
“Cuando se trata del descaro antiamericano, no hay quien derrote a Rafael Correa, el autocrático líder del pequeño y empobrecido Ecuador”.
Así asegura The Washington Post en su editorial del pasado lunes, en el que, bajo el título “El caso Snowden realza el doble estándar de Ecuador” analiza la situación del exagente de la CIA, Edward Snowden, quien filtró documentos secretos de los Estados Unidos y que hoy ha solicitado asilo al gobierno ecuatoriano, que lo está considerando.
“Abarcar a Snowden permitiría a Correa avanzar en su más preciada ambición: reemplazar al fallecido Hugo Chávez como el más prominente demagogo antiestadounidense del hemisferio”, afirma el Post en su texto.
Agrega que la decisión frustraría el intento del Departamento de Justicia de procesar al estadounidense fugitivo y que todo eso valdría la pena si el caso llevara a la atención pública y del Congreso la propia represión de Correa a la libertad de expresión, y su intento de hacer fracasar a los Estados Unidos a pesar de beneficiarse de sus preferencias arancelarias.
“Por años, Correa ha sido conocido por sus persecuciones a los periodistas de su propio país y sus intentos para destruir la Relatoría para la Libertad de Expresión de la Organización de Estados Americanos”, se añade, y se cita la reciente aprobación de la Ley de Comunicación.
“Snowden debería estar particularmente interesado en la sección 30 de la ley, que prohíbe la ‘libre circulación, en especial a través de los medios de comunicación’ de información ‘protegida expresamente con una cláusula de reserva previamente establecida en la ley'”.
El editorial agrega que “en otras palabras, si Snowden hubiera hecho su filtración en Ecuador, no solamente él, sino cualquier periodista que recibiera su información podría ser sujeto a inmediata sanción financiera, seguida por un procesamiento”.
La opinión del Post culmina diciendo que las preferencias expirarán el mes que viene a menos que sean renovadas por el Congreso y que si Correa le da la bienvenida a Snowden, habrá un camino fácil para demostrar que el odio a los estadounidenses tiene su precio.
Fuente: El Universo (Ecuador)






