EL ACTUAL EMBAJADOR de Venezuela ante el gobierno de Austria ha sido señalado por la prensa de ese país como “perseguidor” de los venezolanos que en la capital austríaca han manifestado contra la represión del gobierno de Nicolás Maduro.
Quien fuera jefe de la DIM -Dirección de Inteligencia Militar- no ha dejado de ser un funcionario de inteligencia, del espionaje, del seguimiento a sus compatriotas en esa latitud donde sus andanzas lo han llevado a las páginas de los diarios locales.
El general integró el grupo que “rescató al presidente Chávez en la isla de La Orchila tras el golpe de estado de 2002”.
Los venezolanos residentes en ese país aseguran que se llevó a trabajar con él en la embajada a quienes fueron sus subalternos en la DIM y han implementado un espionaje al que comparan con los de los diplomáticos de Irán y Siria cuyas actuaciones son harto conocidas en el mundo entero en cuanto a fotografiar y seguir a sus opositores manifestantes.
El hecho más grave es que tanto el oficial como su esposa se involucraron directamente contra una venezolana, maestra de un kindergarten donde asiste un hijo del diplomático militar, por solo haber asistido a una protesta contra la violación de los Derechos Humanos en Venezuela.
La foto que sirvió para la denuncia ante el Kínder no fue ninguna de las que apareció en los medios locales, sino una tomada por agentes de la embajada venezolana. Indicativo o confirmación de las sospechas que los ciudadanos venezolanos que están en esas tierras tienen desde que el embajador llegó a Viena.
En solidaridad con la maestra expulsada por presiones de la embajada venezolana -donde la catalogaron de “terrorista”- otra maestra austríaca presentó su renuncia.
Indicativo de que el gobierno venezolano cada vez es más militar que civil, mas represor que diplomático, más sensible a medida que la situación económica y política se torna más difícil.



