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Las delicias del dinero (II) por Juan Carlos Zapata

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Apenas compra el gobierno el Banco de Venezuela, se mueven los comisionistas. Lo dice el mismo Chávez, advertido por Luis Miquilena, 10 años, de cómo funcionaba la corrupción con los depósitos del Estado. Pero nunca se tomaron medidas.

I

La corrupción horizontal

En Cadivi, el organismo encargado de la administración de divisas y el control de cambio, lo más “horizontal y democrático” es la corrupción. Amigos. Familiares de los altos cargos. Comisión de por medio, la solicitud de alguien es atendida con celeridad inusitada. De lo contrario, se atrasa y retrasa, duerme, muere. Varias oficinas de gestores, y una red de oferentes de servicio, abordan y sorprenden a quien menos se lo espera. Es que se  comenzó con gestores de divisas para grandes empresas y grandes operadores, y pasó a convertirse en fuente de ingresos de los técnicos de más bajo rango. Jóvenes recién salidos de las universidades estrenan autos último modelo y compran apartamentos en zonas exclusivas. Estos técnicos de nivel medio y bajo en la estructura del ente, se habían reservado hasta el 2009, el tráfico de lo más residual del control de cambios: las remesas a familiares en el exterior. Cada mes, el trámite de cupos; 100, 200, 300, muchos cupos, garantizaba ingresos para enriquecer a cualquiera en un plazo breve, un año, a lo sumo. Y si ésta era práctica en los de abajo, en los funcionarios de abajo, ¿qué queda para los responsables del presupuesto mayor de divisas?

En el pasado, los traficantes de dinero, los encargados de las colocaciones de los depósitos eran personajes conocidos con métodos conocidos. Algunos banqueros –cómplices en unos casos de estas operaciones con grandes comisiones de por medio- se quejaban de que en tiempos de Chávez los operadores eran muchos, se habían diversificado, y bien por desconocimiento, o bien por la impunidad, eran más inescrupulosos, no respetaban la palabra empeñada, recurrían al chantaje, a la amenaza policial y hasta criminal, cambiando los términos de la “convivencia”.

Hasta Hugo Chávez no ha evitado las alarmas al constatar lo que está a la vista. Y es que no había transcurrido una semana del abordaje del Banco de Venezuela, comprado por el Estado al Grupo Santander de España, y los operadores movían las teclas para especular con los fondos públicos. Según revelaba el mandatario, Eugenio Vásquez Orellana, el nuevo presidente de la entidad, lo había llamado para contarle de las presiones de funcionarios medios para obtener ventajas de las colocaciones de los dineros en principio destinados para obras públicas.

-Están pidiéndole al banco algo que no debe hacer y no lo va a hacer, pagar intereses por encima del promedio, o como lo llaman, especulativos –decía Chávez.

Según revelaba, eran funcionarios medios de una gobernación bajo el mando de un gobernador chavista. Chávez no podía estar descubriendo el agua tibia; y claro que el lunes 13 de junio de 2009 el Presidente debía estar más que enterado de esta vieja práctica de la corrupción, el mismo esquema que 10 años antes, su ministro Luis Miquilena le advirtiera que ocurría, cómo ocurría, cuánto rendía y cómo se podía combatir, ante lo cual él nunca había tomado medidas, ni de control ni disciplinarias.

Ahora se rasgaba las vestiduras, explicando cómo funciona el esquema, sobre todo, decía, en los bancos medianos y pequeños, que ofrecen más intereses para captar depósitos del Estado. Y esos dineros, miles de millones de bolívares, “en vez de estar convertidos en viviendas o en proyectos de la gobernación, están en un banco privado, cobrando altos intereses y enriqueciendo a una minoría”. En efecto, a la minoría de operadores, a jerarcas del gobierno y además a traficantes profesionales del dinero.

-El dinero está ganando intereses, pero no para el pueblo, sino para el bolsillo de corruptos privados y públicos -agregaba.

¿Y era nueva práctica? No. ¿Estaba Chávez enterándose del mecanismo? Tampoco. ¿Qué pensaba quien lo escuchara hablar con tanta propiedad? ¿Por qué no había hecho nada en todos estos años? ¿Por qué no había tomado medidas contra esa mafia de traficantes de dinero que se ha hecho más grande y más poderosa? ¿Y acaso debía esperar tener el control del Banco de Venezuela para hacer la advertencia? ¿Y si sabía quiénes eran los que habían llamado a la entidad por qué no procedía?

Sonaba hueco el discurso dirigido a la galería que lo escuchaba en Aló Presidente, puesto que la exhortación al ministro de Interior, al vicepresidente, y al ministro de Defensa, de “atacar a fondo el problema”, no podía corresponder a alguien comprometido con la lucha por la corrupción. De lo contrario, ¿por qué no estaban detenidos los funcionarios? Es más, ¿por qué debía esperar, tal como lo advertía,  a que los mismos recursos, en vez de ir al Banco de Venezuela, se desviaran a otro banco, pero privado, para actuar en consecuencia?

-Si los colocan en otro banco investigaremos a esa entidad -decía Chávez.

Y ¿por qué esperar si habían quedado al descubierto? ¿Acaso Vásquez Orellana no había sido contactado y conocía los personajes? ¿Acaso no estaba detectada la gobernación chavista? ¿Y por qué hacer la advertencia ahora? ¿Desconocía lo que ocurría con las otras gobernaciones? ¿Y con los recursos del estatal Banfoandes? ¿Y del estatal Bandes? ¿Y la Tesorería Nacional? ¿Y los ministerios y los organismos de la administración centralizada? ¿Era ahora que le preocupaba lo que llamaba un “indicador muy fuerte de corrupción”?

Hay que fijarse en un detalle: ese era el tiempo, mediados de 2009, en que los grupos boliburgueses andaban haciendo mercado de bancos y aseguradoras. Compraban bancos como comprar arroz en Mercal. Quedaba claro que si el Gobierno hubiese actuado a tiempo con toda seguridad la hemorragia se habría detenido, y el costo de las quiebras y las intervenciones bancarias seis meses después, no le hubieran costado al país entre 7.000 y 8.000 millones de dólares, y se hubiesen construido más casas, y hubiese habido más crédito para la agricultura y la industria y el comercio.

II

El banquero policía rompe el cerco

En el pasado la relación de los comisionistas era exclusiva con los jerarcas de los bancos, los altos cargos de bancos, con algún funcionario vicepresidente de área, delegado para tales asuntos. En este tiempo, los nuevos operadores, los nuevos comisionistas, se han ido por las ramas, corrompiendo el entramado bancario, las distintas instancias de los bancos. Ocurre en las aseguradoras con las pólizas del Estado. Estaba ocurriendo con la pauta publicitaria de las empresas estatales. Ocurre con los contratos de las compañías recolectoras de basura. Las gerencias bancarias se espían entre sí, y de un banco a otro se transmiten secretos antes bien guardados.

En uno de los bancos líderes llegó a ser tan compleja y preocupante la situación que el banquero se vio en la necesidad de contratar a un ex-policía-banquero para encargarse de la situación. En efecto, así como se lee. Este era un policía que por sus relaciones con algunos gobernadores y funcionarios en uno de los gobiernos de Acción Democrática logró convertirse en operador de colocaciones. Eran los años 90 y captaba tanto dinero que dos hermanos banqueros decidieron hacerlo director del banco, y él –ya había abandonado la policía científica- escogió sentarse en la silla de la Junta Directiva.

Transcurridos los años, ahora en 2005, dada su experiencia, este otro banquero urgió de sus oficios. Y lo que el ex-policía-banquero encontró fue, por decirlo al extremo, que de vainas el portero era el único que no andaba metido en los negocios de las comisiones. El banquero dueño se desvivía por el desorden de las colocaciones-comisiones, que distorsionaba la estructura de costos del banco, generando una anticultura peligrosa. El ex-policía-banquero, abandonó por semanas el estilo del banquero negociador, adoptando para este caso el del policía duro de matar.

Primero fue sentando uno a uno a los gerentes. Después a los operadores conocidos. En ambos casos, la señal consistió en tajante orden, mejor advertencia:

-De ahora en adelante yo me encargo de las colocaciones.

Los gerentes entendieron que la instrucción venía de arriba, del jefe, de modo que la aceptaron sin chistar. Por su parte, los operadores protestaron, patalearon y amenazaron. Sí, amenazaron algunos de los operadores quienes formaban parte de un engranaje que incluía a jefes policiales que entrarían en escena en caso de necesidad para presionar y asustar. Pero el ex-policía banquero, que había hecho lo mismo en el pasado, sabía cómo actuar, cómo responder.

El mismo lo cuenta: La disputa era la suerte del forcejeo de quién puede más.

-No les estoy quitando el negocio. Lo que vamos es a  poner orden en esto.

Triunfó el ex-policía-banquero y el banquero dueño, arregló la situación, respirando tranquilo. Después se compró otro banco. Otro avión. Y hasta tuvo tiempo para dedicarse al gremio bancario.

Lo que había sido una práctica conocida sólo por los involucrados quedó al descubierto con las revelaciones de Carlos Kauffman en el juicio de Miami: pagos de comisiones a gobernadores, a ministros, a responsables de finanzas de los ministerios, a banqueros.

III

Eso engorda

El contrato de las pólizas de seguros ha sido otro de los platos del banquete. Hugo Chávez amenazaba con estatizar a las clínicas privadas por haber aumentado los servicios médicos, sin percatarse de la raíz del problema. Que en medio de la abundancia de recursos, en el Gobierno no había reparos en pagar altísimas sumas por las pólizas para los empleados, pues estos prefieren ir a clínicas privadas antes que a los deficientes hospitales públicos y a los módulos de la Misión Barrio Adentro, atendidos por médicos cubanos. Ante tanta demanda, los jerarcas de un ministerio pactaban con la aseguradora las emisiones de pólizas con sobreprecio, sacando las cifras de toda lógica. En el pasado, el liderazgo en el mercado asegurador se caracterizaba por que las empresas se empeñaban en una mezcla de servicios, innovación en productos y negocios estatales con privados; bajo la administración Chávez, los colectivos de salud del Estado eran los que hacían la diferencia, eran los que aportaban el grueso de la facturación, decidiendo los primeros lugares en el ranking. Por su parte, las clínicas no se daban abasto, y cobraban lo que nunca habían cobrado por sus servicios pues todo estaba cubierto por los seguros cancelados por el Estado. Los empleados públicos aprovechaban para incluir hasta la cirugía plástica en la cobertura. El otro problema quedaba impune: los ministros, gobernadores, altos funcionarios, enriquecidos con el tráfico de las pólizas. Ellos permitieron que aseguradoras subieran entre 30 y 40% la prima a pagar, o sea, la comisión a repartir. Paga el Estado. Paga la revolución.

Contingentes de funcionarios llegaron del interior del país a ocupar gerencias y jefaturas, superintendencias y presidencias. Entrando, se mostraban sumisos y modestos. A las semanas, aparecían rodeados de un cuerpo de escoltas guardándolos hasta en sus visitas al baño; no visitaban las dependencias de los subalternos; si había un cocinero en el despacho, contrataban otro, y además una vez a la semana, un chef para el menú especial de agasajo a un invitado. En las oficinas públicas se hicieron comunes y corrientes las remodelaciones de los vestíbulos o de los despachos del jefe de turno. Aparecieron los autos nuevos. Los gustos nuevos. Por lo general, a la vuelta de un año, el funcionario estaba irreconocible en forma y fondo.

“La corrupción no se acabará jamás”, escribe Caballero en La Peste Militar, “por la misma razón que nunca se acabará el pecado: porque es muy sabrosa. La desgracia es como dice el chiste tradicional, las cosas más sabrosas del mundo o son inmorales, o son ilegales, o engordan”.

La corrupción es inmoral, ilegal y engorda.

La Serie del Caribe fue mejor

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Lo de la Serie del Caribe es urgente. Desde el jueves (cuando publicamos la crónica sobre el estadio vacío) la imagen de desolación sólo mejoró  cuando los campeones dominicanos “Toros del Este”, enfrentaron a los anfitriones “Criollos de Caguas”.

Mejoró la asistencia por ser fin de semana y porque siempre que  quisqueyanos y boricuas se enfrentan o en Puerto Rico o República Dominicana, la rivalidad beisbolera entre ellos se exacerba y convocan afición de unos y otros. Estos duelos son como “un Caracas-Magallanes” pero del Caribe.

De hecho ha sido la única vez en esta Serie que el “Isidoro “Cholo” García” recibió tanta gente, poco más de 11 mil fanáticos, según  destacó la prensa.

Sin embargo ni por eso podríamos decir que se despertó el interés como en otros años. Algunos opinan que los campeones de esta edición del clásico, distintos a los equipos “tradicionales” no fueron lo suficientemente atractivos, ni siquiera en sus países para que la asistencia y la audiencia de las transmisiones de radio y televisión mejoraran.

Los organizadores de la Serie del caribe, comenzando por el Presidente de la Confederación Francisco Puello Herrera, deben hacer una revisión desprejuiciada que encuentre una solución viable y creativa a esta crisis innegable de una competencia que hasta no hace mucho era seguida por decenas de miles de fanáticos del beisbol, no sólo de los países involucrados, sino de los aficionados a este deporte en todas partes.

Para los jugadores de las Grandes Ligas era un honor estar ahí y hacían lo posible por presentarse en la convocatoria. Ahora no, ahora es, con todo respeto a los profesionales que con la mejor disposición fueron a representar el beisbol de sus países, una especie de “vente tu”. Equipos que se arman con “lo que hay”, con quienes aspiran a ser vistos esperando una invitación de algún equipo de las Mayores o contrato en la pelota mexicana o asiática y algunos nombres de la nómina original.

Las estrellas de las Grandes Ligas que siempre hicieron tan atractiva esta competencia brillan por sus ausencia y es difícil de creer que estoy no es parte de los motivos para la soledad de tribunas, gradas y sintonía de radio y T.V.

Se ha permitido en esta edición que los equipos campeones, a excepción de Venezuela lleven el nombre de sus países o Estado Libre Asociado, un recurso que debe tener algunos resultados con el mercadeo, pero que no se corresponde con lo que en verdad es este circuito. Un cuadrangular de equipos campeones, no de selecciones. Pretender que se trata de países y no de equipos campeones, aunque al final llegue una selección desdibujada del roster original que obtuvo el título, es desnaturalizar lo que siempre ha sido La Serie del Caribe.

Pero así está esta competencia, tan deforme que podría definirse por “carreras average”, en caso de que hoy se produzca un cuádruple empate,  una solución que seguramente arrojará un campeón, pero que  también sirve para comprender por qué en el caso de la Serie del Caribe podemos decir que “todo tiempo pasado fue mejor”.

¿Fraude o ceguera? por Virginia Contreras

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Los acontecimientos políticos, durante la última década en el mundo, demuestran la coincidencia en cuanto a las razones de las crisis existentes.

Si nombráramos al azar ciertos gobiernos, como el de Irak con Saddam Hussein, Irán, Costa de Marfil, Zimbabue, Túnez, Egipto, y Nicaragua y Haití en este lado del mundo, apreciaremos una constante; y es que sus gobernados: sociedad civil, partidos políticos, y demás sectores representativos, han insistido en acusar a estos regímenes de violación de los derechos humanos, irrespeto al Estado de Derecho,  condiciones infrahumanas para su subsistencia debido al desempleo y alto costo de la vida, y “fraude electoral”.

En todos estos casos también ha habido otra coincidencia, y es que los distintos sectores de la sociedad civil, como se ha evidenciado recientemente en los casos de Túnez y Egipto, han manifestado públicamente a fin de demostrar hasta qué punto están hartos de tanta burla a la soberanía popular por parte de sus respectivos gobiernos. Estos últimos, aprovechándose de su absoluto poder, y bajo la mirada impotente de los electores, han impuesto condiciones electorales contrarias a sus leyes, garantizándose la permanencia indefinida en el poder.

Si comparáramos todas estas circunstancias con el caso de Venezuela, encontraríamos una situación excepcional, y es que en los casos mencionados anteriormente, es la sociedad civil, opositora a estos regímenes, quien reacciona enérgicamente frente a la existencia de un fraude masivo en sus procesos electorales, mientras que en Venezuela la situación pareciera ser a la inversa.

Si bien es cierto que en ciertas oportunidades, algunos sectores de la sociedad habían denunciado el fraude electoral en Venezuela,  en la actualidad, en vez de ser el gobierno bolivariano –por razones obvias- el primer detractor de dichas denuncias de fraude, son los partidos políticos opositores, algunas ONG, e individualidades, quienes frente a tales denuncias se comportan como si los acusados fueran ellos, o como si de la comprobación de dichos fraudes dependiera su desaparición del espectro político venezolano.

Quienes otrora acusaban al régimen venezolano, así como a los organismos electorales, de la utilización del fraude para garantizar el triunfo de sus partidarios, actualmente no sólo parecen haberlo olvidado, sino que reaccionan en contra de quienes de alguna forma se atreven siquiera a mencionar tal posibilidad.

Partidos políticos que con anterioridad afirmaban poseer pruebas de dichos fraudes, hoy en día no sólo ni mencionan la posibilidad remota de su existencia, sino que propician abiertamente la participación electoral. No importa que desde la época de sus denuncias, hasta el momento, las condiciones de falta de transparencia, equidad y objetividad hayan empeorado, y haya sido modificada en diversas oportunidades la legislación electoral en beneficio del régimen, y en detrimento de la ciudadanía. Lo importante “es votar”, dicen ellos. Esto ha llegado hasta el extremo de justificar tal actuación bajo la excusa de que así, si votamos masivamente, las condiciones negativas desaparecerán, e incluso hasta podrían revertirse en contra del gobierno, como si por arte de magia, el registro electoral permanente irregular (y secreto), la cedulación masiva de ciudadanos, las nacionalizaciones a extranjeros sin cumplir los requisitos legales, las migraciones de electores de sus centros de votación hasta lugares extremos del país, la participación de una dudosa empresa de facilitación de la votación, como “Smartmatic”, sin la obligatoria existencia de un proceso de licitación, entre muchos otros vicios, pudieran desaparecer.

Conocidas ONG, cuyo objetivo fundamental- razón por la cual habían recibido cuantiosas sumas de dinero como aportes- era la “lucha en beneficio de la transparencia electoral”, han modificado su discurso; de tal manera que lo que en el pasado fue un fraude electoral, en el presente simplemente es un mero “abuso” del gobierno.

Individualidades que se habían hecho eco de tales denuncias de fraude, no sólo han olvidado los fundamentos de sus afirmaciones, sino que incluso, hasta se presentan como candidatos electorales.

Medios de comunicación que en el pasado facilitaban, o por lo menos permitían, la divulgación de algunos de estos elementos que vician de nulidad dichos procesos electorales, ya no le dan cabida a tales circunstancias.

Sectores de la sociedad que regularmente han servido de plataforma en defensa de los valores fundamentales de la democracia en el país, si bien han sido capaces de organizar manifestaciones, marchas, y todo tipo de operativos a fin de defender el derecho a la vida, la denuncia por la existencia de presos políticos, el derecho al trabajo, a la autonomía universitaria, a la propiedad, a la independencia de los poderes públicos, a la necesidad de unas condiciones dignas de vida,  en ningún momento, en doce años de gobierno, se han atrevido a participar organizando eventos en la búsqueda de la “transparencia electoral como garantía de la soberanía popular”.

Faltan 23 meses para que se produzca uno de los procesos electorales más importantes al cual se haya tenido que enfrentar la sociedad venezolana, como es el de las elecciones generales, a fin de designar al presidente de la República y demás autoridades de la organización político territorial del país.  Durante todo este tiempo los venezolanos tendremos que enfrentarnos a infinidad de retos, producto del interés de nuestro gobernante Hugo Chávez, de destruir al país mediante la eliminación de los factores de producción, del derecho al trabajo, a la educación, a la propiedad, al libre tránsito, y en general, de todos aquellos derechos inherentes a la persona humana y a la institucionalidad democrática.

Los ejemplos sobran, pero basta con señalar la Ley Habilitante dictada recientemente por la Asamblea Nacional al presidente de la República, para entender hasta qué punto llega la acción aniquiladora de la democracia, como política de Estado. Pero así como los retos señalados son una realidad, otro no menos importante, e incluso de mucha más trascendencia en el tiempo, es la necesidad de la lucha por adecuar las condiciones electorales a lo que establecen la Constitución y Leyes de la República.  De su observancia dependerá la escogencia y el triunfo de un candidato presidencial capaz de sustituir la política de destrucción de la Patria, por otra que restablezca los valores democráticos y el espíritu de superación que los venezolanos siempre habíamos mantenido.

Para ello es importante no sólo nuestra participación exigiendo el cumplimiento de los principios electorales reconocidos mundialmente, sino la presencia del sector democrático que actualmente nos representa en la Asamblea Nacional. No es posible que hasta el momento nos limitemos a escuchar larguísimos discursos respecto a los vicios y virtudes de los diputados electos, o a lo que dijo o no dijo el Mandatario Nacional en su discurso ante el organismo legislativo, mientras el tiempo pasa irremediablemente y nadie se acuerda de las garantías electorales vitales para revertir cualquier posibilidad de fraude.

Para quienes insisten en defender lo indefendible, ofuscándose cada vez que se habla de este tema,  debemos recordarles que frente a la duda de fraude no existe mejor antídoto que la existencia de un proceso rigurosamente transparente. De allí que, indistintamente de sus posiciones, bastaría con preguntarles; ¿Cuál es el problema de exigir la adecuación del organismo electoral (CNE) a los principios que establece nuestro ordenamiento jurídico en materia electoral?  ¿Cuál es el miedo de luchar porque se cumpla le Ley y se garantice el respeto a nuestra voluntad popular?  ¿Será que tienen algo que perder; o es que no se dan cuenta que al final perderemos todos?

por Virginia Contreras para Runrun.es

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Facebook estará disponible en modo “manoslibres” en los carros Chevrolet

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Al parecer el nuevo carro de Chevrolet, el Chevy Cruze, contará con un lector de tu feed de noticas de Facebook a tu disposición mientras estas manejando.

Aunque al principio nos imaginamos que sería una pantalla táctil y moderna, con capacidad de conectarse a la red y bajar el contenido de tu cuenta de manera automatizada, la vuelta que le dio Chevrolet en cuanto al costo es muchísimo más simple.

Se trata de su servicio Chevy OnStar, un servicio que tiene ya más de 6 años disponible en Venezuela y más de una decena de años en los Estados Unidos.

Para los que no conocen el servicio, se trata de una línea celular con la que el conductor puede comunicarse vía celular (dictando los números en vos alta) o con una operadora de Chevy OnStar con tan solo apretar un botón.

La operadora da servicios de emergencia, remolque y hasta te abre las puertas en caso de que dejes las llaves adentro al comunicarte con la operadora, mientras que las capacidades del dispositivo están bastante limitadas en cuanto a la comunicación celular (llamar y recibir mensajes de texto). Todo a una módica suma anual.

En esta oportunidad Chevrolet se valió de su sistema automatizado en los Estados Unidos y ahora agrega a la lista de opciones la posibilidad de podernos “leer” nuestros feed de noticias de Facebook. Una manera fácil de encontrar una ligera ventaja sobre su competencia en el estrato de los carros más económicos de los EE.UU.

Aunque la empresa no ha dicho nada sobre esta “mejora”, han publicado su nuevo comercial transmitido en el Super Bowl en Youtube.

Sinceramente creo que por un costo de 3 millones de dólares por el comercial, han podido anunciar otras bondades de su carro, ya que para leer los status en voz alta de mi celular ya existen decenas de aplicaciones que lo hace por un costo único de U$ 0.99 (por ejemplo: DriveSafe.ly).

¡Un pote de caraotas chinas, por favor!

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Hace poco más de una semana, el presidente venezolano, Hugo Chávez, insistió en la necesidad de aumentar la producción nacional de caraotas con la finalidad de no recurrir a importaciones del rubro. El Ministerio de Agricultura y Tierra prevé en su plan bienal (2011-2012) incrementar 187% la producción del grano. Sin embargo, en días pasados la Cancillería venezolana anunció que importará caraotas de China con el fin de “garantizar el acceso a los productos de manera continua y sin ningún tipo de dificultad”, tal como lo expresó el ministro de alimentación, Carlos Osorio.

Vaya contradicción tiene el propio Gobierno. Una cara que presenta un supuesto aumento de la producción nacional del rubro y otra que firma acuerdos de importación para “llevarle la máxima suma de felicidad posible” tomando las palabras de Osorio una vez hecho el pacto con China.

Pareciera que la mayor felicidad de la gente no está en la importación. Habría más alegría si se desarrollaran políticas serias para reactivar el aparato productivo nacional y generar más empleo. Tendríamos más estabilidad si el productor nacional no se sintiese amenazado de perder su propiedad o verse en desventaja ante acuerdos insólitos como el de las caraotas cuando típicamente somos productores de este rubro.

En teoría, las caraotas asiáticas llegarán en 45 días y se espera que estén en reservas alimentarias por 3 meses. Sin embargo, considerando que el plan nacional no se está trabajando con suficiente antelación como lo han exigido los productores nacionales, no nos extrañemos de estar escuchando en cualquier abasto, ¡Me da un pote de caraotas chinas, por favor!


David Smolansky

Twitter: @dsmolasky @diploos

www.diploos.com

Restaurante D.O.C.: Coupal en busca del origen

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Las siglas D.O.C. (Denominación de Origen Controlado) que se aprecian en las etiquetas de vinos se refieren al terroir donde se generó el producto. Ello fundamentalmente evoca a la tierra, ya que proviene del latín terratorium, es decir, la parcela de terreno que, por sus características únicas -biológicas, químicas y su microclima- producen determinadas materias primas más óptimas que otras.

A pesar que los productores de vinos fueron los primeros en utilizarla y son los que más la han explotado, también las D.O.C. se aplican a cualquier producto alimenticio o agrícola delimitado que sea reconocido por una especial calidad.

Las D.O.C. como tal, se comenzaron a utilizar oficialmente en Francia, en 1963 (Appellation d’Origine Contrôlée, AOC). No obstante, los primeros registros que se tienen sobre este concepto se remontan al siglo XVIII, cuando el célebre primer ministro portugués, el Marqués de Pombal, delimitó y calificó los viñedos que producen las vides para los vinos Oporto del Valle del Duero, legislando a su vez sobre normas técnicas para el cultivo, elaboración, transporte y precios, y creando la Compañía General de Agricultura de las Viñas de Alto Duero (pionera institución controladora de una D.O.C.).

En Venezuela hace un par de años comenzaron a reconocerse oficialmente varias D.O.C., siendo las más famosas “Ron de Venezuela” y “Cacao de Chuao”.

Es en esta línea que el reconocido restaurador canadiense-francés, Jean Paul Coupal, con 30 años de exitosa trayectoria en Venezuela, creó el restaurante D.O.C. Si bien nos cuenta que es una respuesta de la realidad que necesita Venezuela de encontrar los ingredientes que le den personalidad y diferenciación a su gastronomía, no se trata de un concepto inspirado en cocina criolla.

Se refiere a la búsqueda de la simplicidad a través de los insumos que destacan de nuestro terroir, en consonancia con la evolución de la cocina a nivel global, de igual manera a como los seis chefs más importantes del mundo se encuentran experimentando, contrarrestando la moda de la cocina fusión y en especial la tecnificada que ha liderado por varios años el catalán Ferran Adrià. No obstante, afirma Coupal que la tecnología no es desmerecida en su local, pues la sala de cocina parece un quirófano con los mejores equipos para darle vida y sazón a sus creaciones.

D.O.C. va más allá de ofrecer un menú inspirado en elementos seleccionados. Su decoración, refleja el exquisito gusto del arquitecto Alejandro Barrios y Nancy Coupal, hace alarde de fotos de paisajes andinos plasmados por el lente de Efraín Vivas y cuadros del artista plástico Carlos Zerpa. Su piso es de mosaicos ocre y beige tipo hacienda vieja y la pared principal de la sala muestra de manera magistral hierros para marcar ganado con las iniciales de todos los que participaron en la promoción del proyecto. Se logró la sensación de estar en una casona colonial con dos grandes arañas de madera con vidrio forjado que cuelgan del techo y una gran barra de bambú heredada del mítico restaurante Samui hecha por el artista Nelson Varela.

Nos asegura Coupal que D.O.C. es un concepto totalmente “verde”, con ahorro de energía y manejo de los recursos de la manera más ecológica y eficiente. Es por esta razón que también es libre de humo.

“El sommelier y los mesoneros no son trabajadores cualquieras, todos al menos tienen un T.S.U. y se les entrena con rigurosidad para prestar un servicio de calidad”, nos cuenta el jefe.

D.O.C. trabaja con ingredientes puramente venezolanos, con excepción del aceite de oliva y la pimienta, por razones obvias de no producción nacional. Los panes, inspirados en los traídos por los portugueses, son de elaboración propia y con especial destaque en su calidad, adicional al casabe que no podía faltar “pues es el pan de los primeros pobladores de estas tierras”. Jamones tipo parma se cortan al momento en una maquina roja Berkel en el medio de la sala, llamada la “Ferrari” de las rebanadoras. La mantequilla, manufacturada en casa con crema de leche del Estado Lara. Una lista de más de 30 quesos frescos y madurados, desde los clásicos hasta un tipo roquefort. La sal es traída de la salina de la Península de Araya, reconocida como de las mejores del mundo. Las carnes y los pescados, todos de tierras y aguas venezolanas, son escogidos minuciosamente, más no precisamente utilizan los cortes nacionales sino se inclina más por los norteamericanos.

Los platos son pensados para todos los paladares: quesos y embutidos, sopas, entradas variadas, ensaladas, carnes y pescados, risotto “con arroz Primor”, hasta una fabulosa hamburguesa D.O.C. Los contornos también pueden escogerse, desde un “mac & cheese”, pudín de queso y espinaca, vainitas salteadas hasta aros de cebolla. Los postres, ni hablar de las delicias que ofrecen, donde el chocolate nacional lleva el puesto de honor.

La lista de vinos, escogidos por el amigo José Nicolás Rojas –diplomático de carrera-, quien está al mando de los detalles para que los comensales vivan la mejor experiencia, nos asegura que no son comunes en los menús de los demás restaurantes venezolanos, “todos tienen una característica especial que los hicieron estar allí”. Para cerrar con broche de oro, un buen café escogido y tostado por la torrefactora del contiguo Café Arabica, también de Jean Paul Coupal.

D.O.C. es un concepto admirable: con cabeza, buen gusto y dedicación. Marca el comienzo de una nueva etapa de la restauración nacional. Es la búsqueda de la sencillez y la simplicidad recorriendo productores y mercados nacionales, nada más importando ideas de la evolución de la cocina de primer orden mundial.

D.O.C. queda en la Av. Andrés Bello, con Primera Transversal, Multicentro Los Palos Grandes. Teléfono (0212) 2851003 ó (0212) 285-6106 Para reservar pueden escribir a: info@doc-restaurant.com

Texto: Juan Pablo Sucre/

Fotografía: Anabella Padula /

Gourmet Lounge

El postgomecismo: 1936 La gran huelga petrolera (III)

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El 14 de diciembre de 1936 estalló la primera gran huelga petrolera de la historia venezolana, la cual se prolongó hasta el 22 de enero de 1937. Un conflicto  que duró 37 días y fue el más prolongado de nuestras luchas obreras. La huelga estalló en el estado Zulia, en los campos de Cabimas, Mene Grande, Bachaquero, San Lorenzo, Mene de Mauroa y, en Cumarebo, estado Falcón. No cabe duda,, tuvo dimensiones históricas, movilizó la conciencia de los venezolanos y demostró que en el país alentaba entonces un alto espíritu de solidaridad, sin precedentes. Fue como una gran campanada dirigida tanto a los consorcios internacionales del petróleo que habían operado en Venezuela desde comienzos del siglo, como al gobierno del Presidente Eleazar López Contreras.

Venezuela comprendió que ese movimiento era la primera expresión de una prolongada lucha de liberación contra el dominio foráneo. Los trabajadores quisieron conciliar y las compañías mantuvieron su intransigencia.  En la huelga se comprometieron alrededor de diez mil trabajadores.

El pliego de los obreros constaba de trece puntos, aspiraban, por ejemplo, a un salario mínimo de diez (10) bolívares, equivalencia salarial entre venezolanos y extranjeros, aumento de 25% para aquellos trabajadores que no vivieran en casas de las compañías, exoneración de alquileres para quienes habitaban esas casas.  Las compañías asumieron una posición negativa, ignorando que los tiempos habían cambiado.

Las compañías frustraron, incluso, las gestiones del propio Presidente López Contreras, cuyo interés en la conciliación fue demostrado por su apelación pública a las partes, y su propuesta de que como un homenaje al Padre de la Patria, el 17 de diciembre, día de su muerte, se suscribiera el acuerdo. (Bolívar poco significaba para los grandes trusts del petróleo). El representante del Presidente que viajó al Zulia a conversar con los gerentes de las compañías extranjeras y con los sindicatos obreros, le declaró al diario Panorama que “los sindicatos del estado Falcón y del estado Zulia me han prestado, con verdadero espíritu conciliatorio, su colaboración para llegar a un arreglo del actual conflicto, habiendo reducido considerablemente sus aspiraciones”. Señaló, además: “Estas gestiones han fracasado, pues los representantes de las compañías han manifestado haber recibido instrucciones de sus directivos de no hacer concesión alguna”.

El 22 de enero el Presidente López Contreras decretó “la reanudación de las faenas en las ramas de la industria petrolera, cuyos trabajadores se encuentran actualmente en huelga”. En el decreto presidencial se expresó que, según “las observaciones realizadas por el Inspector del Trabajo del estado Zulia, se desprende la necesidad de un aumento para los obreros que devenguen 7, 8 y 9 bolívares diarios. Se les aumentó un bolívar a las tres escalas, y un bolívar adicional “para los trabajadores que no ocupan habitaciones de las empresas en conflicto”. En suma, si modestas fueron las reivindicaciones materiales, los sindicatos, como expresión de los obreros organizados, quedaron insertos en la historia del país como un factor necesario e indispensable.

SIMÓN ALBERTO CONSALVI

para Runrun.es

EEUU: Aprueban droga para prevenir partos prematuros

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Es la primera vez que se aprueba un medicamento de estas características. Según la fundación norteamericana March of Dimes, una de cada 8 mujeres en el país sufre un parto prematuro, lo que pone al bebé en riesgo de padecer desde problemas de peso hasta discapacidades de por vida, y hasta la muerte.

La Administración de Drogas, Alimentos y Tecnología (FDA, por sus siglas en inglés) aprobó por primera vez en su historia una droga para ayudar a prevenir este tipo de partos de alto riesgo. La aprobación se limita a mujeres que ya hayan tenido al menos un parto prematuro espontáneo y que no estén embarazadas de mellizos o más bebés.

Se trata de una medicina hormonal cuyo nombre comercial es Makena, la cual se ha comprobado que puede ayudar a prevenir este tipo de partos que pueden dañar al bebé de manera irremediable, causándole desde severas discapacidades hasta parálisis cerebral.

La FDA realizó una aprobación acelerada del medicamento, una estrategia que rara vez usa el organismo federal, basándose en el análisis de 463 mujeres con historial de parto prematuro, a las que se les administró la droga: el 55 por ciento logró extender su embarazo a 37 semanas.

De todas formas, la agencia recomendó al laboratorio que siga haciendo investigaciones sobre el producto para demostrar sus beneficios clínicos. De hecho, un estudio que está en marcha está analizando la evolución de los niños nacidos de mamás que participaron en estudios con la droga, para seguir su desarrollo. Los resultados de esta investigación saldrán a la luz en 2018.

¿Por qué decidieron en forma tan acelerada? “El parto prematuro es un serio problema en el país”, explicó Shelly Burgess, vocera de la FDA.

De acuerdo con March of Dimes, el parto prematuro –que se define como el parto en el cual el bebé nace antes de las 37 semanas completas de embarazo– afecta a uno de cada 8 bebés en el país.

La tasa de parto prematuro ha crecido un 35 por ciento en los últimos 25 años, y la de los bebés que tienen un parto prematuro tardío, entre las 34 y 36 semanas de gestación, representan el 75 por ciento del total de partos, agregó Burgess, quien dijo que Makena puede reducir este riesgo, en mujeres que hayan tenido al menos un parto prematuro espontáneo y esperen un solo bebé.

Según la FDA, la droga no debe suministrarse en mujeres que esperen mellizos o tengan otros factores de riesgo de parto prematuro.

“El mayor factor de riesgo de parto prematuro es la recurrencia, es decir, ya haber padecido uno”, explicó el doctor Alan Fleischman, director médico de March of Dimes. “Ésta es la primera droga aprobada para prevenir que se repita un episodio de estas características y reducirá dramáticamente la tasa de parto prematuro”, completó.

La droga cuyo nombre químico es difícil –hydroxyprogesterona caproata– ha sido objeto de controversia en 2006, ya que un comité de la misma agencia había manifestado preocupación por su eficacia, e incluso la había asociado con riesgo de sufrir abortos espontáneos en el segundo trimestre del embarazo.

Makena es una droga similar a otra llamada Delalutin, que fue aprobada por la FDA en 1956 para tratar problemas hormonales y cáncer en mujeres. La diferencia es la forma de producirla y los estándares de calidad que han mejorado significativamente, según Fleischman.

Esta medicación se aplica en forma de inyección, una vez a la semana, desde la semana 16 hasta la 37 del embarazo. Makena, producida por  KV Pharmaceutical, contiene una hormona que naturalmente se produce durante la gestación.