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Mantequilla por Rodolfo Izaguirre

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La destrucción del llamado aparato productivo y las expropiaciones que ordenó el autócrata, responsable del actual desastre que ahoga al país, provocan la permanente y angustiosa carestía de alimentos, productos básicos e insumos para la industria y la agricultura, además de las inseguridades de todo orden que padecemos; pero sus seguidores, sumisos e incapaces de reaccionar y de reconocer el fracaso, siguen recitando la cartilla culpándome de hacer compras nerviosas, de desestabilizar al Gobierno y atribuyendo a la oposición y a los medios de comunicación la ineficacia y desatinos que son exclusivos de la estupidez bolivariana y de su ineficacia para gobernar. Por eso, sintiendo con justificada aprehensión la cercanía del empobrecido mar cubano de la felicidad, tomé distancia de tan incierto e inmediato futuro de privaciones y convertí un pequeño cuarto al fondo de mi casa en despensa, en una alacena en la que voy guardando productos no perecederos.

Me apresuro a hacerle saber a Indepabis que no trato de almacenar alimentos; no sea cosa que se presenten en mi casa algunos funcionarios hoscos y mal vestidos acusándome de acaparador. Se trata de pequeñas reservas que hago pensando en mi familia.

Tengo, por ejemplo, papel para enfrentar la humillante situación que nos ha convertido en el país más ridículo del mundo. Sin embargo, desde hace algún tiempo no tengo mantequilla en la despensa: un verdadero contratiempo porque en casa soy el cocinero; me gusta la cocina francesa, y ya sabemos que sin la mantequilla Francia no sería la gloria culinaria que es.

Hubo un tiempo en el que varios amigos economistas trataron de explicarme sin éxito alguno por qué la mantequilla Maracay que se produce a hora y media de Caracas era más cara que la que venía de Nueva Zelanda. Pero eso era antes de que llegara el autócrata y su régimen desastroso, porque en la hora actual no se encuentra en el mercado ninguna de las dos.

¡Y ocurrió algo que no dudo en considerar como un milagro! Mientras ordenaba la despensa descubrí entre el atún y la leche condensada una latica de mantequilla Maracay oculta tras la harina PAN y dos litros de aceite. “¡Belén! ­grité­, ¡tengo mantequilla!”.

Belén se asustó porque en lugar de “mantequilla” creyó oír que había llegado la siquitrilla y que los de Indepabis ya estaban en la casa dispuestos a destruirnos pública y moralmente. Yo no podía creer lo de la mantequilla y con el mismo júbilo que invade a los cubanos cuando llegan al imperio escapando de la felicidad yo seguía gritando: “¡Mantequilla! ¡Tengo mantequilla!”. ¡Los vecinos se enteraron! Unos, llamaron por teléfono para saber qué estaba pasando; otros, se acercaron a la casa y algunos celebraron ondeando las banderitas que quedaron de la última marcha.

Pero no acerté a valorar lo que ocurría y dudé entre abrir de inmediato la latica y usarla; guardarla en la nevera o ponerla de adorno para que la gente “pregunte y uno conteste”, como hicieron las Ancízar con las botellas de vino y de champagne la vez que, en Caracas, Carlos Gardel cantó “El día que me quieras” en el patio de la casa del general Ezequiel Ancízar, mejor conocido como “el tigre de San Rafael”. Y allí está la latica sobre una mesita en la sala de mi casa con el nombre de Maracay muy destacado junto a las orquídeas de Belén y el retrato de mi mamá, como elocuente testimonio de un país democrático y productivo que alguna vez estuvo y ocupó el mismo lugar de este que hoy se derrumba estrepitosa pero bolivarianamente.

Publicado en El Nacional

 

El espejo de tres lunas por Pedro Llorens

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Las confidencias de Mario Silva, conductor del programa La Hojilla, al representante del G2 cubano Aramis Palacios, sobre la situación interna del chavismo, obligará a quienes profesan esa creencia, quieran o no quieran, a dejar de ver los problemas del país a través de las mentiras-espejo que ofrecen la imagen virtual e invertida (al revés) de lo que tienen enfrente… especialmente en la política, donde lo que ven (en el espejo) a la izquierda está realmente a la derecha.

El primero en utilizar las mentiras-espejo fue Corazón de Mi Patria, empeñado en que la verruga que tenía en el lado derecho de la frente se la vieran en el lado izquierdo, y en tratar de demostrar que su fascismo, el de Ceresole, el de su añoranza perezjimenista, el que aprendió de los carapintadas que fue a visitar a Buenos Aires y el de la regencia fidelista, forma parte de la oposición (vendepatria y oligárquica) donde realmente hay de todo, incluido uno que otro fasci de combattimento, pero mayoritariamente es democrática.

También usó sus mentiras-espejo para esconder su propio imperialismo (el Ecuador de Rafael Correa, la Bolivia de Evo Morales, la Nicaragua de Daniel Ortega y la Argentina de Cristina Kirchner) y su dependencia del régimen tragadivisas cubano, el que dedica sus mejores cuadros a profundizar la revolución en Venezuela, mientras apuesta todo (su resto) por una vuelta a lo mismo de los años cincuenta: hoteles, casinos, espectáculos, muchas jineteras (putas eran las de Fulgencio Batista) y drogas (¿por qué no?), como se decía antes “pa’ matizá”.

Un reportaje publicado en El Universal (firma Frank López Ballesteros) revela que el grupo estatal cubano Palmarés y la firma británica Habana Resort acaban de crear una empresa para construir en Varadero una cancha de golf de 18 hoyos, 750 apartamentos, 200 residencias, un hotel boutique y un centro comercial 5 estrellas (la imagen de la apertura al turismo de gran lujo en Cuba es el hijo de Fidel, Tony Castro, campeón local de golf).

Y el grandulón pánfilo gobernante (por ahora) debe aprender de una vez por todas que el espejito que le mostraban los ñángaras de su adolescencia para endilgarle todos los problemas del país al imperio y a la oligarquía y el espejo de tres lunas que le regaló Corazón de Mi Patria para reflejar los defectos del Gobierno (sin ninguna virtud) y atribuirlos a la oposición, no sirven para convertir el revés (la torta de los últimos 15 años) en victoria… Puede preguntar en China, en Vietnam, en Rusia.

Publicado en El Nacional

 

Gobierno descarrilado por Tulio Hernández

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Cruce de v’as.

Hubo una época cuando el presidente fallecido fijaba él sólo la agenda de la opinión pública nacional. El comandante anunciaba una Misión, insultaba a un gobernante extranjero o descalificaba con un mote divertido a alguna figura de la oposición y de inmediato, como un poderoso imán, el desplante concentraba la atención de todo el país político.

El asunto se fue modificando en medio de la campaña para las presidenciales de octubre de 2012. Henrique Capriles el candidato de la Unidad Democrática aprendió a construir y comunicar un discurso autónomo que con cierta frecuencia lograba poner al presidentecandidato y a la vocería oficial roja a bailar al son que tocaba.

Ahora el asunto cambió. Como el nuevo Jefe de gobierno es un largo bostezo y apenas si logra generar noticias atractivas, cada vez con mas frecuencia la agenda la fijan Henrique Capriles y las fuerzas democráticas.

Es lo que acaba de ocurrir la semana que hoy concluye. En un lobbying exitoso el líder de la Unidad Democrática logra ser recibido, casi que en calidad de estadista, por el presidente Juan Manuel Santos y el Congreso Nacional de Colombia. Al día siguiente prácticamente toda la prensa escrita de los dos territorios titula con la noticia y pone en evidencia los estilos contrastantes de ambos gobiernos.

Como en aquella secuencia legendaria de Indiana Jones, los rojos de este lado atacan a los vecinos a pedradas y los vecinos responden con delicados ejercicio de florete. “¡Una bomba! ¡una bomba! es lo que ha puesto el presidente Santos a las relaciones bilaterales al recibir a un asesino fascista”, grita desde este lado, desafinando, Diosdado Cabello el presidente de la Asamblea Nacional. “A nadie le afecta escuchar las palabra del otro”, responde serenamente Roy Barreras, presidente del Senado, de allá. Y agrega: “Las palabras no son bombas de tiempo son precisamente para evitar las bombas y la violencia”.

“!Una conspiración! ¡una conspiración! Eso es lo que se está gestando contra Venezuela en Colombia”, exclama por su parte, descompuesto, Elías Jaua, el canciller venezolano.

Entonces, Mariángela Holguin, la aplomada canciller colombiana, responde puntualmente recordando que: “El presidente Santos desde que inició su Gobierno, decidió tratar los asuntos con el gobierno de Venezuela de una manera directa y sin micrófonos”.

Es una larga historia. No ha sido fácil para los gobernantes colombianos de estos tiempos mantener relaciones de equilibrio con el gobierno rojo. Demasiados conflictos en juego.

El primero, y el más delicado, el apoyo explícito del gobierno del presidente fallecido a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

No hay que olvidar que la alta dirigencia del narcoterrorismo colombiano fue recibida con honores en Miraflores. Que el gobierno de Uribe, y la computadora de Reyes, dieron pruebas suficientes de que las FARC tenían campamentos en territorio venezolano. Que alguna vez desde Miraflores se declaró que Venezuela limitaba por el Oeste con las tropas de las FARC. Y que uno de los colectivos armados del 23 de enero que apoyan el proyecto político del llamado “Comandante eterno” inauguró en 2008, en presencia de un alcalde rojo, una plaza y un busto dedicado a la memoria del jefe guerrillero faraco conocido como “Tiro fijo”.

El segundo factor es el intercambio comercial. El gobierno de Venezuela, una nación que depende alimentariamente de la economía de puertos, ha utilizado su descomunal capacidad de importación como un instrumento de chantaje o premio político de cuyos vaivenes ha dependido una parte importante de la balanza comercial colombiana. Lo vimos en el pasado, en respuesta a las políticas de Uribe, Chávez primero tocó tambores de guerra en las cercanías de la Villa del Rosario y luego cerró las importaciones y retrasó pagos causando serias lesiones en los planes de negocios de numerosas empresas del país vecino.

Pero para los rojos el asunto tampoco ha sido fácil. Antes de despedirse de la presidencia, Uribe clavó una última banderilla al gobierno venezolano ratificando en la OEA la sospecha sobre la presencia de las FARC en nuestro territorio con anuencia del gobierno. Protegiendo los intereses empresariales colombiano y las negociaciones de paz con las FARC, Santos ha desarrollado una política de cero conflictos con el gobierno rojo, pero mientras tanto ha promovido con fuerza la Alianza del Pacífico en donde convergen los gobiernos de Chile, Perú, México y Colombia, modelos políticos claramente creyentes en la economía de mercado y la competitividad.

Y, ahora, en una clara muestra de autonomía, ha decidido con todos los riesgos recibir a Capriles, el líder en ascenso de la oposición venezolana.

Diosdado Cabello ha declarado que el gesto “descarrila” las relaciones entre ambos países.

Pero todo parece indicar que quienes se salen del carril de la historia, desde la parte más alta de la montaña rusa, son Maduro, su presidencia y su gobierno.

@tulioehernandez

Publicado en El Nacional

El país invisible por Gonzalo Himiob Santomé @HimiobSantome

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Vivimos en un país hecho de invisibles, por eso nos resulta tan difícil salir de la crisis. Es evidente que tender un manto de invisibilidad sobre todo lo que al poder le incomode (“invisibilizar”, según el léxico gubernamental), es ahora una política de Estado. No les basta ya negar la existencia de los opuestos y de los problemas, mucho menos les sirve poner las responsabilidades de nuestras cuitas, siempre y sistemáticamente, sobre los hombros del pasado, del “imperio”, de la “oposición apátrida y traidora”, o como en el caso de las fallas eléctricas, hasta de las iguanas. Ahora la perversión va más allá: A todo lo que moleste, a todo lo que pueda comprometer la dudosa autoridad que ahora nos desgobierna, se le “invisibiliza”.

La violencia que enluta tantos hogares cada día no existe, no es tal. A la gente no la matan los “bienandros” en la calle, mucho menos la atracan. Todo es, a los ojos del poder, un “show mediático” orquestado por oscuros y difusos intereses, que sólo viven, en su obtuso decir, para promover el descontento popular contra la “revolución”. Por eso es mejor que no se hable de aquella, por eso es mejor cerrar los ojos, y cerrarnos los ojos, para hacerla invisible.

A los estudiosos, a las ONG y a los medios, desde hace ya muchos años se les niegan las cifras oficiales reales de fallecidos a manos del hampa, pero ahora el poder extrema sus empeños e impone a las malas la orden, so pretexto hipócrita de no rendir culto a la violencia, de que no se difundan las noticias asociadas a las decenas de asesinatos diarios, los de verdad, los que si ocurren en nuestra nación. Maduro prefiere forzarnos a tornar la mirada hacia otro lado hablando, sin pruebas en la mano para variar, de otros supuestos “asesinatos”, de los que habría planes ya en ejecución, para acabar “moral y físicamente” con él mismo y con otros personajes de su gobierno. Estos, al igual que los más de veinte planes de teatrales “magnicidios” que Chávez denunció en vida contra él, no sólo nunca se ejecutan, sino que jamás dan lugar siquiera a una investigación, pero eso no les importa. Lo que les importa es que no hablemos de lo que sí existe, lo que quieren es “invisibilizar” la realidad. No se puede criticar lo que no se ve.

No importa si es la oposición, un otrora poderoso exmagistrado del TSJ o Mario Silva quien lo denuncie o lo confiese. Si alguna frase, grabación o testimonio osa arañar la costra fea y podrida que ya cubre los desempeños corruptos, abusivos y hasta criminales de algunos de los más conspicuos adalides del “Socialismo del siglo XXI”, se impone desde Miraflores la invisibilidad. Lo sufrimos en el caso de Mario Silva. Para el poder, bastó silenciar al bocón y sacar del aire su programa para que no se vea más, esto es, para que se “invisibilice”, y luego seguir actuando como si nada hubiese ocurrido, para dar por cerrado el asunto. La misma Fiscal General dio cuenta de haber captado la seña (y así había actuado también en otros casos, como en el de Aponte Aponte), y declaró sin tapujos que en esta oportunidad ella tampoco “vio nada”, por lo que hasta que a alguien se le ocurrió llevarle una denuncia formal sobre los hechos, ella no tenía “nada que investigar”. Pero no nos hagamos ilusiones, tampoco investigará ahora. Su parapeto es una distracción que ella y los suyos esperan que nos lleve a poner nuestra atención en otro lado, para que dejemos de ver, para que “invisibilicemos” lo que no le conviene al poder que se vea.

Corremos el riesgo de ser víctimas de una epidemia grave de AH1N1, que pone en particular peligro la vida de nuestros niños, de los ancianos y de la población más vulnerable. Pero eso para el poder no existe. No han muerto en nuestro país ya más de dos decenas de personas, ni se han reportado al menos trescientos casos de contagio en varios estados del país. A las cifras reales hay que cubrirlas alevosamente con el manto de la invisibilidad, ya que nuestra Ministra de Salud, Isabel Iturria, considera, y la cito textualmente, que “el único motivo que hay para crear alarma son (sic) intereses políticos y económicos que puedan estar detrás de estas situaciones”. Por eso no habla de cifras, por eso las “invisibiliza”. Está segura de que si así procede, nos hará creer que no hay problema alguno. Habla de lo ocurrido en otros países, pero deliberadamente omite que los fallecimientos o los casos de contagio en esas otras naciones (Brasil, Colombia, Estados Unidos) nunca fueron ocultados por sus gobiernos, y que los mismos tuvieron lugar en todo lo que va de año, no como los de acá, que se han dado todos en menos de un mes ¡Vaya pues! La oposición y el capitalismo, que no la muy deficiente planificación sanitaria que ya va para tres lustros afectándonos a todos en Venezuela, son los culpables de todo. Habría que ver cómo digieren eso los familiares de los que han muerto a causa de esta enfermedad.

La inflación y la escasez son para el poder tan invisibles como invisibles son para los venezolanos nuestra capacidad adquisitiva o el aceite, la harina o el papel higiénico. A nosotros nos basta entrar a una bodega o a un automercado para darnos cuenta de que la plata no alcanza y de que esos productos, como muchos otros, no se ven. Son invisibles. Nuestro salario “desaparece” de nuestros bolsillos y los anaqueles siguen vacíos, mientras el gobierno se afana en inventarnos cuentos sobre perversos capitalistas, sobre malvados acaparadores, o como reza el más disparatado de ellos, sobre alzas abruptas en el consumo como causas de la invisibilidad de nuestro dinero o de los productos.

Muchos más de siete millones de venezolanos optamos el pasado 14A por una visión diferente de país. Incluso atenidos a las cuestionadas cifras oficiales, quienes así nos expresamos representamos al menos la mitad del caudal electoral que se movilizó aquel día, pero eso al poder le tiene sin cuidado. En lugar de construir los puentes necesarios entre los unos y los otros, para ver si de esa forma recomponemos las cosas, lo que ha hecho es “invisibilizar” a quienes no estamos con “el proceso”. A lo más que llega Maduro es a hablar con unos pocos, cuando y con quien le conviene, pero la mayoría de las veces “dialoga” ante el espejo, donde sólo se ve y se oye a sí mismo; los demás, si no le somos útiles o leales, somos invisibles. Lo peor de esto es que en muchos de los que no creen en este gobierno se replica el fenómeno, y optan por creer que el país está hecho sólo de los que anhelamos un cambio, cuando la verdad es que del otro lado de las preferencias políticas también hay aún millones de venezolanos aferrados a esa esperanza que Chávez les quedó debiendo y que sus herederos tampoco van a hacer realidad. Emulando a los intolerantes oficialistas, para estos radicales de oposición el chavismo es “invisible”. Nada puede construirse desde allí.

Es hora de salir de las invisibilidades. Sólo con los ojos bien abiertos a la realidad saldremos adelante.

@HimiobSantome

Colombia y Venezuela: Crisis recurrente por Luis De Lion

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Las múltiples e interminables crisis entre Caracas y Bogotá desde que llegó Chávez al poder, tuvieron su inicio concreto en el año 2005 con el caso Granda. De ahí en adelante, quedaba claro para la opinión pública de ambas naciones que las FARC bajo el régimen de Chávez, ocupaban un espacio predominante, en la política exterior venezolana.

Con el correr del tiempo, sin que disminuyera la crispación, Chávez conservó estrechos contactos con el liderazgo de las FARC y para ello tuvo un enviado de confianza, en la persona del para aquél entonces diputado Nicolás Maduro. Las relaciones con los narcoterroristas colombianos siguieron su ritmo ascendente una vez que Maduro fue nombrado canciller. En ese sentido, hoy cuando Maduro ocupa la presidencia, y las FARC están en plenas negociaciones en La Habana con el gobierno de Juan Manuel Santos, por qué el ilegítimo presidente de Venezuela, no iba a intervenir y poner todo su peso sobre la mesa de convenios de manera de colocar al régimen colombiano en situación comprometida ante las cada vez más grandes exigencias políticas de las FARC.

Previo a las elecciones venezolanas, el pasado 6 de abril, el canciller de las FARC, Rodrigo Granda uno de los negociadores claves de la guerrilla en las conversaciones con el gobierno de Juan Manuel Santos en La Habana declaró que: “Es indudable que un triunfo, como se espera contundente de Nicolás Maduro, es una garantía para el respaldo al proceso de paz en Colombia, que es un proceso que favorece a todo el continente”

De tal manera que, la visita de Capriles a Bogotá, fue la excusa perfecta. Poco importó que Capriles hubiese sido recibido previamente, en su condición de candidato, por el presidente Santos en la Casa de Nariño.

Así, de forma programada se produjo la escalada. Al mejor estilo cubano, el primero en reaccionar fue el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, al señalar que el presidente Santos, al recibir a Capriles le puso “una bomba” a las buenas relaciones entre ambos países. Luego le tocó el turno al canciller Elías Jaua quien amenazó a Bogotá con “revisar” la participación de Venezuela en los diálogos de paz entre la FARC y Colombia. Mientras Maduro, guardó unas horas de silencio táctico, para luego declarar que: “El presidente Santos le metió una puñalada a Venezuela”.

La Junta en pleno, decide saltar sobre la ocasión para asediar al presidente Santos. Nótese que hasta el momento, tal y como ocurrió en las crisis precedentes, Caracas no ha ordenado la retirada del personal diplomático venezolano asignado en Colombia. Se evoca menos la repetida tesis de un inevitable conflicto bélico, sólo se hace énfasis, de manera reiterada en la amenaza, clara y directa de “revisar la participación de Venezuela como facilitador en ese acuerdo de paz”

Las opciones del lado colombiano son pocas. A pesar que ante la visita de Capriles se cuidaron, en exceso, todas las formas. Pedirle disculpas a Caracas, sobre algo que no hicieron, sobre un evento que no ocurrió, sería colocar en situación de ridículo a la cancillería colombiana.

Pero ese es el objetivo de la diplomacia perversa, humillar a los demócratas, una práctica común de la cancillería cubana y que Caracas ensaya con gran aplicación.

 

@LDeLION

Cuando la gente cambia de canal por Sergio Dahbar

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Este año se cumplen 75 años de la transmisión radioeléctrica de la supuesta invasión de los marcianos a la Tierra, lanzada al aire por la empresa de comunicaciones CBS a las 8:00 pm, el 30 de octubre de 1938. Era una adaptación de La guerra de los mundos(1898), de H. G. Wells.

Muchos políticos demagogos de todo el mundo han aprovechado este incidente para demonizar medios de comunicación que se exceden y cruzan una línea peligrosa para la sociedad. Y para exigir que sean regulados.

La efemérides resulta apropiada también para darles ánimo a muchos periodistas que perdieron su trabajo en Venezuela por amenazas, por acoso, por autocensura o porque el Gobierno compró medios para limpiarlos de gente incómoda.

El programa de los domingos del Mercury Theatre antes de esa fecha ya había trasmitido 16 adaptaciones más: El conde de Montecristo había sido memorable. El productor era John Houseman;el director, nada menos que Orson Welles; y la adaptación de ese domingo célebre fue realizada por Howard Koch. El programa se rotuló correctamente en su minuto inicial. Pero muchos oyentes no se enteraron.

De acuerdo con encuestas de la época, el programa dominical de Mercury Theatre convocaba a 4% del público de radio, mientras 35% de la audiencia prefería un programa cómico del ventrílocuo Edgar Bergen y su muñeco Charlie McCarthy, en otro canal.

Pero esas encuestas no valoraban que, cuando el humor bajaba de tono,el público cambiaba de dial para conocer lo que ocurría en las otras bandas. Alas 8:12 de esa noche, el programa de Bergen/McCarthy realizó un intervalo para incluir a un cantante poco conocido. El desliz fue fatal.

Quienes se movieron hacia CBS descubrieron la alarma marciana en su furor mesiánico, y, como bien apunta Homero Alsina Thevenet, debieron creerla porque escaparon de sus casas, rezaron e intentaron suicidarse. Esa noche “los habitantes de las ciudades querían refugiarse en las montañas, mientras que los de las montañas corrían a protegerse en las ciudades”.

Demasiados talentos transfiguraron una dramatización más en una realidad desesperada. El dominio del ritmo y la pausa de Orson Welles; la inclusión de frases musicales tranquilizantes; la voz idéntica a la del presidente Roosevelt; la recreación de un testigo que observa los hechos en vivo, tal cual como ocurrió cuando el dirigible Hindenberg explotó frente a costas estadounidenses en 1937.

Sobre el Mercury Theatre cayeron múltiples juicios por daños morales y materiales, pero el contrato de la CBS exoneraba al grupo de toda responsabilidad legal. Los anuncios realizados al principio y al final del programa eran correctos y no dejaban lugar a dudas. El único reclamo atendido fue el de un campesino que gastó 3,25 dólares en un boleto de autobús para huir.

Había ahorrado esa suma para comprarse zapatos. Los quería negros, 9B. Así se los enviaron. Hollywood se llevó a Houseman, a Koch, a Welles (23 años)y a todo el elenco del Mercury. Los resultados de captar semejante talento fueron dos películas notables para la historia del cine: Ciudadano Kane y Casablanca.

No hubo acciones legales contra CBS. No procedían: el canal había advertido en la introducción y en el cierre que se trataba de una simulación,realizada por profesionales del teatro. Nadie tenía la culpa de que fueran muy buenos.

La mejor manera de castigar la improvisación, la falta de verificación de los hechos y el manejo irresponsable de la información que difunden los medios, está en poder de las audiencias, que todos los días leen periódicos y revistas, encienden el televisor, sintonizan la radio o navegan por Internet.Ellos pueden mantener viva una noticia o simplemente ignorarla.

Son las mismas audiencias que un día se cansan de la intolerancia, la corrupción, las mentiras gubernamentales, la ineficiencia administrativa, y así como cambian de canal o de periódico, un día inexplicablemente le dicen adiós aun Estado que se parece demasiado a una película de mafiosos dirigida por un Tarantino chapucero.

Y de repente todo lo que parecía inamovible y eterno se convierte en un mal recuerdo en la memoria viva del continente. Como diría sabiamente Tomás Eloy Martínez, los seres humanos se pasan la vida buscando lo que ya han encontrado. ¿Me equivoco?

@sdahbar

Publicado en El Nacional

Sordera por Ramón Hernández

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El Helicoide no fue pensado como cárcel de presos políticos. Sus diseñadores creían que una manera de adelantarse al futuro era construir, en esa peña monumental que era la Roca Tarpeya, una elipsis de concreto armado, que entonces era considerado un material eterno. Se desconocía su fragilidad y también su vulnerabilidad ante sus propios ácidos y alcaloides. Por razones que no vienen al caso, esa aventura arquitectónica devino a lo largo del tiempo en refugio de damnificados y por último en sede de la policía política, de la Disip, que ahora se llama Sebin.

Antes la Dirección General de Policía funcionaba en Los Chaguaramos, poco más allá del auto cine que ya también pasó a la historia. En el sótano estaban los calabozos, los más famosos eran los “tigritos”, estrechos cubículos sin luz, abundantes en cucarachas y ratones que eran utilizados como castigo o para asustar a los que llegaban a esas instalaciones. Un par de días encerrados allí desmoronaban a los alzaos.En El Helicoide la revolución bolivariana intentó construir un moderno centro de investigaciones, de inteligencia y contra inteligencia, y aunque se rompieron todos los paradigmas y estereotipos al disponer de un amplio espacio para lo que denominaron Biblioteca Luis Castro Leiva, en honor del profesor de la USB que tanto meditó sobre la libertad en sus paseos al aire libre, la zona que se destinó a los calabozos fue la más horripilante, húmeda, calurosa y oscura del edificio, ahí no llegaba ni un rayito de luz solar.

Por mucho tiempo la zona de los calabozos no tuvo electricidad, mucho menos aire acondicionado. Han sido los presos los que han ido civilizando el lugar para contar con mínimas condiciones de subsistencia. Ahí fue recluido Timothy Tracy,el cineasta estadounidense que el Gobierno acusa de ser parte de un plan de la CIA para desestabilizar elpaís. Tracy no ha sido presentado a la prensa, tampoco parece que se le harespetado el “debido proceso”, las dos palabras que más repitió la constituyente Iris Valera a todo lo largo del año 1999.

Los cineastas, los amigos y los grupos que velan por el respeto de los derechos humanos han salido en defensa de Tracy, ese muchacho buen mozo que se montaba en los autobuses que pagaba el Gobierno para llevar gente a los mítines de Chávezy le preguntaba cosas del diario vivir en su español machucado. Tracy es el típico gringo buenote y perseverante que desde siempre ha querido documentar revoluciones, de la estirpe de, entre otros, Ambrose Bierce y de John Reed, el que escribió la mejor crónica sobre la Revolución Rusa.Por razones desconocidas, el Gobierno lo trasladó a la cárcel de El Rodeo, un centro de reclusión para delincuentes comunes. Los amigos temen por su vida.Vendo manual para hacer revolución humanista, sin usar, con el celofán intacto.

Ramón Hernández

Por:  El Nacional

¡Qué suerte la de Capriles! por Fausto Masó

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Capriles brindó con champán en Bogotá, al comprobar la verdad que había aprendido Chávez: nada mejor en política que la suerte y la torpeza de los enemigos. A Capriles lo acusaban los radicales de la oposición de no dar el paso decisivo, organizar la movilización hacia Miraflores, jugárselo todo a una sola carta, y en esas circunstancias Diosdado, Jaua y Maduro transformaron un viaje rutinario en noticia mundial.

Jaua, Maduro y Diosdado imitan el estilo bravucón de Hugo Chávez. Chávez vejó al rey de España, a los presidentes de México, Colombia, Chile, Estados Unidos, amenazó a Álvaro Uribe con enviarle tropas a la frontera, ordenó un bloqueo contra Colombia similar al que le aplica Estados Unidos. Al final, por necesidad, colombianos y venezolanos se comportaron con prudencia, como también sucederá hoy y todo terminará con unfavor hecho a Álvaro Uribe, pues se ha puesto en ridículo al principal dversario de Uribe, el presidente Santos.

Venezuela anda a la búsqueda de dólares, mientras que Colombia produce 1 millón de barriles diarios de petróleo y ha firmado un tratado de libre comercio con Estados Unidos y otro ahora con los países del Pacífico: México, Perú, Chile, y algunos de Centroamérica, un bloque comercial que desafiará el proteccionismo de Mercosur, abierto a las inversiones, con un poder económico similar al de Brasil.

El estilo de Chávez no le cuadra a Maduro. Chávez, además de la grosería, permitía que Santos lo llamase su nuevo mejor amigo y ayudaba a intentar pacificar a las FARC. Santos juzga a Maduro un segundón. Maduro embistió con los ojos cerrados; como respuesta, un ministro colombiano le recordaba a Miraflores que si no pagaba Colombia no enviaría comida hacia Venezuela.

Diosdado y Jaua poseen su propia agenda, no apuestan por que Maduro termine su mandato aunque los tres sepan que cualquier división del chavismo les costaría el poder, representan una trinidad forzosa y mal avenida.

Santos busca su reelección en lucha con Uribe, un enfrentamiento que divide a Colombia. Uribe quiere acabar con el proceso de paz con las FARC y acusa a Santos de ser un instrumento del chavismo, cosa que la pelea con Maduro contradice.

¡A Maduro le inocularon el virus de la bobería! Deja de lado los intereses reales de Venezuela, que lleva 14años guiada únicamente por un proyecto político. Colombia será tan próspera como México o Panamá, y progresará mucho si supera la guerra con las FARC.

Venezuela carece de un plan decrecimiento. Santos tiene una estrategia económica y política exitosa. A Maduro la realidad petrolera le baja los humos con los empresarios y con las multinacionales; ha firmado tres acuerdos con empresas chinas, francesas y norteamericanas; modificó la política petrolera de intransigencia de Chávez. Todas las bravuconerías no disimularán la realidad, el giro hacia la derecha que tanto critican los radicales chavistas.

Y el colmo de las desgracias, el falso dramatismo de Jaua, Maduro y Diosdado, Ocariz lo contesta con un chiste,dice que regresará de Bogotá con las maletas cargadas de papel higiénico. Dios mío, ¡qué torpeza!

Maduro cambia la política económica de Chávez, pero habla como Robespierre, sólo que por alguna extraña razón le aguantan, igual que a Chávez, todas las majaderías fuera de Venezuela.Quizá lo hagan porque saben el fin de la historia. Venezuela, en vez de convertirse en una potencia, se arruina aceleradamente.

@faustomaso

Publicado en El Nacional