La crisis universitaria por José Guerra @JoseAGuerra

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Recientemente se publicó la clasificación de las mejores universidades de América Latina.
De acuerdo con ese listado, las tres mejores son la Universidad de Sao Paulo, la Católica de Chile y la Universidad Estatal de Campiñas, Brasil. Luego siguen varias universidades de Chile, México y Brasil. El puesto 29 lo ocupa la Universidad Central de Venezuela, seguida por la Simón Bolívar, la ULA, la Ucab, la de Carabobo y la del Zulia. Ocupan posiciones intermedias las universidades venezolanas, no los puestos de vanguardia.

Con presupuestos deficitarios, sueldos miserables para sus profesores, becas deficitarias para los estudiantes y sin remuneraciones adecuadas para los trabajadores administrativos y obreros, es muy difícil que podamos progresar.

En el caso de la UCV, su presupuesto, en un 90%, proviene de las asignaciones del Ministerio de Educación Universitaria, el cual se ha mantenido congelado por siete años, y solamente gracias a la detestable figura de los créditos adicionales es que puede funcionar a medias. Del presupuesto, 80% se dedica al pago de sueldos y salarios, y apenas 20% se orienta a la dotación y mejoras de equipos y laboratorios, no obstante la elevada inflación.
Es muy difícil que una universidad de la tradición de la UCV pueda levantar su perfil académico. Lo que ha venido ocurriendo es un verdadero éxodo hacia Colombia, Perú e inclusive Estados Unidos, de profesores que se cansaron de que los maltraten, y emprendieron rumbo hacia otras latitudes. En mi caso, entré a la UCV por concurso como profesor a medio tiempo en septiembre de 1993, una vez que culminé mis estudios de postgrado en la Universidad de Illinois, EEUU. Actualmente soy profesor asociado a tiempo completo, penúltimo grado en el escalafón tras haber presentado dos trabajos de ascenso ante el respectivo jurado. Con veinte años de carrera docente mi sueldo es Bs 4.120 mensual, menos de lo que gana el diligente empleado del cafetín que en la UCV comparten las facultades de Economía y Derecho. Así estamos.
Hay profesores que al ingresar a la carrera docente, su sueldo es inferior al salario mínimo. Lo mismo sucede con los empleados y obreros. Hoy los profesores universitarios, para medio vivir, tenemos que tener hasta tres trabajos. Todo ello ocurre en el país petrolero que vende su petróleo a US$ 100 por barril, que regala millones en el exterior y financia a la escudería Williams de la Fórmula Uno con más de US$ 180 millones para ver correr a Pastor Maldonado.
José Guerra
Economista

Fuente: Últimas Noticias 

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Recientemente se publicó la clasificación de las mejores universidades de América Latina.
De acuerdo con ese listado, las tres mejores son la Universidad de Sao Paulo, la Católica de Chile y la Universidad Estatal de Campiñas, Brasil. Luego siguen varias universidades de Chile, México y Brasil. El puesto 29 lo ocupa la Universidad Central de Venezuela, seguida por la Simón Bolívar, la ULA, la Ucab, la de Carabobo y la del Zulia. Ocupan posiciones intermedias las universidades venezolanas, no los puestos de vanguardia.

Con presupuestos deficitarios, sueldos miserables para sus profesores, becas deficitarias para los estudiantes y sin remuneraciones adecuadas para los trabajadores administrativos y obreros, es muy difícil que podamos progresar.

En el caso de la UCV, su presupuesto, en un 90%, proviene de las asignaciones del Ministerio de Educación Universitaria, el cual se ha mantenido congelado por siete años, y solamente gracias a la detestable figura de los créditos adicionales es que puede funcionar a medias. Del presupuesto, 80% se dedica al pago de sueldos y salarios, y apenas 20% se orienta a la dotación y mejoras de equipos y laboratorios, no obstante la elevada inflación.
Es muy difícil que una universidad de la tradición de la UCV pueda levantar su perfil académico. Lo que ha venido ocurriendo es un verdadero éxodo hacia Colombia, Perú e inclusive Estados Unidos, de profesores que se cansaron de que los maltraten, y emprendieron rumbo hacia otras latitudes. En mi caso, entré a la UCV por concurso como profesor a medio tiempo en septiembre de 1993, una vez que culminé mis estudios de postgrado en la Universidad de Illinois, EEUU. Actualmente soy profesor asociado a tiempo completo, penúltimo grado en el escalafón tras haber presentado dos trabajos de ascenso ante el respectivo jurado. Con veinte años de carrera docente mi sueldo es Bs 4.120 mensual, menos de lo que gana el diligente empleado del cafetín que en la UCV comparten las facultades de Economía y Derecho. Así estamos.
Hay profesores que al ingresar a la carrera docente, su sueldo es inferior al salario mínimo. Lo mismo sucede con los empleados y obreros. Hoy los profesores universitarios, para medio vivir, tenemos que tener hasta tres trabajos. Todo ello ocurre en el país petrolero que vende su petróleo a US$ 100 por barril, que regala millones en el exterior y financia a la escudería Williams de la Fórmula Uno con más de US$ 180 millones para ver correr a Pastor Maldonado.
José Guerra
Economista

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