¿Existe el CNE? Pareciera que no. Ni siquiera Chávez violó y violentó la normativa electoral, establecida por ley, del modo como lo ha venido haciendo Nicolás Maduro. No hay artÃculo de la ley que se le haya salvado. El paÃs está asistiendo Âa estas alturas, mala cosa, podrÃa pensarse que hasta con resignación a una verdadera orgÃa de abusos contra la legislación electoral, amparada en un decreto oficial que declara precisamente el dÃa de las elecciones como “DÃa de la lealtad y amor al Comandante Supremo”. Peor aún, Maduro y su combo están violentando una tradición legal venezolana, prácticamente jamás ignorada, de que durante los dÃas de celebración de comicios no se permiten actos y/o eventos públicos, del carácter que sea, y mucho menos, si poseen significación polÃtica. Esta vez, Nicolás Maduro ha sobrepasado todos los lÃmites. Con su cara de “yo no fui” ha transformado el 8 de diciembre ÂdÃa de las elecciones municipales en una celebración pública, abierta, del PSUV.
 Hablamos antes de “tradición” porque ya ni siquiera es necesario ejercer medidas de vigilancia y eventual coerción legal para impedir que aquella sea ignorada. Los venezolanos, a punta de más de medio siglo de vida electoral, nos hemos hecho a la idea de que los dÃas en que se escogen mandatarios, de todos los niveles, están vetados para la realización de eventos de carácter polÃtico. Tan acendrada está esta composición de lugar que el CNE apenas si se limita a hacer un exhorto meramente formal, con la seguridad de que a nadie se le ocurrirÃa, en tales dÃas, violar la ley. Pero llegó Maduro y mandó a parar. ¿Cuál es el propósito de tan estrafalaria decisión? Obviamente motorizar a los suyos con la sensiblerÃa barata del recuerdo del difunto y, sobre todo, atemorizar a los opositores.
Nadie puede negar, incluso, la posibilidad de que ese dÃa se torne harto riesgoso, dado que el mismo derecho que se abroga el gobierno para celebrar al difunto lÃder puede ejercerlo cualquiera en sentido contrario. En este paÃs hiperpolarizado y cargado de agresividad, la posibilidad de que las “celebraciones” den lugar “contracelebraciones” no puede descartarse en modo alguno, de tal manera que la violencia pudiera apoderarse de las calles. Si de Maduro cupiera esperar un poco de sindéresis, deberÃa dejar para mejor ocasión ese “dÃa de la lealtad”. Pero se nota que el poder se le subió a la cabeza y, aunque no es imposible, es difÃcil que pueda echar atrás.
Y, a todas estas, ¿dónde está el CNE?, ¿qué hace el CNE ante este desafÃo brutal y brutal desafuero a su autoridad?; ¿existe el CNE? Con la excepción de la valiente y solitaria pelea que viene librando el rector Vicente DÃaz, el resto del organismo Âlas cuatro damas se muestra completamente ajeno al asunto. Es decir, la institución, en tanto que tal, ha permanecido ciega, sorda y muda. No ve, no oye, no habla sobre lo que está ocurriendo ante sus narices.
Nunca ha habido una determinación deliberada de ignorar la ley de la forma tan descarada como lo han hecho Nicolás Maduro y las cuatro señoras. Jamás.




