Cómo gestionar la “culpa del sobreviviente” tras los sismos

A menos de una semana del doble terremoto que sacudió al país el pasado 24 de junio, las consecuencias psicológicas comienzan a manifestarse en la población, incluso en aquellos ciudadanos que no sufrieron pérdidas materiales ni familiares directamente, al igual que en los venezolanos que se encuentran fuera de las fronteras del país.

Asdrúbal Alejandro Espinoza, psicólogo, profesor de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y residente de Caracas, explica que este fenómeno conocido formalmente como síndrome o culpa del sobreviviente. Lo describe como “una experiencia de intensa agitación emocional que se genera tras haber sido expuesto a la muerte o daño de otros”.

“Lo que llamamos ‘síndrome’, o sencillamente, culpa del sobreviviente, sobre la cual ya hay numerosos reportes, refiere precisamente a esa experiencia de intensa agitación emocional en conjunto con sentimientos de culpa o culpabilidad tras sucesos como los del pasado 24”, explicó Espinoza.

El especialista aclara que esta reacción no es patológica ni anormal en una persona, sino que forma parte de los esfuerzos que hace la psique por intentar reconstruir los hechos y comprender cómo es que uno continúa con vida mientras que otros fallecieron. 

“Es un fenómeno que se ha documentado y observado durante muchas décadas en personas que han presenciado o han sido expuestas a la muerte o daño de otra persona y han sobrevivido a la experiencia. Sea una guerra, un desastre natural, algún conflicto armado, o puede sobrevenir incluso después de eventos como un accidente automovilístico con fatalidades y pocos o un solo sobreviviente”, añadió el psicólogo.

Las señales de alerta de este sentimiento de culpabilidad se manifiestan a través de pensamientos recurrentes sobre no merecer estar vivo, rumiación constante sobre el sentido del evento sísmico y fuertes conflictos internos al intentar retomar rutinas cotidianas o actividades “que no forman parte de esfuerzos de rescate, apoyo o ayuda a los afectados”.

El síndrome también crea una especie de “culpa” en la persona por el solo hecho de sentirse feliz, bien o agradecida.

El dilema ético 

Uno de los focos emocionales más complejos de esta situación tras los terremotos se vive en el entorno digital y comercial, donde pequeños emprendedores, profesionales independientes y trabajadores de áreas consideradas como no prioritarias expresan temor y vergüenza por promocionar sus servicios y/o productos por respeto al luto nacional.  

Asdrúbal Alejandro Espinoza señala que este conflicto nace de la percepción de que el deseo de acompañar a otros en su dolor y la necesidad de continuar sosteniendo un hogar corren en direcciones contrarias.

“Las necesidades personales se perciben que contradicen a las necesidades del país y en querer estar presentes”, destaca el experto, aclarando de inmediato que “es una percepción, pues ambas cosas pueden coexistir: el ayudar y el continuar con la propia vida”. 

Los deseos de ayudar de forma colectiva son importantes y valiosos, pero deben balancearse con la propia capacidad económica y física del momento para evitar tomar decisiones impulsivas que dejen al propio donante en una situación de vulnerabilidad extrema. 

Espinoza recuerda un caso que vio recientemente por redes sociales de una persona que donó buena parte de sus ingresos a centros de acopio y recaudaciones de fondos, y al pasar unos días, se encontraba en situación precaria por no contar con ingresos para atender sus necesidades personales.

Debido a que las consecuencias de la tragedia se proyectarán a largo plazo, el psicólogo insiste en que reactivar la economía individual y mantenerse activo es indispensable.

“Reactivar la propia economía y continuar sosteniéndose individualmente a nivel psicológico y emocional es, precisamente, continuar contando con recursos para poder seguir siendo solidarios y de ayuda al país a corto, mediano y largo plazo. Así se pueden elaborar e integrar las complicadas emociones que sentimos alrededor de todo lo ocurrido, incluida la culpa. Usarlas para la acción”, explicó el terapeuta. 

La rutina laboral

Retomar las jornadas de trabajo y reacomodar la rutina diaria tiene una función reguladora que es indispensable en tiempos de desastre, siempre y cuando no sea utilizado como un método de evasión para ignorar el trauma.

El mantener horarios fijos para levantarse temprano o continuar con planes de estudio y metas laborales puede ayudar a canalizar las emociones fuertes a través de una acción con propósito.

El docente advierte que es sumamente pronto para hablar de una recuperación total o del retorno a la normalidad del pasado e indica que “recuperar, o más bien construir una nueva cotidianidad, va a pasar precisamente por transitar ese duelo”

En su opinión profesional, la sociedad se enfrenta a un desafío de “co-construir” una nueva realidad que va a estar marcada por recuerdos dolorosos, cambios drásticos en el paisaje urbano de las zonas costeras del país y la ausencia física de seres queridos.

“Reanudar rutinas y mantenernos activos es algo que precisamente puede ayudarnos a procesar gradualmente el evento y a transitarlo, dándole su espacio al dolor, la tristeza, la rabia, la culpa, la angustia y el duelo que muchos venezolanos estamos sintiendo y experimentando. y que se espera continúe en el transcurso de los próximos días, semanas y meses”, señala Espinoza. 

El trabajo se puede convertir en un medio de resiliencia y apoyo social en lugar de un acto de egoísmo o indiferencia en esta tragedia, que es lo que muchos ciudadanos sienten actualmente. El psicólogo también hace una advertencia clara de que se debe evitar que las actividades se conviertan en una máscara para ocultar el trauma.

Primeros auxilios psicológicos

Para ayudar a familiares, amigos o compañeros de trabajo que se encuentren abrumados emocionalmente o paralizados por la tragedia, las personas pueden aplicar una serie de pasos de primeros auxilios psicológicos en sus propios hogares u oficinas.

La recomendación incluye ofrecer espacios para que las personas se expresen, aplicando la escucha activa sin emitir prejuicios. Espinoza enfatiza la importancia de erradicar ciertas frases del vocabulario de consuelo que, lejos de ayudar, tienden a invalidar el sufrimiento y a que se prolongue el sentimiento de culpa.

Según el académico, “Es importante tratar de evitar expresiones como ‘ya pasó, lo material se recupera, agradece que estás vivo, todo va a estar bien, no pasa nada’ y similares que pueden ser recibidas de forma negativa o cronificar la culpa”.  

Estas frases pueden acentuar en la víctima la sensación de que está haciendo algo malo o que está fallando en no sentirse de cierta forma. El especialista recomienda sustituir estas interacciones por preguntas abiertas que inviten al desahogo del afectado, libre de interrupciones, o bien brindar una compañía silenciosa y respetuosa que no presione al individuo a actuar o cambiar su estado emocional de inmediato.

“Algo que se puede aplicar como regla general es darle espacio a la persona para que se exprese y reformular lo que diga hasta recibir confirmación de que está siendo escuchado y entendido”, aconseja el profesor.

En los casos donde el abatimiento, el aislamiento y el bloqueo emocional persisten de manera prolongada en el tiempo, necesitan de forma urgente una red de apoyo profesional.

Servicios de salud mental gratuitos

Frente a la emergencia sísmica diversos gremios, universidades e instituciones de atención médica han activado canales de asistencia psicológica gratuita para toda la población que requiera orientación profesional. En la ciudad de Caracas, el Centro de Salud Santa Inés ofrece consultas y apoyo presencial de lunes a viernes en el horario de 8:00 de la mañana a 4:00 de la tarde.

De igual manera, se encuentran operativas las plataformas telefónicas y digitales de Psicolínea UCAB y la Línea de Atención Psicológica (LAPSI) de la Federación de Psicólogos de Venezuela (FPV). 

En el sector de la salud pública, hospitalaria y de protección social se mantienen activos servicios como el del Hospital Psiquiátrico de Caracas, la fundación Fundana para la asistencia centrada en mujeres y niños, el centro terapéutico Happy Place, el programa Órbita CI 130 y el Grupo Praxis

También hay equipos de psicólogos y psiquiatras que se han trasladado de forma voluntaria a espacios como el Parque del Este para brindar apoyo directo a los sobrevivientes trasladados desde las zonas más afectadas. 

Espinoza enfatiza que “Muchos otros colegas también están ofreciendo atención gratuita online y presencial y aún varios otros grupos e instituciones están en proceso de organización para atender tanto online como presencial en varios centros y zonas donde están siendo ubicados los más afectados”. 

Validar el sufrimiento

Asdrúbal Alejandro Espinoza hace un llamado a la compasión y al reconocimiento de la propia vulnerabilidad frente a una tragedia de esta magnitud y concluye que, debido a que las pérdidas y el trauma sigue siendo una realidad del presente, el paso más difícil y necesario para desarrollar la fortaleza es permitirse el espacio para sentir el dolor sin minimizarlo. 

“A riesgo de simplificar, algo que siempre es importante recordar y tener presente es cuidarse de tratar a nuestro sufrimiento emocional, y el de los demás, como si se tratara de alguna falla o un fracaso moral y personal. Sentirse tristes, abrumados, vacíos, ‘golpeados’, molestos, desesperados o hasta ‘llenos’ de sentimientos como la rabia y el odio, como he escuchado y leído a algunos expresar en los últimos días, más que normal o esperado o válido, es humano. Estos eventos nos trastocan, nos cambian, nos mueven y conmueven de formas que en un principio podemos no entender, o no saber cómo sobrellevar ni procesar ni aceptar y para una sociedad y país como la venezolana, en medio de tantas dificultades en cada área y dimensión de la vida, vivir y sobrevivir a un terremoto puede ya sentirse como ‘demasiado’, como que ya no podemos más. Y a pesar de que el tiempo transcurra y los días pasen, lo que nos pasó todavía sigue pasando. Todavía es presente, no es pasado y hay pérdidas que permanecen inconsolables e insustituibles. Por lo que mi mensaje sería hacer lo que puede ser una de las cosas más difíciles de todo esto, pero que al mismo tiempo puede ayudar a desarrollar la fortaleza que necesitaremos para los días que quedan por delante. eso es darnos el espacio para darle forma y para sentir lo que tengamos que sentir”, concluyó el experto.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Experto advierte que experimentar malestar o culpa al retomar las rutinas laborales tras el sismo es una respuesta humana e insta a la población a validar el dolor sin juzgarlo
TelegramWhatsAppFacebookX

A menos de una semana del doble terremoto que sacudió al país el pasado 24 de junio, las consecuencias psicológicas comienzan a manifestarse en la población, incluso en aquellos ciudadanos que no sufrieron pérdidas materiales ni familiares directamente, al igual que en los venezolanos que se encuentran fuera de las fronteras del país.

Asdrúbal Alejandro Espinoza, psicólogo, profesor de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y residente de Caracas, explica que este fenómeno conocido formalmente como síndrome o culpa del sobreviviente. Lo describe como “una experiencia de intensa agitación emocional que se genera tras haber sido expuesto a la muerte o daño de otros”.

“Lo que llamamos ‘síndrome’, o sencillamente, culpa del sobreviviente, sobre la cual ya hay numerosos reportes, refiere precisamente a esa experiencia de intensa agitación emocional en conjunto con sentimientos de culpa o culpabilidad tras sucesos como los del pasado 24”, explicó Espinoza.

El especialista aclara que esta reacción no es patológica ni anormal en una persona, sino que forma parte de los esfuerzos que hace la psique por intentar reconstruir los hechos y comprender cómo es que uno continúa con vida mientras que otros fallecieron. 

“Es un fenómeno que se ha documentado y observado durante muchas décadas en personas que han presenciado o han sido expuestas a la muerte o daño de otra persona y han sobrevivido a la experiencia. Sea una guerra, un desastre natural, algún conflicto armado, o puede sobrevenir incluso después de eventos como un accidente automovilístico con fatalidades y pocos o un solo sobreviviente”, añadió el psicólogo.

Las señales de alerta de este sentimiento de culpabilidad se manifiestan a través de pensamientos recurrentes sobre no merecer estar vivo, rumiación constante sobre el sentido del evento sísmico y fuertes conflictos internos al intentar retomar rutinas cotidianas o actividades “que no forman parte de esfuerzos de rescate, apoyo o ayuda a los afectados”.

El síndrome también crea una especie de “culpa” en la persona por el solo hecho de sentirse feliz, bien o agradecida.

El dilema ético 

Uno de los focos emocionales más complejos de esta situación tras los terremotos se vive en el entorno digital y comercial, donde pequeños emprendedores, profesionales independientes y trabajadores de áreas consideradas como no prioritarias expresan temor y vergüenza por promocionar sus servicios y/o productos por respeto al luto nacional.  

Asdrúbal Alejandro Espinoza señala que este conflicto nace de la percepción de que el deseo de acompañar a otros en su dolor y la necesidad de continuar sosteniendo un hogar corren en direcciones contrarias.

“Las necesidades personales se perciben que contradicen a las necesidades del país y en querer estar presentes”, destaca el experto, aclarando de inmediato que “es una percepción, pues ambas cosas pueden coexistir: el ayudar y el continuar con la propia vida”. 

Los deseos de ayudar de forma colectiva son importantes y valiosos, pero deben balancearse con la propia capacidad económica y física del momento para evitar tomar decisiones impulsivas que dejen al propio donante en una situación de vulnerabilidad extrema. 

Espinoza recuerda un caso que vio recientemente por redes sociales de una persona que donó buena parte de sus ingresos a centros de acopio y recaudaciones de fondos, y al pasar unos días, se encontraba en situación precaria por no contar con ingresos para atender sus necesidades personales.

Debido a que las consecuencias de la tragedia se proyectarán a largo plazo, el psicólogo insiste en que reactivar la economía individual y mantenerse activo es indispensable.

“Reactivar la propia economía y continuar sosteniéndose individualmente a nivel psicológico y emocional es, precisamente, continuar contando con recursos para poder seguir siendo solidarios y de ayuda al país a corto, mediano y largo plazo. Así se pueden elaborar e integrar las complicadas emociones que sentimos alrededor de todo lo ocurrido, incluida la culpa. Usarlas para la acción”, explicó el terapeuta. 

La rutina laboral

Retomar las jornadas de trabajo y reacomodar la rutina diaria tiene una función reguladora que es indispensable en tiempos de desastre, siempre y cuando no sea utilizado como un método de evasión para ignorar el trauma.

El mantener horarios fijos para levantarse temprano o continuar con planes de estudio y metas laborales puede ayudar a canalizar las emociones fuertes a través de una acción con propósito.

El docente advierte que es sumamente pronto para hablar de una recuperación total o del retorno a la normalidad del pasado e indica que “recuperar, o más bien construir una nueva cotidianidad, va a pasar precisamente por transitar ese duelo”

En su opinión profesional, la sociedad se enfrenta a un desafío de “co-construir” una nueva realidad que va a estar marcada por recuerdos dolorosos, cambios drásticos en el paisaje urbano de las zonas costeras del país y la ausencia física de seres queridos.

“Reanudar rutinas y mantenernos activos es algo que precisamente puede ayudarnos a procesar gradualmente el evento y a transitarlo, dándole su espacio al dolor, la tristeza, la rabia, la culpa, la angustia y el duelo que muchos venezolanos estamos sintiendo y experimentando. y que se espera continúe en el transcurso de los próximos días, semanas y meses”, señala Espinoza. 

El trabajo se puede convertir en un medio de resiliencia y apoyo social en lugar de un acto de egoísmo o indiferencia en esta tragedia, que es lo que muchos ciudadanos sienten actualmente. El psicólogo también hace una advertencia clara de que se debe evitar que las actividades se conviertan en una máscara para ocultar el trauma.

Primeros auxilios psicológicos

Para ayudar a familiares, amigos o compañeros de trabajo que se encuentren abrumados emocionalmente o paralizados por la tragedia, las personas pueden aplicar una serie de pasos de primeros auxilios psicológicos en sus propios hogares u oficinas.

La recomendación incluye ofrecer espacios para que las personas se expresen, aplicando la escucha activa sin emitir prejuicios. Espinoza enfatiza la importancia de erradicar ciertas frases del vocabulario de consuelo que, lejos de ayudar, tienden a invalidar el sufrimiento y a que se prolongue el sentimiento de culpa.

Según el académico, “Es importante tratar de evitar expresiones como ‘ya pasó, lo material se recupera, agradece que estás vivo, todo va a estar bien, no pasa nada’ y similares que pueden ser recibidas de forma negativa o cronificar la culpa”.  

Estas frases pueden acentuar en la víctima la sensación de que está haciendo algo malo o que está fallando en no sentirse de cierta forma. El especialista recomienda sustituir estas interacciones por preguntas abiertas que inviten al desahogo del afectado, libre de interrupciones, o bien brindar una compañía silenciosa y respetuosa que no presione al individuo a actuar o cambiar su estado emocional de inmediato.

“Algo que se puede aplicar como regla general es darle espacio a la persona para que se exprese y reformular lo que diga hasta recibir confirmación de que está siendo escuchado y entendido”, aconseja el profesor.

En los casos donde el abatimiento, el aislamiento y el bloqueo emocional persisten de manera prolongada en el tiempo, necesitan de forma urgente una red de apoyo profesional.

Servicios de salud mental gratuitos

Frente a la emergencia sísmica diversos gremios, universidades e instituciones de atención médica han activado canales de asistencia psicológica gratuita para toda la población que requiera orientación profesional. En la ciudad de Caracas, el Centro de Salud Santa Inés ofrece consultas y apoyo presencial de lunes a viernes en el horario de 8:00 de la mañana a 4:00 de la tarde.

De igual manera, se encuentran operativas las plataformas telefónicas y digitales de Psicolínea UCAB y la Línea de Atención Psicológica (LAPSI) de la Federación de Psicólogos de Venezuela (FPV). 

En el sector de la salud pública, hospitalaria y de protección social se mantienen activos servicios como el del Hospital Psiquiátrico de Caracas, la fundación Fundana para la asistencia centrada en mujeres y niños, el centro terapéutico Happy Place, el programa Órbita CI 130 y el Grupo Praxis

También hay equipos de psicólogos y psiquiatras que se han trasladado de forma voluntaria a espacios como el Parque del Este para brindar apoyo directo a los sobrevivientes trasladados desde las zonas más afectadas. 

Espinoza enfatiza que “Muchos otros colegas también están ofreciendo atención gratuita online y presencial y aún varios otros grupos e instituciones están en proceso de organización para atender tanto online como presencial en varios centros y zonas donde están siendo ubicados los más afectados”. 

Validar el sufrimiento

Asdrúbal Alejandro Espinoza hace un llamado a la compasión y al reconocimiento de la propia vulnerabilidad frente a una tragedia de esta magnitud y concluye que, debido a que las pérdidas y el trauma sigue siendo una realidad del presente, el paso más difícil y necesario para desarrollar la fortaleza es permitirse el espacio para sentir el dolor sin minimizarlo. 

“A riesgo de simplificar, algo que siempre es importante recordar y tener presente es cuidarse de tratar a nuestro sufrimiento emocional, y el de los demás, como si se tratara de alguna falla o un fracaso moral y personal. Sentirse tristes, abrumados, vacíos, ‘golpeados’, molestos, desesperados o hasta ‘llenos’ de sentimientos como la rabia y el odio, como he escuchado y leído a algunos expresar en los últimos días, más que normal o esperado o válido, es humano. Estos eventos nos trastocan, nos cambian, nos mueven y conmueven de formas que en un principio podemos no entender, o no saber cómo sobrellevar ni procesar ni aceptar y para una sociedad y país como la venezolana, en medio de tantas dificultades en cada área y dimensión de la vida, vivir y sobrevivir a un terremoto puede ya sentirse como ‘demasiado’, como que ya no podemos más. Y a pesar de que el tiempo transcurra y los días pasen, lo que nos pasó todavía sigue pasando. Todavía es presente, no es pasado y hay pérdidas que permanecen inconsolables e insustituibles. Por lo que mi mensaje sería hacer lo que puede ser una de las cosas más difíciles de todo esto, pero que al mismo tiempo puede ayudar a desarrollar la fortaleza que necesitaremos para los días que quedan por delante. eso es darnos el espacio para darle forma y para sentir lo que tengamos que sentir”, concluyó el experto.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Todavia hay más
Una base de datos de mujeres y personas no binarias con la que buscamos reolver el problema: la falta de diversidad de género en la vocería y fuentes autorizadas en los contenidos periodísticos.