Los venezolanos contemplamos atónitos el pasado viernes 2 de mayo la rueda de prensa del ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Miguel Rodríguez Torres, develando un plan sostenido contra Venezuela, que involucra a personas en el país y en el extranjero, con objetivos políticos estratégicos propiciados desde el Departamento de Estado de Estados Unidos de Norteamérica, con el apoyo de los expresidentes Uribe y Fox.
En la larga lista se acusa a líderes de movimientos estudiantiles, banqueros, dirigentes del partido Voluntad Popular, concejales y alcaldes, defensores de derechos humanos, dirigentes nacionales de partidos de oposición, entre otros. Las acusaciones son muy graves: conspiración insurreccional, atentado a la soberanía, terrorismo de Estado, manipulación de información, etc.
El ministro despacha las dudas de la audiencia con mucha facilidad, señalando que hace sus acusaciones “a pesar de la incredulidad de muchos venezolanos que creen que es ficción”. Y permítanos, señor ministro decirle, que después de escuchar la argumentación y ver “las pruebas” presentadas, muchos sigamos pensando que se trata de una gran ficción.
Lo más grave del asunto, no es que los organismos de seguridad del Estado y el propio ministro de Relaciones Interiores construyan una hipótesis de trabajo sobre el actual conflicto político venezolano, sino el atreverse a exponerla en cadena nacional, haciendo acusaciones en firme contra personas y grupos particulares, violando los más elementales derechos a la protección del honor, propia imagen y reputación de las personas, así como el sagrado principio de que toda persona es inocente hasta tanto no se demuestre lo contrario.
En un contexto político en el que el gobierno y la oposición han acordado la conformación de una Comisión de la Verdad para el esclarecimiento de los hechos acaecidos durante estos últimos meses, de manera especial aquellos vinculados a manifestaciones de violencia y agresión contra personas y bienes materiales, no se explica por qué el ministro juega adelantado, sacando a la luz pública su particular interpretación de los hechos y haciendo acusaciones concretas.
El presidente Maduro convoca al diálogo con factores de oposición y al mismo tiempo afirma su ministro de Relaciones Interiores que todo lo que ha ocurrido en los últimos meses es fruto de una gran conspiración internacional y nacional y que la oposición política ha sido el instrumento interno de la misma. Es difícil entender qué se puede dialogar y acordar cuando el adversario se considera de este modo. Un poco de seriedad le daría coherencia a la estrategia política del gobierno.
Francisco José Virtuoso SJ




