‘El sexo no disminuye la productividad deportiva’ esa es la premisa que sostiene el artículo publicado en la Columna Sexo con Esther del diario El Tiempo de Colombia que a continuación reproducimos:
A rendir en la cama y en la cancha
Esther Balac asegura que el sexo no disminuye la productividad deportiva.
La tonta idea de que los polvos previos a una competencia deportiva convierten a los atletas en torpes zombis proviene de otra creencia, absurda también, de los antiguos griegos.
Juraban que el semen, al que definían como la “sustancia de la energía divina”, se producía en el cerebro. En tal sentido, les parecía lógico que desperdiciar semejante ingrediente podía producir una debilidad digna de gelatina de feria.
Pues bien, esta ni es la Grecia antigua ni creo que haya un solo ser humano sobre el planeta que crea que el semen sale a borbotones del cerebro, así que no hay razón para seguir creyendo que existe una relación directa entre la actividad sexual y el bajo rendimiento deportivo.
Aun así, más de un entrenador incluye dentro de las rutinas de preparación para una competencia importante el licenciamiento temporal de la parte inferior del cuerpo. “El semen es pura energía”, gritan en los camerinos, sin ningún pudor… “Y perderlo –insisten– es como arrojarla a la caneca”.
Admito que es cierto, como lo demostraron los autores Kerry McCloskey, con La última dieta del sexo, y el estadounidense Richard Smith, que tener sexo en forma vigorosa, y como Dios manda, es una forma placentera y efectiva de perder calorías (mejor dicho, energía).
Pero también lo es que se recuperan muy fácilmente, comiendo un simple bocadillo. Además, y aunque lo ignoren los tozudos entrenadores, la misma ciencia ha ido transformando en mito esas verdades de antaño.
Para la muestra está el famoso estudio español de 1987, que comparó el rendimiento físico de los varones, antes y después del aquello.
Estos magos no encontraron diferencias significativas entre unos y otros. ¿Cómo les parece? Ahora, si la evidencia científica no los convence, señores entrenadores, de eliminar esas abstinentes concentraciones, al menos háganlo por nosotras. La vieja teoría griega cubre a los hombres, pero a nosotras nos impone, por extensión, sus restricciones en el catre. Y ahí sí que no hay derecho. ¡Hasta luego!
ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO







