Fantasmas del exilio, con impostura de perseguidos, hipócritas de profesión se van incorporando con goce mórbido y delicia malsana a la trágica comedia
El chavismo en sus diferentes versiones, adaptaciones, armonías, cogobiernos y relacionados, todos mediocres y usurpadores, se las ha ingeniado para mantenerse en el poder a pesar de la creciente (ya casi insoportable) crisis moral, ética, política, social, económica, cultural y sanitaria; además de los señalamientos, críticas y fastidio de una comunidad internacional que se queja con desgano y apatía.
Fantasmas del exilio, con impostura de perseguidos, hipócritas de profesión se van incorporando con goce mórbido y delicia malsana a la trágica comedia. Farsantes que con mentiras y falsas promesas traicionaron, una y otra vez, a la ciudadanía que inocente confió.
Un oficialismo dividido, fracturado, pero que ante la ciudadanía, organismos y gobiernos extranjeros tiene la habilidad de presentarse unido bajo un comando supremo. Hay otros dirigentes que dicen lo que piensan, pero nunca diferente al oficialismo. Si están desunidos, residen bien atados.
Oposición a la carta
En la oposición es todo lo contrario, hay una para cada gusto. Los que dicen ser opositores, pero no se oponen, porque comprados o vendidos, les preocupa perder sus privilegios, sinecuras por ejercer, y lucros por recoger, actuando como buhonería política del statu quo en su derrotismo acostumbrado.
Solo parecen unirse en lo que beneficia al régimen, dando por buenas, aceptando y bregando una primaria aupada por un Consejo Nacional Electoral, de obediencia servil y unánime a Miraflores; quitándole argumentos a ella misma y a la comunidad internacional.
Si quien se comporta contrario a sus valores, acompañado al galope de partidos políticos, promueve una primaria organizada por el Poder Electoral elegido por acuerdos impropios, observará en un espejo sus miserias. Y, como tumbas lustradas, esmeradas, fastuosas, sin embargo, llenas de huesos consumidos, se preparan para participar en el funeral del consenso, con personal carnetizado, controlado y atemorizado. Es decirle al ciudadano que la interferencia del poder central es inevitable.
Ciudadanos u oficialistas, elecciones y mafias
La complicidad exige cumplimiento y con la mafia aun más. El régimen puede permitirse el lujo de las elecciones porque suma nacionalmente y mantiene el poder. Lo permite el reglamento y al condescender conservará, mientras señala a la ciudadanía venezolana y al mundo que ha organizado y contado en libertad, con rectores clandestinos de antagonistas como testigos de pureza.
No todos los momentos son de felicidad, muchos son tristes y las circunstancias de vida pueden alterarnos. La realidad nos enseña a convivir con frustración. Y, mientras en la Corte Penal Internacional, avanza el juicio contra quienes ejecutan crímenes de lesa humanidad y violan derechos humanos, en Venezuela apoyan para que el oficialismo simule democracia, permitiendo la intervención de las instituciones secuestradas, y con ellos, propiciando las primarias.
¿Podemos confiar en estos truhanes embaucadores? Solo se podrá mostrar legitimidad cuando la ciudadanía, y solo ella, organice un evento de primaria ciudadana, sin intrusión. De lo contrario, será oficialista.
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