El Pacto de La Habana
No se trataba de una visita de cortesÃa al convaleciente presidente recluido en un Centro Hospitalario cubano. Ya esa parte de la rutina protocolar se habÃa cumplido con anterioridad y es etapa superada. El motivo del viaje de varias “personalidades” del gobierno venezolano a la isla cubana atendÃa la necesidad de concretar mediante un acuerdo entre las partes la garantÃa de la continuidad polÃtica/administrativa del proyecto chavista, aún más allá de una eventual ausencia absoluta de su creador, tal y como él mismo lo refirió en su alocución/despedida del 7 de diciembre pasado.
Estaban todos reunidos alrededor de una mesa de trabajo, no de la cama del enfermo, ultimando los detalles de un pacto que garantice la gobernabilidad en un paÃs que se maneja por inercia desde hace algunas semanas, donde el presidente se ausenta, encarga a alguien que se ausenta y que encarga a alguien que nadie sabe si podÃa hacerlo y si lo está haciendo, pero donde todo está “excesivamente normal” como dirÃa un filósofo de la revolución chavista en repetidas ocasiones, hoy ausente del protagonismo de estos sucesos.
Pero, a ese reloj cubano, que no se debe parecer mucho a los suizos, le hacÃa falta una pieza muy importante: El presidente de la AN. El mismo que nunca visitó Cuba en 14 años y que en un segundo viaje de reciente data ha sido conminado a suscribir esta suerte de compromiso de ultratumba con su mentor para tranquilizar a quienes ven con ojeriza a un personaje que dentro del mismo chavismo era considerado hace poco “de la derecha endógena” y que se quedarÃa con la tarea de asumir la presidencia y llamar a elecciones para garantizar la participación del “heredero” en ella y asà intentar preservar el proyecto de acuerdo a la voluntad expresada por Hugo Chávez.
Mientras esto transcurre en Cuba, en Venezuela se ofrecen declaraciones desde la MUD donde el consecuente Ramón Guillermo Aveledo advierte sobre la incertidumbre y sus consecuencias, y otros comienzan a manejar un discurso que todavÃa no luce monolÃtico y donde pareciera que las agendas personales privan sobre la verdadera necesidad de consolidar una unidad que vaya más allá del mercadeo polÃtico, de la retórica electoral, del carnaval de los votos. Es el momento de que en Venezuela se celebre otro pacto. Una Alianza Nacional donde participen los partidos polÃticos y estén representados también todos los sectores de la vida democrática venezolana y se definan prioridades, roles y estrategias para que no sigamos siendo testigos de lo que otros deciden por nosotros.
TodavÃa no regresan todos los viajeros de la isla caribeña, pero ya está claro a qué fueron y cuáles serán las consecuencias de su reunión. Seguramente los hermanos Castro estarán muy complacidos, como cordiales anfitriones, del resultado de esta gestión que los involucra de manera total y absoluta, enalteciendo esa “soberanÃa” de peroratas que tanto nos repetÃa el hoy ausente.
Fue entonces en la capital insular donde los principales ejecutores de la voluntad del presidente enfermo se comprometieron a no agredirse entre ellos y a luchar por la consolidación del sueño de la Patria Grande, de la beca eterna a los cubanos, del endeudamiento infinito con los chinos, de las compras de chatarra a los rusos, de la hermandad con Ahmadineyad, Al Assad, Al Bashir, Lukashenko y Mugabe, de la entrega patrimonial a los próceres de Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Argentina y otros adláteres convenientes de esta gran piñata continental.
AllÃ, en tierra extranjera, en otro paÃs, se llevó a cabo un Pacto que garantizará la unidad del gobierno que nació de criticar otro Pacto, sellado y firmado en Venezuela, entre venezolanos y que nos permitió desarrollar nuestra democracia como vitrina para América y el mundo durante el siglo pasado. Las ironÃas de la vida hacen que en un futuro no muy lejano se estudien dos pactos muy diferentes pero que marcarán dos hitos importantes, El Pacto de Punto Fijo y el Pacto de La Habana.
¡Amanecerá y veremos!













