Permítame un momento volver al tema electoral. Sé que hay diversos temas en el país que deben ocupar nuestra atención, pero un evento ocurrido este fin de semana requiere de una obligada reflexión. Me estoy refiriendo a lo ocurrido este domingo con la celebración de elecciones primarias para escoger al candidato de oposición para competir a la Alcaldía de Maracaibo. Un hecho que después del 26 de septiembre en mi criterio, marca un punto de referencia.
Como muchos lo dijeron, en esa cita no se estaba escogiendo en realidad al abanderado de la MUD, sino al próximo alcalde de la ciudad, dicho sea de paso, en el municipio más grande del país. La afirmación anterior la sostengo sobre la base de los resultados del septiembre pasado: los sectores opositores obtuvieron casi el 63% de los votos y seguramente el próximo 5 de diciembre esa proporción de votos se mantendrá favorablemente. Como muchos lo esperaban, en las primarias de este 31 de octubre, organizadas y celebradas en tan sólo 10 días, la ganadora fue la esposa de Manuel Rosales, Eveling Trejo de Rosales y candidata de Un Nuevo Tiempo quien obtuvo 129 mil 700 votos; mientras que Juan Pablo Guanipa, candidato de Primero Justicia, obtuvo 54 mil 245 sufragios. Una diferencia muy notable. En términos porcentuales Trejo obtuvo el 70% y Guanipa el restante 30%. Al concluir la jornada, muy entrada la noche, en las redes sociales se hablaba sin parar sobre este tópico, pero fue una reflexión en particular la que me pareció más interesante: un internauta dijo “Si todo el mundo sabía que iba a ganar Eveling Trejo y que la diferencia iba a ser tan grande, entonces, ¿para qué hacer primarias? Esa es una pérdida de tiempo y recursos. ¿Valía la pena?”. Antes de abordar este argumento en profundidad, concédame antes el espacio para unas breves reflexiones preliminares acerca de lo que fue la organización y la participación popular de este “mini-proceso” electoral.
La Organización
Lo que aconteció el 31 de octubre es en mi criterio una proeza logística por muchas razones. La primera y más importante es porque casi no hubo tiempo disponible. En menos de dos semanas, se hizo un despliegue organizativo (que contó con la asesoría de la organización Súmate) que materializó de manera brillante lo que muchos escépticos creían que iba a salir mal. En efecto los escépticos tenían buenas razones para dudar, pero el proceso, afortunadamente, pudo ser conducido de manera exitosa. Un elemento muy llamativo es que al final se logró inclusive la colaboración del propio CNE para el suministro de los cotillones electorales que encarecían la elección y también hubo respaldo por parte de la Guardia Nacional para custodiar las adyacencias de los centros electorales (como debe corresponder a los militares en un proceso electoral). Un balance armonioso pocas veces visto en esta última década.
Un aspecto muy importante -seguramente ya usted lo pensó- es que la consulta fue totalmente manual y los resultados pudieron darse en un tiempo muy corto, contrastando abiertamente con lo que ha sido la reciente actuación del ente comicial. La pulcritud del proceso no fue empañado por ninguna acusación de alguno de los actores políticos, avalando la organización. La cobertura del mismo fue casi total, porque los centros que fueron nucleados, eran aquellos que estaban uno al lado del otro, lo que facilitó la afluencia de electores y la participación de muchos. Futuras experiencias a realizarse en Venezuela, deben tomar en consideración lo que acá se hizo en esta materia.
En cuanto al arbitraje, es notorio cómo los dos principales partidos en contienda fueron partícipes de la organización misma del proceso y pudieron respetarse el uno al otro para lograr un fin mayor: permitir que miles de ciudadanos tuviesen la oportunidad de expresarse. Otra lección que debe aprenderse.
Organizativamente estas primarias contaron con 323 centros de votación, 571 mesas electorales, 400 mil boletas, 4 mil 568 miembros de mesa, más de 600 observadores y casi 200 mil electores participantes. Un saldo sumamente positivo que según entiendo, salió a muy bajo costo. La participación fue elemento clave.

La Participación
El 31 de octubre se llevó a cabo la primaria abierta en la que mayor participación se ha registrado hasta los momentos: más de 20% del Registro de Electores se presentó a los centros a expresar su opinión. Esa es quizás la cifra que mayor relevancia le otorga al evento y que manda un mensaje político muy claro: hay una demanda de participación que cuando es satisfecha, brinda excelentes resultados. Este caso no es aislado, porque el pasado 25 de abril los votantes fueron muchos más de lo que se esperaba.
Además hay otro excelente ejemplo. Maracaibo tuvo un antecedente muy cercano, digno de ser comentado: para muchos pasó desapercibido, pero el fin de semana anterior (24 de octubre) en el municipio Miranda del propio Estado Zulia también se celebró una primaria en la que participaron más de 12 mil personas. Ese número equivale a más del 60% de lo que obtuvo la oposición en votos el pasado 26-S. Por cierto, lejos de pensar que se impuso un candidato de UNT o AD en esa contienda, ganó Wilmer Oquendo de Podemos con 5.463 votos. Es decir, hubo oportunidad para que un abanderado de un partido pequeño pudiera imponerse por la fuerza de los votos. La lectura es sumamente clara: La gente quiere participar y el clima de movilización es mejor del que muchos se imaginan.
En Maracaibo participó casi la mitad (48%) de quienes votaron por los candidatos de la MUD en septiembre (382 mil 400 personas). Un número muy importante. Considere otros ejemplos de otras latitudes y se percatará de lo que le estoy diciendo. Al parecer, después de estas experiencias y en particular después de la que tomó cuerpo en suelo marabino, la política de las primarias pareciera haber llegado para quedarse. Por ello es que las considero como un punto de referencia.
¿Valía la pena hacerlas?
El argumento de un consenso político entre ambos candidatos por supuesto que era viable. De hecho, muy viable. Si Guanipa hubiese declinado voluntariamente, la discusión sobre cuál era el mejor liderazgo carecía de sentido. Al ser UNT el partido con mayor tamaño en el Municipio, hubiese estado muy claro que su candidata era la mejor opción. Pero la situación es distinta cuando hay más de una persona que piensa que tiene las calificaciones para aspirar y eso es absolutamente legítimo. En consecuencia, no había acuerdo y ambas fuerzas políticas escogieron el mejor camino para dirimir esa diferencia: consultarle al pueblo.
Pudieron haber escogido hacer una encuesta, pero siempre hay suspicacia con este método. Soy una persona que confía y trabaja con sondeos, pero entiendo la desconfianza que pudiera existir en los actores políticos para la utilización de esta herramienta, lamentablemente desprestigiada en el 2008 por los propios candidatos que compitieron a alcaldes y gobernadores. Por ello el camino de la consulta en las urnas era el más transparente. Así que la respuesta de si valió la pena o no, es muy clara: Sí, por supuesto que valió la pena. La candidata elegida –en camino de ser alcaldesa, por la fuerza del caudal electoral opositor en Maracaibo– tuvo ya su mejor acto de campaña: el triunfo en unas primarias bien organizadas que definitivamente han legitimado su opción.
Esta experiencia otorga algunas luces para el camino de una eventual celebración de elecciones primarias para escoger al candidato presidencial opositor, tema al cual ya me he referido anteriormente, pero que naturalmente con hechos de este calibre como el que he analizado acá, toma aún más fuerza. Insisto: tener claro muy temprano el horizonte y las reglas de juego para ese evento es de suma importancia. Si hubo algo negativo digno de mejorar de las primarias de Maracaibo fue el poco tiempo disponible para los electores, también debemos aprender de eso.
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Foto tomada del blog: republicadelzulia.blogspot.com





