Las dos últimas semanas han sido las más complicadas para el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en su lucha por permanecer cuatro años más en la Casa Blanca. A pesar de los continuos ataques de los que ha sido objeto desde inicios de 2011, cuando empezaron a aparecer sus potenciales rivales Republicanos, el actual mandatario ha lucido siempre como el favorito a ganar las elecciones del 6 de noviembre, excepto ahora, cuando los debates televisivos han tomado la escena.
Para sorpresa de muchos, el simpático y mediático Obama tuvo una pobre actuación en el primer debate celebrado a comienzos de este mes. Romney llegó bien preparado y dejó sin respuestas al candidato Demócrata, que lució bastante débil y fue proclamado perdedor, casi por unanimidad, de tal enfrentamiento.
La notoriedad de su mala actuación se reflejó rápidamente en las decenas de encuestas que bombardean los medios de comunicación de Estados Unidos. Romney se mostró en algunas por encima, no sólo a nivel nacional, sino también los estados donde la lucha está más cerrada. Incluso, redujo ventajas en un público fundamental para Obama: las mujeres.
Llegado el segundo debate, celebrado el pasado martes en formato de “audiencia pública” (townhall meeting), el Presidente respondió y estuvo a la altura de una dura batalla. No fue ni de cerca el Obama esperanzador y optimista de hace cuatro años, pero pudo contrarrestar los ataques de Romney y propinarle algunos golpes certeros al antiguo gobernador de Massachusetts, que por su parte también se supo defender.
Más allá de que el tribunal mediático ha estado dividido sobre quién fue el ganador, y las encuestas le dieron sólo una leve ventaja al actual Presidente, lo más importante para Obama fue frenar el ‘momentum’ que traía su rival Republicano.
Tal impulso había generado la idea real de que Romney podía ser el ganador de las elecciones, y llevó a que la distancia en las encuestas se redujera varios puntos porcentuales, sobre todo en los estados claves para la elección. Hay que recordar que la votación en Estados Unidos no es directa o nacional, sino más bien se decide estado por estado. El ganador en cada uno de ellos se lleva cierta cantidad de ‘votos electorales’, y el que supere los 270 se lleva la Presidencia.
Al menos 40 de los 50 estados que conforman la Unión tienen un claro favorito, no desde los últimos días sino desde la última década, con marcadas diferencias ideológicas y de preferencia de partidos, por lo que la lucha se ha centrado en esos 10 estados ‘swing’, donde a veces ganan los Demócratas y a veces los Republicanos.
Tras el primer debate, Romney salió fortalecido en Florida (que otorga 29 votos) pero sigue estando por detrás en el estado más mencionado y peleado de la campaña: Ohio, el cual otorga 18 votos y sin el cual ningún candidato Republicano a la Presidencia ha sido electo en más de cien años.
Ahora queda por ver el tercer y definitivo debate, este lunes 22 de octubre, último momento que tendrán los candidatos frente a una audiencia de importancia, en horario estelar, y que podría encaminar definitivamente la elección hacia uno y otro lado.




