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¿Una banal auditoría? por Luis De Lion

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Podemos relativizar muchos asuntos públicos, pero la banalización de los asuntos electorales es sin duda el drama de nuestra historia democrática. Considerar que la verificación de los resultados electorales de una contienda presidencial, sirven para afinar un sistema automatizado, es una broma de muy mal gusto. “Esta auditoría verifica el funcionamiento de la plataforma, no verifica resultados electorales” dijo muy trivialmente la rectora Sandra Oblitas. Para nosotros los demócratas, no lo es.

Se trata de una declaración indigna. Un nuevo ataque al elector. A partir del momento en que no se le garantiza transparencia total a los electores, se les están violando derechos fundamentales. En esa tónica, Maduro va aún más lejos, al aupar a sus ministros a la delación. ¿De qué otra manera se explica la actitud del Ministro Molina? ¿El siguiente paso será agruparlos, colocarlos en una lista? La palabra lista evoca un pasado de sacrificio. De connotación racista, que apesta a ostracismo. Pero son tan cobardes que prefieren decir que los sacaron de contexto. Toca respirar profundo.

Resulta objetivamente escandaloso, de parte de quiénes viene esa actitud. De los más altos cargos, del alto gobierno, de rectores cuya función exige la imparcialidad, la neutralidad. En efecto, es harto conocido desde largo tiempo atrás la militancia política de las cuatro rectoras del CNE. Pero si ellas alguna vez quisieron ponerse en evidencia, al descubierto, al desnudo, hoy lo están haciendo magistralmente.

De ahora en adelante, es verídico que todas las instituciones del Estado son favorables al fraude electoral. ¿Por qué no a un fraude de Estado? El rector Vicente Díaz, dice que Capriles tiene derecho a denunciar y a exigir. Cuanta fortuna, cuanta amabilidad. ¿Pero quién va a juzgar lo denunciado por Capriles? ¿Los rectores y los magistrados que militan abiertamente en el chavismo?

Sin duda, Sandra Oblitas, siente el peligro y ha pretendido minimizarlo. Ni una palabra de excusa, ni lamento, ni de cortesía. Ninguna conciencia de su inconveniencia, como si no fuera la vice-presidenta de la instancia electoral.

“Dimos unos resultados que son irreversibles” señaló la rectora Oblitas, quien trata de ponerse en el papel de víctima y busca invertir la carga de la prueba. Menudo discurso, para inmediatamente denunciar “ha habido un manejo intencionado que ha generado confusiones”. Como si no hubiera relación de causa y efecto, entre lo señalado por la rectora Lucena y la situación actual del país. Se burlan de los electores y naturalmente acusan a la dirigencia opositora.

Esta bajeza institucional, éste nivel nauseabundo al que hemos llegado, fue Chávez quien lo creó y lo desarrolló.

Sus legatarios no tienen el coraje de inventariar la herencia. Lo quieren todo o mejor dicho, sienten que todo les pertenece. Sin embargo, es gratificante observar como Capriles, hasta ahora, con la fuerza y la legalidad que le otorgan los 7.3 millones de votos obtenidos, denuncia que le fueron arrebatadas las elecciones y reitera que impugnará los resultados dados por el CNE.

Me queda la interrogante, del por qué se esperó tanto tiempo en desenmascarar la patraña electoral que el régimen constituyó desde agosto 2004. ¿Por qué se soportaron tantos abusos y desprecio por los ideales republicanos y democráticos?

¿Por qué se dejó, por sectarismo, por agendas personales, por cortoplacismo, que se desarrollara y creciera ésta farsa? ¿Por qué antes no se denunciaba el fraude electoral?

@LDeLION

Editorial El Nacional: Mentiras Nazis

 

LA NOCHE DEL 27 DE FEBRERO de 1933, la sede del parlamento alemán, Reichstag, fue destruida pasto de las llamas provocadas por miembros de la Sturmabteilung, una milicia de asalto adscrita al partido Nazi conocida como SA. La deflagración fue planeada y ordenada por Hitler, Göering y Goebbels para endilgársela a los comunistas.

Los nazis obtuvieron el mayor provecho del siniestro, pues a partir de ese momento la represión y persecución de la oposición encontró fundamento “legal” en el llamado decreto para la protección del pueblo y del Estado que suspendía los derechos de reunión, la libertad de expresión y de prensa, la inviolabilidad de la correspondencia y otras garantías constitucionales.

El aparato propagandístico bolivariano, manejado por los cubanos e inspirado en las prácticas nacionalsocialistas que aconsejaba Goebbels (un perverso que comparó a Hitler con Cristo y lo llamó redentor) no cesa de adulterar los hechos para endosar a la oposición los actos vandálicos cometidos por los grupos oficialistas desde que la oposición solicitó una auditoría de la votación efectuada el 14 de abril.

Con la mediación del G2, ese engendro perseguidor de disidentes y heredero del Ministerium für Staatssicherhei, es decir la temible Stasi que en Alemania Oriental, a partir de los despojos de la Gestapo, se convirtió en el más implacable de los cuerpos policiales tras la cortina de hierro, el Gobierno vomita un rosario de falsedades que busca empañar la imagen, credibilidad y trayectoria del candidato opositor y del movimiento que le apoya.

Esa manera de actuar conforma un modelo propagandístico de inspiración estalinista -adoptado por los nazis y que evidencia que no hay diferencia entre los totalitarismos de izquierda y de derecha- se basa en un precepto repugnante por el cinismo que destila: más vale una mentira que no puede ser desmentida que una verdad inverosímil.

La presunta quema de los CDI por parte de los opositores podría ser esa falacia irrefutable, sobre todo si se cuenta con una plataforma mediática, como la red nacional de radio y televisión que le garantiza al Gobierno su difusión masiva.

¿Una verdad inverosímil? Cualquiera declaración de la oposición puede ser considerada como tal, si se dispone de los canales apropiados para, a punta de reiteración, desacreditarla. Y aquí entra en acción Goebbels: “Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”.

La frase en realidad es de Lenin, como lo demostró Joachim Fes, experto alemán en el tema del nazismo. Goebbels se apropió de ella y elaboró decenas de variaciones, que en esencia significan lo mismo: “Miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá”.

No nos extrañe, pues, que entre Maduro y la fracción parlamentaria del PSUV hagan aprobar su propio decreto para la protección del pueblo y del Estado. ¿Quiénes son, entonces, los fascistas?

Fuente: El Nacional

#TrailerFriday 26.04.13

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Aqui lo mejor de la semana en Trailers:

 

1. RED 2

2. Mr. Pip

3. Free The Mind

4. The Bling Ring

5. Before Midnight

6. Rachet & Clank

7. Prince Avalanche

8. The East

9. Desperate Acts Of Magic

10. The Grandmasters

11. The Gastly Love Of Jhonny X

@LiveFromMind

Editorial SIC 753: Balance de Chávez @CentroGumilla

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Es prematuro hacer el balance del legado de Chávez y de su puesto en la historia de nuestro país. No solo porque estuvo actuando en la escena nacional hasta el mes de octubre, sino porque su gestión y su persona despertaron sentimientos tan encontrados que no es fácil remontar desde las reacciones hasta la persona que voluntaria o involuntariamente las provocó. Sin embargo, es imprescindible referirnos a él, incluso dar elementos que impliquen una postura respecto de su gestión de gobierno, ya que, si fue nuestro mandatario, incumbe al ejercicio de nuestra responsabilidad como ciudadanos mostrar cómo cumplió el mandato que le dimos.

La esperanza que despertó

El primer mérito suyo, indiscutible, es que ganó sus primeras elecciones como alternativa a un sistema que no daba más de sí y que se resistía a morir. En su campaña tomó contacto con el pueblo, en una medida notable le tomó el pulso al pueblo, que se sintió interpretado por él. Este contacto simbiótico no hizo sino crecer. Y en esos primeros años fue fundamentalmente positivo.

Al acabar el siglo la política era tenida como algo sucio e infecundo, de lo que no había nada que esperar, tanto por el descrédito en que la sumieron los políticos con sus actuaciones miopes y sectarias, como por la propaganda adversa de los medios de comunicación social (MCS), sobre todo de Venevisión y Radio Caracas Televisión, que descalificaron sistemáticamente a los políticos para ejercer ellos el poder. Pero, en buena medida, por el empeño de Chávez, no solo el pueblo sino todos los sectores sociales se repolitizaron y volvieron a analizar la realidad para tomarla en sus manos en procura de mayor eficiencia y justicia.

En esos primeros años tuvo una gran capacidad de escucha y de aprendizaje, por eso sus intervenciones ponían el dedo en la llaga de problemas reales y hondamente sentidos.

Desde el comienzo tuvo una discriminación positiva para con los injustamente discriminados, sobre todo en las dos últimas décadas del siglo pasado. Principalmente manteniendo con ellos una constante interlocución en su propio imaginario, haciéndolos sentir que por fin existían y contaban y que eran reconocidas su dignidad y sus potencialidades.

Eso implicó un reacomodo de las cuotas de poder y de la relevancia de los actores en la escena nacional, que fue hondamente resentida por los que detentaban el poder económico e indirectamente el político, que reaccionaron intentado tumbar al Gobierno con crecientes medidas de presión que llegaron hasta el paro y el golpe de Estado.

Chávez reaccionó de dos modos complementarios: ante todo, con las misiones, que hicieron ver al pueblo, muy concretamente, que él estaba con ellos y que sus demandas eran por fin atendidas, y con un discurso crecientemente antiimperialista y antioligárquico que señalaba a ambos como enemigos, externos e internos, de la patria.

Claramente los poderes que imperaron sin ningún contrapeso en las dos últimas décadas del siglo pasado subestimaron a Chávez y ellos mismos se buscaron su exclusión. El pueblo se sintió atendido y la popularidad de Chávez, bastante desgastada, volvió a repuntar.

Lo más positivo de esos primeros tiempos fue, a nuestro parecer, el programa de rehabilitación integral de los barrios, que tuvo tal éxito que en solo un año se constituyeron ciento ochenta consorcios entre empresas barriales, profesionales altamente cualificados contratados por ellas y las municipalidades y los ministerios, que iban a los barrios a hacer de contraparte de las organizaciones populares.

De esa primera época han quedado muchas organizaciones genuinamente populares y se han formado otras con esa misma inspiración, que son reconocidas por el Gobierno y ellas se sienten dentro del proceso, aunque en tensión, a veces muy profunda, con la burocracia estatal.

Levantar la esperanza vencida del pueblo y de sectores solidarios es un logro inmenso que todos tenemos que agradecer.

Limitación de partida

La limitación más radical que, a la larga, lo inhabilitó para entender y, por eso, para ejercer el cargo de Presidente, fue su contextura militar. El que haya sido llamado oficialmente Comandante Presidente y el que al fin haya reposado con traje de campaña, expresa que ésa fue su última identidad. Desde esa mentalidad, el mando es único y se ejerce no deliberativamente. En definitiva, si lo eligieron a él, todos deben plegarse a sus órdenes. Por eso coaptó los poderes legislativo y judicial y entendió como deslealtad no seguir sus dictados o, dicho en lenguaje civil, no colaborar con él.

Obviamente entendió que su mando era para el bien de la patria y, sobre todo, del pueblo. Pero, cada vez más, ese bien no fue lo que cada sector, según el caso, o la mayoría, como sujetos pensantes y deliberantes veían como bien, sino lo que él pensaba que era el bien de todos. Al fin llegó a convencerse de que el pueblo era él, es decir, que el grado de empatía entre ambos era tan total que, como por una especie de armonía preestablecida, lo que él sentía como bien del pueblo era lo que sentía la mayoría más consciente de este. Y llegó a convencer a una parte considerable del pueblo de que en efecto era así. Al fin, el propio Chávez, en persona, fue el corazón del pueblo. Y, como colofón de este trasvasamiento entre Chávez y el pueblo, yo soy Chávez, todos somos Chávez. Ha desaparecido la pluralidad y se ha llegado al unimismamiento.

Esto no es sano porque desaparece la realidad, compuesta por sujetos irreductibles, que tienen que dialogar e interactuar desde su mismidad irreductible, que debe quedar enriquecida por la de los demás y puesta a su servicio, pero nunca eclipsada. Nunca deben desaparecer las diferencias, incluso las desavenencias. En caso contrario, la realidad se empobrece hasta la caricatura y la libertad naufraga en el encantamiento y la ilusión. Aunque todo resulte entrañable.

La herencia para echar adelante

Venezuela está condenada al fracaso si en una pretendida alternativa a Chávez se vuelve a la democracia de ciudadanos que, con la pretendida igualdad ante la ley, enmascara las desigualdades de entrada y de ese modo las naturaliza e incluso las sacraliza y así las perpetúa. Lo que venga después de Chávez tiene que retener el privilegio del pueblo, el que el pueblo esté en el centro de las políticas públicas y tendencialmente de toda la sociedad.

Y no solo el pueblo como masa inorgánica, el pueblo como mero destinatario de las políticas públicas, sino el pueblo organizado desde la base, es decir, desde su condición de pueblo: de vecinos, de trabajadores, de seres con sus propias culturas: indígenas, afrolatinoamericana, campesina y suburbana. No las organizaciones como correa de trasmisión de las políticas diseñadas y decididas por el Gobierno, llámense consejos comunales o comunas, sino verdaderas organizaciones de base, en esos casos, de vecinos, sean cada uno del color político que sean.

También deben quedar los señalamientos certeros que hizo el Presidente sobre la perversión de la cadena de distribución y venta de bienes, sobre la existencia de latifundios y predios improductivos, sobre la desnaturalización de los MCS en los que priva la creación interesada de opinión sobre la información de acontecimientos y la opinión analítica y, a nivel mundial, la dictadura de los grandes financistas sobre países y pueblos y la grosera discriminación y explotación del tercer mundo y, respecto de América Latina, la mediatización del subcontinente del sur respecto de su vecino del norte.

Lo que tenemos que superar

A nivel de estructura política no puede seguir la no división de poderes, la no independencia de cada uno de ellos. Sería hipócrita decir que éste es un mal de Chávez, pero sería encubridor no señalar que él llevó esa tendencia, que venía de antes, hasta la negación de la democracia, sobre todo por la nula independencia del poder judicial.

Lo mismo, respecto de la concepción y el funcionamiento del partido. Desde el comienzo de la democracia el centralismo democrático ha signado la suerte de los partidos, salvo el MAS en sus comienzos porque insurgió  contra ella. Pero las formaciones políticas del Presidente han vivido únicamente de sus dictados. Ésa es la negación más radical de la democracia. El líder no puede sustituir a los demás, a nadie.

En las contiendas electorales de nuestra democracia los partidos de gobierno se han aprovechado del aparato estatal; pero éste ha hecho la campaña directamente desde el aparato estatal. Eso es totalitarismo y no debe continuar.

A nivel de contenido se ha proclamado el socialismo; pero la productividad no ha hecho sino retroceder hasta tal punto que hoy el trabajo productivo es nuestro bien más escaso. El socialismo es lo más opuesto posible al rentismo y, sin embargo, nunca hemos sido tan rentistas como hoy. Las consignas dicen lo contrario, e incluso la creciente insistencia del Presidente, de manera que podemos decir que ésa era, como lo reconoció en su última campaña, una tarea pendiente que él prometió subsanar. Porque no se puede tapar al sol con un dedo. Petróleos de Venezuela (Pdvsa) y las demás empresas básicas son cascarones vacíos. Pdvsa se mantiene por las asociaciones con las vilipendiadas trasnacionales y los altísimos precios petroleros. Y las empresas confiscadas o no funcionan en absoluto o producen poco y caro.

Una cura dolorosa y exigente de realidad

Lo más grave que se puede decir del gobierno de Chávez es que es una ocasión perdida de recapitalizar el país, de crear empleos productivos y servicios eficientes y de hacer posible una seguridad social cualificada para el pueblo y la clase media. El Estado ha dispuesto de una renta petrolera superior a la de los cuarenta años anteriores de democracia, ha dispuesto de todo el poder y, sin embargo, no ha sido capaz de capitalizar una seguridad social integral tanto para el pueblo como para la clase media, no ha sido capaz de crear una educación y salud a la altura del tiempo y al alcance de todos, no ha sido capaz de reflotar a Pdvsa y crear una industria de derivados del petróleo, no ha sido capaz de crear una red de represas en los Andes que, además de dotar de electricidad y riego, estabilicen los ríos de manera que pueda organizarse una agricultura y ganadería estable y de calidad en los llanos, no ha sido capaz de rehabilitar integralmente a los barrios. Y no lo ha podido hacer porque no ha permitido la asociación de la empresa privada.

Como no ha reactivado el empleo ni la educación, como no ha dado esperanza a la juventud ni promovido la paz social y el entendimiento de todos, no ha podido contener la violencia, fruto de la falta de oportunidades y expectativas en la juventud. Todo esto y mucho más son tareas pendientes e impostergables. Lo más importante no es culpabilizar a nadie sino abocarse todos como país a resolverlas.

Por eso, lo que viene ahora, después de procesar el duelo por el Presidente, es una cura de realidad, una cura larga, dolorosa y exigente. Para proponerla y gerenciarla se requiere un verdadero amor al país. No abocarse a ella, sean cuales sean las razones que se invoquen, es preferir el poder antes que el bien del pueblo. Porque el amor al pueblo pasa por considerarlo, no solo como sujeto de derechos, lo que es ineludible, sino más aún, de deberes; considerarlo como sujetos adultos que deben someterse a una gran disciplina para dejar de ser rentistas y vivir desde su propia productividad. En este sentido, para poner dos ejemplos, la ley del trabajo y la Lopna, que consideran a los trabajadores y a los niños y adolescentes como menores de edad que tienen todos los derechos y ninguna responsabilidad, no solo implican un desprecio absoluto hacia su condición de personas, sino que es más dañino para ellos que la misma explotación, que produce anticuerpos y reacciones. La sobreprotección envilece. Hay que capacitar y dar responsabilidades y exigir cuentas claras. Esa gran disciplina es también una tarea pendiente para los propios políticos y para no pocos empresarios.

Fuente: SIC Semanal

Sobre SIC Semanal:

SIC Semanal es un blog de reflexiones sobre el acontecer político, económico y social del país, elaborados por el equipo y colaboradores de la Revista Sic del Centro Gumilla, un centro para la investigación y acción social de la Compañía de Jesús en Venezuela. Además, la Revista SIC ha digitalizado sus primeros 70 años de publicación en una biblioteca digital de acceso gratuito.

El jurado por Gerardo Blyde @GerardoBlyde

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En la Facultad de Medicina se abrió un concurso para un cargo. Juan y Pedro aspiran a ser escogidos. Ambos consignan ante el jurado todos los recaudos que comprueban que reúnen los requisitos mínimos exigidos para concursar. El jurado establece que los dos médicos serán evaluados en su práctica en quirófano, dictando clases y, finalmente, en una prueba escrita que será definitiva.

Juan se siente sobrado, pues sabe que aunque tiene una serie de debilidades ante su competidor para ejercer el cargo que se abrió a concurso, cuenta con la amistad de cuatro de los cinco miembros del jurado. Pedro conoce sólo a uno de ellos, quien además actúa siempre de manera imparcial, aun cuando en su corazón sabe que Pedro es mejor que Juan para el cargo.

Pedro comienza su clase, explica las enfermedades que tiene el paciente que se escogió para analizar, cuáles fueron las causas y, lo más importante, cuáles son los medicamentos a administrarse y la operación que debe efectuarse para sanarlo. Juan se entera de la clase magistral que está impartiendo Pedro y le infiltra supuestos alumnos para sabotearlo. Pedro lo denuncia ante el jurado y éste no dice nada.

Juan ofrece su clase, pero se equivoca en cada frase, en cada concepto. Como no domina el tema, en un intento por tapar su desconocimiento sobre las enfermedades que aquejan al paciente, aprovecha que entra un pajarito al aula, se siente salvado, se silban mutuamente y luego, en vez de hablar sobre el paciente, comienza a explicarle a sus alumnos que era lo que se silbaban él y el pajarito. Aún le quedan 30 minutos. Entonces se le ocurre hacer pasar a sus panas músicos, aun cuando la evaluación es individual. Cantan y bailan, con lo cual lo ayudan a distraer a los alumnos y a consumir el resto de la clase. Ante la torta que está poniendo y en pleno show musical, parte de su audiencia comienza a salirse del salón, entonces los amenaza con la maldición de Maracapana por abandonarlo. Muchos ya no le temen e igual se cambian de aula para escuchar la clase de Pedro.

Al día siguiente ambos entran a quirófanos distintos. Pedro ordenadamente va solicitando al personal auxiliar los instrumentos necesarios para la intervención que realizará, corta con precisión, succiona, extrae, cierra. Cuando está a punto de comenzar a suturar se va la luz. Juan -quien manda sobre los empleados del quirófano porque, ante un hecho sobrevenido, había sido encargado de la dirección del hospital- les había dado la orden de sabotear a Pedro. Sin embargo, con una linterna se alumbra y culmina la sutura con éxito. Al terminar, presenta su queja formal al jurado, con pruebas fidedignas sobre la orden impartida por Juan para producir el corte eléctrico. El jurado tampoco dijo nada.

Así continuó todo el proceso de evaluación. Pedro cumpliendo con todas las reglas preestablecidas. Juan abusando, trampeado e inventando. Pedro denunciando y el jurado sin decir nada.

Llegó el día de la prueba escrita, la definitiva. Pedro se sienta juicioso a responder el cuestionario. Juan lee la prueba y espera a ver si vuelve el pajarito para que, entre silbidos, le dé algunos datos. El pajarito no entra, pero parte del jurado se da cuenta de que Juan no está escribiendo y permite que entren otros y, al descuido, dejen caer cerca de Juan algunos libros de texto. Pedro reclama, y el jurado no dice nada. Como Juan no conseguía la respuesta en los libros, permiten que pasen otros que esta vez le llevan galletas con chuletas escondidas. Pedro reclama y, como sucedió en todo el proceso, el jurado nada dijo. Juan hace trampa, se copia y hasta comete varios errores al copiarse, tanto que incluso deja las chuletas en el pupitre.

Finalizada la prueba el jurado se toma un corto tiempo para corregir y deliberar. Pedro solicita que se revise la prueba de manera pública antes de que se dé a conocer el resultado. El jurado esta vez sí habla: No te haremos caso Pedro, y anuncia que Juan ha sido el ganador de proceso. De inmediato convocan a una sesión pública para entregarle su acreditación como ganador del concurso. Pedro reclama y el jurado -ofendido- lo llama desestabilizador.

Legalmente el jurado tenía competencia para hacer lo que hizo. Juan legalmente es el ganador, pero ¿es legítimamente el que ganó?

Si usted fuera Pedro ¿no ejercería todas las acciones legales para que ambas pruebas fueran examinadas públicamente y se evaluara, además, la actuación parcializada de ese jurado? ¿Cree aceptable que ese jurado se niegue rotundamente a dar esa revisión? ¿Es válido que el jurado diga que se puede mirar de lejos la prueba de Juan, que se puede incluso contar todas las líneas y páginas que llenó Juan, pero que nadie puede leer su contenido?

gblyde@gmail.com / @GerardoBlyde

La crisis política por Ramón Guillermo Aveledo

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El principal ingrediente de la crisis política venezolana es que un actor fundamental de ella, el grupo en el poder, no quiere admitirla, como parte de su rebeldía ante la realidad, la misma que le impide leer cabalmente el resultado electoral del pasado domingo 14.

La Constituciòn, y los órganos del poder público que en ella se originan, no pueden ser concebidos en clave partidista sino nacional. Decir “aquí hay una legalidad y unas instituciones que deben respetarse” mientras se las irrespeta desde dentro y desde arriba, al usarlas para imponer un modo de pensar, es vaciar de significado a esa institucionalidad porque deja de ser protectora de la convivencia para convertirse en arma de unos contra otros.

Lo que Capriles y la Unidad han pedido es la revisión de un resultado estrecho que se anuncia en medio de circunstancias que van mucho màs allà de la duda razonable. Lo han pedido ante el Poder Electoral con un indiscutible apoyo de masas. Su pedimento ha sido considerado razonable por la comunidad internacional. El comunicado de Unasur, antes del acto de toma de posesión, se fundò en que el CNE declaró acceder a la solicitud de Capriles, de lo cual ahora se retracta en la pràctica con circunloquios y pretextos de un formalismo que nunca practicaron, por ejemplo, para velar por la equidad en el debate electoral.

La respuesta ha sido denunciar un golpe fascista, iniciar una campaña de propaganda que acusa al gobernador de Miranda y a la dirección de la Unidad de sedición y les atribuye actos de violencia y los amenaza con la cárcel, usando para ello al Ministerio Pùblico y a despachos gubernamentales como los ministerios del Interior y Servicios Penitenciarios. En una escalada que desnuda su naturaleza han abolido de facto el parlamento al agredir diputados en pleno hemiciclo y negar el derecho de palabra como censura a su opinión política aparte de constituir con el nombre de “comisión” un pelotón de fusilamiento, se ha abusado de los medios públicos y las cadenas de radio y televisión para difundir mentiras propagandísticas, se ha amenazado y perseguido a empleados públicos, se ha detenido manifestantes a quienes han además agredido física y moralmente.

El grupo en el poder actùa como si los resultados oficiales dados por el CNE, cuya revisión ha sido solicitada y cuya impugnación ha sido anunciada, lo autorizaran para creerse la totalidad del país y no una parte de èl, por muy importante que sea. Segùn esos números, que han sido cuestionados, el candidato proclamado Presidente, habrìa recibido el 50.78% de los votos y Capriles el 48.95%. Los cuatro restantes aspirantes a la Presidencia recibieron el 0.24% del escrutinio oficial publicado ¿No sería sensato, aùn con base en ellos, reconocer a esa mitad del país y tratarla con respeto? ¿A dònde puede llevarnos ignorar a media Venezuela e intentar imponerle un modelo que rechaza?

Unos resultados oficiales impugnados cuya revisión formal se niega con trucos de apariencia formal y contradicciones, y con base en los cuales se persigue a la mitad de la población cuya legitimidad se desconoce. El problema no es que unos venezolanos exijan evidencias concluyentes para reconocer el gobierno, sino que el gobierno no reconoce a los venezolanos.  Ese es el corazón de la crisis política nacional.

GABINETE

Los ministros designados reflejan la triste realidad de un poder solitario y prisionero. Solitario porque al negarse al reconocer al país se niega a sì mismo la posibilidad de incorporar talentos y experiencias variados y valiosos. Prisionero, porque quien ejerce la Presidencia està sometido a una especie de “consejo de tutela”, rodeado por un cìrculo que exige cuotas y al cual debe complacer para mantener tranquilos.

El gabinete no tiene novedad ni en los nuevos ministros, que son nombres usados en estos catorce años en distintas funciones de alto nivel.

Hay unos ministros “intocables”, que son los que ocupan las carteras principales. Y otros que parecen extras, relleno, eso que en el léxico español del espectáculo llaman figurantes.

La ratificación de Molina en Vivienda, a pesar de su declaración desconociendo la legislación laboral, y de Varela en Prisiones, no obstante su fracaso escandaloso, son síntomas de una contumacia que no promete sino conflicto y fracaso.

La designación del cordial Nelson Merentes en Finanzas ha sido bien recibida en sectores económicos. Es un hombre con quien se puede hablar, repiten con razón, alegres de haberse liberado de Giordani. Pero ojo, ese optimismo debe ser cauteloso. El enigmático y dogmàtico profesor no salió del gobierno, permanece en Planificaciòn (cargo desde el cual ya antes estorbò bastante) y en las directivas del BCV y Pdvsa. Ademàs, las restantes designaciones en el área económica y el discurso de Maduro, no presagia las rectificaciones que la realidad reclama a gritos. ¿podrà el gobierno zafarse del dogma? Veremos.

Lo que sì es evidente es que, aunque no lo admitan, sì saben que hay realidades que deben atender y ante las cuales la propaganda no basta.

El nombramiento de Jesse Chacòn en Electricidad y sus primeros anuncios deja claro que la versión oficial del “saboteo” como causante de la crisis eléctrica era falsa y que ellos estaban conscientes de eso aùn cuando lo sostenían pùblicamente. El nuevo ministro ha propuesto medidas técnicas y ha intervenido Corpoelec, lo cual ha motivado la renuncia de Argenis Chàvez, nada menos.

El que en Ambiente se coloque a Dante Rivas, uno de los pocos ejecutivos con buena fama del elenco, por sus actuaciones en el Saime y el INTTT, debería ser un síntoma de querer atender algo que por negligencia, incompetencia y terquedad se ha venido agravando, como es el del agua. Una crisis del agua similar a la eléctrica se avizora. La han venido advirtiendo expertos venezolanos capaces y responsables.

EL MENSAJE DEL PAPA

El domingo 21, Su Santidad Francisco declaró seguir de cerca los acontecimientos de nuestro país, a los cuales acompaña “…con profunda preocupación, con una oración intensa y con la esperanza de que se busquen y encuentren los caminos justos y pacíficos para superar el momento de grave dificultad que el país està atravesando.”

No quiso quedarse allì, y se adentrò en el terreno de los hechos: “Hago un llamado al querido pueblo venezolano, especialmente a los responsables políticos e institucionales, a rechazar firmemente cualquier tipo de violencia, y a establecer un diálogo basado en la verdad, en el reconocimiento mutuo, en la búsqueda del bien común y en el amor por la Naciòn.”

Finalmente, pidiò “….a los creyentes que recen y trabajen por la reconciliación y la paz…” e invitò a los católicos venezolanos a unirse a èl “…en una oración llena de esperanza por Venezuela, poniéndola en manos de nuestra Señora de Coromoto.”

El mensaje del Papa nos llama a la reflexión, pero también a conductas concretas. 

ESTA SEMANA, EN LOS MEDIOS…

“No sè si el Gobierno del vociferante Maduro pase la prueba de un recuento de votos. Pero si fuera asì, està claro que Venezuela tiene un líder valeroso (Henrique Capriles) y una oposición unida.”

Enrique Krauze, intelectual mexicano, en su artículo “El ardid y el valor” en El Paìs, Madrid, 22 de abril de 2013.

El ardid y el valor por Enrique Krauze

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A la memoria de Simón Alberto Consalvi

 

En su historia bicentenaria, Venezuela ha padecido la opresión como ningún otro país, y como ningún otro ha valorado la libertad. Fue la primera en decretar la independencia y fue la cuna del libertador. Su himno nacional es quizá el más antiguo de todos. Hace unos días, el venezolano Gilbson P. Beltrán me mandó por Twitter la que (según entiendo) es la versión original, tal como corría —con guitarra barroca y voz— en abril de 1810 en las calles de Caracas. La estrofa de inicio es la misma del himno actual:

Gloria al bravo pueblo
que el yugo lanzó
la ley respetando la
virtud y honor

Pero, por algún motivo, la estrofa siguiente no se canta ahora. Puede escucharse  con emoción contemporánea:

Pensaba en su trono que el ardid ganó
darnos duras leyes el usurpador
previó su cautela nuestro corazón
y a su inicuo fraude opuso el valor

Con la sola excepción de Haití, ningún país iberoamericano, ni siquiera México, sufrió una devastación similar a la de Venezuela en las guerras de independencia. No obstante, fueron tropas populares venezolanas las que contribuyeron decisivamente a la liberación de la actual Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. En el camino, Venezuela perdió una cuarta parte de la población y casi toda su riqueza.

Merecía un destino mejor, pero el personalismo político —la herencia oscura del luminoso libertador— marcó su destino. A cada experimento de institucionalidad política (como el que inicialmente encabezó José Antonio Páez) siguió un período de inestabilidad, caudillismo y violencia, y a la postre una larga dictadura, que lo mismo podía ser de oropel y vanagloria (como la de Antonio Guzmán Blanco a fines del siglo XIX) o de hierros, grilletes y sangre (como la de Juan Vicente Gómez, en las primeras décadas del XX).

Frente al régimen de Gómez se alzó la Generación de 1928, que soñó una Venezuela democrática y trabajó por ella. La integraban, entre otros, Rómulo Betancourt, Jóbito Villalba y Miguel Otero Silva. Tras la muerte (en su cama, claro) del dictador en 1935, y luego de dos gobiernos castrenses moderados, una alianza entre civiles y militares propició las primeras elecciones libres en Venezuela, que llevaron al poder a un renombrado escritor, Rómulo Gallegos. Casi de inmediato, el golpe de Marcos Pérez Jiménez acabó con el ensayo. Siguió una dictadura de diez años. Pero los demócratas no cejaron. Y por fin, en 1959, Betancourt, Villalba y Rafael Caldera pactaron el advenimiento de la democracia: la Cuarta República.

Desde los prolegómenos de su campaña hasta los tiempos postreros de su vida, Hugo Chávez se empeñó en denigrar a la Cuarta República. Llegó al extremo de postular la casi inexistencia histórica de Venezuela entre la muerte de Bolívar (1830) y la llegada al poder del “nuevo Bolívar” (el propio Chávez) y el establecimiento de la Republica Bolivariana en 1999. Pero la verdad es otra. La Cuarta República tuvo tres períodos distintos. Los primeros tres lustros dejaron huella: fueron ejemplares en su pulcritud democrática, su efectiva vocación social y su extraordinario desarrollo económico. Los segundos quince años, marcados por un súbito auge petrolero, tuvieron logros educativos y culturales pero cayeron en el despilfarro y la corrupción, y condujeron a un shock económico que precipitó la violencia (el Caracazo de febrero de 1989) y la deslegitimación generalizada del régimen. Ante el desprestigio de la clase política y del ejercicio mismo de la política, no es casual que resurgieran los viejos instintos personalistas: poner la salvación del país en las manos de un hombre providencial, el Comandante Hugo Chávez.

Algún día, por fortuna no muy lejano, los venezolanos que apoyaron a Chávez tomarán conciencia del enorme costo que tuvo la reiterada decisión de mantenerlo en el poder. Costo, para empezar, económico. ¿Cómo fue posible —se preguntarán, se preguntan ya— que los más de 800,000 millones de dólares de ingresos petroleros —infinitamente superiores a los que nunca soñó la Cuarta República— se esfumaran hasta dejar un país hundido en la escasez y la inflación? ¿Cómo explicar que Venezuela tenga las reservas petroleras más altas del mundo y viva emergencias similares a las de Cuba? Y la explicación la encontrarán precisamente ahí, en Cuba, en la insensata voluntad de emular en Venezuela el modelo cubano, en la infantil dependencia que Chávez desarrolló frente a su astuto padre, Fidel Castro.

Pero si el daño económico ha sido inmenso, más grande ha sido el daño político (la concentración absoluta de poder en manos del endiosado presidente, el acoso a las libertades) y mayor aún el perjuicio moral: la inimaginable corrupción así como la discordia plantada desde el poder en el seno de los hogares venezolanos. Quizá el hipnotismo mediático de Chávez hubiera sostenido por un tiempo la ficción del Socialismo del siglo XXI, pero la naturaleza se opuso. Una rendija de esperanza se abrió recientemente para la democracia, si bien acotada por un marco electoral abusivo e inequitativo. Todos sabíamos que el Chavismo sin Chávez tendría fecha de caducidad pero no esperábamos que esa fecha se adelantara. Y de pronto, como en 1810, “previendo la cautela” de un poder si no “usurpador” sí opresivo, apareció el verdadero protagonista de la historia de Venezuela, el bravo pueblo que nunca olvidó el sentido de la libertad.

No sé si el Gobierno del vociferante Maduro pase la prueba de un recuento de votos. Pero si fuera así, está claro que Venezuela tiene un líder valeroso (Henrique Capriles) y una oposición unida. Al menos la mitad de los votantes sabe ya del ardid al que fue sometida por tantos años y reacciona con valor para restablecer pronto —en el referéndum revocatorio de 2015— la democracia plena, la libertad de expresión y la concordia. Y entonces sí, el siglo XXI será de los venezolanos (de todos los venezolanos), que sabrán emplear con responsabilidad su riqueza petrolera en un marco madurez política, “la ley respetando la virtud y honor”.

Enrique Krauze es escritor mexicano, director de la revista Letras Libres.

Fuente: El País

Sexo previo a una competencia deportiva ¿Disminuye el rendimiento?

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‘El sexo no disminuye la productividad deportiva’ esa es la premisa que sostiene el artículo publicado en la Columna Sexo con Esther del diario El Tiempo de Colombia que a continuación reproducimos:

A rendir en la cama y en la cancha

Esther Balac asegura que el sexo no disminuye la productividad deportiva.

La tonta idea de que los polvos previos a una competencia deportiva convierten a los atletas en torpes zombis proviene de otra creencia, absurda también, de los antiguos griegos.

Juraban que el semen, al que definían como la “sustancia de la energía divina”, se producía en el cerebro. En tal sentido, les parecía lógico que desperdiciar semejante ingrediente podía producir una debilidad digna de gelatina de feria.

Pues bien, esta ni es la Grecia antigua ni creo que haya un solo ser humano sobre el planeta que crea que el semen sale a borbotones del cerebro, así que no hay razón para seguir creyendo que existe una relación directa entre la actividad sexual y el bajo rendimiento deportivo.

Aun así, más de un entrenador incluye dentro de las rutinas de preparación para una competencia importante el licenciamiento temporal de la parte inferior del cuerpo. “El semen es pura energía”, gritan en los camerinos, sin ningún pudor… “Y perderlo –insisten– es como arrojarla a la caneca”.

Admito que es cierto, como lo demostraron los autores Kerry McCloskey, con La última dieta del sexo, y el estadounidense Richard Smith, que tener sexo en forma vigorosa, y como Dios manda, es una forma placentera y efectiva de perder calorías (mejor dicho, energía).

Pero también lo es que se recuperan muy fácilmente, comiendo un simple bocadillo. Además, y aunque lo ignoren los tozudos entrenadores, la misma ciencia ha ido transformando en mito esas verdades de antaño.

Para la muestra está el famoso estudio español de 1987, que comparó el rendimiento físico de los varones, antes y después del aquello.

Estos magos no encontraron diferencias significativas entre unos y otros. ¿Cómo les parece? Ahora, si la evidencia científica no los convence, señores entrenadores, de eliminar esas abstinentes concentraciones, al menos háganlo por nosotras. La vieja teoría griega cubre a los hombres, pero a nosotras nos impone, por extensión, sus restricciones en el catre. Y ahí sí que no hay derecho. ¡Hasta luego!

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO