El violinista y el soldado, por Carolina Jaimes Branger – Runrun

El violinista y el soldado, por Carolina Jaimes Branger

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El “violinista de las protestas” se llama Wuilly Moisés Arteaga. En su cuenta de Twitter, @wuillyarteaga, se define como “cantante, pianista, violinista y compositor venezolano”. Le faltó poner “valiente”. Porque Wuilly ha ido a las marchas “armado” con la mejor arma que puede empuñar un joven venezolano: un instrumento musical. Con su violín, en medio de bombas lacrimógenas que se cruzan y gases que lo rodean, él continúa indemne con su melodía de paz, por la libertad de Venezuela.

Wuilly ha conmovido a muchas personas en su cruzada musical. Hay quienes lo protegen, cuando lo ven sin protección alguna (ahora usa un casco, antes ni eso) atravesando la niebla de humo de las bombas lacrimógenas. No deja de tocar. Está convencido de que su música, que es para todos, es el canto de libertad que parirá a la nueva Venezuela. Y la verdad es que verlo es creerlo.

Una vez lo vi acompañado por la “clarinetista de la resistencia”. No sé su nombre, pero su imagen la llevamos millones de venezolanos grabada en el corazón, junto a la de Wuilly. Ambos, tocando el “Alma Llanera”, hicieron retroceder al contingente de policías casi tres cuadras. Hasta que algún salvaje les lanzó las bombas directo a los pies. La periodista Mildred Manrique lo recogió todo en video. Wuilly auxilió a su compañera cuando se ahogaba con los gases. “No respires” le decía. “¿Estás bien?”… Apenas se recuperaron, caminaron de nuevo con arrojo hacia los represores, tocando.

Arteaga, quien no tenía edad para ingresar a El Sistema, entró por méritos propios. Un estupendo y conmovedor artículo de la periodista Laura Weffer nos relata una historia que merece ser llevada al celuloide. Había una vez un muchacho que se enamoró de la música cuando oyó El Cascanueces… De ahí en adelante, todo ha sido mágico en la vida de Wuilly.

Dentro de El Sistema aprendió a “tocar y luchar”. La máxima del Maestro Abreu se instaló en el alma de este joven quien se ha erguido –junto a tantos otros jóvenes que como él enfrentan la represión con tanta hidalguía- en el símbolo de la Venezuela que viene. Wuilly toca para acabar con esta lucha ignominiosa. Y es que cuando un muchacho puede optar por un instrumento en vez de un arma, las puertas de la esperanza se abren para todo el país. De eso se trata El Sistema: redimir a través de la música, porque no hay nada tan sublime como ella.

El soldado de la Guardia Nacional es la otra cara de la moneda. La bestialidad en su máxima expresión, con el perdón de las bestias. Una mezcla de ignorancia con crueldad, inhumanidad y atraso. Dicen que les pagan por reprimir y por sus actitudes, parece que fuera cierto. Éste soldado en particular le arrebató el violín y le arrancó las cuerdas y el puente. Encima, como Wuilly no soltó su instrumento, lo arrastró con la moto hasta que el muchacho se tuvo que soltar y soltar el violín, porque le pasó con la moto por encima de la pierna. ¿Qué puede esperarse de un cuerpo que ataca con tanta virulencia a un joven que sólo lleva un violín? Ya los habíamos visto cuando atacaron a un oboísta porque creían que llevaba ¿una bazuka? en el estuche.

El violinista y el soldado. Sigue en Venezuela esa lucha de la civilización contra la barbarie. Los Santos Luzardo enfrentándose a las Doñas Bárbaras. Un tuitero, @financega, lo resumió de manera contundente y sublime: “La nueva Venezuela no es la que le destrozó el violín sino los miles que se ofrecieron para regalarle uno nuevo. ¡Hay futuro en Venezuela!”

@cjaimesb

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