Muy difícil en estos momentos ser coherentes con nuestros principios e ideas, expresarlos sin titubeos ni ambigüedades y actuar de forma consistente con ellos. De hacerlo te expones a la agresión de muchos lineal pensantes.
Es casi nula la capacidad de entender que “podemos estar de acuerdo en no estar de acuerdo” y eso es un postulado de sociedades civilizadas que luego de haber sufrido muchas pérdidas y haber experimentado enormes sufrimiento, han entendido que esa es la garantía de su supervivencia armónica. Nos cuesta debatir las ideas y hemos escogido el camino simplista de atacar al emisor.
Es verdad que la situación actual es triste, preocupante, desesperante y genera mucha angustia e incertidumbre pero también es cierto que es en este momento cuando hay que levantar voces que guien y muestren un camino que nos aleje de la tentación de replicar lo que tanto hemos adversado.
No queremos un presente sin fin y para ello es fundamental pensar hacia adelante lo que supone abstraerse del hoy y mirar hacia el mañana pero sobre todo pensar que antes de un grupito que ha destruido un país, hay 30 millones de venezolanos que clamamos por un cambio y que coincidimos en que éste sólo es posible con una sustitución del actual régimen por un proyecto amplio, coherente y de progreso, que se mantenga en el tiempo lo que requerirá de muchos e invalorables esfuerzos para garantizar su gobernabilidad.
La efervescencia del ambiente no es propicia para una reflexión serena y objetiva, los sentimientos están minando nuestras capacidades más elementales. Sin embargo es nuestra responsabilidad ineludible hacerlo.
¿Como es el país que queremos? ¿Se parece a éste o queremos uno muy distinto? ¿Estamos suficientemente conscientes de que será indispensable garantizar la sostenibilidad del futuro aún a costa de “sacrificios” en el presente? ¿Son el odio y la venganza los que nos van a ayudar a diseñar esa nación de progreso y tolerancia?
Recientemente en una marcha presencié una situación lamentable que me confirmó algo que he estado observando con muchísima preocupación: la imposibilidad de encausar las emociones (rabia, miedo, frustración, tristeza) legítimas, por demás, hacia acciones positivas que nos está llevando a perder los más elementales valores de respeto al otro derivando en actitudes hostiles y agresivas muy peligrosas. Unas personas pasaron cerca en un carro y la muchedumbre enardecida los agredió no sólo verbal sino físicamente, al carro le dieron patadas, le ofrecieron golpes al conductor, muchachos jóvenes le gritaron improperios, etc como “símbolo” de su malestar al no estar participando de la misma forma que los otros. Este proceder es muy triste y en nada se parece a esa Venezuela que queremos construir y para ello es indispensable un liderazgo que ayude a encausar estas emociones destructivas.
Lo lamentable es que esta conducta ha permeado todas las esferas de la sociedad y lo vemos a diario, incluso en el uso del lenguaje soez y ordinario por parte de muchos líderes.
Mucho daño nos han hecho los últimos 18 años al punto que la sociedad que desea un cambio se ha minado de un comportamiento que he llamado el Totalitarismo Libertario y que sin duda tenemos que hacer el esfuerzo por erradicar.
Por mi parte lo estaré haciendo con lo que pueda a través del ejemplo y luego desde las tribunas que pueda usar para influenciar, ¿me acompañas?.




