Educación de calidad

 

Cualquier venezolano, no importa la región o la condición social, lo dirá natural, espontáneamente. La herencia que quiero dejarles a mis hijos es una buena educación. Es una sabiduría que unifica al país. Venezuela necesita una educación de calidad para que nuestros niños y jóvenes tengan el futuro que merecen y para que el país progrese, pues ese progreso nacional es la mejor garantía de vida mejor para todos. Y, al respecto, todos tenemos una palabra que decir.

Eso hace falta porque la educación es crucial y sabemos que anda mal. Demasiada retórica barata y superstición ideológica, demasiada politiquería y poca pedagogía. Y eso redunda en atraso para Venezuela y pérdida para los muchachos.

Aunque ha tenido declaraciones francamente inaceptables, tengo la impresión de que el joven ministro Rodríguez siente la inquietud de que las cosas no van bien y busca justificaciones para cambiarlas. Aquí es necesario que se aperciba de la naturaleza de los obstáculos que encontrará.

La invitación oficial a una consulta nacional por la calidad educativa nace marcada por la polarización de nuestra sociedad. Polarización, admítase, que el gobierno ha cultivado con dedicación en estos 15 años. Por eso, la desconfianza brota silvestre. Se presume manipulación, se sospecha engaño. Los de más memoria se acuerdan de la “Constituyente Educativa” en 2000 y 2001. Más acá, la consulta de la ministra Hanson sobre el currículum. Al gobierno no puede extrañarle ni sorprenderle; se lo ha buscado. Hace falta crear un clima de confianza que hoy no existe para vencer el temor de que se trate de un truco para autoevaluarse, para “cobrar y darse el vuelto” como han dicho algunos.

Hay otros aspectos que subjetivamente se mezclan aunque no sean lo mismo. La Resolución 058 no ha podido meter la política en la escuela. La teoría que sustentó la decisión ignoró la realidad y en la práctica no ha podido con ella. En la Colección Bicentenario de textos, se mezclan ideas compartibles por cualquiera con propaganda partidista. Que haya libros gratuitos para las escuelas públicas es bueno. ¿No es lógico confiar la redacción y aprobación de esos textos a una comisión nacional plural, en el espíritu y la letra constitucionales? Porque ser Gobierno da derechos, pero no convierte a los gobernantes en dueños del país. Y además de derechos, confiere deberes, y el primero de todos es servir a todos por igual.

 

Ramón Guillermo Aveledo

@aveledounidad

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Cualquier venezolano, no importa la región o la condición social, lo dirá natural, espontáneamente. La herencia que quiero dejarles a mis hijos es una buena educación. Es una sabiduría que unifica al país. Venezuela necesita una educación de calidad para que nuestros niños y jóvenes tengan el futuro que merecen y para que el país progrese, pues ese progreso nacional es la mejor garantía de vida mejor para todos. Y, al respecto, todos tenemos una palabra que decir.

Eso hace falta porque la educación es crucial y sabemos que anda mal. Demasiada retórica barata y superstición ideológica, demasiada politiquería y poca pedagogía. Y eso redunda en atraso para Venezuela y pérdida para los muchachos.

Aunque ha tenido declaraciones francamente inaceptables, tengo la impresión de que el joven ministro Rodríguez siente la inquietud de que las cosas no van bien y busca justificaciones para cambiarlas. Aquí es necesario que se aperciba de la naturaleza de los obstáculos que encontrará.

La invitación oficial a una consulta nacional por la calidad educativa nace marcada por la polarización de nuestra sociedad. Polarización, admítase, que el gobierno ha cultivado con dedicación en estos 15 años. Por eso, la desconfianza brota silvestre. Se presume manipulación, se sospecha engaño. Los de más memoria se acuerdan de la “Constituyente Educativa” en 2000 y 2001. Más acá, la consulta de la ministra Hanson sobre el currículum. Al gobierno no puede extrañarle ni sorprenderle; se lo ha buscado. Hace falta crear un clima de confianza que hoy no existe para vencer el temor de que se trate de un truco para autoevaluarse, para “cobrar y darse el vuelto” como han dicho algunos.

Hay otros aspectos que subjetivamente se mezclan aunque no sean lo mismo. La Resolución 058 no ha podido meter la política en la escuela. La teoría que sustentó la decisión ignoró la realidad y en la práctica no ha podido con ella. En la Colección Bicentenario de textos, se mezclan ideas compartibles por cualquiera con propaganda partidista. Que haya libros gratuitos para las escuelas públicas es bueno. ¿No es lógico confiar la redacción y aprobación de esos textos a una comisión nacional plural, en el espíritu y la letra constitucionales? Porque ser Gobierno da derechos, pero no convierte a los gobernantes en dueños del país. Y además de derechos, confiere deberes, y el primero de todos es servir a todos por igual.

 

Ramón Guillermo Aveledo

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