Venezuela vive nuevamente momentos tensos, y en la atmósfera se respiran aires de confrontación. Las razones son múltiples; los universitarios exigen debate y conteo del 100% de las actas electorales y en seguida son emboscados por grupos violentos oficialistas que impiden el paso de una marcha estudiantil al CNE. Luego, Venezuela a través del canciller ElÃas Jaua, suspende el “canal de comunicación” con EEUU y por último las cifras que niegan “los milagros educativos” del Gobierno, el Censo 2011 y la UNESCO revelan que no se alfabetizó a 1.4 millones de ciudadanos.
Sin embargo, después del 8 de diciembre pasado hasta el presente, Nicolás Maduro no hizo otra cosa que acumular poderes, al punto que logró alcanzar proporciones históricas, en el monopolio de cargos y atribuciones. No obstante, esa nueva condición de todopoderoso del espurio hoy candidato y presidente encargado, no le ha servido para calmar su cotidiano hábito de insultar a la mitad de sus conciudadanos. Una rabia cada vez más palpable, es lo que se puede resumir de sus discursos repetitivos, vacÃos de contenido y esencia. Sin duda una enorme falla, una grieta dentro de la llamada revolución que de no ser controlada con urgencia, corre el riesgo de socavar las bases de ésta post mortem epopeya chavista.
El paÃs entero ha visto como en las últimas semanas se han ido expandiendo los conflictos sociales, mientras que la arrogancia de los cabecillas del régimen, se ha vuelto una suerte de signo distintivo, disimulado bajo un velo socialista, que no es lo suficientemente grueso como para ocultar el odio que tienen por los demócratas venezolanos.
Si las encuestas en Venezuela fueran hechas por empresas serias, con el rigor cientÃfico que dicho oficio exige, se mostrarÃa la creciente impopularidad que asedia al autodenominado hijo de Chávez. Medidas recientes como la devaluación de la moneda han sido rechazadas de forma unánime por la población, asà como también se generaliza cual tsunami el rechazo a la cubanización del paÃs. De manera más amplia, es evidente que la pobreza sigue aumentando y que tanto el desempleo, la inflación, el desabastecimiento, como el problema habitacional y la inseguridad se han vuelto cruciales.
Mientras todo eso sucede, el silencio y la ausencia de planes de la oposición, vuelven la situación aún más confusa y desesperante.
Todos sabemos que no basta con odiar a casi la mitad de la población, para acabar con la pobreza y la desigualdad. Entre las diversas pruebas que deberá afrontar el régimen del usurpador, está la en teorÃa sencilla, prueba de la verdad. El cielo se está viniendo abajo ante las « certezas » del espurio. ¿Dichas advertencias finalmente conducirán a Maduro hacia la humildad y a la conciencia de las realidades? PermÃtanme dudarlo.
De seguir asà las cosas, éste creciente, incontrolable y generalizado sentimiento de angustia podrÃa terminar por movilizar a la población. Si bien, la retoma de la calle nadie puede predecir cuando, ni como será; lo que si parece seguro es que el poder de las masas una vez retomada la calle servirá por una parte; para darle un parado a la instauración de un régimen de corte cubano y por otra servirá para sancionar la falta de coherencia y de coraje polÃtico de los llamados lÃderes de oposición.
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