Este viernes en Irán tuvo lugar la primera vuelta de las elecciones presidenciales. 52 millones de electores, un sistema político oscuro y un escrutinio supremamente opaco.
Es un país inmenso, fronterizo con otras siete naciones. De donde sobresalen Turquía, Afganistán y Pakistán, que no es cualquier cosa políticamente hablando. Posee dos salidas al mar, montañas nevadas, desiertos inmensos, ciudades irrespirables a causa de la contaminación y además es uno de los más grandes productores de petróleo del mundo.
No se equivocó Chávez, siendo el primer dictador en la historia venezolana en poseer un proyecto internacional, que después de Cuba, fuera Irán el socio más cercano del estruendoso y catastrófico proyecto llamado revolución bolivariana. Digo que no se equivocó porque ambos regímenes tienen como común objetivo luchar contra el llamado imperialismo yankee. En la pasada campaña electoral estadounidense en uno de los debates se habló más de Irán que de la China.
Irán tiene también un segundo enemigo, Israel, con el que casualmente Chávez también tuvo relaciones tensas.
Pero volviendo al plano electoral, se insistió mucho en diabolizar a Ahmadinejad, al tiempo que se dejó de satanizar al régimen iraní en sí mismo. Algunos creen, que el único defecto del régimen iraní era este oscuro miliciano, escogido por los Ayatolás para jugar el rol de gran agitador internacional.
Los poderes que conforman el Estado iraní tras la Revolución Islámica, definidos en la Constitución de la República Islámica de Irán son poco conocidos. A la cabeza está el Guía Supremo, cargo hecho a la medida del ayatolá Komeini, sobre el principio de tutela suprema, por una eminencia religiosa con competencias terrenales y divinas, dicho cargo, lo ejerce actualmente el ayatolá Kamenei. El Guía Supremo controla las fuerzas armadas, las milicias, los medios de comunicación del Estado y las miles de mezquitas, y cada gobernador y cada ministro están siempre acompañados de un representante de dicho Guía Supremo. La Asamblea de Expertos, es un consejo de 86 religiosos encargados de confirmar al Guía Supremo en sus funciones y de nombrarle un sucesor. El presidente de la República, elegido por sufragio universal por un período de 4 años, no tiene derecho sino a dos mandatos sucesivos.
En teoría el Presidente iraní es el segundo personaje del Estado, pero cada uno de los otros poderes (Guía Supremo, Asamblea de Expertos, Consejo de los Guardianes y el Consejo de Discernimiento) pueden pasar por encima del Presidente quien a fin de cuentas no controla ni la propia composición de su gobierno.
No obstante, se inscribieron 686 candidatos y solo ocho fueron formalmente aceptados para la contienda, dos de ellos se retiraron y al final solo seis participaron en la campaña electoral. Casualmente los seis finalistas, tienen experiencia dentro de los órganos de seguridad del Estado. Condición ésta primordial para ser aceptados por el Ayatola Komenei.
Hassan Rohani, al que llaman “moderado” es un molá, es decir miembro del clero chiíta era el favorito de los sondeos, seguido de, Mohamed Qalibaf, alcalde de Teherán, reconocido represor de estudiantes. Con una participación del 72% del electorado el “moderado” Rohani obtuvo mayoría absoluta en la primera vuelta y será el nuevo presidente de Irán.
Queda así garantizado que no habrá cambios en el rumbo político de la revolución islámica. Como en Venezuela, se elige para que todo siga igual.
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