TAL Y COMO ARISTÓBULO ISTÚRIZ señaló ayer en un acto del PSUV: “Estamos en una lucha ubicada en la confrontación de clases” en el que además dijo que el próximo 26S lo que estará en juego será una lucha entre las “oligarquías del mundo y el pueblo” para terminar con esta terrible admonición, por lo dantesca y desafortunada: “Ellos nos liquidan a nosotros o nosotros los liquidamos a ellos (…) nos estamos jugando el destino de esta revolución”.
Con esta enorme jalada a las partes pudendas del Presidente Caudillo este hombrecito de la revolución no escatima epítetos para alentar una lucha de clases con amenazas de sangre y confrontación si el proyecto chavista se pierde el 26S con una Asamblea nacional en la que concurran otros pareceres y opiniones libres. Una vez mas la cantaleta chavista es parte de su arenga: “La única forma de vencer la amenaza imperialista es construyendo el modelo alternativo al capitalismo, como es el socialismo” pues el reto que tienen los revolucionarios es terminar de construir ese modelo alternativo, que sepulte al capitalismo, “o el capitalismo se recuperará y nos liquidará”.
Estas palabras hay que verlas desde la óptica que otro hombre de izquierda, alguna vez del mismo partido de Istúriz y ex alto funcionario del gobierno de Chávez donde ocupo un viceministerio, Vladimir Villegas escribe en El Nacional:
“La presencia protagónica del presidente Hugo Chávez en la campaña para elegir los diputados a la Asamblea Nacional pone de manifiesto, entre otras cosas, que el jefe del Estado no confía en sus candidatos ni en la capacidad de éstos para entusiasmar y movilizar a los electores el próximo 26 de septiembre, razón por la cual opta por adelantar la campaña presidencial.
Más allá del ventajismo, del uso sin recato de los medios del Estado y de toda la artillería y maquinaria que facilita el ejercicio del poder, vale la pena detenerse en la insistencia del mandatario en eclipsar una vez más incluso a sus propios candidatos.
Así será la preocupación presidencial por el triste desempeño de los miembros de la actual Asamblea, por la falta de propuestas creíbles de sus candidatos a diputados y por la gris gestión de gobernadores y alcaldes psuvistas, salvo contadas excepciones, que se monta sobre sus hombros la responsabilidad de buscar los votos que en esta oportunidad no lucen fáciles de captar, porque, no es ningún secreto, el descontento y la decepción están tomando cuerpo en una población que, aun manteniendo un importante apego afectivo a Chávez, percibe también que el equilibrio en la Asamblea es necesario, incluso para que se puedan corregir rumbos en el Gobierno.
La holgada mayoría de la cual disfruta el psuvismo en el Parlamento no ha servido para controlar que los funcionarios del Gobierno cumplan con sus atribuciones en materia de salud, de vivienda, educación, seguridad y empleo de calidad.
Y ello pesa mucho. El ciudadano común que simpatiza con el Ejecutivo está comenzando a entender que el control de todos los poderes, y particularmente de la representación popular, lejos de ayudar a un buen desempeño en el Gobierno, está favoreciendo la ineficacia, la incompetencia, la indolencia y la corrupción.
Por eso, el empeño del Presidente en lograr que una vez más la campaña se centre en su figura y en su permanencia en el poder. Como si en efecto- ¿o será verdad en la práctica?- se estuviera eligiendo no a ciento sesenta y cinco diputados sino a uno solo, el que tiene todo el poder de decidir, el que aprueba y deroga leyes, el que traza la línea que no se discute sino se sigue a pie juntillas, so pena, cuando menos de excomunión. Fíjense, la Constitución aprobada en 1999 establece la formación de un Parlamento unicameral. Pero si el PSUV logra sus objetivos electorales tendremos un Poder Legislativo unipersonal, más tutelado desde Miraflores que nunca.”
Las palabras de ambos nos dan el marco referencial para lo que está en juego el 26.


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