“Tibisay Lucena y rectoras del CNE deben ser condenadas por el fraude de la Constituyente”: Daniel Zovatto

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@boonbar

“Si hubo fraude en las elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente por el cual hay que condenar a los responsables”. El politólogo argentino Daniel Zovatto, director regional para América Latina del Instituto Internacional para a Democracia y Asistencia Electoral (IDEA se suma a las voces que cuestionan los resultados del 30 de julio de 2017 avalados por el Consejo Nacional Electoral (CNE). “Es un tema de máxima gravedad por lo que las rectoras del CNE deben ser condenadas y expulsadas de todas las asociaciones y redes de organismos electorales del continente”.

El jueves 3 de agosto se produjo la primera reacción por parte del secretario de la OEA, que anunció que el CNE venezolano no sería invitado a la reunión anual hemisférica de los órganos electorales que tendrá lugar en Cartagena.

“El fraude del CNE en Venezuela es burdo y condenable: no sólo hecha gasolina al fuego de la crisis política, también deja herido de muerte a un proceso como la convocatoria de la ANC marcado por el pecado original de la ilegitimidad” afirma el experto en procesos electorales en entrevista telefónica a Runrunes.

Una de las mayores evidencias del fraude es que la denuncia de manipulación de resultados parte de la propia empresa Smartmatic, creada por venezolanos bajo el ala del chavismo, que durante 13 años prestó servicios en 14 elecciones organizadas por el CNE. “No iba a dispararse un tiro en el pie. Ventilaron el fraude por algo fundamental: no ven futuro continuar certificando elecciones amparadas por un régimen sin credibilidad”.

Zovatto es una voz autorizada en todo el continente. Conoce el sistema electoral venezolano desde 1989, cuando fue director del Centro de Asesoría y Promoción Electoral del Instituto Interamericano de Derechos Humanos. Allí tuvo la oportunidad de ser fundador de las primeras asociaciones de redes de organismos electorales en América Latina con la creación del Protocolo de Quito, que integró a entes electorales de América del Sur. “Venezuela y Costa Rica eran ejemplo en la región. Trabajamos de la mano del Consejo Supremo Electoral (que precedió al actual CSE) en la época de Carlos Delgado Chapellín e Isidro Morales Paul desde finales de los 80 y principios de los 90, ayudando a muchos países a organizar elecciones de calidad y construir entes con independencia, imparcialidad y profesionalismo”.

Zovatto remarca que Venezuela, desde su organismo electoral, jugó un papel importante en la transición hacia la democracia de muchos países de América Latina. “He sido testigo en primera fila de la decadencia del actual CNE de la mano de Tibisay Lucena y las rectoras Socorro Hernández, Tania D’Amelio y Sandra Oblitas. Lo único que han generado desprestigio de la institución tanto dentro como fuera de Venezuela”.

 

No es nuevo

Zovatto también recuerda que organismos internacionales como Unasur, Mercosur y en cierta forma la OEA sirvieron de sombrilla de protección al actual CNE, como en la ocasión del resultado tan ajustado de las presidenciales de marzo de 2013, en la que Maduro viajó al día siguiente de los comicios a Lima a una reunión de Unasur para conseguir apoyo. “Este respaldo fue el rubicón que otorgó impunidad a gobierno de Maduro”.

Pero esa relación ahora cambió. Para Zovatto, el proceso de deterioro progresivo, sistemático y permanente del CNE venezolano tuvo punto de inicio con la elección presidencial de Maduro con Henrique Capriles. “Aunque los comicios previos a 2013 no tenían niveles absolutos de calidad, Hugo Chávez si ganó elección tras elección, avalado por organismos como la OEA, Centro Carter”, afirma.

Aparte de postergar las elecciones regionales que correspondían a 2016, otra muestra de la inconsistencia del CNE ocurrió en las elecciones parlamentarias de 2015 que perdió el chavismo, en la que en vez de garantizar condiciones equitativas de la competencia electoral, el Consejo de prestó para la destitución e inhabilitación de tres diputados de Amazonas para quitarle a la fracción opositora de la Asamblea Nacional la mayoría calificada, evalúa Zovatto.

Una de las más graves acciones del CNE fue obstaculizar la realización del Referendo Revocatorio en 2016, el cual Zovatto considera que era la salida institucional a la dramática crisis del país. “Permitiría al pueblo venezolano decidir si quiere continuar con Maduro o mandarlo a casa y convocar nuevas elecciones, como establece la Constitución venezolana.

Zovatto denuncia que la única sombrilla que tuvo el CNE para darle un barniz de legitimidad a la elección fue el del Consejo de Expertos Electorales de América Latina, presidida por Nicanor Moscoso. “Fue una irresponsabilidad sobre un proceso viciado en el que hubo muertos, heridos y detenidos”.

También tuvo el apoyo del CNE de Nicaragua, “otro organismo con bajísimo nivel de credibilidad” según Zovatto, que se ha prestado al juego recíproco de defender irregularidades de otros países a cambio de lo mismo en sus propias naciones. “Lucena también ha aplicado este intercambio de favores en Nicaragua y República Dominicana, hecho que debería investigarse”, asoma el experto.

 

Fraude decisivo

Zovatto se basa en números para no subestimar las posibles consecuencias del fraude en las recientes elecciones. “De unas 150 elecciones presidenciales de América Latina desde 1978 hasta la fecha, solo 3 procesos con un considerable diferencial de votos una crisis política y que llevaron a la salida del presidente o a recortar el mandato: la de 1989 en Panamá con el fraude protagonizado por el régimen de Noriega que produjo la invasión de EEUU; la de 1994 en República Dominicana en la que mediaron EEUU, OEA y Centro Carter hasta conseguir el recorte del mandado y prohibición de reelección consecutiva y la de 2000 en Perú con la reelección de Fujimori frente a Alejandro Toledo, que generó una crisis importante en la que intervino Canadá, EEUU y OEA y que produjo la renuncia de Fujimori y su posterior detención”.

 

Diálogo y elecciones

El CNE y las 4 rectoras han perdido toda la credibilidad, observa Zovatto, por lo que considera que “sería un suicidio ir a elecciones de cualquier tipo con el actual organismo electoral”. Sin embargo, destaca la importancia del voto como salida institucional a la crisis. Para ello, hay que retomar el proceso de diálogo entre gobierno y oposición para dirimir diferencias a través de las elecciones, restituyendo la autoridad electoral y definiendo un calendario electoral. “Pero necesariamente hay que renovar no sólo el CNE sino también las Salas Electoral y Constitucional del TSJ para que no las apelen judicialmente, aparte de garantizar la presencia de observadores internacionales con credibilidad y profesionalismo”.

 

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