Entre sueños y pesadillas: Del sueño a la pesadilla por Armando Martini Pietri
Entre sueños y pesadillas: Del sueño a la pesadilla por Armando Martini Pietri

JuvenalLlanero

 

Cuando al espíritu de Hugo Chávez le dio por visitar gente viva sin aviso y sin protesto, lo hizo porque desde el otro plano ya se daba cuenta de que la situación en Venezuela no sólo iba mal, sino que empeoraba día tras día. Una cosa es que Maduro, a veces simpático pero siempre corto de ideas, perdiera 800 mil votos sólo por no ser Chávez, y otra muy distinta que en dos años de gobierno hubiese molestado tanto a la gente, chavistas incluidos, que la pérdida de simpatías, expectativas y electores pareciera ser abrumadora.

Por eso mismo, además, como el Gobierno de su ex-canciller y hombre de confianza no parecía dar pie con bola, fue más la gente del otro bando la que visitó que a los chavistas responsables de gobernar, en buena parte a ver si por los lados de los opositores políticos y económicos encontraba alguna respuesta coherente, soluciones, ideas y salidas. Siempre fiel a sus proclamas y a lo que él concebía como una revolución, su primera entrevista no fue a un alto dirigente sino a un humilde militante, el buenazo de Juvenal, veterano llanero y hombre de trabajo, honesto, directo y perspicaz, que no le mentiría, al menos le diría lo que el pueblo opinaba y pensaba de verdad.

Aunque claro, lo que pueblo considera bueno y que le gusta no necesariamente significa veracidad ni calidad, los ciudadanos se equivocan habitualmente porque se dejan seducir por palabras bonitas, discursos embaucadores, promesas engañosas y no por el análisis meticuloso y concienzudo. Y un buen ejemplo de cómo engañar a todo un pueblo habían sido el propio Chávez y sus hombres y mujeres de confianza, que más que mentir por gusto lo hacían por ignorancia y una especie de desatada ingenuidad que los hacía creer que deseos empreñan.

 En esta oportunidad Juvenal estaba preparado y por eso mismo preocupado; se sentía cada vez más nervioso e incómodo, las cosas iban mal y ya se colaba públicamente lo de las múltiples apariciones de Chávez y de las cuales él mismo había sido testigo, y se preguntaba con angustia ¿si regresaba qué le iba a decir? ¿Cómo decirle sin hacerlo sufrir que todo iba de mal a peor, que los economistas y especialmente los empresarios tenían mucha razón y que los equivocados eran el ya difunto Comandante y aún más pelado el hombre designado para sucederlo? El mundo anda en aviones supersónicos, satélites, tecnología de futuro y ahora esos fulanos drones, seguramente invento perverso del imperialismo yanky, mientras que Chávez se había movilizado en los engendros ésos llamados Tiuna y Maduro, todavía peor, se mueve en autobús, ¡hay que tener timbales en pleno siglo XXI y el enredado tránsito venezolano!

Título de caja

En la humilde, modesta pero decente casita de Juvenal y su familia, casi todo faltaba, cuando conseguían Harina Pan no encontraban jamón ni queso blanco ni amarillo para las arepas, sólo grasosos restos de comidas del día anterior, aparte que comer arepas con queso ya se convirtió en la Venezuela revolucionaria en una especie de lujo de película, ni siendo más milagroso que San Miguel Arcángel podía pagarlos, con todo y los aumentos salariales automáticos de Maduro su sueldo y la pensión de su mujer no alcanzaban para nada, ¿cuándo fue la última vez que comieron carne que no fuera pellejo en la casa?, ya ni se acordaba las carnes buenas en calidad y en precio en este país ya no son más que leyendas, hasta la que era comida de pobres, sardinas y espaguetis, estaban demasiado caros. Pero bueno, al menos tenía su vivienda propia que había comprado al Banco de los Trabajadores, como quebró lo intervinieron y nunca pagó completo, alguna ventaja tenía que tener el pobre.

Su último par de zapatos lo compró Juvenal para ir al velorio del comandante Chávez, él si se pegó la espera, el lento avance y el cortejo fúnebre hasta el 23 de Enero arriba, a ese edificio que ahora llamaban “Cuartel de la Montaña”. El calzado barato le sacó ampollas pero no le importó, él y su esposa fueron de los que lloraron esa muerte con el corazón en la mano.

Pero ya su compañera no lloriqueaba muertos, se deprimía y se indignaba cuando tenía que madrugar para hacer colas que siempre estaban llenas de gente, aunque también había que reconocer que la señora Mercedes bachaqueaba algunas cositas que conseguía y con eso se redondeaban, pero tampoco era como para volverse ricos, sólo completaban. La gente cree que los bachaqueros son ricos, que obtienen todo y ganan montones de plata, pero eso no es así, algunos hacen buenos negocios, la mayoría chiquitos y, de todas maneras, no son magos, si no hay azúcar, café o leche, pues no hay y ellos tampoco consiguen. Juvenal y su mujer les rezaban a todos los santos –bueno, la mujer, Juvenal la acompañaba en silencio porque a fuerza de pasar trabajos la terca de Mercedes había conseguido que su marido al menos volviera a la iglesia uno que otro domingo. Pero estos santos de ahora parece que ya no hacen milagros, a la Venezuela revolucionaria sólo le quedan el Nazareno de San Pablo, que no falla, la Chiquinquirá, y a los pescadores la Virgen del Valle. Al resto del pueblo de Bolívar sólo le tocaba rezarle a Chávez, pero el Comandante, Juvenal estaba convencido, muchas palabras, habladera pareja pero de milagros nada. 

Al camarada Juvenal la angustia lo atormenta, lo aturde, le dan ataques de ansias y hasta de pánico. ¿Y si se me vuelve a aparecer el comandante eterno qué le voy a decir? ¿Que todo está peor y no da señas de mejorar? ¿Que Maduro sigue demostrando que Chávez nunca supo escoger acertadamente? ¿Que el dúo Maduro-Cabello, cada uno en lo suyo, son las principales decepciones y desilusiones? ¿Que los funcionarios más o menos eficientes no son excepciones destacadas sino simples casualidades? ¿Que la inseguridad, la escasez, el desabastecimiento, el desespero, el desengaño todos los días crecen y encima el agua está contaminada y a cada rato se va la luz? ¿Que ya tenemos las elecciones de diputados a la vuelta de la esquina y seguro vamos a perder la mayoría? ¿Qué clase de conversación va a ser ésa con el Comandante, con Hugo Rafael Chávez Frías, con la energía de la revolución? ¡Santo Dios! ¿Está equivocado el espíritu de la revolución del pueblo?

Juvenal se deja caer en la hamaca, todo está yendo muy mal, ni Maduro ni Diosdado y mucho menos Jorge Rodríguez convencen de que el 6 de diciembre salgamos a votar y defender otra gran victoria, no habrá ningún gran triunfo, en los buenos tiempos el Comandante Presidente hablaba de 10 millones de votos y jamás se consiguieron con él mismo, ¡imagínense ahora! ¡Esta vaina se jodió, qué tristeza, qué dolor!, lo único que aprendieron en estos años fue hablar pendejadas y decir mentiras, o sea, a burlarse de la gente y arruinar la revolución. El viejo llanero se resignó y se dejó abatir, se siente muy cansado, cerró los ojos, suspiró profundo. Entonces se dio cuenta que estaba demasiado viejo y harto para volver a empezar. 

De repente se preguntó ¿qué le diría al Comandante si lo visitaba otra vez, qué le explicaría y como lo haría para no hacerle daño y no encarajinarlo? Porque arrecho y afligido se le nota y encima está muerto, los fantasmas logran asustar pero cambiar las cosas no pueden. 

Entonces se le ocurrió que la cosa podría y debería ser al revés. ¿Qué le explicaría el Comandante a él, a Juvenal, a Mercedes, a los camaradas del barrio? Ellos sí habían cumplido, habían acudido con gorras, franelas y pancartas a compartir sus frías, a hacer bulto y a gritar proclamas en las convocatorias, habían sacrificado sueño y descanso para que Chávez y el mundo vieran esas enormes masas rojas, entusiastas y devotas.  Después de 16 años de esperanza y de paciencia, a Juvenal le parece que es él quien merece una explicación, ¿o no, Comandante? ¿O será que la verdad verdadera es lo mismo de toda la vida, de los partidos de antes y de los revolucionarios de ahora? Después de todo los adecos de Rómulo proclamaron la revolución del pueblo trabajador y de los campesinos. Luego los copeyanos se olvidaron de los colegios elegantes donde estudiaron de muchachos, y anunciaron la revolución socialcristiana. Todo el mundo hablaba de revolución, ¿será que todas las revoluciones son la misma, unas las hacen los civiles y los meten presos, otras las hacen los militares y meten preso a todo el mundo?

Reflexiona, se preocupa con lo que está pensando, se siente traidor a Chávez y la revolución, piensa, delibera, se sobresalta pero recapacita y entiende que la esencia y sustancia del comandante supremo y eterno merece descanso, tranquilidad, sosiego y aunque el día después de las elecciones no se acaba el país y comienza una nueva etapa aun sin saber si es para bien o para mal, Juvenal comprende que ya su amigo, su compañero, su camarada que lo ha honrado al visitarlo no volverá y no seguirá deambulando buscando respuestas que no encuentra y que si consigue de nada servirán, son otros los llamados a resolver y solventar. 

El Comandante Hugo Chávez con razón o sin ella, con justificación o no, de buena o mala fe, dejó un legado que la historia y quienes la escriban juzgarán y calificarán. Pero él, Juvenal, nunca fue traidor, respondió a los llamados, el traicionado fue él, fue a él y a sus camaradas y a Mercedes y a sus hijos y a sus nietos a quienes los revolucionarios chavistas dejaron enredados y abandonados a su mala suerte entre mentiras, errores y promesas. 

Agotado tras otro día duro de trabajo, de mal transporte público y de una ciudad inclemente, Juvenal se queda profundamente dormido soñando tiempos e ilusiones mejores. El Comandante ya no tan eterno no vino a despertarlo. 

Quizás porque como todo lo que alcanza su final, llegó la hora de cambiar.

 

@ArmandoMartini