hay derecho a estar haciendo colas o suplicando servicios. Tenemos que hacer, como pueblo, que los gobernantes cumplan con su deber. Caso contrario, deben irse y la constitución establece los mecanismos.
José Vicente Carrasquero A.




