La etapa que comienza por Tulio Hernández
Comienza otro juego. Independientemente de los resultados de las elecciones que se realizan hoy 14 de abril, con la elección del nuevo presidente Venezuela asiste al fin de una etapa de su vida política contemporánea y a la entrada en otra nueva. La primera, la que termina, marcada plenamente por la omnipresencia de un solo hombre, un militar de carrera, llamado Hugo Chávez. La segunda, la que comienza, por su ausencia.
La que termina tiene como punto de partida dos hechos fundamentales. El fallido intento de golpe de Estado de 1992 y el cese extemporáneo de la presidencia de Carlos Andrés Pérez, en 1993, por obra y gracia de una componenda entre un grupo de las élites políticas, intelectuales y económicas y la Corte Suprema de Justicia de la época. Un suicidio.
El primer suceso, el golpe militar, significó la entrada en la escena pública de líder mesiánico que coparía con su presencia estos 21 años de historia y la señal inequívoca del regreso del militarismo al ejercicio del poder. El segundo, el golpe judicial, fue el empujón final a la pérdida del poder y la debacle del sistema de partidos sobre el que se había construido la democracia que, a partir de 1958, logró frenar el militarismo.
Y, lo que a la larga fue más grave, la debacle de las identidades estables que desde 1945 en adelante marcaron las pertenencias políticas y las opciones electorales de la ciudadanía venezolana. Desde entonces AD y Copei no regresaron a Miraflores. Tampoco a los afectos de la mayoría. Durante un rato largo el chavismo se quedó en el tablero jugando prácticamente solo.
La etapa que comienza también está marcada por dos acontecimientos. El primero, razones del azar, la desaparición física del líder que le impidió ejercer el nuevo período de gobierno para el que había sido elegido en 2012. Y el segundo, resultado de un largo proceso, la constitución por primera vez en estos 21 años de una alternativa política, unitaria y nacional, que ha convertido a una oposición minoritaria y derrotista en una fuerza percibida como opción de poder. El tránsito más visible: del 36% de los votos obtenidos por el candidato Rosales, casi duplicado por el 62% del candidato Chávez en las elecciones de 2006, al 45% de Capriles en las de 2012 frente al disminuido 54% de Chávez.
Ambos hechos se entrecruzan y crean un nuevo escenario. La desaparición física del Líder Único, porque trae como hecho irreversible algo que muchos venían pensando sólo como una posibilidad remota, la existencia del chavismo sin Chávez. Y la formación de una fuerza y un liderazgo opositor de peso, con nuevos actores agregados a los de la era bipartidista, porque ya su presencia no estará marcada por el rechazo al Líder sino por la construcción de una identidad autónoma y un proyecto propio.
La historia contemporánea nos enseña que la muerte de los hombres fuertes trae consigo cambios profundos y en algunos casos la desaparición de los proyectos armados en torno a su persona. Luego de la muerte de Torrijos su movimiento no tuvo continuidad. El desmembramiento de Yugoslavia fue inminente luego de la desaparición de Tito. Incluso, a pesar de tener detrás aparatos tan sólidos como el Partido Comunista Soviético y la KGB, la muerte de Stalin trajo consigo grandes cambios que conducirían años más tarde al poder de Kruschev y el ablandamiento del aparato de terror estalinista.
Venezuela no será la excepción. La ausencia de Hugo Chávez, de su don de mando único para dirigir militares y civiles, su autoridad y ascendencia para garantizar la cohesión entre las distintas tendencias que cohabitan en su proyecto, y la destreza para mantener encendido el fervor de sus seguidores, obligarán al chavismo a cambiar su modos de hacer política y ejercer el poder.
A 20 años de la primera derrota del bipartidismo, ejecutada por Rafael Caldera actuando como Cronos político que devora a sus hijos, y a casi 15 del inicio del modelo chavista en 1999, el escenario político venezolano presencia la paulatina constitución de una cartografía política en la que, como ocurre en las democracias estables, o en el modelo bipartidista anterior, las definiciones de los electores se producen no por la cercanía o la distancia, la aceptación o el rechazo a un líder carismático, sino por la confrontación entre grandes organizaciones políticas y proyectos de país. Es la etapa hacia la que todo indica que marchamos. A menos que alguien decida patear la mesa.
Fuente: El Nacional
Hoy pienso en mi hija por Gonzalo Himiob Santomé
En estos días son muchos los correos y cadenas que se extienden sobre las razones por las que todos hoy, más allá de por quién vayamos a hacerlo, debemos ir a votar. La verdad es que en todas las comunicaciones de ese tenor que me ha tocado leer, los motivos por los que hoy no debemos abstenernos de concurrir a las urnas electorales están muy bien elaborados, y no creo que valga la pena extenderse sobre ellos. Quiero hablar sin embargo de uno que para mí es fundamental, y que imagino compartimos muchos: Debemos votar por nuestros hijos, sobre todo por los más pequeños, por los que aún no pueden decidir su destino político a través del voto.
Pocas veces reparamos en esto: Cuando votamos, no sólo ejercemos de manera individual un sagrado derecho, que en estos tiempos duros es además un ineludible deber, sino que además cuidamos el futuro político de los que aún no pueden hacerlo por sí mismos. No importa si ya tienes hijos o no, si estás en edad para votar, lo más seguro es que ya seas padre o madre o que pronto esté entre tus planes formar familia, así que aún siendo joven, cuando votas no sólo lo haces por ti, sino por aquellos de los que ya eres o serás después responsable.
Decía antes que cuando votamos cuidamos el futuro de quienes ahora no pueden hacerlo por sí mismos, y creo que lo hacemos en varios niveles. En un primer nivel, independientemente de cuál sea nuestra postura política, cuando votamos nos decidimos definitivamente por la vía de la paz, y eso se transmite a nuestros vástagos.
Si pregonamos la violencia y el abuso probablemente no creeremos en el voto como mecanismo para el logro de los cambios sociales y políticos que anhelamos, y seremos siempre fáciles sujetos de la tentación al recurso de las armas, de la barbarie y de la imposición. Si por el contrario creemos en la democracia, y la valoramos con todo y sus fallas como el mejor, el más pacífico y más humanista sistema de gobierno, jamás dejaremos de votar, por difíciles que sean las coyunturas que nos toque trasegar.
De esta manera, cuando votamos protegemos a las futuras generaciones, con nuestro ejemplo y enseñanzas, de la toma del poder por la vía de la violencia y del culto a los “caminos verdes” hacia las sillas presidenciales. Le mostramos a nuestros hijos, al votar, el camino correcto, no sólo al sufragar sino al aceptar la voluntad de las mayorías que resulten eventualmente victoriosas, de darse el caso, y con ello construimos, enseñamos y garantizamos civilidad.
En un segundo nivel, el voto ya consignado a favor de la opción política de nuestra preferencia, también guarda el futuro de nuestros hijos no sólo de la violencia o de las vías de hecho, sino además de las visiones o posturas ideológicas con las que no comulgamos. El voto es una afirmación de nosotros mismos, de nuestras maneras de ver las cosas no sólo en lo político, sino además en lo personal, en lo cotidiano.
Al igual que ocurre en toda decisión que tomamos, cuando elegimos a uno u otro gobernante estamos a la vez renunciando a los caminos con los que no nos sentimos identificados y, lo que es más importante, a las formas de conducir nuestros destinos que no sean cónsonas con nuestros planes o expectativas de vida o con los planes, sueños y expectativas que tenemos para el desarrollo de nuestros pequeños, venidos o por venir. Al elegir entre diversas opciones, no sólo estamos luchando para que la nuestra opción personal se imponga, sino también para que la dicha opción sea la que genere las condiciones necesarias al cabal ejercicio de nuestra paternidad o maternidad y al correcto desarrollo y formación de nuestros hijos.
Jamás debemos olvidar que, cuando votamos en una elección presidencial, no sólo estamos eligiendo un presidente para nosotros, los que tenemos la capacidad para votar, sino que aquél también lo será de los que no lo han elegido, sea porque no votaron por él, o porque no pueden aún hacerlo. Por eso también es tan importante votar, porque no sólo enseñamos a nuestros pequeños al hacerlo y desde el ejemplo el valor de la democracia, y les orientamos con ello a la solución concertada y pacífica de nuestros problemas políticos o sociales, sino además porque votando velamos por ellos tratando de que quienes consideramos los mejores sean los que nos rijan.
A esto se suma que si no votas, cuando las condiciones en las que te toque sacar adelante a tu familia (porque la política sí nos afecta a todos) no sean las mejores, cuando quienes nos gobiernen nos defrauden y nos hagan más difícil la vida ¿Cómo y de qué quejarse? Si no tuviste la valentía de asumir tu responsabilidad, por ti y por los tuyos, depositando en la urna electoral el voto por la opción que más te gustaba ¿Qué podrás reclamar cuando quienes nos gobiernen a todos no lo hagan bien? Nada.
Si tus hijos sufren, por ejemplo, en cualquier gobierno de que se trate, cambios drásticos en su pensum de estudios que les impidan formarse cabalmente para afrontar las realidades en las que les toca o les tocará vivir; si las condiciones económicas o laborales no les permiten, cuando les toque, acceder a bienes, servicios, a una educación o a puestos de trabajo dignos, merced los desatinos de castas políticas que sólo piensen en sí mismas y en sus prebendas ¿Con qué cara les mirarás a los ojos cuando te pregunten cómo es que hemos llegado a eso? ¿Podrás decirles con la frente altiva que hiciste todo lo que pudiste para evitar sus males, o te esconderás tras la vergonzosa ignominia de tus pasadas apatías?
Por eso hoy, además de pensar en mí y en los sueños que guardo a nivel personal para mi Patria, miro a los ojos de mi pequeña, que no gasta más de cinco años, y recuerdo que lo que se decida hoy la afectará, al menos, por un lustro más, uno que a la sazón será la segunda mitad de su vida cuando nos toque de nuevo, si no hay imprevistos, concurrir a las urnas a elegir otro presidente. No podemos ser ciegos a esta realidad: Lo que hoy decidamos quienes sí podemos votar, afectará de manera radical no sólo nuestras vidas y desempeños, sino además las vidas y la cotidianidad de aquellos que dependen o dependerán de nosotros y no cuentan aún con la capacidad de votar.
Estoy levantado desde muy temprano preparándome para cumplir con mi país. Veo a mi pequeña que está en su cama soñando, en esa infinita inocencia que Dios me dio la tarea y el honor de proteger, con esas ilusiones hermosas y plácidas con las que sólo son capaces de soñar quienes aún no han sido maculados por los avatares de los años. He guardado su sueño, y sus sueños, desde que vino al mucho hace más de cinco años, y lo seguiré haciendo por lo que me quede de vida.
Pero hoy me toca protegerla votando. Hoy pienso en mi hija. Por ella, por mí, por las personas que amo y por mi país, sin duda alguna y sin miedo, voy a votar.
¿Y tú?
@HimiobSantome
¡Hoy todos podemos cambiar el país! por Henrique Capriles Radonski
Estoy seguro de que la gran mayoría de los venezolanos queremos lo mismo: un país donde todos podamos vivir tranquilos, donde la posibilidad de crecer esté abierta para todos, un país cuyo futuro construyamos entre todos. Todos. Esa palabra es muy importante un día como hoy, cuando nuestro voto se convierte en la manera de cambiar a Venezuela y convertirla en el país que merecemos, que soñamos, que haremos realidad.
La participación de todos es fundamental. Ésa podría ser la primera lección que los venezolanos le demos al mundo como inicio de una nueva época, de una nueva era democrática, del futuro. Cada venezolano debe ir a votar y manifestar sus convicciones de una manera honesta y valiente. Sin dejarse manipular por chantajes. Sin odios. Sin miedo. ¡Hoy es el día para que cada uno haga posible el país que sueña!
Esperanza, fe y valentía.
Tengo mucho tiempo recorriendo el país. Pocos líderes políticos pueden decir lo mismo, pues a Venezuela entera le consta el esfuerzo que hemos puesto en recorrer todo nuestro territorio para concebir un proyecto que brinde una esperanza verdadera a cada uno de mis hermanos y mis hermanas. Conozco de cerca los problemas que vive nuestro pueblo y los conozco de su propio testimonio, de caminar junto a mis hermanos, de ver la realidad a los ojos y sin miedo.
¡Nadie puede tener miedo si sabe que el futuro va a ser mejor! Pero la ineficacia de décadas, agravada en estos últimos años, hace que los habitantes de los Andes, de los Llanos, de la Selva, de Guayana, de Oriente, de Occidente y de nuestras islas sigan teniendo los mismos problemas que hace años. Y sé que todos deseamos soluciones que permitan algo mucho más importante y más grande: poder imaginar un futuro.
Y hoy todos vamos a decidir entre dos opciones de futuro posibles. Por eso cada uno de nosotros debe asegurarse de que nuestros hermanos y hermanas hagan posible su participación en esta decisión que marcará nuestra vida por años. Votar es mucho más que sumar una cifra a un resultado: votar es creer que merecemos un país mejor, votar es manifestarse a favor de lo que merece nuestro país, votar es formar parte del futuro.
Imagine por un momento lo que quiere para usted y para los suyos y revise las condiciones del país donde vivimos ahora. Imagine cuanto puede hacer usted por convertirlo en un lugar que se parezca a lo que sus hijos merecen y revise cuál es el futuro que quiere para ellos. Imagine que todos podemos formar parte de un país sin exclusión donde la voz de cada uno sea respetada, escuchada e incorporada a una Venezuela a la que pertenezcamos todos.
¡Yo sé que una Venezuela unida y sin exclusiones es posible! Y sé que muchos de quienes tienen otra tendencia política también quieren ver esa Venezuela. Creo que el día de hoy es el que hemos estado esperando para demostrarle al mundo que hemos aprendido la lección, que sabemos qué es lo que tenemos y cuánto podemos hacer con eso. Creo que hoy es el día en que la esperanza dejará de ser un instrumento de la extorsión y que la valentía llenará el alma de quienes vayan a ejercer el voto para hacerlo a favor de su futuro.
Necesitamos que llegue la solución a cada problema de cada venezolano. Necesitamos construir el país entre todos. Necesitamos el apoyo y el esfuerzo de todos. Es hora de que un proyecto de futuro lo convoque y de eso se trata la decisión de hoy. Y esa decisión la tomaremos entre todos.
Es función de cada venezolano despertar en el otro el ánimo que lo involucre en esta decisión que nos incluye. Las naciones que han dejado sus decisiones en manos de alguien más, en manos de otro, en manos de un extraño, no han sido ejemplo de progreso sino de largos períodos de oscuridad. Por eso cada uno de nosotros se convierte en mucho más que un movilizador durante una fecha electoral: somos los custodios de la democracia, los protagonistas de la historia, los responsables del futuro.
Creo que hoy es el día en que Venezuela nos convoca a vencer el miedo. Pero para lograrlo todos somos imprescindibles. ¡Pueden llegar por fin los buenos tiempos que llevamos tanto tiempo esperando! Hoy todo se trata de confianza. Y la confianza es algo que ha sido determinante en mi vida política. Por eso la respeto tanto, por eso la fortalezco con cada compromiso, por eso me he dedicado a esto: a servirle al pueblo venezolano y dejar en eso mi vida.
Confío en cada uno de ustedes. Confío en que cada quien haga lo que le corresponde. Confìo en que somos más los que queremos un país mejor. Si todos asistimos a ejercer el deber del voto, si todos entendemos cuán importante es nuestra participación el día de hoy, entonces el futuro y Venezuela serán indetenibles y nuestros. No hay manera de detener a la verdad.
Todos a votar, porque Venezuela somos todos. Digamos con orgullo esa frase que nos llena por saber cuánto satisface el deber cumplido: ¡Yo soy venezolano!
Gracias por tu confianza, Venezuela. ¡Que Dios nos bendiga a todos! El futuro es nuestro.
¿Qué hacer? El chavismo busca salidas de su laberinto por Gerver Torres
Bajo ese título un equipo chavista produjo un documento reseñado por la prensa nacional e internacional, que contiene un diagnóstico de la situación económica del país y una propuesta para la acción. Tres elementos resaltan de su lectura. Lo primero es el reconocimiento de la gravedad de la situación actual. Allí se habla de una “bomba económica atómica que ya estalló”. La prosa describe un descomunal desastre: la contracción económica que se encuentra ya en curso, el desmesurado déficit fiscal, la elevada inflación, el acelerado endeudamiento, el colapso de la producción nacional, el fracaso de las estatizaciones, la intensa fuga de capitales, el agravamiento de la dependencia petrolera, entre otros muchos síntomas de la debacle económica. El segundo elemento interesante en el documento, y que resulta bastante original en el chavismo, es que la responsabilidad de esa debacle no se le atribuye a la cuarta república, ni al imperialismo yanqui, ni a ningún otro agente externo. La responsabilidad se le imputa al propio gobierno, al equipo económico que “no entiende” de política económica. El tercer elemento que destaca es la inconsistencia entre la precisión del diagnóstico y la vaguedad y naturaleza confusa de la propuesta para salir adelante. Para salir del desastre actual, el documento propone profundizar la revolución, y eso significa “todo el poder para las comunas”. Los autores saltan sin paracaídas, de los grandes problemas estructurales y desequilibrios macroeconómicos que describen, como la mayor dependencia petrolera y el enorme déficit fiscal, a las comunas como solución. Comunas que harán desaparecer progresivamente todo el orden institucional que conocemos: gobernaciones, alcaldías, sistema judicial, todo. Como es que eso ocurre y se hace, no se explica en el documento. No ha ocurrido en ninguna parte y nos correspondería a nosotros ser los primeros en experimentar. En todo caso hay que reconocer la valentía de un diagnostico tan descarnado como el que comentamos. Ojalá los autores del material tengan la misma valentía para intentar validar sus propuestas de solución antes de intentar ponerlas en práctica. Entonces tal vez descubrirán que así como Lenin y sus sucesores no pudieron llevar a la Unión Soviética a ninguna parte, el Socialismo del Siglo XXI tampoco tiene destino.
El tema militar con Maduro lo desvela el WSJ
EL SIGUIENTE ARTÍCULO del WSJ alerta sobre un tema hasta hora tabú en los medios venezolanos.
Los militares representan un riesgo para el próximo líder de Venezuela
Por EZEQUIEL MINAYA
CARACAS—El presidente interino de Venezuela, Nicolás Maduro —candidato que encabeza las preferencias para las elecciones presidenciales del domingo que elige al sucesor del recientemente fallecido Hugo Chávez— se ha desempeñado como gerente de bandas de rock, conductor de autobús, líder sindical, legislador, ministro de Relaciones Exteriores y vicepresidente de la nación.
Pero Maduro nunca fue soldado. Los expertos dicen que eso podría representar un desafío si asume el cargo dejado vacante por Chávez, un ex comandante del ejército que incrementó la influencia de los militares en el gobierno.
Rocío San Miguel, presidenta de Control Ciudadano, una organización sin fines de lucro de Venezuela dedicada a temas militares, dice que cree que Maduro tiene un problema enorme, no entiende el mundo militar. Agrega que sin Chávez es difícil que haya alguien que lidere la jerarquía militar que ha coregido la administración pública.
Cerca de la mitad de los 23 estados de Venezuela tiene a un ex funcionario militar como gobernador, mientras que un cuarto del gabinete ejecutivo está compuesto por miembros de las Fuerzas Armadas.
El ejército también controla los puertos, en un país donde los controles sobre la divisa han generado escasez y mercados negros en productos desde el dólar a la leche.
El militar retirado General Raúl Salazar dice que el presidente comandaba al país como a las barracas. Quien fuera ministro de Defensa de Chávez durante su primer año de gobierno en 1999, pero eventualmente rompió relaciones con él, agrega que Maduro tendrá que ganarse a los militares y ser atento con ellos si quiere mantenerse en el poder.
Los llamados en busca de comentarios de funcionarios de gobierno sobre el rol de los militares durante los periodos que Chávez estuvo en el poder, y sobre las actuales relaciones de Maduro con las Fuerzas Armadas, no fueron devueltos.
Maduro tiene una ventaja de aproximadamente 10 puntos sobre su oponente, el gobernador de la oposición Henrique Capriles, según las encuestas de opinión más independientes de ese país.
Durante la corta campaña presidencial, Maduro se apoyó fuertemente en el legado de su mentor, quien murió en marzo luego de una batalla de casi dos años contra el cáncer. Maduro recibió la bendición de Chávez para ser su sucesor a fines del año pasado, y en apariencia cuenta con el respaldo de Cuba, el aliado más influyente de Venezuela.
Un día después de la muerte de Chávez el mes pasado, el ministro de Defensa de Venezuela, el almirante Diego Molero, dijo en la televisión estatal que las Fuerzas Armadas no fallarían al presidente fallecido y pidió a los votantes cumplir el deseo del comandante Chávez y votar por Nicolás Maduro.
En respuesta, Capriles, quien perdió contra Chávez en las elecciones presidenciales de octubre, dijo que el militar estaba violando la constitución al tomar una postura partidaria y calificó a Molero como una “desgracia”.
Si Capriles logra un sorpresivo triunfo, San Miguel dijo que creía que tendría que moverse rápidamente para instalar un alto mando militar receptivo o correría el riesgo de ser derrocado. Capriles ha dicho que está a favor de un retorno de la milicia profesional no dedicada a la política.
La mayoría de los analistas dice que si Maduro gana, tal como se espera, los militares lo respaldarán, al menos en una primera instancia. Pero muchos funcionarios de alto rango podrían sentir una mayor libertad para hacer lo que les plazca que la que tenían bajo su ex comandante en jefe Chávez.
San Miguel dice que el escenario que vislumbra es que los militares, por su propia cuenta, toman mayores espacios políticos y se desata una anarquía interna en la administración de los recursos estatales y añade que es improbable que Maduro aplique una mano demasiado dura por temor a represalias.
De todas las facciones que coexisten en el movimiento político de Chávez, muchos creen que un grupo central de líderes militares es el más formidable, al cual se le otorgó una posición de privilegio en la sociedad venezolana.
Chávez, quien lideró un alzamiento militar fallido en 1992, hizo de la cuestión militar el tema central de su gobierno cuando alcanzó la presidencia siete años después.
Una de sus principales iniciativas fue el Plan Bolívar 2000, un proyecto anti-pobreza que fue el precursor de la “misiones” sociales que enamorarían a la Venezuela pobre de Chávez. El Plan Bolívar requirió de 40.000 soldados para la entrega de asistencia de salud, distribución de alimentos y asistencia educacional.
Pronto, militares en ejercicio y ex miembros de las fuerzas armadas comenzaron a aparecer para encabezar los ministerios de gobierno que manejan los petrodólares provenientes de los ricos recursos petroleros del país.
Los críticos y la oposición política dijeron que Chávez debilitó la separación de poderes en el gobierno, y acusaron a muchos de los líderes militares de manejar funciones para las que no tenían experiencia y de ser malos administradores.
El propio Chávez tuvo una relación tortuosa con los funcionarios militares en los primeros años. En 2002, a medida que crecían las protestas por las políticas de Chávez, algunos funcionarios militares respaldaron un breve alzamiento contra el ex funcionario, quien retomó el poder después que decenas de miles de seguidores tomaran las calles y otros funcionarios se unieran a su manifestación.
Los militares venezolanos, que según la Constitución no deberían pertenecer a un partido político, adoptaron las consignas de la Cuba revolucionaria.
Un ex funcionario del ejército que escaló rápidamente en los primeros años del gobierno de Chávez fue Diosdado Cabello, quien estuvo preso por dos años por tomar parte del intento de alzamiento de 1992 con Chávez. Cabello dirigió el ente regulador de las telecomunicaciones de Venezuela, Conatel, antes de transformarse en el jefe de gabinete de Chávez y posteriormente en vicepresidente.
La estrella de Cabello comenzó a perder brillo cuando fue derrotado por Capriles en su intento de ser reelegido como gobernador del estado de Miranda en 2008. Pareció volver a verse beneficiado cuando fue nombrado vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela de Chávez, o PSUV, y en 2012 se instaló como titular de la legislatura nacional. Cabello frecuentemente es considerado como el principal rival interno que enfrenta Maduro, aunque públicamente ha respaldado su campaña electoral.
Moral y política por Luis De Lion
La suerte no parece estar del lado de los demócratas venezolanos. La enfermedad y muerte de Hugo Chávez, han servido para distraer lo que debían ser las prioridades del régimen bolivariano. La crisis económica, financiera y social que atraviesa el país. La crisis moral, que parece ser la principal obra de estos 14 años de gobierno y sus efectos, en primer lugar la violencia, la inseguridad, la impunidad. No hay más tiempo que perder, desempleo, inflación, devaluación, inversión, reducción del gasto público y particular énfasis en la suspensión definitiva e irrevocable de los regalos que se hacen al extranjero. Pero la urgencia y su interminable lista de prioridades, ha sido puesta de lado, para darle paso a una enésima campaña electoral.
Es cierto, se trata de un problema real, había que elegir a un nuevo presidente de la República. ¿Pero podemos observar que dicho asunto no es nuevo? Que llevamos 14 años de elección en elección. Con una sola y misma persona a la cabeza del Estado, y ahora su delfín, su ungido, su designado, quien se dice comprometido a resolver los principales problemas, de ser electo.
En ese sentido, una hipotética continuidad del castrochavismo al frente de los destinos de la nación, solo deja espacio para imaginar algunas medidas para impresionar a la opinión pública, pero bien sabemos que las mismas no tienen como objetivo el bienestar de los venezolanos.
Pero no podemos hablar solo de crisis moral, el caso venezolano, es aún más complicado, por cuanto hay que sumarle la asfixiante crisis política. El continuismo, luego de 14 años de desastrosa gestión, no ha tenido rubor alguno en culpabilizar al pasado democrático, de sus males. Venezuela, se ha ido quedando sin energía, sin sentido cívico, sin espíritu solidario y el interés por la política se volvió meramente electoral. No hay ambición, no hay esperanza.
No hay guía, no hay autoridad. Vivimos en estado de abandono, sometidos a un sistema de opresión larvado, encapuchado y ejercido por una fuerza de ocupación extranjera, como lo es el castrismo. El Estado, la administración, la hacienda pública, no actúan con independencia al tiempo que se asumen irresponsable de la ruina.
La culpa integral, es del poder político actual. El chavismo no quiso o no supo proteger a la nación del estado de asfixia que hoy padece, por falta de autoridad, por dejadez, por entreguismo, por incompetencia.
El régimen chavista, fanfarronea con su nada discreta sumisión a la tiranía castrista. Lejos de ser un socio de La Habana, se convirtió en la caricatura del imperialismo antillano. Ahora con el insoportable e insostenible discurso de Maduro, que va del pleonasmo al oxímoron. Un líder cuya incapacidad política es el carburante de su constante envalentonamiento, ante una audiencia que, padeció cual tétanos los 14 años del extremismo verbal de Chávez, hoy convulsiona al escuchar a Maduro.
Nadie ha pedido una República perfecta, lo cual es una ficción, pero asumir una conducta simple, son peticiones de principio, de rigor en los asuntos de Estado, de verdad y de inteligencia de las realidades. Con éste régimen se terminaron las esperanzas.
La moralización de la vida pública venezolana, solo se podrá realizar cuando el chavismo y sus herederos abandonen el poder. Moralizar una nación no es asunto de días. Corregir las costumbres públicas, purificar conciencias individuales, es la tarea, que tarde o temprano llevaremos a cabo los demócratas de éste país. Que no somos pocos, con nuestros logros y avances en la obtención de cada vez más, millones de votos.
luisdelion@gmail.com








