Fuente:Â El Universal
El régimen venezolano ha considerado como aliados, amigos o “hermanos” a sátrapas como Saddam, Gadafi, Mugabe y Assad, básicamente por el común “antiyankismo” visceral que, en el caso venezolano, ha llegado a extremos de ridiculez delirante, cuando el difunto caudillo denunció que el último terremoto de Haità habÃa sido causado por el ensayo de un arma secreta de la marina norteamericana o cuando Maduro afirmó que el cáncer de Chávez fue, muy probablemente, “inoculado” por la CIA. El apoyo de Venezuela a Assad, durante la guerra civil, ha sido firme y se ha concretado en envÃos de gasolina y en una no especificada “ayuda humanitaria”.
Assad ha sido capaz de utilizar, contra su propio pueblo, artillerÃa pesada, aviación y más recientemente armas quÃmicas, prohibidas por el Derecho Internacional. Barrios enteros son bombardeados de forma absolutamente indiscriminada, sólo porque su población es de mayorÃa sunita y, por tanto, considerada enemiga de un gobierno dominado por la minorÃa alawita, una secta del chiÃsmo. La prueba de que la reciente masacre, con armas quÃmicas de un barrio sunita en Damasco fue provocada por el ejército de Assad, se hizo evidente cuando el propio secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, lo confirmó en una conversación privada, que se escuchó por la ya clásica distracción del “micrófono no apagado”.
A diferencia de lo afirmado por el gobierno Maduro, EEUU no tiene ningún interés en la casi inexistente exportación petrolera siriana, Obama no tenÃa la menor intención de intervenir militarmente en Siria, pero cometió quizás la imprudencia de decir, hace alrededor de un año, que la utilización de armas quÃmicas por parte de Assad significaba traspasar una “lÃnea roja” y que, en ese caso, la comunidad internacional deberÃa “castigar” a Assad. De esa forma, Obama puso en juego la credibilidad del presidente de los Estados Unidos. Frente a la “transgresión” de Assad, no hacer nada hubiese tenido un costo polÃtico internacional inaceptable para Obama. Los aliados de EEUU, como Japón, Taiwán y los mismos integrantes de la OTAN, cuya seguridad externa depende, en buena medida, de la garantÃa militar norteamericana, perderÃan la confianza en la misma. Sin embargo, dada la impopularidad de la intervención militar en una opinión pública norteamericana, “cansada” por las guerras de Irak y Afganistán, en una época de déficit fiscal y crisis económica, creó las condiciones para que Obama buscara el jurÃdicamente innecesario apoyo del Congreso para tratar de “repartir” el costo polÃtico interno de la intervención. La aprobación parlamentaria no era fácil por la “non sancta” alianza en contra de la acción militar de las “palomas”, demócratas pacifistas a ultranza, los republicanos aislacionistas y los conservadores incapaces de apoyar a Obama en nada. Por eso, cuando Putin propuso la eliminación, con verificación internacional, de las armas quÃmicas sirias, EEUU aceptó negociarla. El acuerdo se logró en tiempo récord. De esta forma Obama evita, por ahora, una intervención impopular, logra un éxito diplomático en la aceptación por parte de Siria de destruir unas armas quÃmicas, que Assad ni siquiera habÃa admitido de poseer y puede afirmar que esto se logró sólo por la amenaza creÃble del uso de la fuerza. El tiempo dirá cuáles serán los resultados efectivos del acuerdo. Mientras tanto la guerra civil, que ya ha provocado 120.000 vÃctimas y 6 millones de refugiados, continúa inexorablemente.Â




