A desmontar el lenguaje de la violencia

ojos

Los recientes acontecimientos nos obligan a que como sociedad, hagamos una evaluación sincera para entender en que estamos fallando y así corregir el rumbo porque por donde vamos no vamos bien.

Hace mas de 15 años escuché hacer, a  una muy competente y aguda médico venezolana ya fallecida, Myriam Puig, una afirmación que en aquel momento me produjo mucha sorpresa y que hoy parece estar más vigente que nunca.

Se trataba de una charla cuyo tema central eran los valores y la formación de nuestros hijos y en la cual se tocó el tema de la compasión y su vinculación con la criminalidad. Señalaba la ponente, quizás anticipándose a lo que estamos viviendo en la actualidad, que para evitar la violencia en la sociedad había que hacer un esfuerzo en estimular y generar en nuestros niños el sentimiento de compasión ya que de esta forma eliminaríamos actitudes y reacciones violentas y agresivas que podrían convertirlos en potenciales delincuentes y que este sentimiento o valor únicamente podía generarse hasta los 8 años de edad.

Recuerdo muy bien como nos insistía en que el respeto a la vida por parte de los delincuentes estaba estrechamente vinculado con la compasión, emoción mas profunda que la empatía, pero que pasa por generar también este sentimiento, y todo esto sin dudas va acompañado del uso de un lenguaje apropiado en el cual la amabilidad y el respeto son fundamentales.

Confieso que no he podido validar la anterior afirmación pero quizás la fuerza de los hechos recientes lo hacen por sí solos.

Los estudiosos del hecho social concuerdan en que el maltrato y la violencia en la infancia reproducen, en la mayoría de los casos, esos comportamientos en la adolescencia y en la adultez.

Pero no es sólo el maltrato y violencia familiar -quiero ampliar el espectro- lo que produce o genera la semilla para acciones despiadadas como las últimas reseñadas en la prensa sino el inescrupuloso uso del lenguaje totalitario, que agrede el buen comportamiento, los modales, la educación, las normas, el deber ser y por sobre todo lo anterior, el manifiesto desprecio a la ley.

Una sociedad que se ufana de considerar a leyes como simples referencias ¨facultativas” y no como normas de obligatorio cumplimiento está muy lejos de ser una sociedad civilizada que pueda proteger a sus ciudadanos de acciones bárbaras.

Si agredimos, irrespetamos y violentamos las normas que no tienen otro objetivo que garantizar una sana convivencia, no podemos exigir luego que el comportamiento de los menos privilegiados sea mejor que el de nosotros.

Sin embargo son los gobernantes, y aquí no se puede escurrir el bulto, los encargados de velar porque las normas se cumplan, se respete el derecho ajeno y modelen la actuación del resto de los ciudadanos por lo que su comportamiento, lenguaje y mensaje serán fundamentales para generar un clima de paz o de violencia.

Es por ello que si realmente queremos iniciar acciones tendentes a evitar las terribles situaciones de criminalidad que estamos viviendo, tendría el Gobierno como primer y no único responsable, revisar el impacto que el lenguaje de violencia genera en el quiebre de principios y valores sociales. Ese nuevo lenguaje revolucionario en el cual la propiedad privada es irrespetada, el empresario honesto es depredador, el político de oposición es malignizado, las formas de vida democráticas cuestionadas, la ética es despreciada, subvierte los hechos y genera antivalores que propician la violencia y no la paz.

Los gobernantes modelan a sus ciudadanos por lo que para responder a la pregunta hecha por el Presidente Maduro ¿cómo hacemos para parar la matanza en Venezuela? le recomendaría trabajar en el desmontaje del lenguaje de violencia como tema de fondo y obviamente seguir las indicaciones de los expertos en estos asuntos para que se convoque a la sociedad en pleno a participar en el desarme de la población, generación de nuevas instalaciones penitenciarias, desarrollo de reales políticas de prevención y rehabilitación, reforzamiento del sistema de justicia, entre otras.

Algunas veces los acontecimientos históricos producen un punto de inflexión en el cual la sociedad rápidamente puede cambiar su comportamiento de forma inusitada y no predecible por hechos concretos que son inevitables y que no pueden anticiparse. Ojalá sea esta consternación nacional el hecho que produzca el cambio colectivo en la sociedad, empezando por el Gobierno y seguido por los padres, educadores, dirigentes y opinadores que nos movilice a participar en soluciones que tengan resultados concretos en el corto plazo. ¡Hagamos cada uno lo que nos corresponde!

María Elena Arcia Paschen

@malarcia

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Los recientes acontecimientos nos obligan a que como sociedad, hagamos una evaluación sincera para entender en que estamos fallando y así corregir el rumbo porque por donde vamos no vamos bien.

Hace mas de 15 años escuché hacer, a  una muy competente y aguda médico venezolana ya fallecida, Myriam Puig, una afirmación que en aquel momento me produjo mucha sorpresa y que hoy parece estar más vigente que nunca.

Se trataba de una charla cuyo tema central eran los valores y la formación de nuestros hijos y en la cual se tocó el tema de la compasión y su vinculación con la criminalidad. Señalaba la ponente, quizás anticipándose a lo que estamos viviendo en la actualidad, que para evitar la violencia en la sociedad había que hacer un esfuerzo en estimular y generar en nuestros niños el sentimiento de compasión ya que de esta forma eliminaríamos actitudes y reacciones violentas y agresivas que podrían convertirlos en potenciales delincuentes y que este sentimiento o valor únicamente podía generarse hasta los 8 años de edad.

Recuerdo muy bien como nos insistía en que el respeto a la vida por parte de los delincuentes estaba estrechamente vinculado con la compasión, emoción mas profunda que la empatía, pero que pasa por generar también este sentimiento, y todo esto sin dudas va acompañado del uso de un lenguaje apropiado en el cual la amabilidad y el respeto son fundamentales.

Confieso que no he podido validar la anterior afirmación pero quizás la fuerza de los hechos recientes lo hacen por sí solos.

Los estudiosos del hecho social concuerdan en que el maltrato y la violencia en la infancia reproducen, en la mayoría de los casos, esos comportamientos en la adolescencia y en la adultez.

Pero no es sólo el maltrato y violencia familiar -quiero ampliar el espectro- lo que produce o genera la semilla para acciones despiadadas como las últimas reseñadas en la prensa sino el inescrupuloso uso del lenguaje totalitario, que agrede el buen comportamiento, los modales, la educación, las normas, el deber ser y por sobre todo lo anterior, el manifiesto desprecio a la ley.

Una sociedad que se ufana de considerar a leyes como simples referencias ¨facultativas” y no como normas de obligatorio cumplimiento está muy lejos de ser una sociedad civilizada que pueda proteger a sus ciudadanos de acciones bárbaras.

Si agredimos, irrespetamos y violentamos las normas que no tienen otro objetivo que garantizar una sana convivencia, no podemos exigir luego que el comportamiento de los menos privilegiados sea mejor que el de nosotros.

Sin embargo son los gobernantes, y aquí no se puede escurrir el bulto, los encargados de velar porque las normas se cumplan, se respete el derecho ajeno y modelen la actuación del resto de los ciudadanos por lo que su comportamiento, lenguaje y mensaje serán fundamentales para generar un clima de paz o de violencia.

Es por ello que si realmente queremos iniciar acciones tendentes a evitar las terribles situaciones de criminalidad que estamos viviendo, tendría el Gobierno como primer y no único responsable, revisar el impacto que el lenguaje de violencia genera en el quiebre de principios y valores sociales. Ese nuevo lenguaje revolucionario en el cual la propiedad privada es irrespetada, el empresario honesto es depredador, el político de oposición es malignizado, las formas de vida democráticas cuestionadas, la ética es despreciada, subvierte los hechos y genera antivalores que propician la violencia y no la paz.

Los gobernantes modelan a sus ciudadanos por lo que para responder a la pregunta hecha por el Presidente Maduro ¿cómo hacemos para parar la matanza en Venezuela? le recomendaría trabajar en el desmontaje del lenguaje de violencia como tema de fondo y obviamente seguir las indicaciones de los expertos en estos asuntos para que se convoque a la sociedad en pleno a participar en el desarme de la población, generación de nuevas instalaciones penitenciarias, desarrollo de reales políticas de prevención y rehabilitación, reforzamiento del sistema de justicia, entre otras.

Algunas veces los acontecimientos históricos producen un punto de inflexión en el cual la sociedad rápidamente puede cambiar su comportamiento de forma inusitada y no predecible por hechos concretos que son inevitables y que no pueden anticiparse. Ojalá sea esta consternación nacional el hecho que produzca el cambio colectivo en la sociedad, empezando por el Gobierno y seguido por los padres, educadores, dirigentes y opinadores que nos movilice a participar en soluciones que tengan resultados concretos en el corto plazo. ¡Hagamos cada uno lo que nos corresponde!

María Elena Arcia Paschen

@malarcia

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