Pareciera que lo único común en los últimos tiempos es la existencia de dificultades en todos los ámbitos de la vida ordinaria y debemos incluir en este renglón a la situación política que se ha convertido en un elemento fundamental que invade nuestro quehacer diario y que condiciona muchas de nuestras decisiones personales, profesionales y empresariales.
La escasez se ha propagado y ya no sólo se refiere a bienes y servicios sino que está afectando nuestra capacidad de razonamiento hasta el punto de hacer escasa la sensatez tan necesaria para enfrentar la incertidumbre.
Noto con gran preocupación como esa escasez de sentido común está afectando a un buen número de venezolanos que quizás desesperados por no encontrar la famosa “salida”, que en mi opinión generó enormes expectativas en una población muy agobiada, están dedicando mucho esfuerzo a destruir la unidad que tanto nos ha costado estructurar. Resulta que ahora el enemigo somos nosotros mismos….
Quienes apoyamos la unidad, con las válidas y muy justificadas críticas que podamos tener, debemos iniciar una cruzada para rescatarla e imprimirle nuevas facetas acordes con los tiempos y desafíos por venir. Quizás lo que funcionó en el pasado inmediato hoy deba revisarse para adaptarse a las nuevas realidades y es probable que quienes lideraron otros procesos hoy deban refrescar su liderazgo teniendo muy claro que el reto y objetivo es convertirse en el corto plazo en la alternativa del cambio.
Personalmente considero un acto de absoluta insensatez -por no decir casi criminal- atacar la Unidad que, si bien ha cometido errores, como los cometemos todos a diario, también ha tenido logros muy importantes y ha iniciado el proceso complejo de convertirse en una alternativa válida frente a la desbordada ineficacia del régimen actual.
Que apoyemos la Unidad no significa que aplaudamos todas sus decisiones o la falta de ellas; significa apostar a la necesidad de contar con un bloque coherente, fuerte y capaz de representar a quienes queremos un país distinto al que tenemos producto de 15 años de mal gobierno y muchos otros de mala oposición.
Quienes atacan a la Unidad y a sus líderes sólo favorecen y fortalecen a un gobierno en fase terminal que está requiriendo factores que le den aliento para prorrogar su agonía. Es clara que la estrategia del gobierno es dividir a la oposición para desarticular la Unidad y no podemos colaborar en esa tarea.
Debemos evitar caer en la tentación de atacarnos entre nosotros mismos y pensar que con ello estamos contribuyendo con no se cual objetivo que no sea alimentar a los extremistas y radicales que tanto daño han hecho y continúan haciendo u oxigenar agendas ocultas.
La Unidad es indispensable para ser una alternativa creíble frente al régimen. Sin MUD no hay Unidad y sin Unidad no hay salida, sólo suicidio político, exilio, estupidez, traición y fracaso.
Se hace entonces ineludible recuperar la sensatez “extraviada” por los desvaríos propios de la desesperación que en la gran mayoría de los casos es muy mala consejera.
Lo que está en juego es el retorno a los valores democráticos y la senda del progreso por lo que no podemos aceptar la destrucción del vehículo que nos llevará hacia allá permitiéndonos consolidar, con el trabajo de calle, una sólida mayoría.
Deberemos reclamar entonces, en nombre de la tolerancia que siempre hemos apoyado y propiciado, el derecho a no tolerar a los intolerantes.
María Elena Arcia Paschen




