Pantaleón y José Luis pasaron del puente Simón Bolívar al Rodeo I

El 7 de febrero de 2025, a las ocho de la mañana, los hermanos colombianos Pantaleón y José Luis de La Asunción Aragón se comunicaron con su madre vía telefónica para informarle que ya se encontraban en el Puente Simón Bolívar, paso fronterizo que conecta a Cúcuta con la ciudad de San Antonio del Táchira, en Venezuela. “Mami ya estamos en el puente esperando a que vengan por nosotros”, le dijeron antes de desaparecer. 

Pantaleón y José Luis —26 y 22 años respectivamente— son inseparables. Ambos migraron juntos a Aruba en el 2023 en busca de mejores oportunidades laborales. En la isla trabajaron en la limpieza de hoteles y lograron ahorrar dinero para mantener a sus familiares en Venezuela. El regreso de los hermanos no estaba previsto, pero uno de los hijos de Pantaleón enfermó de gravedad. Por eso, deciden emprender el viaje Aruba–Barranquilla, Barranquilla–Cúcuta y de allí cruzar hacia Venezuela para encontrarse con un tío que los llevaría en una gandola hasta Las Claritas, en el estado Bolívar, donde vivían los hijos de Pantaleón.

Panta y José, como les llama su madre, Yiraluz Aragón, no llegaron a encontrarse con su tío. A pesar de que permaneció varias horas en el paso fronterizo y los buscó por todos lados, incluso en Cúcuta, no los halló. “El teléfono de ambos estaba apagado, lo único que quedó fue un inmenso silencio”, dijo Aragón. 

Toda la familia paterna de los hermanos La Asunción vive en el estado Zulia, y un tío que recorre el país en una gandola se ofreció a llevarlos hasta Las Claritas para que el trayecto — de casi 26 horas— fuese más cómodo y seguro para ellos y también para que pudieran ahorrarse el costo del viaje. 

90 días sin rastros

Los familiares de Pantaleón y José Luis estuvieron más de 90 días sin saber nada de ellos. Yiraluz Aragón llamó a conocidos, buscó abogados, pagó a personas por información, pero no encontró información certera sobre el paradero de sus hijos.  

“Mi corazón me decía que ellos estaban vivos”, aseguró Yiraluz. En la mañana del 15 de mayo repicó su teléfono. Era un número venezolano. Su pálpito no la engañó: sabía que eran noticias de sus hijos. 

“Mami, estamos en el Rodeo I, nos cogieron injustamente nos están acusando de terrorismo. Mami, no le pague plata a abogados, ni a nadie, esto es el gobierno, pide ayuda a la cancillería, pide ayuda, que nos saquen de aquí, mami, esto es horrible. Mami, hay un poco de colombianos presos aquí también por lo mismo”, le dijo José Luis a su madre en esa sorpresiva y breve llamada, que duró apenas cinco minutos.

Pantaleón, por su parte, alcanzó a decirle pocas cosas a su madre, las suficientes para retratar su angustia: “Cuida a mi hijito, mami, no me desampares a mi hijito. No dejes que mi hijito se me muera. No, esto ha sido horrible, mami, esto ha sido muy horrible”.

Después de esa llamada Yiraluz Aragón se armó de valor y decidió que iba a viajar a Venezuela para ver a sus hijos. Sin embargo, las autoridades colombianas a las que ya había pedido ayuda para conocer el paradero de ambos  le advirtieron que no era seguro viajar. “Me dijeron que podía terminar presa también y mi familia me insistió en que no viajara, porque con tres presos iba a ser peor”, dijo. 

Familiares de Pantaleón y José Luis que se encuentran en Venezuela han intentado en reiteradas ocasiones llevarles artículos de aseo personal y alimentos al Centro Penitenciario El Rodeo I, ubicado en el estado Miranda, pero nunca se los aceptaron ni les permitieron la visita. Incluso, les han negado que los hermanos estén detenidos ahí. 

“Es un secuestro”

Yiraluz Aragón no duda en calificar lo que viven sus dos hijos como un “secuestro”. Comentó que de los 14 meses que llevan detenidos solamente han hablado por teléfono en tres ocasiones, contactos que apenas se extienden durante cinco minutos. Con la voz entrecortada, pudo decir que habían sido torturados y golpeados. 

La madre de Pantaleón y José Luis detalló que sus hijos lograron cruzar el puente cuando fueron apresados de manera violenta y sin mediar palabras por funcionarios de la Dirección de Contrainteligencia Militar. Aseguró que ambos tenían sus documentos al día y no tenían antecedentes penales.

“Mis hijos trabajaban en Aruba y se esforzaron enormemente para comprar sus cosas. Iban a Venezuela con la intención de visitar al niño, que estaba muy grave. Cada uno llevaba consigo una cadena y un anillo de oro y el dinero para el tratamiento y todo eso se lo robaron”, dijo Aragón.

Según cifras del último balance de la ONG Foro Penal, organización que defiende los derechos de los presos políticos, en Venezuela hay 473 presos políticos, 43 de ellos son extranjeros. 

Aragón ha visitado el Congreso y la Cancillería colombiana para que intercedan en la liberación de sus hijos. En octubre de 2025, la Cancillería informó a través de un comunicado que activó gestiones para atender la crisis humanitaria de los 40 colombianos privados de la libertad en territorio venezolano. Días después se conoció que 17 colombianos habían sido liberados, pero en ese grupo, a pesar de estar en la lista de excarcelación, los hermanos no fueron liberados.

El infierno en la tierra 

El pasado 9 de abril el Comité por la Liberación de los presos políticos (Clippve) informó que los extranjeros detenidos en el Rodeo I iniciaron una protesta en el patio del centro penitenciario y, “en represalia, los custodios les retiraron las pocas pertenencias que poseían, las cuales habían sido proporcionadas por los presos políticos venezolanos”.

La situación derivó en requisas acciones violentas contra los reclusos, como la detonación de bombas lacrimógenas, que llevó a varios de ellos a gritar desde el penal para ser asistidos. 

En el Rodeo I estuvo detenido el gendarme argentino Nahuel Gallo, quien describió ese recinto como un “lugar de tortura psicológica”.

El ciudadano francés y profesor de Yoga, Camilo Pierre Castro —liberado el pasado mes de febrero mediante el proceso de amnistía— describió su paso de 15 meses por el centro penitenciario como una experiencia de deshumanización sistemática, calificando el lugar como “el infierno en la tierra”.

Julien Février, también de nacionalidad francesa, estuvo detenido durante 15 meses en El Rodeo I tras ser arrestado en enero de 2025 bajo acusaciones de espionaje. Février no ha emitido declaraciones públicas sobre su experiencia, pero testimonios de su familia al diario local Libération afirmaron que el cautiverio lo dejó “muy afectado psicológicamente”.

Pantaleón y José Luis llevan más de 14 meses detenidos sin juicio, sin sentencia y sin acceso pleno a la defensa. Permanecen en condiciones de hacinamiento, con deficiencias sanitarias y sin atención médica adecuada, aislados y víctimas de tratos crueles e inhumanos, a pesar de que en 2008 la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) requirió al Estado venezolano que adoptara las medidas provisionales que fueran necesarias para proteger la vida e integridad personal de todas las personas privadas de libertad en el Internado Judicial Capital El Rodeo I y El Rodeo II. 

Yiraluz Aragón reclamó la libertad de sus hijos porque “son inocentes y no cometieron ningún delito”. La madre de Panta y José se aferra a la esperanza de que la próxima llamada no sea de cinco minutos y para escuchar un relato del horror que viven, sino una en la que se confirme la liberación plena de ambos para que puedan volver a reunirse en Barranquilla.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Pantaleón y José Luis llevan más de 14 meses detenidos sin juicio, sin sentencia y sin acceso pleno a la defensa
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El 7 de febrero de 2025, a las ocho de la mañana, los hermanos colombianos Pantaleón y José Luis de La Asunción Aragón se comunicaron con su madre vía telefónica para informarle que ya se encontraban en el Puente Simón Bolívar, paso fronterizo que conecta a Cúcuta con la ciudad de San Antonio del Táchira, en Venezuela. “Mami ya estamos en el puente esperando a que vengan por nosotros”, le dijeron antes de desaparecer. 

Pantaleón y José Luis —26 y 22 años respectivamente— son inseparables. Ambos migraron juntos a Aruba en el 2023 en busca de mejores oportunidades laborales. En la isla trabajaron en la limpieza de hoteles y lograron ahorrar dinero para mantener a sus familiares en Venezuela. El regreso de los hermanos no estaba previsto, pero uno de los hijos de Pantaleón enfermó de gravedad. Por eso, deciden emprender el viaje Aruba–Barranquilla, Barranquilla–Cúcuta y de allí cruzar hacia Venezuela para encontrarse con un tío que los llevaría en una gandola hasta Las Claritas, en el estado Bolívar, donde vivían los hijos de Pantaleón.

Panta y José, como les llama su madre, Yiraluz Aragón, no llegaron a encontrarse con su tío. A pesar de que permaneció varias horas en el paso fronterizo y los buscó por todos lados, incluso en Cúcuta, no los halló. “El teléfono de ambos estaba apagado, lo único que quedó fue un inmenso silencio”, dijo Aragón. 

Toda la familia paterna de los hermanos La Asunción vive en el estado Zulia, y un tío que recorre el país en una gandola se ofreció a llevarlos hasta Las Claritas para que el trayecto — de casi 26 horas— fuese más cómodo y seguro para ellos y también para que pudieran ahorrarse el costo del viaje. 

90 días sin rastros

Los familiares de Pantaleón y José Luis estuvieron más de 90 días sin saber nada de ellos. Yiraluz Aragón llamó a conocidos, buscó abogados, pagó a personas por información, pero no encontró información certera sobre el paradero de sus hijos.  

“Mi corazón me decía que ellos estaban vivos”, aseguró Yiraluz. En la mañana del 15 de mayo repicó su teléfono. Era un número venezolano. Su pálpito no la engañó: sabía que eran noticias de sus hijos. 

“Mami, estamos en el Rodeo I, nos cogieron injustamente nos están acusando de terrorismo. Mami, no le pague plata a abogados, ni a nadie, esto es el gobierno, pide ayuda a la cancillería, pide ayuda, que nos saquen de aquí, mami, esto es horrible. Mami, hay un poco de colombianos presos aquí también por lo mismo”, le dijo José Luis a su madre en esa sorpresiva y breve llamada, que duró apenas cinco minutos.

Pantaleón, por su parte, alcanzó a decirle pocas cosas a su madre, las suficientes para retratar su angustia: “Cuida a mi hijito, mami, no me desampares a mi hijito. No dejes que mi hijito se me muera. No, esto ha sido horrible, mami, esto ha sido muy horrible”.

Después de esa llamada Yiraluz Aragón se armó de valor y decidió que iba a viajar a Venezuela para ver a sus hijos. Sin embargo, las autoridades colombianas a las que ya había pedido ayuda para conocer el paradero de ambos  le advirtieron que no era seguro viajar. “Me dijeron que podía terminar presa también y mi familia me insistió en que no viajara, porque con tres presos iba a ser peor”, dijo. 

Familiares de Pantaleón y José Luis que se encuentran en Venezuela han intentado en reiteradas ocasiones llevarles artículos de aseo personal y alimentos al Centro Penitenciario El Rodeo I, ubicado en el estado Miranda, pero nunca se los aceptaron ni les permitieron la visita. Incluso, les han negado que los hermanos estén detenidos ahí. 

“Es un secuestro”

Yiraluz Aragón no duda en calificar lo que viven sus dos hijos como un “secuestro”. Comentó que de los 14 meses que llevan detenidos solamente han hablado por teléfono en tres ocasiones, contactos que apenas se extienden durante cinco minutos. Con la voz entrecortada, pudo decir que habían sido torturados y golpeados. 

La madre de Pantaleón y José Luis detalló que sus hijos lograron cruzar el puente cuando fueron apresados de manera violenta y sin mediar palabras por funcionarios de la Dirección de Contrainteligencia Militar. Aseguró que ambos tenían sus documentos al día y no tenían antecedentes penales.

“Mis hijos trabajaban en Aruba y se esforzaron enormemente para comprar sus cosas. Iban a Venezuela con la intención de visitar al niño, que estaba muy grave. Cada uno llevaba consigo una cadena y un anillo de oro y el dinero para el tratamiento y todo eso se lo robaron”, dijo Aragón.

Según cifras del último balance de la ONG Foro Penal, organización que defiende los derechos de los presos políticos, en Venezuela hay 473 presos políticos, 43 de ellos son extranjeros. 

Aragón ha visitado el Congreso y la Cancillería colombiana para que intercedan en la liberación de sus hijos. En octubre de 2025, la Cancillería informó a través de un comunicado que activó gestiones para atender la crisis humanitaria de los 40 colombianos privados de la libertad en territorio venezolano. Días después se conoció que 17 colombianos habían sido liberados, pero en ese grupo, a pesar de estar en la lista de excarcelación, los hermanos no fueron liberados.

El infierno en la tierra 

El pasado 9 de abril el Comité por la Liberación de los presos políticos (Clippve) informó que los extranjeros detenidos en el Rodeo I iniciaron una protesta en el patio del centro penitenciario y, “en represalia, los custodios les retiraron las pocas pertenencias que poseían, las cuales habían sido proporcionadas por los presos políticos venezolanos”.

La situación derivó en requisas acciones violentas contra los reclusos, como la detonación de bombas lacrimógenas, que llevó a varios de ellos a gritar desde el penal para ser asistidos. 

En el Rodeo I estuvo detenido el gendarme argentino Nahuel Gallo, quien describió ese recinto como un “lugar de tortura psicológica”.

El ciudadano francés y profesor de Yoga, Camilo Pierre Castro —liberado el pasado mes de febrero mediante el proceso de amnistía— describió su paso de 15 meses por el centro penitenciario como una experiencia de deshumanización sistemática, calificando el lugar como “el infierno en la tierra”.

Julien Février, también de nacionalidad francesa, estuvo detenido durante 15 meses en El Rodeo I tras ser arrestado en enero de 2025 bajo acusaciones de espionaje. Février no ha emitido declaraciones públicas sobre su experiencia, pero testimonios de su familia al diario local Libération afirmaron que el cautiverio lo dejó “muy afectado psicológicamente”.

Pantaleón y José Luis llevan más de 14 meses detenidos sin juicio, sin sentencia y sin acceso pleno a la defensa. Permanecen en condiciones de hacinamiento, con deficiencias sanitarias y sin atención médica adecuada, aislados y víctimas de tratos crueles e inhumanos, a pesar de que en 2008 la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) requirió al Estado venezolano que adoptara las medidas provisionales que fueran necesarias para proteger la vida e integridad personal de todas las personas privadas de libertad en el Internado Judicial Capital El Rodeo I y El Rodeo II. 

Yiraluz Aragón reclamó la libertad de sus hijos porque “son inocentes y no cometieron ningún delito”. La madre de Panta y José se aferra a la esperanza de que la próxima llamada no sea de cinco minutos y para escuchar un relato del horror que viven, sino una en la que se confirme la liberación plena de ambos para que puedan volver a reunirse en Barranquilla.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

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Una base de datos de mujeres y personas no binarias con la que buscamos reolver el problema: la falta de diversidad de género en la vocería y fuentes autorizadas en los contenidos periodísticos.