Guerrilla en la universidad: del mal recuerdo al mal chiste, por Alejandro Armas
Guerrilla en la universidad: del mal recuerdo al mal chiste, por Alejandro Armas

UCAB1

 

A medida que se acercó la “Toma de Caracas”, el país vio cómo la dirigencia oficialista lanzó una enorme campaña comunicacional (entiéndase, enorme comparada con la enormidad que caracteriza sus campañas comunicacionales) con un objetivo bastante obvio: sembrar terror entre la población para que no acudiera a la convocatoria a protestar en Caracas hecha por la Mesa de la Unidad Democrática.

Un sujeto que llevó la voz cantante más que ningún otro en esta gritadera de amenazas fue alguien a quien dudo si es correcto identificar por su condición de diputado, teniendo en cuenta que en lo que va de año ha ido, como mucho, a sólo dos sesiones de la Asamblea Nacional: Diosdado Cabello. Tal vez por eso sea más acertado referirse a él por su grado militar de capitán, al que Maduro lo ascendió a pesar de la prohibición constitucional de que uniformados activos ostenten cargos de elección popular (Cabello ya era diputado entonces y presidía la AN).

En fin, el capitán Cabello pasó buena parte de esta semana recorriendo el país para dirigirse a sus compañeros de militancia. Pero su mensaje no era para ellos, sino para la cochina “ultraderecha” a la que el PSUV achaca que más de 17 años después Venezuela no sea el mar rojo de la felicidad que Chávez prometió. Entre groserías soltadas en horario infantil a las que por alguna razón la normalmente implacable Conatel no prestó atención, el capitán advirtió que, si los opositores cruzaban una línea que quién sabe dónde está trazada, se encontrarían con “el pueblo fusil al hombro”; que los chavistas sí “caerían en provocaciones, si así lo querían”; e incluso que el 1 de septiembre “trancarían todo para que nadie entre ni salga de Caracas” (planteamiento que equivale, en mi opinión, a revivir los guetos en los que confinaron a los judíos en las urbes europeas hasta el siglo XIX).

En una de estas verborreas, Cabello aseguró que en la Universidad Católica Andrés Bello la oposición esconde armas. Esta afirmación, con razón, generó un rápido rechazo masivo por parte de las personas vinculadas con la casa de estudios: alumnos, egresados, profesores, etc. También entre académicos de otras universidades y demás ciudadanos. Esa reacción tuvo un tono más de alarma que de burla. En cualquier otra circunstancia, un señalamiento tan disparatado solo habría generado risas. Pero como el chavismo se ha caracterizado por no reparar en el absurdo de la mayoría de sus denuncias antes de pasar a la acción, y dada la posición influyente del capitán, sobran las razones para estar con la guardia en alto ante la posibilidad de un atropello contra la UCAB.

No puedo asegurar qué habrá llevado a Cabello a apuntar su dedo marcial en la dirección de la Universidad Católica. Sospecho que es el hecho de que varios de los dirigentes más jóvenes de Voluntad Popular, partido con el que el Gobierno se ha ensañado particularmente estos días, entraron a la vida política como dirigentes estudiantiles ucabistas.

De lo que sí puedo dar fe, como egresado reciente de esa universidad, es de que el uso de sus instalaciones para guardar armamento reservado para actos de violencia política no puede estar más alejado de los modos de pensar y de actuar de quienes estudian o trabajan ahí. No digo que sea imposible que alguna de las personas que hayan pasado por sus aulas alojase esta idea perversa. Pero si ese sujeto mal de la cabeza hubiera concretado su plan, en un espacio físico relativamente pequeño para una universidad, el ocultamiento de las armas no hubiera podido ser un secreto por mucho tiempo. Así sea discretamente, la voz se hubiera corrido rápido y llegado hasta oídos de las autoridades académicas. La complicidad de estas, por lo tanto, sería una condición necesaria para que tesis de la casa de estudios convertida en armería sea correcta.

Es en esta parte en la que se tranca el serrucho de la argumentación roja rojita. A nadie que tenga un mínimo conocimiento de la filosofía y labores de los responsables de administrar la UCAB se le ocurriría pensar que se prestarían para una operación tan macabra. Estas personas son, en esencia, radicalmente contrarias a la violencia. Para muestra están las gestiones del rector José Virtuoso en la resolución pacífica de conflictos entre sectores del barrio Catuche, en La Pastora, que más de una vez produjeron desgracias.

La sana convivencia entre personas distintas ha sido uno de los ideales en los que la universidad más se ha empeñado. Lo dice alguien que se levantó temprano varios sábados por un año y se trasladó desde su residencia en el este de la ciudad hasta La Vega para participar en el programa “Vive el Barrio”, una iniciativa voluntaria del rectorado orientada, entre otras cosas, hacia la desaparición de prejuicios odiosos resultantes de la desigualdad social.

Así que no tengo la menor duda de que Cabello está, en el mejor de los casos, errado al formular su denuncia sobre la UCAB como cuartel clandestino. Es posible que el capitán se haya confundido como resultado una visión sobre eventos que ocurrieron cuando él apenas tenía pocos años de haber nacido. ¿Un sueño alusivo al pasado, tal vez? Digo que a lo mejor lo que vio fue una escena de otra casa de estudios en otra época: la Universidad Central de Venezuela en los años 60.

En estos días en que el Gobierno tanto habla de una oposición subversiva, que aspira a llegar a Miraflores por vías no democráticas, conviene recordar cómo la UCV fue en aquella década uno de los principales centros de operaciones de los militantes de la izquierda radical que optaron por la lucha armada como forma de tomar el poder. Estamos hablando de un momento en el que la llamada “nueva izquierda” estaba en su apogeo, con una juventud latinoamericana (y mundial) fascinada con la Revolución Cultural china, con Ho Chi Minh y con los barbudos que tomaron La Habana desde los montes isleños pocos años antes.

En el caso de Venezuela, estos muchachos siguieron sobre todo el ejemplo cubano y se fueron a las zonas rurales a hacer la revolución por los fusiles. Pero eso no significó que estuvieran desactivados en la capital. Dentro de ella, el campus universitario fue uno de los mayores refugios en su insurrección contra los gobiernos de Rómulo Betancourt y Raúl Leoni, gracias al estatus del campus como territorio libre de acción policial. Este amparo fue interrumpido varias veces con allanamientos, pero como eran esporádicos,  la universidad fue el epicentro de las actividades de guerrilla urbana durante casi toda la década.

El año 1966 fue bastante rico en incidentes violentos dentro de la academia. Un comando secuestró a Alfredo Seijas, consultor jurídico de la Digepol, lo llevaron desde ahí a otro lugar, le hicieron un “juicio” y lo ejecutaron. Poco después, los guerrilleros detonaron una bomba en el campus.

Como en todos los conflictos que involucran armas, hubo excesos de parte y parte. En el caso del Estado, el mayor de ellos pudo haber sido el cierre de la universidad por un año ordenado por Rafael Caldera, sobre todo considerando cómo afectó a la mayoría de estudiantes ajena a la guerrilla.

Irónicamente, aquello de lo que Cabello hoy acusa a la gente de la UCAB es glorificado por el chavismo en el caso de a UCV. No importa que los insurrectos estuvieran alzados contra gobiernos electos por amplia mayoría y altísima participación. Tampoco el apoyo técnico que recibían de otro Estado (Cuba), lo que ponía en entredicho la soberanía nacional que hoy el Gobierno jura defender del “imperialismo”. La violencia política les parece una maravilla si es para imponer sus ideas, y un crimen si se comete en nombre de cualquier otra. Eso es parte de la arrogancia que caracteriza a los dogmas.

Los días por venir serán muy duros. Ante la manifestación en Caracas que felizmente sí resultó masiva, solo cabe esperar más intimidación para convencer a la población de que calladita se ve más bonita. Hay que estar pendiente de lo que pueda pasar a la UCAB, o a cualquiera de las personas e instituciones que demuestran que en Venezuela todavía hay luces entre tanta oscuridad.

@AAAD25