6D: Los retos de la MUD ante un chavismo que sigue vivo por José De Bastos

6D: Los retos de la MUD ante un chavismo que sigue vivo por José De Bastos
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La oposición obtuvo el domingo una inapelable y contundente victoria. Superó su marca histórica de votos, venció al chavismo en sitios donde antes había perdido por amplio margen, duplicó al PSUV en algunas entidades y alcanzó el mejor escenario institucional imaginable: la mayoría calificada de la Asamblea Nacional con 112 diputados.

En sus primeras reacciones, el chavismo parece no haber entendido el mensaje popular, y en lugar de reflexión ha planteado radicalización, en lugar de diálogo, más confrontación.

De ser ese el camino que nos depara, la MUD, a diferencia de lo mostrado por el PSUV, debe tener una lectura correcta de los resultados del 6D. Aunque en cuanto al número de diputados se dio el mejor panorama posible, el voto a nivel nacional dejó algunos asteriscos que deben tomarse en cuenta.

Si bien es cierto que la coalición opositora llegó a un nuevo techo con más de 7,7 millones de votos, la cifra es sólo ‘levemente’ superior a la lograda por Henrique Capriles en 2013: unos 350.000 votos más. Aun tomando en cuenta los votos nulos y asumiendo que parte de la abstención provino de filas opositoras, la MUD no fue la gran receptora de los casi dos millones de votos que en el mismo período perdió el chavismo.

La votación opositora del domingo fue superior a la obtenida por Nicolás Maduro en 2013, pero se quedó unos 400.000 votos por debajo del respaldo recibido por Hugo Chávez en las presidenciales de 2012.

Si se analizan procesos electorales anteriores, se puede inferir (no existen encuestas que confirmen tal tendencia) que la gran mayoría de votantes que respaldan activamente a la oposición en una elección se quedan con ella en futuros comicios: desde 2006 la oposición ha aumentado siempre su total de votos en elecciones nacionales (presidenciales, parlamentarias, referéndums).

Sin embargo, también la historia electoral reciente muestra que mucho votante del chavismo parece preferir abstenerse o apelar a terceras opciones en comicios que le resultan ‘incómodos’, para luego regresar a la tarjeta del PSUV en elecciones consideradas más trascendentales. Así pues, el chavismo perdió 3 millones de votos entre las presidenciales 2006 y el referéndum 2007, (de 7,3 a 4,3 millones), para luego recuperar 2 de esos millones en el referéndum 2009 por la Enmienda Constitucional.

En esta ocasión, aunque la abstención fue baja tratándose de una elección parlamentaria, resultó ser suficientemente importante entre los votantes de Maduro de 2013 para permitir la notable derrota del chavismo. Dado que la mayor parte del voto no parece haber migrado a la MUD, no se puede descartar que en futuras elecciones los abstencionistas del domingo puedan volver a respaldar al chavismo.

Esto no quiere decir que el cambio definitivo en Venezuela esté lejos, al contrario, la posibilidad y el rango de recuperación del chavismo lucen más limitados que nunca. Pero sí quiere decir, en mi opinión, que la MUD tiene que analizar muy bien cada una de sus acciones, tomarlas de forma pragmática y con consenso interno.

Desde el hasta ahora desconocido poder que se tendrá con la mayoría en la Asamblea Nacional, la oposición deberá hacer valer la legitimidad popular para tomar las acciones que considere correctas, sabiendo que el chavismo buscará obstruirlas, aun a riesgo de sanciones electorales a futuro o quiebres significativos dentro de su estructura.

La MUD no debe rehuir a la pelea si ésta es presentada por el chavismo, no debe esconder sus propuestas ni sus intenciones de buscar un cambio definitivo en el país, pero debe actuar consiente del escenario en el que está, uno en el que todavía no se puede considerar electoralmente muerto al chavismo.

 

@JDeBastosh

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