No quiero la tierra arrasada, por María Elena Arcia Paschen

No quiero la tierra arrasada, por María Elena Arcia Paschen

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“Ya que no se puede mejorar la situación hay que empeorarla, elevar hasta su ardor más extremo la injusticia y trastornos del país”, esto es lo que algunos franceses durante la Revolución pretendieron estimular con la famosa Politique du Pire.

Pareciera que parte de la sociedad venezolana, de forma consciente o inconsciente, clamaría porque un cataclismo terminara de arrasar lo que la incompetencia e irresponsabilidad no ha logrado en los últimos 18 años.

Personalmente me opongo a esa visión en mi opinión equivocada y que quizás producto de la frustración y rabia generalizadas está contaminando las capacidades reflexivas de una buena parte de venezolanos talentosos pero profundamente desmoralizados por la situación.

En otras oportunidades he afirmado y sigo sosteniendo, que en situaciones como las actuales tenemos varias alternativas que resumiría así: Influyes, fluyes o huyes.

Mucho está casi “arrasado” pero no quiero ni voy a contribuir, en la medida en que me sea posible, a que continúe la destrucción. Todo lo que hagamos en este momento, como continuaré sosteniendo, será un ahorro de esfuerzo en el futuro para dedicarlo a otras tareas que no se hayan iniciado.

Elaboremos una lista de sectores hoy en manos del Estado que necesitarían aportes inmediatos concretos para “detener o revertir” la destrucción, ¿como nos comportaríamos, participamos, aportamos, nos abstenemos?: abastecimiento y calidad del servicio de agua potable, de gas doméstico e industrial; incremento de la producción de las empresas básicas de Guayana; incremento de la producción petrolera; eficiencia del servicio de energía eléctrica; construcción y mantenimiento de la red de vialidad terrestre; mejoramiento de los servicios de transporte terrestre, marítimo y aéreos; mejoramiento y mantenimiento de los puertos y aeropuertos nacionales; construcción y mantenimiento de obras de infraestructura; recuperación de red de hoteles; construcción de viviendas; remodelación y refacción de obras de infraestructura y vivienda en los barrios; construcción, mantenimiento de la red hospitalaria, de edificaciones educativas; esto sólo como una muestra….

En caso que pudiéramos/quisiéramos contribuir esto, obviamente, se traduciría en el corto y mediano plazo en mejores ingresos para la República, mejores servicios públicos para la población que mejorarían su calidad de vida, mejores ingresos y condiciones laborales para quienes participen en dichas actividades, mejor imagen del país. Alguien escribió recientemente que todo lo que se haga en función de mejorar al país era bueno para él, por lo que me voy a permitir hacer esa frase mía también!

No voy a contribuir a la ¨tierra arrasada” al final de ésta lamentable etapa de nuestra historia contemporánea, no me lo perdonaría.

Creía conocer las implicaciones de asumir esta posición, sin embargo confieso que me quedé corta al ver las reacciones de algunos sectores que se han convertido en “guardianes” de una moral, por cierto, muy contradictoria: me duele el país pero no haré nada hoy para mejorarlo, y quien lo haga es, en el mejor de los casos, “cómplice” del gobierno, por no repetir calificativos más agresivos. Pues bienvenidos entonces todos los “cómplices” que hayan entendido que el trabajo empieza aquí y ahora!

El país se ha vuelto esquizofrénico por lo que en estos momentos de tanta oscuridad hay que recurrir a la inteligencia y a la lectura para superarla, y en estos casos los clásicos y la historia son una terapia intelectual.

En reciente entrevista que le hicieran a Arturo Pérez Reverte a propósito de su postura frente a la Guerra Civil española, le preguntaban si se consideraba “equidistante”, considerado esto como una descalificación y respondió, con su particular estilo, que si ser ecuánime era ser equidistante entonces no tendría problemas en serlo, concluyendo que la gente no perdona ser inteligente, tener ideas claras y valor para expresarlo.

@malarcia

 

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