Aún a tiempo de no matar el tiempo que nos queda, por Armando Martini Pietri - Runrun
Aún a tiempo de no matar el tiempo que nos queda, por Armando Martini Pietri

COMENZÓ COMO EN UN CUENTO DE HADAS, anuncios esperanzadores, proclamas de ilusión, todo era maravilloso, la emoción recorría a Venezuela, la libertad parecía haber llegado. Pero a medida que transcurría el tiempo, el sueño se desvanecía, la desconfianza crecía, se disipaba el espejismo, se enreda y desfigura la situación que coincidió en todos, fue magnifica -quizás única, podría decirse sin exagerar-, oportunidad y logro ciudadano aquél inicio del año 2019 ahora venido a menos, desesperanzado, con la mayoría engañada y a punto de esfumarse.

En un arrebato no tan juvenil de soberbia y prepotencia, ¡soy el único que sabe!; ¡soy el llamado a liderar!; ¡soy el elegido! Esa arrogancia, nos separó de la vía recomendada por los principales aliados. Se prefirió Europa, interesado en su petulancia ilimitada de un Nobel insinuado. Se aferró terco a los fracasados. Ahora extraviado, malbarató, se burló de acuerdos y compañerismo. Jadeante de promesas incumplidas y errores de pubertad sin explicación aparente, aunque ser joven no puede ser justificación. Actitudes tercermundistas, propias de bananeros incultos y poco desarrollados, han minado demasiado cuando guardianes del status quo, convalecientes cual perros rabiosos, muerden con inquina a todo aquel que cuestiona sus privilegios y beneficios. Sin embargo, quienes tenían que darse cuenta, olfatearon la hedionda complicidad societaria, quizás tarde aprendieron la lección, y quienes convencidos por los que profesaban verdad, hoy reconocen el embuste, decidiendo actuar no a favor ni en particular sino a nombre de una población, un país, una nación, Venezuela.

Que daño tan terrible nos hemos infligido, cuando ilusos, incautos, cándidos, inocentes, mudos, ciegos y sordos, idolatramos a redomados que forman parte del entramado sinvergüenza que ha destruido a una gran Venezuela hoy en ruinas. No es sólo la crisis, económica, social y política; también la falta de principios éticos, valores morales y buenas costumbres ciudadanas. Ignorar la integridad, decencia y probidad, es obstáculo que imposibilita auténticas uniones.  

La conversadera interminable, irresponsable, conveniente para muy pocos, se mantendrá en el tiempo, según algunos -en términos leoninos a decir de otros- continúa, revisan y rumean opciones inaceptables: la transición con el cretinaje hamponil, es inadmisible para elecciones “libres”. Nos ha pasado una y otra vez con efluvios del castrismo que inventa diálogo, se oxigena, fortifica, confina, tortura y se mantiene. La tragedia es nefasta, recurrente e implacable.

En consecuencia, obliga a los sedientos de libertad y democracia buscar alternativas, conjugando esfuerzos en diferentes vías, pero apuntando a un solo objetivo, cese de la usurpación. Desviarse de esa línea es -por decir lo menos-, sosería. Sin embargo, titiriteros atiborrados de intereses económicos, aficionados a la política, convenientes socios y útiles pendejos insisten encontrarse en reuniones sin sentido, apertrechadas, rociadas y bien servidas, cuyo único objetivo es la impunidad y mantenimiento de la cohabitación impropia e indecente. La conciencia es la llamada a superar confusiones complejas. El régimen castrista venezolano es el único a quien conviene el inútil diálogo. El compromiso moral es inmenso. No más diálogo, recuperemos el decoro y principios éticos. Moral y Luces son nuestras primeras necesidades, exclamaba orgulloso El Libertador Simón Bolívar. 

¿Cuánto tiempo queda? No hay hechicero que lo sepa, la política no es cosa de brujos. Errar es de humanos, rectificar de sabios. Y de políticos con criterio de estadista.

@ArmandoMartini