Comparto con Ustedes esta nota que un apureño -muy conocedor del tema político tanto en Apure como en el resto del país- el colega Juan Carlos Zapata, escribe sobre la salida anunciada del gobernador rojo rojito Aguilarte renunciado “por motivos de salud” por instrucciones del comandante de Miraflores.
La salud en terapia no es la de Aguilarte, rico en propiedades y dispendioso como buen rico nuevo de la boliburguesía militar, sino la salud del partido gobernante: el PSUV que en ese estado esta dividido y receloso del envío de un paracaidista como Carrizales a asumir el cargo vacante.
El desastre de Aguilarte
Por Juan Carlos Zapata
La letra de Aguilarte es desordenada, como los últimos años de su vida y su gestión al frente de la gobernación de Apure. Letra larga. Líneas torcidas. Porque la carta que ayer envió al Consejo Legislativo de Apure para retirarse del mando alegando razones de salud, fue escrita a mano, sobre el capó de su flamante camioneta. Por ejemplo, la fecha arranca en un renglón y termina en otro. Se nota la rapidez, la velocidad y la rabia.
El 22 de enero, cuando Chávez desde Vargas lo sentenció con la frase de que Apure es un desastre, Jesús Aguilarte Gámez había abandonado el poder. Frente a aquella intervención de Chávez, el ahora ex-gobernador forzó una sonrisa, traqueó su cuerpo, intentando acomodarse en la silla. Pero qué va.
Ya todo estaba dicho. Ayer, el diputado que le correspondió presentar el punto de cuenta de la renuncia del mandatario, fue el mismo que hizo una de las primeras denuncias de corrupción de las tantas que lo señalan: Elías Molina. Pero el gobierno no investigará. Lo dijo el vicepresidente Elías Jaua en la interpelación del martes en respuesta a la diputada Miriam de Montilla.
El gobierno no va a tomar la iniciativa de denunciarlo. De hecho, ya hay un par de casos en Fiscalía: paralizados, sin que avancen, como muchas de las obras gubernamentales en Apure. No se sabe lo que al respecto hará el gobernador encargado y juramentado ayer: Ramón Carrizales. Si no denuncia, la situación administrativa puede salpicarle a él mismo, que ya es seguro candidato a la gobernación.
Carrizales se juramentó vestido de rojo. En medio de vítores y aplausos. Es que son altas las expectativas respecto a lo que hará. Y mucho el odio sembrado por Aguilarte. “Vamos a trabajar”, ha dicho Carrizales. Y una de las tareas urgentes es limar asperezas, en tanto la presidenta del Consejo Legislativo, Omaira Eslava, aspiraba a ser la sucesora, y la llegada de Carrizales cierra el paso a dos que soñaban con la candidatura: los alcaldes de Guasdualito y del Distrito Páez. El primero, José Alvarado, un rojo al que Chávez no puede ver ni en pintura roja; y el segundo, Jorge Rodríguez, más cercano a Diosdado Cabello. O sea, que el PSUV seguirá por buen trecho dividido en Apure. ¿Lo podrá unir Carrizales?







