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El Termómetro de la Calle

Termómetro de la Calle: La protesta por el pernil se cocinó sin gas doméstico

De las 466 protestas registradas al cierre de 2018, en diciembre, más de la mitad estuvieron empujadas por la falla en la entrega del pernil que prometió Nicolás Maduro. Fueron 290 manifestaciones a escala nacional, según El Termómetro de la Calle, que dejaron incluso mutilaciones. Pero no basta con tener la carne, no tener gas para cocinarla también originó reclamos

 

Infografías: Elsy Torres

Fotografías: Rayner Peña

 

“ESTE AÑO NO VAMOS A FALLAR CON EL PERNIL. Este año viene el pernil completo, grande y gordote para todos los Clap del país”. Esa fue la promesa que, a 60 días de Año Nuevo 2019, hizo Nicolás Maduro a los venezolanos. Pero, el pernil no llegó y las calles se encendieron en protestas en todo el país por quienes reclamaban su pieza y los que se quejaban de que la recibieron picada, fileteada u obtuvieron pollo o medio cartón de huevos como reemplazo.

A la crisis de servicios públicos que se evidencia en toda Venezuela mediante las protestas de calle, se sumó un motivo antes de finalizar 2018. “Dame mi pernil” se hizo consigna en varios rincones del país y la indignación aumentó mientras se divisaban en el panorama declaraciones filtradas como “el comandante anunció la entrega porque era necesario, había que sacar a la gente a votar” o videos como el registrado en el estado Portuguesa que mostraba montones de piezas de porcino descompuestas, un día antes de que terminara el año.

De hecho, 62% de las manifestaciones registradas por El Termómetro de la Calle en diciembre 2018 tuvieron un solo protagonista: la entrega incompleta de perniles, siendo el caso de 290 de las 466 protestas de todo el mes.

 

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El cierre de vías fue la manera de reclamar por la comida

 

Los estados andinos fueron los más desencantados. Táchira fue el que tuvo mayor conflictividad por esa causa, encabezando la lista y por lejos, con 83 pleitos, casi tres protestas por día. Le siguió Mérida con 53 manifestaciones. En Barinas y Trujillo sumaron 44, respectivamente.

En esa última entidad fue donde el gobernador Henry Rangel Silva dijo el 12 de diciembre que “hay gente que nunca ha comido pernil y ahora protestan porque no llegan. Uno por un pernil no puede entrar en una crisis existencia innecesaria”. En aquella declaración, ocurrida en su programa semanal Al día con Rangel Silva, también afirmó: “pueden cerrar las calles pero más perniles no van a llegar porque no hay en el país”. Allá vive Mayra Linares, quien reclamó que en su comunidad pagaron 350 bolívares por seis filetes de cochino. A esta zona andina llegó solo 30% del producto requerido.

El Termómetro de la Calle, un monitor de conflictividad social realizado en alianza entre El Pitazo, TalCual y Runrunes con instrumentos desarrollados junto a ORC Consultores, evidencia que, fuera de los territorios andinos, Zulia acumuló 48 reclamos por pernil, siendo a escala nacional la tercera entidad que más reclamó. Con mucha menor cantidad, estuvieron Miranda y el Distrito Capital, pues en la capital del país tampoco hubo pernil gordo para todos. Un caso curioso es el de Amazonas, donde se registraron 12 manifestaciones por las fallas con el pernil, siendo un aumento de 21% con respecto a su promedio del resto del año.

Pero no fue el único problema. Muchos de quienes recibieron la proteína se enfrentaron a otra realidad: la ausencia de gas. La falla en ese servicio fue la segunda causa de protestas durante diciembre de 2018, alcanzando el 14%.

 

Protestas pernil 2018

 

José Antonio fue uno de esos seguidores que se cansó de esperar por el cumplimiento de esa promesa. Espero tanto que el 31 de diciembre, ya convencido de que no tendría su pernil, salió a las calles de su pueblo para pedir la ayuda de los vecinos y lograr reunir lo necesario para darle de comer a su familia en la noche de Año Viejo, donde años atrás era una costumbre comer hallacas y cochino.

“Yo esperé porque de verdad tenía la esperanza de que me dieran mi pieza. En la casa las niñas y mi mujer estaban contando con eso, íbamos a hacer unos bollitos de hoja de maíz y nuestro cochino, pero no llegó. Al final los del Consejo Comunal nos hicieron esperar hasta el 31 a mediodía y nos decían que no perdiéramos la fe, pero en la espera hasta hambre le dio a la gente en la casa y se comieron los bollitos, entonces nos quedamos sin nada”, contó este habitante del municipio San Casimiro, una población del Sur de Aragua, donde hace tres meses que no llega la caja de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap).

En la casa de José Antonio, esa noche del 31 prefirieron acostarse a las 9 pm para escapar del hambre y de la tristeza que les produjo no tener cena para recibir el año. “Me duele porque eso es lo que va a recordar mi niña de seis años, que yo sufrí para perseguir un pernil y que nunca llegó, que nos acostamos sin comer, que lleva dos años sin cena de 31. Esas cosas duelen y yo no sé porque tienen que jugar con uno, yo le había prometido que este año que pasó si íbamos a comer pernil el 31”, contó.

 

La fuerza pública trató de contener los reclamos

 

Mesas vacías y sangre derramada

Perder la mitad de un dedo, eso le costó a Angélica María Díaz Morelos la discusión con una vecina de su comunidad por el pernil. La poca existencia del rubro, la desigualdad en la repartición y los mecanismos condicionados para la entrega del alimento propiciaron todo tipo de situaciones esta Navidad de 2018.

Aunque se niega a hablar por temor, y porque hay un proceso legal abierto en el caso, el de Angélica fue un suceso conocido en todo el país. Los vecinos del sector El Plan, callejón San Guillermo del barrio La Alcabala, en Petare, recuerdan el hecho y lo reviven con facilidad. Cuentan que la pelea inició tras el sorteo de los 400 perniles que llegaron a San Guillermo para ser repartidos entre más de 3.000 familias inscritas dentro de la Comuna “4F”, que agrupa 18 consejos comunales y tres colectivos de todo Petare.

El mediodía del 7 de diciembre, Angélica se dispuso a repartir “solo entre chavistas” el pernil, cuando sus vecinas más cercanas se quejaron de que además les tocara media pieza, pese a ser un grupo numeroso. Quienes presenciaron el hecho se niegan a dar sus nombres por temor a ser agredidos en un barrio tan peligroso, pero cuentan que una ciudadana llamada Alejandra María Torres Ramírez agredió a la otra mujer con apoyo de algunas familiares y terminó mordiendo y arrancando con su propia boca un trozo del dedo de Angélica.

El parte policial refiere que la agredida sufrió “amputación traumática de tercera falange del dedo medio de la mano derecha”. “Al final se quedó sin parte de su dedo por pelear por ese pernil que ni siquiera era de ella”, reflexiona un residente de San Guillermo. La agresora estuvo detenida solo 72 horas y ahora tiene régimen de presentación. Mientras, en la comunidad siguen las riñas por la comida de los Clap que “es repartida solo para los que son chavistas, para los que abiertamente se muestran seguidores de Maduro y tienen su carnet, al resto no nos toman en cuenta”, tal como contaron.

 

Protestas pernil Andes

 

Esmery Rodríguez es vecina del 23 de Enero, la parroquia bandera del chavismo en Caracas. Fue una de las más de 60 personas que se apostaron el 30 de diciembre en Miraflores para gritar “El 23 de Enero reclama su derecho” y exigir a Nicolás Maduro la entrega completa del pernil y las cajas del Clap que solo llegaron a un limitado grupo de la comunidad. A los vecinos los sacaron de las calles con la promesa de que una comisión de Vicepresidencia se ocuparía de entregar la carne, pero nunca ocurrió.

También hubo reclamos por malos manejos y privilegios. “Es indignante escuchar a los delegados decir que la persona que no tenga el dinero para ese momento se queda sin el beneficio y que ese delegado se quede con su caja o su pernil… Cómo van a lograr acabar con las mafias, si las personas a las que se confía la administración toman parte en los abusos”, se preguntó Keyna Cáceres, una vecina de El Valle, donde el producto cárnico fue repartido “entre gallos y medianoche”.

Según dijo, en los Jardines de El Valle el trozo de cochino se otorgó solo a los censados por el Clap, a quienes “pusieron a correr, haciendo transferencias y pidiendo ayuda a todos los vecinos para no perder el bendito pernil”. Fue una situación similar a lo vivido por la gente del kilómetro cinco de la Panamericana, donde hubo quienes obtuvieron el producto a las 11:20 de la noche del 31 de diciembre.

La protesta por el pernil fue un grito ahogado por otros dramas que viven los venezolanos, pero dejo expuesta la inconformidad de un pueblo por el gobernante rompió otra promesa.

 

Las mujeres llevaron la batuta de las protestas

 

 

Con la bombona en el hombro: el peso de la escasez de gas doméstico

En lo que va de año ha habido 317 protestas por gas, según El Termómetro de la Calle

Estos reclamos fueron la sexta causa de manifestaciones en todo el país

@yeannalyfermin

 

OMAIRA YÉPEZ ADAPTÓ EL CARRITO DEL MERCADO para poder trasladar la bombona de gas. “Le quité la tela para que la bombona pudiera entrar. Así la arrastro y no me canso tanto como si la llevara en el lomo”. Yépez vive sola: todos sus hijos se fueron del país.

Relata que se levanta a las 5:00 de la mañana para hacer la cola en el barrio Píritu, en Petare. Al llegar al sitio, pone la bombona a hacer la fila. Aunque no es una de las primeras, siempre alcanza a comprar. “Muchas veces son las tres de la tarde y uno esperando el camión. A veces siento que me voy a desmayar porque me voy solo con una arepita en el estómago y el sol es fuerte”, cuenta.                             

Comenta que le da tristeza esa situación. “Veo personas que de lo flacas que están no pueden ni con la bombona; veo mujeres embarazadas y viejas como yo”. Asegura que antes no era así, que el Consejo Comunal se encargaba de llevar el control de la compra y venta del gas y a nadie le faltaba, pero que con la crisis todo se ha afectado.

Un estudio del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS), revela que solo durante el mes de julio se produjeron 286 protestas por el deterioro de los servicios básicos y que 81 de estas fueron por escasez de gas.

La data de El Termómetro de la Calle, una una iniciativa de TalCual, El Pitazo y Runrun.es que registra las protestas que se realizan a diario en el país, contabilizó que van 317 protestas por fallas en la distribución de gas doméstico en lo que va de año, siendo los sectores populares los más afectados con la situación.

El Termómetro de la Calle también registró que hasta el mes de julio los estados que más protestaron por escasez de gas fueron Lara, con 63 protestas; Táchira, con 50; Mérida, 41; Trujillo, 29 y Barinas, con 19.

Desde el inicio del año 2018, las protestas de carácter social desplazaron a las políticas. Fallas en los servicios de agua, gas y electricidad y colapso del transporte público, fueron los detonantes para que en el primer semestre se produjeran, al menos, 2.403 manifestaciones en todo el país para exigir derechos sociales.

 

Cocina prestada o leña

Mariana Brito, habitante del barrio San José de Petare, en el estado Miranda, aseguró que pasa mucho trabajo para poder comprar este servicio. “Nosotros tenemos más de cuatro meses sufriendo por el gas. Mi esposo pierde todo el día, sale de la casa a las 6:00 de la mañana y se lleva la bombona en el hombro para Catia. Si no consigue en Catia, se va directamente al llenadero que queda por Turumo, en la carretera vieja Petare Santa Lucía”.

Mariana aseguró que siempre compra el gas a un precio distinto. “En el llenadero lo venden al precio regulado, 50 bolívares de los viejos (0,0005 soberanos), mientras que en Catia lo ha comprado en cinco millones de bolívares”, (50 bolívares soberanos). Un sobreprecio de casi 10.000 %.

Francisco Ibáñez, habitante del sector Fila de Mariches, en el municipio Sucre, asegura que el tema del gas es una verdadera “tragedia”. Dice que cada 15 días hay que salir a luchar para conseguir una bombona.

“Yo me tengo que levantar bien temprano para ir a comprar mis dos bombonas, por lo menos cuento con una moto que me ayuda a trasladarme, pero hay personas que tienen que pedirle al vecino que los deje cocinar aunque sea un arroz para poder comer o si no, les toca cocinar en leña porque gas no hay”.

Ibañez dice que “como todo en este país es una corrupción”, la distribución del gas se ha convertido en una “mafia”. Confesó que ha comprado la bombona de gas hasta en 2 millones 500 mil de los viejos (25 bolívares soberanos), cuando el precio regulado es de 50 bolívares.    

Nelson Hernández, ingeniero y experto en materia energética, explicó que la falta de gas doméstico afecta aproximadamente a 21.6 millones de venezolanos: 80% de las familias venezolanas lo utiliza para cocinar.

Hernández comentó que la baja producción de gas asociado al petróleo, la baja operatividad en las plantas de extracción de propano, la mala gerencia de logística en la  distribución del producto, el deterioro en la infraestructura del transporte y el déficit de bombonas de 10 kilogramos, son las causas de la escasez de este servicio.

El experto en energía responsabilizó al gobierno de la situación: “Tanto PDVSA, como PDVSA Gas y Pdvsa Gas Comunal, son empresas estatales, por lo que tienen en sus manos la producción, transporte, almacenamiento y distribución del gas doméstico a nivel nacional”.

Iván Freitez, directivo de la Federación Única de Trabajadores del Petróleo, afirmó que el problema con la escasez del gas comenzó con la nacionalización de las empresas Vengas, Digas y Tropigas en el año 2008 por parte del Gobierno Nacional.

Estas empresas expropiadas se encargaban del llenado, almacenamiento y distribución del gas doméstico, contaban con grandes plantas de producción y grandes sistemas de transporte. Cuando todo ese sistema pasó a Pdvsa Gas Comunal, comenzó a debilitarse el proceso, explicó Freitez.

Para Freitez, el problema se va a incrementar. Asegura que Pdvsa no tiene capacidad para mejorar la gasificación y advierte que mientras la producción petrolera no aumente seguirán los problemas con el gas doméstico.

“La escasez del gas es en toda Venezuela. La situación es la misma en todas las refinerías del país”, sentenció el representante del sindicato.  

Nelson Hernández aseguró que para solventar el problema hace falta aumentar la producción de petróleo y, por ende, la de gas propano. “El inicio de la recuperación de PDVSA y sus filiales debe pasar por un cambio en la gestión política que hoy impera en Venezuela. Llevar el suministro del gas licuado del petróleo a los niveles de 1998 tardaría, como muy rápido, cuatro años”.