EL REVERENDO JESSE LOUIS JACKSON, nacido el 8 de octubre de 1941, es un activista por los derechos civiles y un pastor bautista de los Estados Unidos. Fue candidato a las primarias presidenciales del Partido Demócrata en 1984 y 1988 y ejerció como “shadow senator” para el Distrito de Columbia desde 1991 hasta 1997. Fue el fundador de las dos instituciones que se fusionaron para formar Rainbow/PUSH que hoy preside. En esta condición fue invitado por el gobierno venezolano para las exequias del presidente y se le encargó una de las tres oraciones ante el catafalco de Chávez. Una fue de Monseñor Moronta y la otra del pastor evangélico de la Casa Militar.
En su rezo Jackson incorporó, además de lo religioso, una petición muy clara para que las relaciones entre los Estados Unidos y Venezuela puedan mejorarse.
Estos párrafos pasaron desapercibidos a los medios y contienen un mensaje muy importante conversado entre los dos gobiernos antes de que Maduro expulsara a los dos agregados militares estadounidenses que, por cierto, ambos estaban en su país desde hacía muchos días.
El mediático Reverendo Jackson señaló estos puntos en su elogio a Chávez: “Pedimos a Dios que construyamos puentes entre Estados Unidos y Venezuela y que podamos avanzar por esos nuevos puentes dejando atrás la sombra del mal para que ésta no esté más nunca con nosotros. Avancemos hacía un territorio más elevado ya que somos vecinos del mismo hemisferio, jugamos béisbol juntos, compartimos nuestros recursos naturales, juntos combatimos las drogas, compartimos sueños, estamos unidos por la cultura y el medio ambiente”. Jackson fue más allá al solicitar retirar todas las dudas y temores para recomenzar esa relación.
Mientras él hablaba en la Academia Militar frente a los dignatarios que de todos los continentes habían venido para el funeral presidencial me dediqué a observar a solo dos de esos invitados globales: los presidentes de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, y de Bielorrusia, Alexander Lukashenko. Ambos se acercaron más a sus respectivos intérpretes pues no creían lo que allí oían. Similar estupefacción denotó la cara del actor estadounidense Sean Penn, quien ha gozado de las mieles rojas durante estos 14 años de Chávez.
Yo había visto a Jackson, junto a su hijo Jesse Jr. entonces Representante ante el Congreso de Estados Unidos, cuando visitó a Chávez en la misión venezolana ante las Naciones Unidas hace unos 5 años, cuando salió a declarar a la prensa tras ese encuentro. Ahora me lo topo en el Hotel Tamanaco y aprovecho para conversar sobre su propuesta por un mejor entendimiento entre su país y Venezuela.
Me indica varios puntos: “Somos vecinos y nos necesitamos mutuamente. Estados Unidos es el principal importador de petróleo venezolano y su entrega está a solo cuatro días. Es un socio estratégico y tiene más reservas petroleras que cualquier otro país. Necesitamos aliados. No debe haber diferencias políticas pues tenemos más de 500 mil venezolanos en nuestro territorio y los beisbolistas venezolanos son nuestros héroes comunes. No hay obstáculos mayores para mejorar nuestra relación. El presidente Hugo Chávez deja una democracia estable, un legado al nuevo gobierno para seguir ayudando a los más pobres, y sé que el presidente encargado, Nicolás Maduro, hará una transición ordenada. Espero que encontremos como enaltecer nuestros territorios comunes. Como dije ayer: Pido por la paz entre Venezuela y Estados Unidos. Haré todo lo que esté a mi alcance para lograr este objetivo”.
Antes le había preguntado si esa era una petición suya o venía del alto gobierno estadounidense: “Es mi propia idea, mi sugerencia, mi deseo por mejorar nuestro intercambio de todo tipo”.
En medio de la improvisación -que ha sido una característica de estos 14 años- surgió entre los chavistas cercanos a la cancillería una idea que quieren llevar adelante: pedirle al gobierno de Obama que designe a Jackson como su embajador en Caracas.
Le digo a quien me pasa la noticia que eso es imposible, que ningún gobierno pide a otro a quien designe en su representación diplomática. Mi interlocutor me dice que si es posible: “Nosotros pedimos al presidente Lula que antes de abandonar la presidencia le pidiera a Chávez nombrara a Maximiliem Arvelaiz como embajador en Brasilia y se pudo lograr”. Le explico que el caso es al revés y que EE.UU. no es Brasil.
Por lo pronto se quedó pensativo el funcionario.






