LO DE AYER EN MADRID, cuando Venezuela no aparece representada en el Día de la Fiesta Nacional de España y el escurridizo embajador venezolano Isaías Rodríguez, cada día mas desacertado en el manejo de las relaciones, da como excusa suya un viaje fuera de la capital española y el del abanderado por razones “imponderables” nos toca descifrar lo que acontece entre los dos países.
Por un lado hay un enorme descontento en ese país, no solo de las máximas autoridades encabezadas por el propio Rey Juan Carlos, sus ministros, miembros del congreso y ciudadanos de a pie con el gobierno venezolano que ya por varios años ha sido acusado de colaborar con la banda separatista vasca ETA y cuyo respaldo a esas denuncias lo han dado en los últimos años miembros de esa banda terrorista en sus declaraciones a los organismos de seguridad tanto de España como de Francia. Para este lado de la historia habría que reflejar aquella frase que el propio Rey le espetó en su cara a Chávez, en Chile, cuando le dijo: ¡por qué no te callas!
Por otro, el enorme negociado de intereses económicos de todo tipo que se han dado cita en estos once años de gobierno rojo rojito, con dinero a manos llenas, para comprar de todo a España y para permitir al gobierno de los socialistas españoles hacer negocios mil millonarios. Desde la compra de equipos militares hasta las concesiones de exploración petrolera en la Faja del Orinoco. Solo recordemos aquel paseo por la Gran Vía de Madrid de Chávez junto al presidente de la petrolera española Repsol.
Lo cierto es que entre esos dos mundos se debate el gobierno de Zapatero. No saben si afincarse en las solicitudes de extradición de los etarras acusados de ayudar a sus colegas, para lo cual ya su ministerio de exteriores consultó a su embajada en Caracas para que sea contratado un bufete de abogados que comience a hacer los trámites, o dejar la cosa así, dándole un espaldarazo a Chávez al decir que “Venezuela coopera totalmente con España” y por ende seguir alimentando el caudal de negocios con el país petrolero. Solo las presiones del Partido Popular han hecho que Rodríguez Zapatero haya tenido que darle la cara al caso ETA y moverse, algo más que lo normal, para salvar cara ante sus conciudadanos. De solo pensar el caudillo venezolano -“por la gracia de Dios como lo fue el caudillo Francisco Franco”- que la derecha española pueda ganar de nuevo el gobierno las angustias se le suben. Ya bastante tuvo con contradecir lo que había sido su conducta en torno a las organizaciones terroristas y señalar, en comunicado leído y no improvisado, que los de ETA eran “criminales sanguinarios desprovistos de calidad humana y moral” en referencia clara a los dos etarras Juan Carlos Besance y Xabier Atristain, detenidos por tenencia de explosivos quienes señalaron ante la Audiencia que recibieron instrucción en territorio venezolano en el 2008.
¿Una o dos España? ¿Un Chávez acusador y otro acusado?
El camino sigue empedrado…








