Culillo

La palabra culillo esta aceptada por la Real Academia como un americanismo, aunque en algunos países de nuestro continente tiene una significación distinta a la que le damos nosotros. Por ejemplo, en Cuba es prisa, aunque uno no sabe, porque como en Cuba, por precaución, a todas las palabras comprometedoras les dan un sentido distinto, puede que cuando un cubano dice que tiene prisa, lo que efectivamente quiere decir es que tiene miedo, pero no especulemos. En Nicaragua es  inquietud y preocupación y en República Dominicana, rabia.

Lo que pasa es que en nuestra cultura todo es más intenso. Un anglosajón dice “fear”, “scare” o “afraid”, pero nunca “little ass”. Es comprensible que una sociedad que se mueve entre determinados parámetros no solo tenga pocas palabras para el miedo, sino que tenga que inventarse montañas rusas para sentir lo que la vida cotidiana no produce. Pero entre nosotros, donde reina lo impredecible, uno lo que tiene es cullillo, algo que va más allá y que se ubica en la sensación de que cualquier cosa puede suceder y de que quien está obligado a cuidarte es el que te va a joder, de que tú mantienes al que te va a aruinar.

Según los filósofos el miedo está vinculado a la degeneración de la virtud de la  prudencia. Esto significa que las virtudes tienen que ver con el equilibrio, la exageración de la prudencia degenera en miedo.

Yo no sé usted, amable lector, pero quien esto escribe vive en cullillo permanente desde hace un numero de años que no me atrevo a precisar por prudencia. Sentir miedo no es malo, en un sinnúmero de casos es un mecanismo de defensa. Lo malo es que te domine, te paralice y te controle al punto de acostumbrarte a vivir en él.

Decía Shakespeare: “De lo que tengo miedo es de tu miedo”

La palabra culillo esta aceptada por la Real Academia como un americanismo, aunque en algunos países de nuestro continente tiene una significación distinta a la que le damos nosotros. Por ejemplo, en Cuba es prisa, aunque uno no sabe, porque como en Cuba, por precaución, a todas las palabras comprometedoras les dan un sentido distinto, puede que cuando un cubano dice que tiene prisa, lo que efectivamente quiere decir es que tiene miedo, pero no especulemos. En Nicaragua es  inquietud y preocupación y en República Dominicana, rabia.

Lo que pasa es que en nuestra cultura todo es más intenso. Un anglosajón dice “fear”, “scare” o “afraid”, pero nunca “little ass”. Es comprensible que una sociedad que se mueve entre determinados parámetros no solo tenga pocas palabras para el miedo, sino que tenga que inventarse montañas rusas para sentir lo que la vida cotidiana no produce. Pero entre nosotros, donde reina lo impredecible, uno lo que tiene es cullillo, algo que va más allá y que se ubica en la sensación de que cualquier cosa puede suceder y de que quien está obligado a cuidarte es el que te va a joder, de que tú mantienes al que te va a aruinar.

Según los filósofos el miedo está vinculado a la degeneración de la virtud de la  prudencia. Esto significa que las virtudes tienen que ver con el equilibrio, la exageración de la prudencia degenera en miedo.

Yo no sé usted, amable lector, pero quien esto escribe vive en cullillo permanente desde hace un numero de años que no me atrevo a precisar por prudencia. Sentir miedo no es malo, en un sinnúmero de casos es un mecanismo de defensa. Lo malo es que te domine, te paralice y te controle al punto de acostumbrarte a vivir en él.

Decía Shakespeare: “De lo que tengo miedo es de tu miedo”

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La palabra culillo esta aceptada por la Real Academia como un americanismo, aunque en algunos países de nuestro continente tiene una significación distinta a la que le damos nosotros. Por ejemplo, en Cuba es prisa, aunque uno no sabe, porque como en Cuba, por precaución, a todas las palabras comprometedoras les dan un sentido distinto, puede que cuando un cubano dice que tiene prisa, lo que efectivamente quiere decir es que tiene miedo, pero no especulemos. En Nicaragua es  inquietud y preocupación y en República Dominicana, rabia.

Lo que pasa es que en nuestra cultura todo es más intenso. Un anglosajón dice “fear”, “scare” o “afraid”, pero nunca “little ass”. Es comprensible que una sociedad que se mueve entre determinados parámetros no solo tenga pocas palabras para el miedo, sino que tenga que inventarse montañas rusas para sentir lo que la vida cotidiana no produce. Pero entre nosotros, donde reina lo impredecible, uno lo que tiene es cullillo, algo que va más allá y que se ubica en la sensación de que cualquier cosa puede suceder y de que quien está obligado a cuidarte es el que te va a joder, de que tú mantienes al que te va a aruinar.

Según los filósofos el miedo está vinculado a la degeneración de la virtud de la  prudencia. Esto significa que las virtudes tienen que ver con el equilibrio, la exageración de la prudencia degenera en miedo.

Yo no sé usted, amable lector, pero quien esto escribe vive en cullillo permanente desde hace un numero de años que no me atrevo a precisar por prudencia. Sentir miedo no es malo, en un sinnúmero de casos es un mecanismo de defensa. Lo malo es que te domine, te paralice y te controle al punto de acostumbrarte a vivir en él.

Decía Shakespeare: “De lo que tengo miedo es de tu miedo”

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