Cómo la nueva oleada de inmigrantes venezolanos usa WhatsApp para sobrevivir en Miami

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Más de 2,000 personas usan al menos nueve chats para informarse sobre empleos, asesoría legal, alojamientos compartidos y servicios médicos. Venezuela se disputa con China el primer lugar en solicitudes de asilo en EEUU. Testimonios revelan por qué se vinieron y cómo viven.

@TamoaC

Univisión

“Buenas noches, estoy aterrizando en Miami, vengo desde el Táchira (occidente de Venezuela), no sé nada. Si me pueden ayudar a conseguir un trabajo o dónde quedarme se los agradezco. Gracias”.

La notificación del chat de WhatsApp suena a las 8:35 pm de un jueves. Pero puede ocurrir en la madrugada del domingo, al mediodía de un lunes o en cualquier instante, porque en este grupo decidieron que no hay reglas ni restricciones como en otros. No hay horarios ni temas y por eso las 256 personas que están allí interconectadas lo distinguen del resto.

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Entrega de alimentos en el estacionamiento del Metro Zoo Miami. Foto: David Maris

Hay por lo menos nueve grupos que a través de textos, fotos, promociones, audios, mantienen comunicados a los migrantes venezolanos en Miami. Cada uno suele estar al máximo de 256 participantes, aunque en ocasiones se cambian de grupo y dejan el cupo a un recién llegado. Algunos repiten en uno y otro porque no quieren perderse ninguna información.

Jenny Rojas es la administradora principal de esos nueve chats. Se encarga de admitir y establecer las reglas de uso de cada red. “Venezolanos unidos” fue el primero que creó. “El 10 de agosto de 2016 cumple un año, y lo vamos a celebrar”.

Luego nacieron “Venezolanos en Miami”, “Venezolanos en Miami 2”, “Venezolanos somos todos”, “Venezolanos en USA”, “Venezolanos en Betel” (significa Venezolanos en la casa de Dios), “Venezolanos en Betel 2” , “Venezolanos unidos 1” y “Yo soy venezolano”. A razón de uno por mes, aproximadamente.

Pero además de los de Miami, Rojas cuenta con chats en Orlando, Nueva York, Oklahoma y otros destinos dentro de Estados Unidos. Sí, también para venezolanos.

Mónica Bolívar es una de las administradoras que ayuda a Rojas en “Venezolanos unidos”. Está preocupada particularmente por la última ola migratoria. “En los últimos cuatro meses lo que estamos viendo es la desesperación de la gente que se viene sin saber qué se va a encontrar aquí, con poco o nada de dinero, sin conocer a nadie. Pasan mucho trabajo, y con niños”.

No es una simple sensación de Bolívar, durante el primer trimestre de 2016 se dispararon las solicitudes de asilo político de venezolanos en Estados Unidos, que ya venían en aumento desde 2014. Según la estadística de USCIS , en febrero de este año Venezuela saltó al primer lugar en esas peticiones en el país norteamericano con 1,142 casos, 13 más que China que históricamente ha encabezado la lista de los primeros diez, seguida de los centroamericanos.

De esas cifras oficiales también se desprende que en enero, febrero y marzo de este año quienes huyeron del gobierno chavista y pidieron asilo sumaron 3,507 casos. Eso es más que quienes lo pidieron en todo el año 2013 (855) y todo 2014 (2 ,939), cuando se disparó la estadística, reveló un reportaje de Univision Noticias.

Peticiones de asilo

Venezuela se convirtió en el segundo país, por detrás de China, que más peticiones de asilo solicita a EEUU. México y los países centroamericanos también se encuentran entre los principales solicitantes de refugio.

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¿Hay algún pediatra en el grupo? ¿saben de un trabajo para mí? ¿está bien el pago de cinco dólares la hora? ¿Saben de algún buen abogado de asilo? ¿saben dónde hay entregas de comida este fin de semana? Son solo algunas de las angustias que aparecen en la pantalla telefónica de forma recurrente.

En algunos chats hay más acento en la atención médica, en todos hay direcciones y horarios de las ferias de entrega de comida gratis, unos son más activos que otros. Pero todos, un refugio donde algunas voces expresan miedo y buscan compañía y ayuda.

Aunque también hay cumpleaños, Día del Padre, fotos de hallacas (plato típico navideño) y humor, incluso en torno a las propias tragedias. No faltan las discusiones, como la que ocupó una mañana completa sobre los pagos tan bajos de la mano de obra para quienes aún no tienen documentos para trabajar.

 

Comida gratis

“Avisen quién por aquí va a la entrega de comida hoy…”

Desde las dos de la madrugada Helena comienza la primera fila para recibir bolsas de comida. Va con dos amigas venezolanas en un carro, cada una puede cargar con bultos para su propia familia. Saben con antelación dónde será la repartición de alimentos gratis el fin de semana, gracias a los grupos de WhatsApp.

Los organizadores de la entrega son voluntarios que portan franelas de “Farm share” . Ayudan con el orden, y a empacar y repartir los insumos que aportan las grandes cadenas de comida en el sur de Florida. Los voluntarios de la repartición pasan uno a uno por los carros y colocan en el vidrio delantero de cada auto el número de familias que necesita las bolsas de verduras, pollo, carne, hortalizas: 1, 2, 3 se lee en los parabrisas. Grande, en colores. Al cabo de un par de horas, o más, las familias obtienen lo que necesitan, agradecen y se van.

El sábado 11 de junio hubo repartición en la iglesia “La comunidad de Cristo”, en el suroeste de Miami. Pero al salir de allí, Helena manejó una media hora, para hacer otra fila de carros en el estacionamiento del zoológico de Miami (Metro Zoo) en Kendall. A las 9 am el último automóvil empezaba la espera unas tres millas antes del lugar donde las personas con franelas de “Farm Share” agarraban los paquetes y los metían en las cajuelas, que se abrían para prepararse y recibirlos.

“Cada vez vemos más venezolanos en estas colas”, cuenta Marta López, quien también esperaba turno dentro de su carro. Ella va a esos lugares, a veces como voluntaria para entregar (desde el amanecer) y otras para luego llevar comida a sus paisanos, que no pueden asistir a esos eventos porque trabajan o duermen después de las jornadas de madrugada en trabajos forzados.

 

“Yo a todos les digo que no se vengan a Miami, que esto es muy duro, pero no me hacen caso”

MartaLópezUNIVISIÓN

Marta López pertenece al grupo de WhatsApp “Venezolanos unidos”. En Venezuela protestaba activamente contra el gobierno de Nicolás Maduro hasta que la persecución de la policía política le dio la razón para salir del país: miedo. Dos meses después de perder al mayor de sus cuatro hijos fue testigo de las detenciones y represión del 12 de febrero de 2014 en las calles de Caracas.

Yo sí ayudaba a los muchachos en sus protestas en las calles. Les daba comida, les lavábamos la ropa, los apoyábamos con todo lo que necesitaban, porque creo en la democracia y la libertad.

De vez en cuando se nos sumaba gente y ayudaba con eso. Te cuento de Ana: ella lavaba ropa, hacía comida, se preocupaba por lo que ocurría a los opositores. De pronto una noche estoy viendo el programa de televisión de Diosdado Cabello (segundo hombre fuerte del gobierno) y veo que está condecorando a Ana por ser una de sus mejores “Patriotas cooperantes” (infiltrados del gobierno en grupos de oposición).

Ese día entendí por qué la policía política había llegado a buscarme directo a mi compañía y a mi casa. Tuve la suerte de no estar cuando llegaron a buscarme. Me aterré, me escondí, no volví a mi casa. Sentí de verdad lo que era el miedo. Decidí con mi esposo que nos veníamos a Estados Unidos.

El mayor de mis cuatro hijos, de 20 años, estaba estudiando en Estados Unidos. Le sigue otro de 18 y dos varones más de siete y cinco años. Esa última Navidad que pasaríamos en Venezuela mi hijo mayor nos visitó y murió en un accidente en la playa.

Meses después de ese incidente terrible, retomamos los planes y nos vinimos todos a Miami. Yo cada vez les digo a los que me preguntan que no se vengan a Miami, que es costoso y difícil, que la gente pasa trabajo, que lo de los papeles no es fácil. Pero no me hacen caso y aquí los ves, a ese poco de venezolanos sobreviviendo. Yo les ofrezco todo mi apoyo, pero les digo que lo piensen bien, la inmigración sin planificación es muy difícil.

Participo en uno de los grupos de WhatsApp, y me dedico en las mañanas a ayudar como puedo. Los sábados hago colas y recibo comida para luego llevarlas a las casas de venezolanos que no pueden ir a buscarlas porque están trabajando, o están trasnochados porque pasaron toda la madrugada trabajando. Desde que llegué a este país aprovecho todas las oportunidades de ganar dólares: desde limpir casas, oficinas, recoger botellas en un centro nocturno toda la madrugada hasta delivery.

Tengo el sueño de emprender en este país y lograr aquí libertad financiera. Mi esposo y yo vamos por nuestros sueños. Solo pienso en el día en que todo se arregle y pueda volver a mi país. Yo sí sueño con eso.

 

 

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