En los años ochenta no hubo quien no bailara y cantara uno de los merengues más conocidos del dominicano Wilfrido Vargas: “El Barbarazo”. Recuerdo que su letra decÃa: “Y el queso que habÃa en la mesa / también se lo comió… / ¡Ese barbarazo acabó con tó…!”. En él narraba la decepción inmensa de un hombre enamorado cuya esposa le habÃa sido infiel en su propia casa. Hasta su cepillo dental habÃa usado el condenado abusador. Pero Wilfrido Vargas no culpó al tercero intruso; desde el inicio de la canción señaló con claridad que su mujer era la responsable: “¡Qué barbaridad! / Lo que tú me has hecho / entregarte a otro / en mi propio lecho”.Â
Con el cuento -¿chino?- de convertirnos en una “potencia del universo” (casi que escucho como si hubieran sido ayer las palabras del comandante), de ser por fin verdaderamente libres, independientes, soberanos y antiimperialistas (palabra que hasta hoy braman a los cuatro vientos nuestros más altos jerarcas militares, aunque claro, con mayor fuerza a los vientos del Norte y casi a nivel de susurro a los vientos del Oriente), luego de quince años de revolución socialista del siglo XXI, luego de cambiarlo todo para empeorarlo todo, hay que decirlo en alta, clara e inteligible voz: ¡Este barbarazo, acabó con tó!
En unos años dirán que todo fue un error, que los chinos nos timaron. ¿Recuerdan la renegociación de la deuda externa en épocas de Jaime Lusinchi cuando se nos dijo que los habÃan engañado? Igual llegará el dÃa en el que nos dirán que pensaron que vender nuestra producción petrolera a futuro era un tremendo negocio. Que el Fondo Chino era la mejor idea que se tuvo para, sin ningún control, endeudarnos, recibir dinero fresco para tapar alguno de los inmensos huecos fiscales. Gastar sin producir. Dirán que en la letra chiquita de los acuerdos habÃa unas cositas allà colocadas en mandarÃn por los condenados chinos que ellos no entendieron, por lo que esa factura la pagarán las generaciones futuras.
Tal como lo hizo Jorge Giordani en su carta, culpando a todos menos a él mismo, tal como la mujer de la canción del Wilfrido Vargas que seguramente le respondió que no fue ella, que fue culpa del irresistible amante, asà nos dirán que no fueron ellos, que fueron los chinos, cuando estos cuatro mil millones de dólares no alcancen para tapar el inmenso hueco en nuestra dislocada economÃa, y tengan que venir más y más medidas económicas que no anunciarán jamás de un solo golpe.Â
El sacudón que se anunció y que luego no se dijo, vendrá por etapas. Será, para decirlo en lenguaje revolucionario, un sacudón “lento y continuado”(¿recuerdan lo del golpe lento y continuado?). Asà mismo, lento y continuado ha sido el barbarazo revolucionario que hasta acabó con el queso que habÃa en la mesa.Â
Quince largos y lentos años con ingresos petroleros nunca vistos y despilfarrados. Si al menos nos dijeran dónde están los más de veinte mil millones de dólares que se robaron del tesoro público, cuáles son esas empresas de maletÃn, quiénes eran sus dueños y con quiénes se repartieron el botÃn.Â
Como católicos creemos en el perdón, siempre que venga precedido de un acto de contrición y propósito de enmienda. La contrición es el arrepentimiento por el mal obrado. El propósito de enmienda es no volver a obrar de la misma manera y hacer todos los esfuerzos para obrar distinto. Quizás, sólo quizás, la infiel esposa de “El Barbarazo” de Wilfrido, luego de escuchar los reclamos de su marido, pidió perdón, repuso el queso, lavó las sábanas y se enmendó recomponiendo la relación.Â
En este gobierno, ¿quién va a reponernos el queso sobre la mesa de todos los venezolanos?, ¿cuándo va a haber un acto de contrición? (Que podrÃa comenzar por señalar públicamente y luego enjuiciar a quienes nos robaron), y, lo más importante, ¿cuándo habrá un propósito de enmienda? Volvemos a parafrasear a Einstein en esta columna, sólo un estúpido puede esperar resultados diferentes realizando las mismas acciones.
Para no quedarnos sólo como ochentosos con Wilfrido, a finales de los noventa Spencer Johnson escribió un libro titulado ¿Quién se ha llevado mi queso?Narraba las vicisitudes de dos ratoncitos y de dos personajes (Hem y Haw) dentro de un laberinto buscando el queso que desaparecÃa poco a poco. Cada pareja actuó de manera diferente. Los ratoncitos se adelantaron a la desaparición del queso y migraron a buscar otro almacén y lo encontraron. Hem y Haw discutÃan entre ellos qué estrategia usar y no actuaban, hasta que Haw decidió separarse de su amigo Hem que sólo se lamentaba. Haw finalmente también logró con su esfuerzo conseguir más queso. De Hem nunca más se supo.
Veremos cómo terminará la historia de nuestro barbarazo criollo y de quiénes nos robaron nuestro queso.Â




