¿Obama, por qué? — Por Luis De Lion

Obama-Cuba

Luis De Lion | @LDeLion

Cuando fue electo presidente en el año 2008, Barack Obama, no tenía mayor promesa de política exterior que el cierre de Guantánamo y el retiro de la tropas estadounidenses de Irak.

Triunfalmente reelecto, en el 2012, Obama me sorprendió al establecer como prioridades de su política exterior a Irán y a Cuba.

Todo un desconcierto, los acuerdos, alcanzados precisamente con dos países históricamente enemigos de la democracia estadounidense. Obama, ha pactado con La Habana y con Teherán, justo cuando, sus respectivas tiranías, están en el ejercicio máximo de sus influencias político-militares, en sus correspondientes zonas de dominio.

Respecto a Irán, los ayatolas no han cambiado un ápice de su estrategia, apenas un cambio táctico. Dejando intacta su enorme influencia regional, un standing internacional, el de los ayatolas, que muchas otras naciones quisieran tener.

En gran medida lo alcanzaron porque, Teherán, fue un gran aliado de los EEUU en la lucha contra el terrorismo islámico de los sunitas (Al Qaeda & Cia). Irán igualmente colaboró con Washington en Afganistán y en la guerra en Irak y la posterior conformación del régimen en Baghdad. Una influencia tan grande que, en el Medio Oriente, todos los países salvo Siria, se sienten hoy amenazados por la nueva potencia nuclear iraní. No es sólo Israel, sino que son los países del golfo pérsico, en particular Arabia Saudí, que se percibe amenazada por el tormento persa.

Por si fuera poco, la actual incursión militar de Moscú en Siria, fue promovida y hasta diseñada, por el general iraní Qassem Soleimani, quien recibe órdenes directas del guía supremo, el Ayatola Khamenei.

Respecto a Cuba, Obama ha decidido restablecer relaciones con la tiranía de La Habana justo cuando ésta ejerce en América Latina el máximo de su influencia política. En un espacio ocupado por el mayor número de presidentes de izquierda democráticamente electos. Con unos dignatarios que respetan —y hasta veneran— a los hermanos Castro.

El enorme dominio cubano en la región no es un espejismo. Prueba de ello en enero 2014 en La Habana se dieron cita los principales líderes del hemisferio para celebrar la cumbre de la CELAC.

En el aspecto militar, ni al Vaticano ni a Washington, les resultó chocante sentarse en la mesa de negociaciones con la plana mayor de los generales habaneros, a su vez, encargados del business de la llamada “apertura” comercial en Cuba.

Podría yo concluir de buena fe que Obama aspira ponerle fin de una vez por todas, de facto y de derecho, a la guerra fría. Pero acordar algo tan importante con dos potencias regionales, como lo son Cuba e Irán, a cambio de nada, fue un grave error diplomático.

Equivocación a la que Putin, piensa sacarle, el máximo provecho.

Esto no significa que ha comenzado la tercera guerra mundial. Ni el propio Putin, en sus delirios más irresponsables, aspira a una nueva guerra mundial. Solo anhela, reeditar, la guerra fría.

Nunca entenderé como el pragmático Obama se dejó seducir para asuntos tan importantes por dos religiosos: El Papa Francisco y Hasan Rouhaní.

Obama-Cuba

Luis De Lion | @LDeLion

Cuando fue electo presidente en el año 2008, Barack Obama, no tenía mayor promesa de política exterior que el cierre de Guantánamo y el retiro de la tropas estadounidenses de Irak.

Triunfalmente reelecto, en el 2012, Obama me sorprendió al establecer como prioridades de su política exterior a Irán y a Cuba.

Todo un desconcierto, los acuerdos, alcanzados precisamente con dos países históricamente enemigos de la democracia estadounidense. Obama, ha pactado con La Habana y con Teherán, justo cuando, sus respectivas tiranías, están en el ejercicio máximo de sus influencias político-militares, en sus correspondientes zonas de dominio.

Respecto a Irán, los ayatolas no han cambiado un ápice de su estrategia, apenas un cambio táctico. Dejando intacta su enorme influencia regional, un standing internacional, el de los ayatolas, que muchas otras naciones quisieran tener.

En gran medida lo alcanzaron porque, Teherán, fue un gran aliado de los EEUU en la lucha contra el terrorismo islámico de los sunitas (Al Qaeda & Cia). Irán igualmente colaboró con Washington en Afganistán y en la guerra en Irak y la posterior conformación del régimen en Baghdad. Una influencia tan grande que, en el Medio Oriente, todos los países salvo Siria, se sienten hoy amenazados por la nueva potencia nuclear iraní. No es sólo Israel, sino que son los países del golfo pérsico, en particular Arabia Saudí, que se percibe amenazada por el tormento persa.

Por si fuera poco, la actual incursión militar de Moscú en Siria, fue promovida y hasta diseñada, por el general iraní Qassem Soleimani, quien recibe órdenes directas del guía supremo, el Ayatola Khamenei.

Respecto a Cuba, Obama ha decidido restablecer relaciones con la tiranía de La Habana justo cuando ésta ejerce en América Latina el máximo de su influencia política. En un espacio ocupado por el mayor número de presidentes de izquierda democráticamente electos. Con unos dignatarios que respetan —y hasta veneran— a los hermanos Castro.

El enorme dominio cubano en la región no es un espejismo. Prueba de ello en enero 2014 en La Habana se dieron cita los principales líderes del hemisferio para celebrar la cumbre de la CELAC.

En el aspecto militar, ni al Vaticano ni a Washington, les resultó chocante sentarse en la mesa de negociaciones con la plana mayor de los generales habaneros, a su vez, encargados del business de la llamada “apertura” comercial en Cuba.

Podría yo concluir de buena fe que Obama aspira ponerle fin de una vez por todas, de facto y de derecho, a la guerra fría. Pero acordar algo tan importante con dos potencias regionales, como lo son Cuba e Irán, a cambio de nada, fue un grave error diplomático.

Equivocación a la que Putin, piensa sacarle, el máximo provecho.

Esto no significa que ha comenzado la tercera guerra mundial. Ni el propio Putin, en sus delirios más irresponsables, aspira a una nueva guerra mundial. Solo anhela, reeditar, la guerra fría.

Nunca entenderé como el pragmático Obama se dejó seducir para asuntos tan importantes por dos religiosos: El Papa Francisco y Hasan Rouhaní.

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Luis De Lion | @LDeLion

Cuando fue electo presidente en el año 2008, Barack Obama, no tenía mayor promesa de política exterior que el cierre de Guantánamo y el retiro de la tropas estadounidenses de Irak.

Triunfalmente reelecto, en el 2012, Obama me sorprendió al establecer como prioridades de su política exterior a Irán y a Cuba.

Todo un desconcierto, los acuerdos, alcanzados precisamente con dos países históricamente enemigos de la democracia estadounidense. Obama, ha pactado con La Habana y con Teherán, justo cuando, sus respectivas tiranías, están en el ejercicio máximo de sus influencias político-militares, en sus correspondientes zonas de dominio.

Respecto a Irán, los ayatolas no han cambiado un ápice de su estrategia, apenas un cambio táctico. Dejando intacta su enorme influencia regional, un standing internacional, el de los ayatolas, que muchas otras naciones quisieran tener.

En gran medida lo alcanzaron porque, Teherán, fue un gran aliado de los EEUU en la lucha contra el terrorismo islámico de los sunitas (Al Qaeda & Cia). Irán igualmente colaboró con Washington en Afganistán y en la guerra en Irak y la posterior conformación del régimen en Baghdad. Una influencia tan grande que, en el Medio Oriente, todos los países salvo Siria, se sienten hoy amenazados por la nueva potencia nuclear iraní. No es sólo Israel, sino que son los países del golfo pérsico, en particular Arabia Saudí, que se percibe amenazada por el tormento persa.

Por si fuera poco, la actual incursión militar de Moscú en Siria, fue promovida y hasta diseñada, por el general iraní Qassem Soleimani, quien recibe órdenes directas del guía supremo, el Ayatola Khamenei.

Respecto a Cuba, Obama ha decidido restablecer relaciones con la tiranía de La Habana justo cuando ésta ejerce en América Latina el máximo de su influencia política. En un espacio ocupado por el mayor número de presidentes de izquierda democráticamente electos. Con unos dignatarios que respetan —y hasta veneran— a los hermanos Castro.

El enorme dominio cubano en la región no es un espejismo. Prueba de ello en enero 2014 en La Habana se dieron cita los principales líderes del hemisferio para celebrar la cumbre de la CELAC.

En el aspecto militar, ni al Vaticano ni a Washington, les resultó chocante sentarse en la mesa de negociaciones con la plana mayor de los generales habaneros, a su vez, encargados del business de la llamada “apertura” comercial en Cuba.

Podría yo concluir de buena fe que Obama aspira ponerle fin de una vez por todas, de facto y de derecho, a la guerra fría. Pero acordar algo tan importante con dos potencias regionales, como lo son Cuba e Irán, a cambio de nada, fue un grave error diplomático.

Equivocación a la que Putin, piensa sacarle, el máximo provecho.

Esto no significa que ha comenzado la tercera guerra mundial. Ni el propio Putin, en sus delirios más irresponsables, aspira a una nueva guerra mundial. Solo anhela, reeditar, la guerra fría.

Nunca entenderé como el pragmático Obama se dejó seducir para asuntos tan importantes por dos religiosos: El Papa Francisco y Hasan Rouhaní.

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