Desde hace muchos años en la Cultura PolÃtica del Venezolano se escucha el término “oposición” como una suerte de fuerza antagónica que ejerce un contrapeso a la acción del gobierno de turno. Mucho se criticó la figura de la oposición en la época de la “guanábana”, cuando blancos y verdes constituÃan la mayorÃa en las simpatÃas polÃticas de los venezolanos y en la alternancia se configuraba una suerte de indolencia y permisividad extrema a los abusos cometidos por unos y otros. Con este discurso llegó quien amenazó con “freÃr la cabeza de los adecos” y le sobraron cabezas o le faltó aceite como dirÃa un polÃtico contemporáneo.
Sin embargo en tiempos de Hugo Chávez, la oposición quedó dividida en dos etapas, por ahora. Una en la cual todos los que no pensamos como el gobierno salimos a la calle a defender nuestros derechos con entusiasmo y alegrÃa, tal vez demasiada alegrÃa para lo que se debÃa y preocuparon a un gobierno que sentÃa los rigores del descontento en gran parte de Venezuela. Esa “oposición” fue arrinconada por las huestes impunes del salvajismo oficialista. TodavÃa están vivos muchos recuerdos del tiroteo en la Plaza Altamira o de las agresiones en las marchas hacia el CNE o el mismo 11 de abril donde la historia es distorsionada para someter y execrar a quienes estaban del lado de los manifestantes y no del lado de pistoleros cobardes, quienes tratados como héroes por una revolución trasnochada fueron exonerados de cualquier responsabilidad material de esos disparos públicos y notorios, pero donde, sin consideración de ningún tipo condenaron a 30 años a un grupo de venezolanos. Episodios como estos asustaron a gran parte de los alegres manifestantes de la oposición venezolana y los redujeron a las cacerolas tras las rejas de su casa.
En esta etapa tenemos varios grupos de “opositores”. Una parte de ese entusiasmo de otrora quedó en estado de shock ante el manejo poco apropiado y desgraciadamente estéril del paso de Pedro Carmona Estanga en su muy breve gobierno, que dejó un malestar no tan breve, que todavÃa compartimos muchos venezolanos, demócratas por convicción que sentimos que ese dÃa fuimos burlados por una mala jugada de un grupo de irresponsables que no entendieron en ese momento lo que tenÃan entre sus manos. De estas páginas célebres de oposición al gobierno de Hugo Chávez no podemos olvidar las que escribimos millones de venezolanos que con estoicismo soportamos un paro, que nos autosecuestramos con unas “guarimbas” desubicadas en el tiempo y en el espacio, y que después de todo esto decidimos que “ya no valÃa la pena protestar”.
Aquà comienza el gobierno a acelerar su proceso de anomia generalizada que desintegra las instituciones públicas, que subordina los contrapesos de un Estado democrático y clienteliza a millones de venezolanos reforzando su pobreza pero dándole migajas a quienes merecÃan realidades y futuro. Aquà comenzamos a flotar como sapos en una inmensa olla de agua tibia a sufrir los rigores de un gobierno excluyente y exclusivo, sistémica y sistemáticamente alienante, depredador de libertades y derechos económicos, polÃticos, individuales y colectivos, siempre bajo la mirada sorprendida de quienes desde la olla de agua tibia esperan que sus “lÃderes de oposición” hagan algo por ellos, porque sencillamente, la ecuación de vida de quienes no pensamos como Hugo Chávez cambió drásticamente.
Un grupo se entregó a las mieles de una cleptocracia galopante y son los famosos “opositores sociales”, quienes de jueves a domingo despotrican contra el régimen, pero con es escosés en la mano dedicando su tiempo y esfuerzo en planificar la compra del nuevo carro o el viaje a exóticos parajes. Siempre con la patética excusa de que “si no le vendo al gobierno lo hace otro, y yo tengo familia”. Estos personajes, a quienes llamo los “chambistas” ya fueron domesticados. Regalan franelas rojas por obligación y de otros colores por conveniencia social. Pero hace rato perdieron la brújula ciudadana de quien con identidad y pertenencia sentimos y sufrimos la tragedia en la que vive nuestra Venezuela.
Otro grupo se mantiene participando. Somos cada vez menos, por aquello de que “algo te puede pasar”, pero seguimos activos en los medios, en las redes sociales, en las organizaciones gremiales, en eso que yo llamo los “focos de resistencia”, donde los estudiantes juegan un rol primordial de idealismo casi virginal y valentÃa infinita colocándose al frente de una asimétrica lucha de ideas contra represión.
Pero hoy deseo hablar de una gran mayorÃa de quienes dicen que no están con Hugo Chávez, pero consideran que su única obligación es ir a votar por quien esté contra Chávez para luego consolarse en un ejercicio de sadomasoquismo culpando a todo el mundo, desde al candidato opositor hasta al clima, pero olvidándose que no fuimos suficientes porque no trabajamos para eso. Sobre esto deseo extenderme un poco más.
Oposición (del latÃn oppositio) es la acción o efecto de oponerse y oponerse significa “manifestar desacuerdo”. Por lo tanto, “oposición pasiva” no existe. Es un oximorón, algo asà como “Bolivarianismo Marxista”. Es algo que atenta contra los principios elementales de su esencia. Oposición es una acción y debe reflejarse en la calle, en los medios, en los barrios, urbanizaciones, en cualquier rincón del paÃs donde la Constitución Nacional respalda el derecho polÃtico de la protesta cÃvica, porque para eso es la democracia, para disentir, para albergar el pluralismo de ideas y pensamientos, para exigir rendición de cuentas y transparencia a nuestros empleados, presidente y ministros, electos por el pueblo pero no para construir una realidad paralela de opulencia y lujo frente a las necesidades y desasistencia de la mayorÃa.
Si no estás dispuesto a ejercer tus derechos constitucionales de disentir activamente y de construir un futuro diferente por medio de la protesta pacÃfica, del ejercicio democrático, no te identifiques como “de oposición”, ya que con tu desesperanza, desidia o apatÃa contribuyes a que todos los dÃas vivamos nuevos desmanes, siempre esperando que otro solucione nuestros problemas. Debemos creer en los partidos polÃticos como pilares de la democracia, pero si sus dirigentes no son lÃderes y no nos llevan al camino correcto, es hora de que la promesa de la MUD de abrirle el camino a todos en la lucha por el rescate de la democracia se materialice. Merecemos un paÃs mejor para todos y solo lo alcanzaremos si despertamos y nos organizamos para decirle a Venezuela y al Mundo que nadie votó por la entrega sistemática de nuestra soberanÃa a Cuba ni por el remate de nuestras reservas en oro, ni por “leyes socialistas”, ni tampoco nadie votó por Nicolás Maduro.
Dejemos de un lado el pesimismo, la flojera, el confort acomodaticio de la resignación y la adaptación, la desidia, la desesperanza, la decepción, y enfrentemos nuestro futuro con el optimismo de quienes trabajaremos para oxigenar la democracia y regenerar el tejido social de un paÃs cuyo pueblo nunca debió desgarrarse ante las iniquidades del odio y el resentimiento. ¡Claro que tenemos futuro, si todos trabajamos para ello!
Amanecerá y veremos…




