A continuación el recuento de la prensa global a propósito de los comicios presidenciales:
El País
Las elecciones se convierten en un referéndum sobre la continuidad de la Revolución Bolivariana
LUIS PRADOS Caracas 13 ABR 2013 – 00:36 CET
Las elecciones presidenciales de este domingo, las primeras sin la presencia física de Hugo Chávez en 15 años, se han convertido en un referéndum sobre la continuidad hasta 2019 de la Revolución Bolivariana que el comandante fallecido encarnó y que ha dividido políticamente a Venezuela en dos mitades irreconciliables. El duelo lo protagonizan Nicolás Maduro, el “candidato de la patria” como le llama la propaganda oficial, hijo y heredero del “Cristo de los pobres”, y Henrique Capriles, líder de una alianza de pequeños grupos opositores, derrotado en los comicios del pasado 7 de octubre. Y contra pronóstico, según los sondeos internos de algunas empresas de opinión, el resultado del combate parece más ajustado e incierto de lo que nadie pudo prever hace tan solo un mes.
Pero las elecciones son también las últimas en las que Chávez ha hecho campaña. La retórica del régimen ha elevado a las alturas al líder bolivariano hasta un extremo solo comparable con el culto a la personalidad que reciben los ídolos totalitarios. Sus retratos, palabras y anécdotas han estado machaconamente presentes cada minuto en las radios y televisiones públicas y en cada acto y frase de Maduro, cuya campaña ha tenido un carácter intencionadamente religioso. La propaganda chavista se las ingeniado para conformar una nueva Santísima Trinidad en la que Chávez es el Padre Eterno; Maduro, el Hijo, y el pajarito de la famosa y ridícula escena de hace unas semanas, el Espíritu Santo.
Maduro, de 50 años, un hombre nada arrogante, según quienes le conocen, carga sobre sus hombros con la responsabilidad de demostrar que el chavismo sin Chávez es posible. Una verdadera prueba de fuego cuando los problemas sobre la economía venezolana se acumulan –alta inflación, enorme déficit fiscal, aumento de la deuda pública, escasez de alimentos y de divisas, apagones y creciente dependencia del petróleo- heredados del populismo de su mentor.
Antiguo conductor de autobuses, sindicalista y ex canciller, de lealtad inquebrantable desde 1992 al “Comandante Supremo”, como se le nombra ahora, y considerado un hombre de La Habana –estudió en una escuela de formación marxista cubana en los años 80- ha realizado una campaña mediocre con torpezas como confundir Estados con ciudades de su propio país.
El presidente encargado, sin el carisma de su idolatrado comandante, ha empleado un discurso básico destinado a conectar con todo el espectro chavista, desde el fundamentalista al oportunista. Su propia candidatura es para algunos analistas resultado de una tregua entre la nomenclatura del régimen porque ninguna de sus figuras, muerto el líder, tiene poder para imponerse.
En su primera campaña, nunca antes se había sometido a la prueba de las urnas, ha advertido que las misiones –el gran programa de asistencia social de Chávez- están en peligro si gana su rival, al que ha llamado repetidamente “burguesito” y “caprichito”, y prometido luchar contra la inseguridad ciudadana, que ha convertido a Venezuela en uno de los países más violentos del mundo. También se ha comprometido a solucionar los problemas en las infraestructuras y servicios públicos.
Capriles, un abogado de 40 años, ha aprovechado esta segunda oportunidad para emplear un discurso mucho más agresivo, gracias al cual ha logrado sacar de la depresión a la oposición, hundida tras los descalabros de las elecciones de octubre y las regionales de diciembre. Un gran mérito ya que su campaña se ha desarrollado en unas condiciones de absoluta desventaja frente al poder chavista, que ha abusado sin escrúpulos de todos los resortes y fondos del Estado. Al grito de “Yo no soy la oposición, soy la solución”, ha devuelto golpe por golpe a Maduro, a quien ha llamado “mentira fresca”, y definido a todo su entorno como un grupo de “enchufados”.
El líder opositor, fundador del partido de centro derecha Primero Justicia y gobernador del Estado de Miranda, ha denunciado la intromisión de los cubanos en Venezuela –se calcula que hay más de 40.000 en el país, con gran poder en el aparato de seguridad del Estado- y la posibilidad de que el chavismo cometa un fraude manipulando el sistema electoral. Hasta ahora la oposición prefería eludir las irregularidades por temor a que desanimase a sus partidarios a acudir a las urnas. Ahora la situación ha cambiado y el candidato ha pedido a sus seguidores que vigilen todo el proceso en las mesas de votación.
La noche del 7 de octubre Capriles aceptó sin demora su derrota. Cuál será su decisión ahora es una incógnita y no se puede descartar que se produzcan incidentes violentos este domingo, dado los ataques que supuestos descontrolados chavistas han llevado a cabo contra los opositores durante la campaña. El papel que adopten las fuerzas armadas será crucial para conocer el signo de la nueva etapa política que se abre en una Venezuela sin Chávez.
Para mover el voto el Estado venezolano ha desarrollado una sofisticada tecnología que combina las capacidades de control e intimidación del poder con el activismo más partidista

Todo parece augurar que en las elecciones del próximo domingo en Venezuela, convocadas para escoger al sucesor de Hugo Chávez en la presidencia, se registrará el menor margen de victoria en los años que van de Revolución Bolivariana. Los estudios de seguimiento con entrevistas telefónicas coinciden en detectar una disminución constante, del orden de 1 por ciento al día, de la amplia ventaja que al iniciar la campaña llevaba el oficialista Nicolás Maduro frente al opositor Henrique Capriles Radonski. Aún así, hay que otorgarle la primera opción a Maduro, por, entre otras razones, el endoso emocional del presidente fallecido y la maquinaria electoral chavista.
“Teniendo un candidato como Maduro, que claramente no es Chávez, hay elementos para pensar que el oficialismo se preparó para exigirle más a su maquinaria en esta ocasión de lo que ya ha dado en otras”, deduce Edgard Gutiérrez, un reputado politólogo y consultor electoral venezolano. Esa maquinaria va más allá del ventajismo en la utilización de los recursos del Estado para apoyo de la campaña, reseñado con frecuencia por los medios internacionales. Se trata, en cambio, de un crisol de datos personales y de tendencias electorales que permite movilizar, casi a conveniencia y oportunamente, a electores durante el día de los comicios.
Movilizar a electores es una actividad legítima de los factores en pugna de cualquier democracia. Pero el Estado venezolano ha desarrollado a partir de esa necesidad logística una sofisticada tecnología que combina, sin pudor, las capacidades de control e intimidación del Estado con el activismo más partidista.
En el corazón de esa maquinaria están las denominadas misiones, los programas de asistencia social implementados por Chávez con asesoría cubana y que, además de llevar servicios a sectores tradicionalmente desatendidos, suelen entregar subsidios de dinero. Ya son más de 30 en el portafolio gubernamental. Y cada una de ellas exige el registro individual, aún si reiterado, de sus beneficiario. Por ejemplo, la Gran Misión Vivienda Venezuela, se jacta de tener los datos de más de tres millones de familias. Esas bases de datos, en manos del Estado, se consolidan en una misma que permite conocer qué ha recibido quién y a qué aspira también ese quién.
El día de las elecciones el oficialismo cuenta con una panoplia de instrumentos –exit polls, estudios de observación, entre otros- que le permite conocer al dedillo, alrededor de las dos de la tarde, cómo marchan las tendencias en los resultados. Así, a dos horas del cierre oficial de las mesas de votación, establecido a las cuatro de la tarde, puede activar la llamada “Operación Remolque”, donde la legítima movilización de partidarios deja de ser kosher.
Gracias a la información que se cruza, los encargados de controlar a los electores en cada barrio –que suelen ser, además, funcionarios adscritos a la gestión de las misiones gubernamentales-, pueden saber en tiempo real quiénes fueron a votar, para exhortar a quienes hasta el momento se abstengan, a acudir a las urnas. “En este sistema es muy importante el tema de la territorialidad”, dice la economista y asesora Claudia Curiel Leidenz, quien lleva años estudiando la articulación política y social de las misiones,“que quien me vaya a chequear es el mismo vecino que voy a ver a la cara al día siguiente”. De acuerdo a Curiel, el llamado a votar no conlleva una amenaza explícita de que, de lo contrario, el abstencionista pudiera perder su beneficio social, sino que “se trata de una coacción mucho más elaborada, donde se mantiene a la gente dentro de determinadas expectativas en el marco de un Estado asistencialista”.
Luego se echa mano a los recursos del Estado para transportar a los electores que se consiga activar en esas horas calientes. Para aprovechar la coyuntura no se escatiman ni siquiera las posibilidades que hasta las mismas Fuerzas Armadas –columna vertebral del proyecto chavista- puedan aportar. La semana pasada, el diputado opositor Alfonso Marquina denunció la existencia de un plan por el cual la Milicia Bolivariana –quinto componente de las Fuerzas Armadas venezolanas- estaría a cargo del transporte de esos electores de última hora el domingo. Aunque la veracidad del documento donde se revela el plan, supuestamente filtrado desde los cuarteles por militares institucionalistas, no se ha establecido, ya en las elecciones presidenciales del 7 de octubre pasado surgieron denuncias que hablaban de transporte de electores en zonas populares por parte de efectivos castrenses.
“Imagínate el efecto de que llegue a tu casa una especie de comisario político de la cuadra, encargado de gestionar las misiones, y que para colmo le acompañe un miembro de las Fuerzas Armadas”, resume Gutiérrez, por su parte, el efecto persuasivo de la operación.
Obviamente, no hay operación de este tipo que funcione sin que cuente con una base natural de militantes convencidos. El bolivarianismo, con Chávez, incorporó a la política electoral a amplios segmentos de la población que, desaparecido el líder, conservan su lealtad y pasión iniciales. Pero el chavismo sin Chávez no se confía y, visto el pobre desempeño del candidato durante la campaña, se apresta a poner en acción una maquinaria que puede resultar decisiva si las distancias en la intención de voto entre Maduro y Capriles se acortan en las 48 horas que restan para las elecciones.
Si gana la oposición se prevén cambios en la política exterior hacia quienes fueron aliados de Chávez. Si el chavismo continúa el poder, la preocupación es la crisis económica

Maye Primera
De sus aliados de ultramar, Mahmud Ahmadinejad fue quien envió las condolencias más sentidas a Venezuela tras la muerte, el 5 de marzo de pasado, de Hugo Chávez, a quien describió como “símbolo de todos los combatientes y revolucionarios de América Latina”. La Asamblea Nacional Popular China estaba en medio de su reunión anual cuando la noticia del fallecimiento llegó a Pekín: “El presidente Chávez fue un gran líder de Venezuela y un gran amigo del pueblo chino; hizo una gran contribución para impulsar las relaciones de amistad y cooperación chino-venezolanas”, dijo en nombre de todos la jefa de la diplomacia, Hua Chunying. Con la muerte de Chávez, los Gobiernos de Teherán y Pekín no solo perdieron a “un amigo” sino a un socio estratégico para el desarrollo de sus programas de intercambio político y económico con América Latina. Y en los comicios presidenciales convocados este domingo en Venezuela para elegir a su sucesor, se juegan la continuidad de las relaciones bilaterales, tal y como las conocieron hasta ahora.
El politólogo Ariel Armony ha seguido con atención las discusiones que se han desarrollado en China en torno al tema, desde el mismo momento en que desmejoró la salud de Chávez. “La discusión que hay en China acerca de lo que pueda pasar con el proceso político venezolano no solamente tiene que ver con el petróleo, sino con cómo China espera que un cambio de régimen en Venezuela vaya a afectar el entorno geopolítico en la región y cómo China va a tener que adaptarse a esos cambios”, explica Armony, director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Miami.
Uno de los programas clave de las relaciones entre China y Venezuela, desde 2006, es el intercambio de préstamos por petróleo a futuro. Los asiáticos han extendido una línea de crédito a los venezolanos por 38 mil millones de dólares para ayudarles a sobrellevar sus problemas de liquidez y a cambio, éstos han multiplicado por diez los envíos de crudo a China. Un porcentaje significativo de esos cargamentos no va a China, sino que se vende en terceros mercados. En materia de cooperación financiera, ambos Gobiernos establecieron en 2007 el Fondo Conjunto Chino Venezolano, que hasta octubre de 2012 sumaba una inversión de 23.844 millones de dólares para financiar 201 proyectos de desarrollo en Venezuela. En enero de este año, Venezuela intentó sin éxito extender su línea de crédito, pero China se rehusó por causa del incumplimiento en la ejecución de los proyectos por parte de Venezuela. “Los analistas chinos están preocupados por el cuestionamiento que se pueda a hacer sobre la transparencia de estos programas en caso de que Henrique Capriles gane las elecciones. Pero aún si gana Nicolás Maduro, hay preocupación respecto a hacia dónde está yendo la economía y otros problemas, como la inseguridad, y de cómo el estado de la economía va a afectar los compromisos que tiene el Estado de Venezuela con China”, sostiene Armony.
Así como Caracas ha apelado a la ayuda de Pekín para paliar sus apuros económicos, el Gobierno de Teherán ha encontrado en Venezuela la puerta de entrada para dejar fluir sus negocios hacia América Latina, en medio de la asfixia económica generada por las sanciones impuestas a su programa nuclear de parte de Occidente. Ambos países han firmado más de 270 acuerdos, incluidos tratados de comercio y proyectos de construcción, iniciativas de energía y programas bancarios. En 14 años, Chávez visitó Irán 13 veces y recibió a Ahmadinejad en Caracas en seis ocasiones.
“La política internacional del presidente Chávez fue la creación de un mundo multipolar, en contraposición con el liderazgo del Gobierno de los Estados Unidos. Chávez, por ese interés, empezó a profundizar lazos con Irán en 2005 y a abrirle las puertas de América Latina por intermedio de la Alianza Bolivariana para los pueblos de América (Alba)”, recuerda Virginia Contreras, analista político y ex embajadora de Venezuela en la Organización de Estados Americanos a principios de la administración de Chávez. Al día de hoy, Irán ya forma parte de la Alba –a la que pertenecen Cuba, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, entre otros- como país observador. “Uno de los objetivos fundamentales de Ahmadinejad es consolidar el desarrollo de la energía nuclear y en ese sentido, su interés en Venezuela es estratégico”, dice Contreras.
El candidato de la opositora Mesa de la Unidad, Henrique Capriles, ya ha advertido que centrará sus esfuerzos diplomáticos en sus vecinos de América, en caso de ser electo presidente, y que revisaría las alianzas establecidas en la era del chavismo con países como Irán, Rusia, Bielorrusia y China en materia política y económica. Pero Contreras es de las que piensa que difícilmente cambiarán en el mediano plazo los negocios de Venezuela con estos países, aún a pesar de las dificultades que depara el futuro para seguir financiándolas, y del resultado de las elecciones del domingo. “Desde el punto de vista jurídico existen convenios firmados. Venezuela tiene grandes inversiones en petroquímica en el sector industrial de Irán, e Irán también tiene proyectos firmados con el Gobierno de Venezuela. Por mucho que cambiaran el Presidente y las políticas, esos convenios deben ser respetados”, sostiene la ex embajadora. Menos aún si el actual presidente interino candidato oficialista gana los comicios: “Nicolás Maduro estuvo seis años y medio en la función de Canciller y mantiene una estrecha relación con el presidente Ahmadinejad. Es muy difícil suponer que vaya a tomar una decisión adversa a la continuación de las relaciones diplomáticas, no solamente con Irán, sino con Cuba, China, Rusia, Bielorrusia y con todos los países, incluyendo Corea del Norte, con los que el Gobierno del presidente Chávez había tenido relaciones”, concluye.
El Mundo
La ley impide el proselitismo electoral desde el jueves por la noche
El candidato chavista pasó casi seis horas en la televisión pública
Capriles denunció a través de Twitter el incumplimiento de las normas

A un día de las elecciones y en plena veda electoral, Nicolás Maduro pasó más de cinco horas en la televisión pública del país. Primero con el futbolista Diego Armando Maradona, junto al cadáver de Hugo Chávez, luego con la delegación de UNASUR, que llegó para “acompañar” el proceso electoral, y por último durante la inauguración de un canal de televisión.
A pesar de que la ley impide el proselitismo electoral desde el jueves por la noche, Maduro presumió durante horas de los logros de la Revolución y de la gestión de Chávez. “Ahora tenemos un pueblo formado, movilizado”, dijo.
Paralelamente Venezolana de Televisión (VTV), el canal oficial, transmitió durante todo el día reportajes y documentales sobre los sucesos de abril de 2002, cuando un golpe de Estado “de la oligarquía fascista” aparto durante dos días a Chávez del poder.
El canal de todos los venezolanos, como dice su propaganda, vinculó el hecho con Henrique Capriles, quien acudió aquel día a la embajada cubana como alcalde de Baruta. Por aquel asedio a la sede diplomática, Capriles fue juzgado y absuelto hace cinco años.
Sin embargo, el hoy candidato de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), denunció a través de su cuenta en Twitter la“violación descarada” de la normativa electoral por parte de la televisión pública.
Protestas de Capriles
Capriles preguntó a la rectora del Consejo Nacional Electoral (CNE), Tibisay Lucena, si hará cumplir la Ley. “Sra Lucena ud. hará cumplir la Ley?”, al tiempo que recordó que la campaña finalizó el jueves.
La presidenta del CNE respondió también a través de su cuenta que “en Twitter no se ponen denuncias, las denuncias se pueden poner aquí en el Consejo Nacional”, escribió al tiempo que relató que los sucesos del 11 de abril de 2002 “son hechos históricos” por lo que el ente rector del sufragio “no ve que se hayan utilizado como cuñas”.
A esa misma hora, Nicolás Maduro inauguraba frente a las cámaras el Canal ConCiencia un canal con programas de ciencia y series para niños y adultos, así como documentales, lo que le proporcionó un buen puñado de minutos frente a los venezolanos.
“La televisión tiene un gran poder y hay que manejarlo con responsabilidad”, advirtió frente a las cámaras. “El cine y las telenovelas que se han hecho en Venezuela durante los últimos 50 años son responsables del crimen y el narcotráfico en el país. Tienen una gran responsabilidad en lo que nos está pasando” criticó después de que los principales actores y guionistas del país mostraran su apoyo a la candidatura de Capriles.
Frente a él, los asistentes no dejaron pasar la oportunidad de gritar“No volverán, no volverán”, tal y como se ha escuchado durante los diez días de campaña. Fue la última aparición pública de un día que le regaló a Maduro otras seis horas de televisión.
Maduro recurre a Maradona para el cierre de campaña
Capriles busca puentes con el chavismo y trata captar indecisos

Jacobo G. García | Daniel Lozano | Agencias | Caracas
Horas antes de que Maduro se hubiera levantado de la cama, los alrededores de Parque Central eran ya un río rojo de seguidores llegados hasta Caracas para asistir a su mitin de cierre de campaña. Cientos de autobuses de Barinas, Puerto Ayacucho o San Cristóbal del Táchira desembarcaron en la capital cuando aún era de noche.
Aún no había amanecido y los vendedores ambulantes hacían su agosto vendiendo bigotes de velcro a 20 bolos (2’5€ al cambio oficial). Con el paso de las horas, como un rio de lava que toma cada esquina, miles de personas vestidas de rojo fueron cubriendo el cemento. Con banderas, muñecos de cartón y las pancartas habituales: “Chávez, lo juro, mi voto es para Maduro” o “Con Maduro al volante, Venezuela hacia adelante”.
“Debemos seguir construyendo la Revolución. El oligarca (Capriles) nos va a quitar los programas sociales”, afirmó Jesús Lárez, universitario de 19 años, mientras sigue por una pantalla gigante el avance de Maduro, con una bandera venezolana al cuello, en un vehículo descubierto. “Yo voy a votar a Maduro para continuar el proceso que lideró nuestro comandante Chávez”, añadió Ramón Materán, ingeniero agrónomo de 59 llegado desde Barinas, la tierra natal del comandante.
Cada pocos metros unas enormes cornetas (altavoces) repetían mensajes de Chávez y una frase que ya pasó a la historia: “Mi opinión firme, plena como la luna llena, irrevocable absoluta, total, es que ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente”.
Poder ver a Maradona
“La venta ha estado buena porque la gente quiere llevarse un recuerdo del comandante para su casa y tenerlo en su corazón, asegura Juan Gómez, quien en la Avenida Bolívar ofrecía fotografías del comandante repartidas por una sábana sobre el suelo. “De Maduro también se vende, aunque menos. El ídolo de la patria siempre será Chávez. Él es el libertador de los pobres”, señala ejercitando su vena vendedora. Juan reconoce que la foto que más beneficios el es una de Chávez vestido de militar.
“Hemos venido a darle nuestro apoyo al legado de Hugo Chávez. Estamos cansados después de 12 horas de carretera, pero los revolucionarios estamos acostumbrado a esto. Este pueblo está hecho de trabajo y de amor”, explica Alejandro, llegado también de Barinas con la emoción de poder ver a Maradona en la tarima junto a Maduro. ¿Pronóstico para el domingo? “Llegaremos a los diez millones de votos”, dispara.
Vestido con una camisa roja con su apellido y el número 10 en su espalda, Maradona saludó a la multitud y lanzó en varias oportunidades besos hacia el cielo, en lo que fue interpretado como un homenaje a Chávez, quien murió de cáncer el 5 de marzo.
Acompañando a Maduro en el escenario montado para el acto, Maradona tuvo tiempo de firmar autógrafos y arrojar pelotas de fútbol a la multitud. “Aquí tenemos a Diego Armando Maradona, que ha venido a ratificar su amor por el Comandante Chávez”, dijo Maduro, quien destacó que el exfutbolista estuvo con Chávez “en las buenas y en las malas”.
Pero no todo es entusiasmo altruista. También desfilan por la Avenida Bolívar cinco trabajadores de PDVSA llegados de Puerto Ordaz, que hace sólo unos días estaban en este mismo lugar apoyando a Capriles. “No nos obligan a venir pero nadie se atreve a quedarse en casa por lo que pueda pasar”, confiesa aprovechando que su jefe se ha distanciado algunos metros.
En unas pocas horas el río se transforma en “lluvia de pueblo” sobre las siete inmensas avenidas de Caracas. Como testigos mudos de la impresionante marcha bolivariana, varios edificios de la Gran Misión Vivienda y el esqueleto de otro más en camino cubierto una inmensa foto de Chávez con su firma. A sólo tres días de las elecciones, el chavismo exhibió, una vez más, su poderoso músculo en el corazón del país.
Capriles: ‘Una nueva Venezuela’
Por su parte, el candidato de la oposición también cerró su campaña con un baño de masas por las calles de la ciudad de Barquisimeto. “El lunes habrá una nueva Venezuela. El lunes todos a darnos el abrazo del futuro, de la esperanza”, proclamaba Henrique Capriles que ha buscado de nuevo tender puentes con el sector chavista, en un país aún conmocionado por la muerte del comandante: “Salgamos a buscar a otros hermanos que a esta hora no están decididos, salgamos a buscar a otros hermanos que estaban con la causa del presidente (Chávez) pero que no le gusta ese candidato que le pusieron por allí”.
En un discurso de cerca de una hora, Capriles sostuvo que el domingo están en juego dos proyectos de país y prometió un gobierno que trabajará “por el bienestar de los venezolanos”. “Esta ha sido una campaña completamente atípica, hemos tenido que vencer muchos obstáculos, una campaña donde hemos visto dos proyectos”, dijo.
Capriles volvió a tomar como bandera la lucha contra la violencia que azota Venezuela, señalando que si hay “un compromiso con transformar el sistema penitenciario, con la educación, con la vida, Venezuela se levantará y tendrá vida”.
ABC
El candidato oficialista lo ha intentado todo para frenar el avance de Capriles en una campaña en la que ha pronunciado el nombre del expresidente venezolano más de 7.000 veces
M. ARRIZABALAGA

El candidato oficialista lo ha intentado todo para frenar el avance de Capriles en una campaña en la que ha pronunciado el nombre del expresidente venezolano más de 7.000 veces
Capriles ha optado por su característica gorra tricolor, con camisetas de fútbol de la selección venezolana y de los equipos de las ciudades que ha recorrido, sobre las que habitualmente se rociaba de agua para sofocar el calor. Ha llevado hasta la camiseta de rayas negras y blancas del Zamora que patrocina la petrolera estatal PDVSA y preside un hermano de Chávez. A ojos de analistas consultados por Efe, el uso de una camiseta con el logo de PDVSA o la decisión de llamar Simón Bolívar a su comando de campaña encierran un llamamiento a la unidad en un país tan dividido.
La música también ha jugado un importante papel para ambos contendientes. El salsero neoyorquino de origen puertorriqueño Willie Colón irrumpió en la campaña electoral dedicando a Maduro una versión del tema «Mentira fresca» en la que decía que «Cuba está a cargo del embrollo con su lacayo, el “Toripollo”» y animaba a Capriles con un «¡ataca, flaco!».
El candidato oficialista le respondía con otra canción, «Sujétate la lengua» de Eddie Palmieri, mientras le acusaba de «besar la mano del imperio» y reclamaba «un Puerto Rico libre».
Chávez y las conspiraciones
Con sus alusiones a Estados Unidos evocaba de nuevo a su mentor, al que ha nombrado en el último mes en más de 7.000 ocasiones, según un portal digital que ofrece un premio a quien acertara con el número de menciones hasta el cierre de la campaña esta pasada noche. Solo el 5 de marzo mencionó 435 veces a Chávez. Ante las críticas, Maduro respondía: «Debí haberlo nombrado un millón de veces».
Con el cuerpo aún insepulto del expresidente venezolano, Maduro resbaló la idea de que agentes estadounidenses inocularon el cáncer que acabó con su vida el 5 de marzo. Era la primera de las teorías de la conspiración que ha hecho pulular en estos días. Después aseguró, sin prueba alguna, que la oposición había contratado mercenarios salvadoreños para asesinarle a él o que existía un complot para eliminar a Capriles.
Tampoco ha dudado el candidato oficialista en aprobar la entrega de 20.000 coches a bajo precio a oficialessi gana las elecciones, asegurando así su voto pese a la delicada situación económica del país que ha llevado al Gobierno bolivariano a promover la toalla sanitaria ecológicaentre las mujeres, en lugar de compresas o tampones.
Capriles denunció el empleo de fondos públicos de Maduro en la campaña y sumó la acusación de «corrupto» a las descalificaciones de «comunista», «procubano» o «mentiroso» con las que se dirigía a su rival. En el cruce de insultos, Maduro no se ha quedado atrás. «Hijo de papá», «majunche» (poca cosa) o «marinconsote», han sido algunos de los epítetos que le ha dedicado al líder de la oposición. Su homofobia ha supuesto un tiro por la culata al empujar hacia Capriles los votos del electorado gay.