Los disminuidos huevos de nuestra gallina

Pese a quien ganara las elecciones presidenciales del 7 de Octubre, la situación de Venezuela ameritaba y amerita un profundo examen y la toma de unas decisiones urgentes, hasta diría drásticas, para corregir el rumbo de una economía en ruta a un desastre anunciado donde PDVSA y el sector energético juegan el papel primordial por relacionarse con la mayor fuente de ingreso del país.

La primera medida correctiva que necesita tomar el gobierno y PDVSA y que no puede esperar ni un minuto más de espera es la restructuración de todos los sistemas de mantenimiento y prevención que ponen en peligro el funcionamiento y la producción del sector desde las refinerías, los oleoductos, gasoductos, plantas petroquímicas, hasta las plantas de generación eléctricas incluyendo a las represas. Casi todas ellas o gran partes de sus instalaciones presentan un estado de deterioro incomprensible e imperdonable que coloca sobre las cabezas del los venezolanos una temblante espada de Damocles.

A este estado de abandono se deben los cuatro incidentes en las últimas seis semanas que ha sufrido la industria, siendo el de Amuay, el mayor, causando muertes, serios daños a instalaciones y enormes pérdidas económicas debidas a la forzosa baja de producción y venta de sus productos.

Solamente el costo de tener que importar gasolina a precio internacional para suplir el mercado nacional que sigue siendo beneficiado por el precio de gasolina más bajo del mundo, representa una gasto descomunal. Pero lo que más preocupa es el latente peligro que estos incidentes se repitan con mayor frecuencia al deteriorarse instalaciones cuyo cuidado se han visto reducido a raíz de directivas ordenando recortes siempre más pronunciados en todo lo relacionado a mantenimiento.

El deterioro y la reducción de producción de instalaciones tan importantes como la represa del Guri y de Planta Centro, otrora orgullo de Venezuela, no tienen perdón para un país que aspira a un crecimiento y una expansión industrial digna de un gran productor de hidrocarburos.

Para esto se necesita mayor generación de energía e incentivos en lugar de apagones y restricciones para el sector privado.

La otra gran prioridad es el aumento de la producción que incluye una mayor explotación petrolera de los crudos livianos y pesados y la prometedora perspectiva de la explotación de nuestra vasta reserva de gas tanto de superficie como a través de la perforación de la capa de esquisto, y otros importantes proyectos relacionados a la industria petroquímica.

Pero todo esto requiere importantes inversiones y la asistencia y participación de técnicos especializados que hoy en día se encuentran casi exclusivamente en empresas extranjeras que el gobierno del Presidente Chávez ha frecuentemente maltratado o tratado a regañadientes por años.

Ofrecer a empresas extranjeras una compensación aceptable sin demoras en los pagos de sus servicios o restricciones de carácter financiero no quiere decir entregar nuestra industria a los “imperios,” sino mas bien dejar a un lado consideraciones políticas y concentrarse en meros negocios lucrativos: “business is business.”

Esto se está llevando a cabo en nuestro multicolor mundo entre países con mentalidades e ideologías tan diferentes como las de China y de los Estados Unidos.

El producto de nuestra gallina de los huevos de oro se han visto deteriorado y disminuido a tal punto que ya se parecen más bien a huevos de codornices, cosa que no solo afecta la economía del pueblo entero sino también a la de un gobierno cuyas saciedad no parece tener límites.

 

 Por Tony Bianchi

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Pese a quien ganara las elecciones presidenciales del 7 de Octubre, la situación de Venezuela ameritaba y amerita un profundo examen y la toma de unas decisiones urgentes, hasta diría drásticas, para corregir el rumbo de una economía en ruta a un desastre anunciado donde PDVSA y el sector energético juegan el papel primordial por relacionarse con la mayor fuente de ingreso del país.

La primera medida correctiva que necesita tomar el gobierno y PDVSA y que no puede esperar ni un minuto más de espera es la restructuración de todos los sistemas de mantenimiento y prevención que ponen en peligro el funcionamiento y la producción del sector desde las refinerías, los oleoductos, gasoductos, plantas petroquímicas, hasta las plantas de generación eléctricas incluyendo a las represas. Casi todas ellas o gran partes de sus instalaciones presentan un estado de deterioro incomprensible e imperdonable que coloca sobre las cabezas del los venezolanos una temblante espada de Damocles.

A este estado de abandono se deben los cuatro incidentes en las últimas seis semanas que ha sufrido la industria, siendo el de Amuay, el mayor, causando muertes, serios daños a instalaciones y enormes pérdidas económicas debidas a la forzosa baja de producción y venta de sus productos.

Solamente el costo de tener que importar gasolina a precio internacional para suplir el mercado nacional que sigue siendo beneficiado por el precio de gasolina más bajo del mundo, representa una gasto descomunal. Pero lo que más preocupa es el latente peligro que estos incidentes se repitan con mayor frecuencia al deteriorarse instalaciones cuyo cuidado se han visto reducido a raíz de directivas ordenando recortes siempre más pronunciados en todo lo relacionado a mantenimiento.

El deterioro y la reducción de producción de instalaciones tan importantes como la represa del Guri y de Planta Centro, otrora orgullo de Venezuela, no tienen perdón para un país que aspira a un crecimiento y una expansión industrial digna de un gran productor de hidrocarburos.

Para esto se necesita mayor generación de energía e incentivos en lugar de apagones y restricciones para el sector privado.

La otra gran prioridad es el aumento de la producción que incluye una mayor explotación petrolera de los crudos livianos y pesados y la prometedora perspectiva de la explotación de nuestra vasta reserva de gas tanto de superficie como a través de la perforación de la capa de esquisto, y otros importantes proyectos relacionados a la industria petroquímica.

Pero todo esto requiere importantes inversiones y la asistencia y participación de técnicos especializados que hoy en día se encuentran casi exclusivamente en empresas extranjeras que el gobierno del Presidente Chávez ha frecuentemente maltratado o tratado a regañadientes por años.

Ofrecer a empresas extranjeras una compensación aceptable sin demoras en los pagos de sus servicios o restricciones de carácter financiero no quiere decir entregar nuestra industria a los “imperios,” sino mas bien dejar a un lado consideraciones políticas y concentrarse en meros negocios lucrativos: “business is business.”

Esto se está llevando a cabo en nuestro multicolor mundo entre países con mentalidades e ideologías tan diferentes como las de China y de los Estados Unidos.

El producto de nuestra gallina de los huevos de oro se han visto deteriorado y disminuido a tal punto que ya se parecen más bien a huevos de codornices, cosa que no solo afecta la economía del pueblo entero sino también a la de un gobierno cuyas saciedad no parece tener límites.

 

 Por Tony Bianchi

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