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El fin del redentorismo iluminado por Enrique Krauze

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“Si un hombre fuese necesario para sostener el Estado, este Estado no debería existir, y al fin no existiría”.
Simón Bolívar, 20 enero 1830.

 

Hugo Chávez tenía una concepción binaria del mundo. Era él quien veía el mundo dividido entre amigos y enemigos, entre chavistas y ‘pitiyanquis’, entre patriotas y traidores. En libros y ensayos reconocí su vocación social. Creo que la democracia latinoamericana no podrá consolidarse sin gobiernos que, junto al ejercicio de las libertades y el avance de la legalidad, busquen formas efectivas y pertinentes de apoyar a los pobres y marginados, a los que no han tenido voz y apenas voto. Pero una cosa es la vocación social y otra la forma que asume esa vocación. Obsesionado por una anacrónica admiración del modelo cubano (y por la ciega veneración de su caudillo eterno –Fidel Castro– a quien muchas veces llamó ‘padre’) Hugo Chávez desquició las instituciones públicas venezolanas, desvirtuó y corrompió a la compañía estatal PDVSA y protagonizó lo que quizá sea el mayor despilfarro de riqueza pública en toda la historia latinoamericana. Pero siendo tan graves sus errores económicos, palidecen frente a las llagas políticas y morales que infligió a su país.

 

Chávez no solo concentró el poder: confundió –o, mejor dicho, fundió– su biografía personal con la historia venezolana. Ninguna democracia prospera ahí donde un hombre supuestamente ‘necesario’, imprescindible, único y providencial, reclama para sí la propiedad privada de los recursos públicos, de las instituciones, del discurso, de la verdad. El pueblo que tolera o aplaude esa delegación absoluta de poder en una persona, abdica de su libertad y se condena a sí mismo a una adolescencia cívica, porque esa delegación supone la renuncia a la responsabilidad sobre el destino propio.

 

El daño mayor es la discordia dentro de la familia venezolana. Nada me entristeció más en mis visitas a Caracas (nada, ni siquiera la escalada del crimen o el visible deterioro de la ciudad) que el odio inducido desde el micrófono del poder contra el amplio sector de la población que disentía de ese poder. El odio de los discursos, de las pancartas, de los arrogantes voceros del régimen en programas de radio y televisión. El odio de las redes sociales plagadas de insultos, calumnias, teorías conspiratorias, descalificaciones, prejuicios. El odio del fanatismo ideológico y del rencor social. El odio cerrado a la razón e impermeable a la tolerancia. Ésa es la llaga histórica que deja el chavismo. ¿Cuánto tardará en sanar? ¿Sanará alguna vez? Es un milagro que Venezuela no haya desembocado en la violencia partidista.

 

¿Qué ocurrirá ahora, tras su muerte? Es probable que el sentimiento de pesar, aunado a la gratitud que un amplio sector de la población siente por Chávez, faciliten el triunfo de un candidato chavista en unas eventuales elecciones. Pero todos los duelos tienen un fin. Y en ese momento todos los venezolanos, chavistas y no chavistas, deberán enfrentar la gravísima realidad económica. Los indicadores de alarma son del dominio público. El déficit fiscal, la inflación, y el desabastecimiento. Hay una aguda carestía de divisas. ¿Cómo explicar que un país que en la era de Chávez ha percibido más de 800.000 millones de dólares por ingresos petroleros presente cuentas tan alarmantes? Un presidente chavista deberá enfrentar esta realidad y encarar al público. El propio régimen podría persuadirse de la necesidad de un diálogo conciliatorio que ahora parece utópico. Y ahí podría abrirse una oportunidad para la oposición. Durante la agonía de Chávez, sin dejar de alzar la voz de protesta, la oposición mostró una notable prudencia que debe refrendar en estos días de duelo y crispación. Si la oposición –que ha esperado tanto– conserva la cohesión, podría avanzar en las siguientes elecciones y recuperar las posiciones que ha perdido.

 

Si bien nadie puede descartar los escenarios de violencia, no los preveo. Por el contrario: creo que con el fallecimiento del gran caudillo mesiánico Venezuela deberá encontrar, tarde o temprano, cauces de concordia: si en los tres lustros de Chávez la violencia verbal no se desbordó en violencia física, es razonable esperar que no estalle ahora. Y el cambio podría ser contagioso: Cuba, la ‘meca’ del redentorismo histórico, el único estado totalitario de América, podría reformarse también como Rusia y China lo hicieron en su momento. Toda la región podrá oscilar entonces entre extremos políticos no radicales: regímenes de izquierda socialdemócrata, y gobiernos de economía más abierta y liberal. Y para que el tránsito sea menos accidentado, Estados Unidos haría bien en dar señales de sensatez, levantando el embargo a Cuba y cerrando Guantánamo.

 

El siglo XIX latinoamericano fue el del caudillismo militarista. El siglo XX sufrió el redentorismo iluminado. Ambos siglos padecieron a los hombres ‘necesarios’. Tal vez en el siglo XXI despunte un amanecer distinto, plenamente democrático, donde no haya hombres ‘necesarios’, donde los únicos necesarios seamos los ciudadanos actuando libremente en el marco de las leyes y las instituciones.

 

ENRIQUE KRAUZE

Fuente: El Tiempo de Bogotá

Los 14 años de Hugo Chávez en el poder en una infografía de Reuters

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La campaña electoral más corta en la historia de Venezuela por Marianna Párraga (Reuters)

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Venezuela inició el domingo los preparativos para la campaña presidencial más corta de su historia, en una carrera contrarreloj que el 14 de abril enfrentará a Nicolás Maduro, mandatario interino y delfín del fallecido Hugo Chávez, con el joven gobernador opositor Henrique Capriles

Los partidos tendrán pocos días para armar sus propuestas y ajustar la parafernalia electoral, luego de que Maduro pidiera organizar unos comicios relámpago, que dejan escaso margen de maniobra a la golpeada oposición para reorganizar sus filas tras una serie de duras derrotas.

Chávez, que dominó de cabo a rabo la arena política venezolana en los últimos 14 años, había vencido holgadamente a Capriles en las elecciones de octubre del 2012 para extender su mandato por otros seis años, algo que finalmente el cáncer que lo afectaba le impidió.

Como vicepresidente, Maduro se encargó de conducir el Gobierno durante los días finales de Chávez hasta que el viernes fue nombrado mandatario interino, lo que motivó un duro cruce con Capriles, quien calificó la decisión como un fraude que otorga ventajas electorales al oficialismo.

Sin embargo, el gobernador opositor aceptó el domingo la propuesta de la coalición Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que en la víspera anunció que le había ofrecido la candidatura.

“Hay mucha negatividad por allí, sabemos que va a ser duro, pero lo vamos a hacer (…) Henrique ya tomó su decisión. No se va a rendir”, dijo una fuente cercana a Capriles.

El gobernador de Miranda es la carta más fuerte de la coalición, que agrupa a una treintena de partidos. Pese a su derrota por 11 puntos en las presidenciales de octubre, protagonizó el mejor desempeño opositor de toda la era Chávez.

Y dos meses después, cuando el oficialismo barrió con las gobernaciones, retuvo la de Miranda, en una de las escasísimas victorias del bloque opositor.

La muerte de Chávez el martes obliga a realizar una nueva contienda, esta vez sin el hombre que fundó la revolución socialista y acumuló un poder enorme en base a su popularidad entre las clases más desprotegidas, a las que benefició con programas sociales.

“Voy a ser presidente de la República y Comandante en jefe, porque así él (Chávez) me ordenó que lo fuera. Y voy a cumplir”, dijo Maduro. “Con el dolor, saldremos a hacer campaña, a visitar los pueblos”, señaló Maduro el domingo durante una convención del partido comunista.

Directivos del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) acompañados de la escolta presidencial llegaron la tarde del domingo a la sede del Consejo Nacional Electoral (CNE) para un contacto inicial con las autoridades antes de la inscripción de la candidatura, prevista para el lunes.

Paños fríos

Desde que el mandatario interino y candidato oficialista dijo públicamente que contaba con información de que la oposición podría no presentar un postulante y rehusar la contienda electoral, la dirección de la coalición que liderará Capriles intentó desactivar esas sospechas.

“Se equivocan quienes creen que estos son desafíos que no vamos a asumir y a vencer (…) Libraremos una campaña por la democracia, en defensa de los derechos y en contra de los abusos”, dijo el sábado el secretario de la MUD, Ramón Guillermo Aveledo.

Según encuestas realizadas antes de la muerte de Chávez, Maduro partiría con una apreciable ventaja de más de 10 puntos sobre Capriles.

Andrés Izarra, varias veces ministro de Comunicación de Chávez y un defensor a ultranza de las políticas oficiales, aseguró en Twitter que la oposición se encuentra en una encrucijada para estas elecciones.

“Si van, pierden; si no van, pierden mas!”, señaló.

El enérgico gobernador de 40 años, que logró recortar buena parte de la ventaja con que partió Chávez el año pasado, contaría esta vez con muy pocas herramientas para contrarrestar el efecto emocional de la muerte del mandatario.

“Lo único nuevo (respecto a la elección anterior) es que Maduro no es Chávez. Chávez era un líder original, potente, completamente emocional, carismático”, dijo a Reuters el analista Luis Vicente León, presidente de la firma Datanálisis, que espera una campaña teñida por las pasiones que desató la muerte de Chávez.

“La popularidad del Gobierno había comenzado a afectarse por la devaluación, el desabastecimiento y la inflación. Las emociones cubren el tema por ahora”, agregó.

Venezuela devaluó un 32 por ciento su moneda en febrero y eliminó un sistema secundario de asignación de divisas que le había otorgado cierto alivio a los importadores en medio de un férreo control de cambio.

La medida, sumada al encarecimiento del dólar en el mercado no oficial por una escasa oferta y a las puertas otros anuncios económicos que serían postergados hasta después de los comicios, ha vuelto a desatar la galopante inflación venezolana, que hasta febrero acumuló una variación anualizada del 22,8 por ciento.

Sin embargo, el domingo cientos de miles de personas continuaban formando filas para despedirse de Chávez en la capilla ardiente montada en la Academia Militar. Sus restos serán embalsamados, dijeron las autoridades.

El calendario aprobado por el directorio del CNE acorta sensiblemente los tiempos habituales para la inscripción de las candidaturas y organización del material electoral, dejando solo diez días para la campaña.

Las postulaciones sólo serán recibidas hasta el lunes y no se reabrirá el registro electoral para nuevas inscripciones.

Reuters/ Marianna Párraga

¿Qué vendrá después de Chávez? por Marta Colomina

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Aunque todos sabíamos que su muerte sería comunicada en cualquier momento, fue a partir del anuncio oficial la tarde del 5 de marzo cuando se inició “la era sin Chávez”, como titulase El Universal e informasen profusamente los medios de comunicación del mundo. Su controversial y carismática personalidad, su preocupación por los pobres, feroz combate contra los “ricos” y el “Imperio”; su llamativa irreverencia en las cumbres internacionales, la polarización generada por su agresivo estilo político, y su misteriosa enfermedad nunca explicada a través de un parte médico y sobre la que sus voceros cayeron tantas veces en contradicciones, entre otros, fueron hechos que suscitaron una permanente atención de la opinión pública interna y externa. Su muerte no solo ha conmocionado a su atribulada familia y a centenares de miles de desconsolados seguidores, sino que “el mundo se centró en Venezuela” al convertir el fallecimiento presidencial en la noticia más relevante tratada en la prensa escrita, medios radioeléctricos y redes sociales internacionales, muchos de los cuales enviaron a sus periodistas para cubrir las exequias, a las que también asistieron numerosos mandatarios.

Los medios nacionales, así como el liderazgo opositor, han expresado gran respeto, compasión y solidaridad ante los sentimientos de dolor de la familia Chávez y de la multitud de sus seguidores. Conmueve ver al pueblo chavista haciendo grandes colas, con visible expresión de tristeza, para despedir a su líder. Así que estos días de exequias no son propicios para abrir el debate nacional, que vendrá en breve, sobre el legado presidencial, el inconstitucional nombramiento de Nicolás Maduro como Presidente encargado y la inminencia de unas obligatorias elecciones presidenciales ante la falta absoluta del Presidente.

A diferencia del respetuoso y hasta censurado tratamiento que durante estos días los medios venezolanos han dado a todos los hechos relacionados con la muerte del Mandatario, la prensa mundial ha analizado “las luces y sombras del legado de Chávez” (EN 07-03-13). Así El Mundo de España titula “Duelo en el corazón de Venezuela” al observar la entristecida muchedumbre alrededor de la capilla ardiente. O este otro de El País: “Te amamos aunque estés muerto”,tomado de una mujer que sujeta una estampita con la imagen de Chávez. En artículos de opinión reconocen el interés del Presidente por los pobres, pero critican las Misiones, creadas más para ganar adhesiones políticas que para solucionar el problema de la pobreza. El petróleo -dicen- fue clave para su plan político de permanecer en el poder, del que sólo le apartó la muerte. Numerosos medios europeos y de nuestro continente reseñan la persecución de periodistas y cierre de medios; violación de los derechos humanos y haber gobernado a sus anchas, sin contrapesos, gracias al control hegemónico del Parlamento, del TSJ, de la Fiscalía y de los militares. Voceros externos expresan temores respecto a lo que vendrá después de Chávez al ver muestras como la arenga del ministro de la Defensa, Diego Molero, de “estar para promover la ideología bolivariana y socialista” y llamar “a votar por Nicolás Maduro para darle en la madre a los fascistas” de la oposición. Gina Montaner, de El Mundo de España se pregunta:¿Cabe pensar que desaparecido Chávez se descomponga el chavismo? Es lo previsible, pero la reacción de la cúpula militar podría impedirlo. Aunque medios internacionales dudan del carisma y de la capacidad de Maduro y recuerdan que“los regímenes caudillistas no suelen sobrevivir a sus íconos más allá de lo inmediato”, varios temen que pueda “alzarse” con unos comicios llenos de ventajismo electoral y bajo el impacto emocional de la enorme huella de Chávez” (El País). El anuncio de Maduro de que Chávez será embalsamado y expuesto eternamente en una urna de cristal (práctica que Chávez había rechazado públicamente) ratifica que el “espectáculo debe continuar”. Mientras la MUD y Capriles dicen que “no es la hora de las diferencias, sino del diálogo y la paz”, el chavismo sin Chávez cierra filas con Maduro como Presidente encargado, violando el ar- tículo 233 de la Constitución.

La Venezuela que hereda Maduro -dicen Gina Montaner y Moisés Naím- está minada por la corrupción rampante y asaltos continuos a los medios independientes, además de una economía en ruinas, con déficit fiscal de los más altos del mundo, caída enorme de la producción, escasez e inflación. Sumemos la violencia desenfrenada que hace de Venezuela uno de los países más inseguros del mundo y la descarada politización de la FAN y tendremos muy oscuras señales de lo que vendrá después de Chávez.

Hugo Chávez por Simón Alberto Consalvi

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Desde el 4 de febrero de 1992 hasta el 5 de marzo de 2013, cuando se rindió ante los dictados del destino, Hugo Chávez Frías frecuentó la escena política venezolana. Desde joven sucumbió a la ambición de poder, y desde joven conspiró para conquistarlo. Probó primero con el golpe de Estado militar y terminó en fracaso. Pero el fracaso fue su salvación. Una junta de gobierno, ¿presidida por un notable?, no habría sobrevivido 48 horas. No obstante, el clima político le fue propicio. A la conspiración militar se juntaba la conspiración civil, como si el país se hubiera fatigado de la democracia –y no faltó quien la cuestionara a fondo–­. Y en medio de la gran confusión capitaneada por los “notables”, el prisionero de la cárcel de Yare veía crecer su popularidad. Vino el sobreseimiento, el perdón, el pase de página, el olvido. Hugo Chávez Frías se enfrentó a sí mismo, el profeta desarmado que decidió recorrer calles, conversar con la gente, transitar el mapa, discurrir en las esquinas. Entonces Hugo Chávez descubrió a Hugo Chávez.

A partir de entonces las masas populares tuvieron un caudillo. La democracia le abrió de par en par las puertas del poder. Y como si hubiera llegado el gran salvador del pluralismo, lo rodeó y aupó la más contradictoria alianza de intereses contrapuestos. No pasaba de ser un espejo de la crisis política. Sorpresa: las masas le ofrecían lo que le negaron los tanques de guerra.

En las elecciones de diciembre de 1998, resultó elegido presidente de Venezuela. Al posesionarse en febrero de 1999 y entrar en Miraflores, percibió que el poder conquistado no le sería suficiente para su permanencia en la conducción de la revolución. Y la revolución había llegado para quedarse. Había allí una contradicción y se esmeró en resolverla. A partir de entonces, no cesó nunca en el control de todos los poderes del Estado. Impuso la reelección indefinida. Ningún presidente había tenido antes ni su dominio ni su influencia. Dibujó el Estado a su imagen y semejanza. Y esta es una de las herencias que acaba de dejarnos. Necesariamente, los poderes del Estado deberán retomar el equilibrio y la independencia que garantizan la soberanía de la nación. Sin contrapesos entre los poderes, la democracia es una ficción.

Si a Chávez lo movió una gran ambición de poder y lo conquistó de manera absoluta, de algún modo el país político y el país no político lo acompañaron en el empeño. No pocos confiaron en él su redención. De manera excepcional, contó durante más de una década con precios petroleros que superaron siempre los cien dólares el barril, algo que en otras épocas no fue imaginado. Esto le permitió al Presidente llevar a cabo programas populares de diversas categorías, dentro y fuera de Venezuela. Quizás la diversidad y la improvisación no fueron las estrategias más adecuadas. Los expertos observan que las misiones, por ejemplo, son ensayos fatalmente condenados al vaivén de los ingresos del Estado, y que una vez mermados todo se viene abajo, y tal comienza a ocurrir. Como en tantos otros aspectos, el dogmatismo no permitió una evaluación ponderada.

Hugo Chávez Frías se consagró como un caudillo popular. En la era mediática, fue un político mediático como no habíamos conocido otro antes. Estaba bien dotado para estos ejercicios, conocía el folklore, la poesía y la música popular, el contrapunteo, cantaba, bailaba joropo, tenía una memoria prodigiosa. Leía y frecuentaba los libros y se enorgullecía manoseándolos. Quiso cambiar el mundo y también cambiar la historia. Sobre todo quiso cambiar la historia. Reescribirla de manera que el rompecabezas pudiera armarse para la gloria de la revolución bolivariana y de sus objetivos de prolongada dominación de la sociedad venezolana.

Hugo Chávez Frías quiso cambiar el mundo y no le faltaron razones.

Ocurrir a la OEA después de sus sistemáticos asedios casi sería un despropósito. Invocar la Carta Democrática Interamericana no podría hacerse sin una toma de conciencia de la región, absorbida por los negocios petroleros y el pragmatismo. Igual sucede con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Con su silencio reverencial (y su aquiescencia) los jefes de Estado de América Latina y del Caribe acompañaron al presidente Chávez en los funerales del sistema regional.

En materia internacional el Presidente extremó la generosidad, tanto que este permanecerá como un capítulo poblado de interrogantes. Quiso cambiar el mundo, digo, y mucho quedó como proclama. A veces aparecía como un solitario empeñado en cruzadas que pocos compartían, o en las que hipócritamente sus pares lo acompañaban de modo ceremonial. La idea de la integración de América Latina naufraga en las rivalidades del Sur y en los intereses creados o los dogmas políticos.

Ver a Hugo Chávez Frías como una figura histórica nos permitirá la perspectiva necesaria para una comprensión de su papel en la historia venezolana, sin despojarlo inútilmente de las controversias y de las divisiones que han prevalecido a lo largo de los veinte años de su protagonismo como personaje de primer orden. Su legado perdurará porque tuvo el privilegio de convertirse en el gran profeta del pueblo. Nadie podrá negarle el singular coraje con el cual resistió el mal y procuró vencerlo hasta el último respiro. Quiso vivir largos y prolongados años, transformar su país e, inesperadamente, el destino lo dejó a medio camino. La historia venezolana no registró antes un drama como el suyo.

Los Trending Topics de Hugo Chávez

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A las 21:05 VET del sábado 9 de marzo aparecía –por última vez– el apellido del fallecido presidente venezolano Hugo Chávez, como uno de los Trending Topics de las 170 localidades (134 ciudades, 35 países y Global) donde Twitter lleva registro de los Temas del Momento. La frase ‘Con Chávez y Maduro’ desde Valencia marcaba el final de @chavezcandanga en Twitter.

Desde el pasado 5 de marzo, un total de 46 Trending Topics llevaron el apellido del hombre que gobernó a Venezuela durante los últimos 14 años, aunque otras frases y hashtags que no lo incluyeron – y estuvieron relacionadas con la situación que vive el país sudamericano– también se convirtieron en Temas del Momento.

‘Murió Hugo Chávez’ se convirtió en Trending Topic a las 17:31 VET del martes 5 de marzo al ocupar la 7ª posición de la lista correspondiente a la ciudad de Córdoba, Argentina. Le siguieron León y Tijuana en México, hasta ubicarse en el 3er puesto Global a las 17:35 VET. A la misma hora en Venezuela ‘QEPD Chavez’ alcanzaba la 3ª posición, seguida de Barquisimeto, Maracaibo y Valencia.

La muerte de Hugo Chávez fue Tema del Momento durante 99 horas y 40 minutos.

A continuación, la lista de frases o hashtags y la cantidad de localidades donde cada una fue Trending Topic.

  1. Hugo Chávez – 146
  2. Chávez – 131
  3. #Chavez – 66
  4. Venezuelan President Hugo Chavez – 48
  5. RIP Hugo Chavez – 37
  6. Venezuela’s Hugo Chavez – 36
  7. #HugoChavez – 34
  8. #MuereChávez – 27
  9. Murió Hugo Chávez – 26
  10. Cuerpo de Chávez – 10
  11. #MurióChávez – 9
  12. Muere Hugo Chávez – 8
  13. #DeChávezAprendí – 6
  14. #VivaChávezporSiempre – 6
  15. Chávez al Panteón – 6
  16. Con Chávez y Maduro – 6
  17. QEPD Chávez – 6
  18. #EsteHTNoTieneNadaQueVerConChávez – 5
  19. #FuerzaChávez – 5
  20. #GloriaAlBravoChávez – 5
  21. Comandante Chávez – 5
  22. Presidente Chávez – 5
  23. Presidente Hugo Chávez – 5
  24. Y Chávez – 5
  25. #Chavezalpanteón – 4
  26. #ChavezVivoCulturaViva – 4
  27. Murio Chavez – 4
  28. Padre de Chávez – 4
  29. #ChavezViveLaLuchaSigue – 3
  30. #DepChávez – 3
  31. Morre Hugo Chávez – 3
  32. Nicolás Chávez – 3
  33. #ChavezSeguimosConMaduro – 2
  34. #DespedidaChávez – 2
  35. #DespuésDeChávez – 2
  36. Muerte de Chávez – 2
  37. Papá de Chávez – 2
  38. #ChauChavez – 1
  39. #ChávezAlPanteónNacional – 1
  40. #DespedidadeChavez – 1
  41. #LNchavez – 1
  42. Estado de Hugo Chávez – 1
  43. Hugo Chávez Frías – 1
  44. Hugo Chavez’in – 1
  45. Mort de Chavez – 1
  46. RIP Chávez – 1

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Chávez y Colombia: relación impredecible por Simón Alberto Consalvi

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Las relaciones entre Colombia y Venezuela durante los 14 años del presidente Hugo Chávez en el poder oscilaron entre la imprevisibilidad y el suspenso, hasta la llegada de Juan Manuel Santos a la Presidencia.

Buena parte de ese tiempo lo llenaron los ocho años del presidente Álvaro Uribe y del propio Santos como ministro de Defensa. Desde el comienzo, el presidente Chávez se sintió incómodo con el gobierno de Colombia. Pienso que dos razones confluyeron en la creación de ese clima tan poco propicio. La primera, y muy determinante, fueron los vínculos del presidente venezolano con las Farc y sus líderes históricos. La otra, la visión que tuvo Chávez de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) como un monopolio de las oligarquías binacionales y como un estorbo para sus políticas estatistas y de exclusión del sector privado.

La primera, una relación sin duda compleja, de implicaciones imprevisibles que afectaban o podían afectar la relación entre los estados, y, en efecto, así sucedió al conocerse, por ejemplo, el ataque al campamento de las Farc en territorio ecuatoriano y la muerte de Raúl Reyes. Fue una crisis conocida porque tuvo humos de melodrama, discursos altisonantes, rupturas, movilización militar un poco ceremonial.

Entre tanto, para nadie era un secreto que el territorio venezolano estaba abierto a las Farc, que había campamentos guerrilleros y que éstos gozaban de protección militar, de logística y otras licencias. Que los comandantes venían a Caracas y eran huéspedes del Gobierno. Los episodios abundan, las anécdotas y la picaresca que pretendía burlar a los venezolanos y al gobierno de Álvaro Uribe. Paralelamente, Chávez libraba una guerra a fondo contra el Plan Colombia que lo llenaba de complacencia porque atacaba al imperio y a su aliado latinoamericano.

La campaña presidencial de Juan Manuel Santos la vio y la percibió Chávez como el peor de los signos. Como la continuidad agravada de las políticas de Uribe y de la radicalización del Plan Colombia. Nadie podía hacer pronósticos que no fueran pesimistas en los análisis que los expertos solían aventurar. Si la guerra no había estallado con Uribe, nadie la evitaría con Santos.

Fue elegido Santos y, como dice Pedro Navaja, “sorpresas te da la vida, la vida te da sorpresas”. Bastó que dialogaran Santos y Chávez y nació una alianza tan feliz, y estoy seguro que franca, entre los dos presidentes que, desgraciadamente, no se dio antes. Lo impredecible sucede: ahora el presidente Chávez hará falta para que el proceso de paz avance o se consolide. Es lo que oigo.

El acercamiento entre Santos y Chávez estabilizó las relaciones, y lo hemos celebrado. Pero no hay cómo volver atrás la historia, ni recuperar el tiempo y las oportunidades perdidas. La decisión de Chávez de retirar a nuestro país de la CAN, luego de haberse consolidado a través de treinta años y de haber demostrado su exitoso desempeño, no tuvo justificación, causó serios daños a Venezuela, como imagino que a Colombia y a la propia CAN. Seducido por el presidente Lula de Brasil, Chávez decidió cambiar la CAN por Mercosur. La CAN prometía integración, Mercosur ofrece comercio, y Venezuela sólo produce petróleo. La vinculación con el Sur estuvo rodeada de gran fanfarria y tengo la impresión de que a todo eso se lo llevará el viento.

Publicado en ElEspectador.com

La postura de Vargas Llosa ante la muerte de Chávez

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LA VISIÓN CRÍTICA del Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa sobre la desaparición física del presidente Hugo Chávez Frías, sus antecedentes e implicaciones para Venezuela en un artículo publicado hoy en el diario El País:

La muerte del caudillo

PIEDRA DE TOQUE. No hay que dejarse impresionar demasiado por las muchedumbres llorosas que velan los restos de Hugo Chávez. Lo que ocurrirá a partir de ahora en Venezuela es totalmente incierto

El comandante Hugo Chávez Frías pertenecía a la robusta tradición de los caudillos, que, aunque más presente en América Latina que en otras partes, no deja de asomar por doquier, aun en democracias avanzadas, como Francia. Ella revela ese miedo a la libertad que es una herencia del mundo primitivo, anterior a la democracia y al individuo, cuando el hombre era masa todavía y prefería que un semidiós, al que cedía su capacidad de iniciativa y su libre albedrío, tomara todas las decisiones importantes sobre su vida. Cruce de superhombre y bufón, el caudillo hace y deshace a su antojo, inspirado por Dios o por una ideología en la que casi siempre se confunden el socialismo y el fascismo —dos formas de estatismo y colectivismo— y se comunica directamente con su pueblo, a través de la demagogia, la retórica y espectáculos multitudinarios y pasionales de entraña mágico-religiosa.

Su popularidad suele ser enorme, irracional, pero también efímera, y el balance de su gestión infaliblemente catastrófica. No hay que dejarse impresionar demasiado por las muchedumbres llorosas que velan los restos de Hugo Chávez; son las mismas que se estremecían de dolor y desamparo por la muerte de Perón, de Franco, de Stalin, de Trujillo, y las que mañana acompañarán al sepulcro a Fidel Castro. Los caudillos no dejan herederos y lo que ocurrirá a partir de ahora en Venezuela es totalmente incierto. Nadie, entre la gente de su entorno, y desde luego en ningún caso Nicolás Maduro, el discreto apparatchik al que designó su sucesor, está en condiciones de aglutinar y mantener unida a esa coalición de facciones, individuos e intereses encontrados que representan el chavismo, ni de mantener el entusiasmo y la fe que el difunto comandante despertaba con su torrencial energía entre las masas de Venezuela.

Pero una cosa sí es segura: ese híbrido ideológico que Hugo Chávez maquinó, llamado la revolución bolivariana o el socialismo del siglo XXI comenzó ya a descomponerse y desaparecerá más pronto o más tarde, derrotado por la realidad concreta, la de una Venezuela, el país potencialmente más rico del mundo, al que las políticas del caudillo dejan empobrecido, fracturado y enconado, con la inflación, la criminalidad y la corrupción más altas del continente, un déficit fiscal que araña el 18% del PIB y las instituciones —las empresas públicas, la justicia, la prensa, el poder electoral, las fuerzas armadas— semidestruidas por el autoritarismo, la intimidación y la obsecuencia.

La muerte de Chávez, además, pone un signo de interrogación sobre esa política de intervencionismo en el resto del continente latinoamericano al que, en un sueño megalómano característico de los caudillos, el comandante difunto se proponía volver socialista y bolivariano a golpes de chequera. ¿Seguirá ese fantástico dispendio de los petrodólares venezolanos que han hecho sobrevivir a Cuba con los cien mil barriles diarios que Chávez poco menos que regalaba a su mentor e ídolo Fidel Castro? ¿Y los subsidios y/o compras de deuda a 19 países, incluidos sus vasallos ideológicos como el boliviano Evo Morales, el nicaragüense Daniel Ortega, a las FARC colombianas y a los innumerables partidos, grupos y grupúsculos que a lo largo y ancho de América Latina pugnan por imponer la revolución marxista? El pueblo venezolano parecía aceptar este fantástico despilfarro contagiado por el optimismo de su caudillo; pero dudo que ni el más fanático de los chavistas crea ahora que Nicolás Maduro pueda llegar a ser el próximo Simón Bolívar. Ese sueño y sus subproductos, como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), que integran Bolivia, Cuba, Ecuador, Dominica, Nicaragua, San Vicente y las Granadinas y Antigua y Barbuda, bajo la dirección de Venezuela, son ya cadáveres insepultos.

En los catorce años que Chávez gobernó Venezuela, el barril de petróleo multiplicó unas siete veces su valor, lo que hizo de ese país, potencialmente, uno de los más prósperos del globo. Sin embargo, la reducción de la pobreza en ese período ha sido menor en él que, digamos, las de Chile y Perú en el mismo periodo. En tanto que la expropiación y nacionalización de más de un millar de empresas privadas, entre ellas de tres millones y medio de hectáreas de haciendas agrícolas y ganaderas, no desapareció a los odiados ricos sino creó, mediante el privilegio y los tráficos, una verdadera legión de nuevos ricos improductivos que, en vez de hacer progresar al país, han contribuido a hundirlo en el mercantilismo, el rentismo y todas las demás formas degradadas del capitalismo de Estado.

Chávez no estatizó toda la economía, a la manera de Cuba, y nunca acabó de cerrar todos los espacios para la disidencia y la crítica, aunque su política represiva contra la prensa independiente y los opositores los redujo a su mínima expresión. Su prontuario en lo que respecta a los atropellos contra los derechos humanos es enorme, como lo ha recordado con motivo de su fallecimiento una organización tan objetiva y respetable como Human Rights Watch. Es verdad que celebró varias consultas electorales y que, por lo menos algunas de ellas, como la última, las ganó limpiamente, si la limpieza de una consulta se mide sólo por el respeto a los votos emitidos, y no se tiene en cuenta el contexto político y social en que aquella se celebra, y en la que la desproporción de medios con que el gobierno y la oposición cuentan es tal que ésta corre de entrada con una desventaja descomunal.

Pero, en última instancia, que haya en Venezuela una oposición al chavismo que en la elección del año pasado casi obtuvo los seis millones y medio de votos es algo que se debe, más que a la tolerancia de Chávez, a la gallardía y la convicción de tantos venezolanos, que nunca se dejaron intimidar por la coerción y las presiones del régimen, y que, en estos catorce años, mantuvieron viva la lucidez y la vocación democrática, sin dejarse arrollar por la pasión gregaria y la abdicación del espíritu crítico que fomenta el caudillismo.

No sin tropiezos, esa oposición, en la que se hallan representadas todas las variantes ideológicas de la derecha a la izquierda democrática de Venezuela, está unida. Y tiene ahora una oportunidad extraordinaria para convencer al pueblo venezolano de que la verdadera salida para los enormes problemas que enfrenta no es perseverar en el error populista y revolucionario que encarnaba Chávez, sino en la opción democrática, es decir, en el único sistema que ha sido capaz de conciliar la libertad, la legalidad y el progreso, creando oportunidades para todos en un régimen de coexistencia y de paz.

Ni Chávez ni caudillo alguno son posibles sin un clima de escepticismo y de disgusto con la democracia como el que llegó a vivir Venezuela cuando, el 4 de febrero de 1992, el comandante Chávez intentó el golpe de Estado contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez, golpe que fue derrotado por un Ejército constitucionalista y que envió a Chávez a la cárcel de donde, dos años después, en un gesto irresponsable que costaría carísimo a su pueblo, el presidente Rafael Caldera lo sacó amnistiándolo. Esa democracia imperfecta, derrochadora y bastante corrompida había frustrado profundamente a los venezolanos, que, por eso, abrieron su corazón a los cantos de sirena del militar golpista, algo que ha ocurrido, por desgracia, muchas veces en América Latina.

Cuando el impacto emocional de su muerte se atenúe, la gran tarea de la alianza opositora que preside Henrique Capriles está en persuadir a ese pueblo de que la democracia futura de Venezuela se habrá sacudido de esas taras que la hundieron, y habrá aprovechado la lección para depurarse de los tráficos mercantilistas, el rentismo, los privilegios y los derroches que la debilitaron y volvieron tan impopular. Y que la democracia del futuro acabará con los abusos del poder, restableciendo la legalidad, restaurando la independencia del Poder Judicial que el chavismo aniquiló, acabando con esa burocracia política elefantiásica que ha llevado a la ruina a las empresas públicas, creando un clima estimulante para la creación de la riqueza en el que los empresarios y las empresas puedan trabajar y los inversores invertir, de modo que regresen a Venezuela los capitales que huyeron y la libertad vuelva a ser el santo y seña de la vida política, social y cultural del país del que hace dos siglos salieron tantos miles de hombres a derramar su sangre por la independencia de América Latina.