Tres unidades de diálisis en Ciudad Guayana, en el municipio más poblado del estado, cerraron en los últimos cinco años. Queda una sola en pie con 28 máquinas operativas y 154 pacientes en tratamiento
El colapso de los servicios de salud, desde hace al menos cinco años, forzó a los pacientes renales a cruzar la frontera a Brasil como última alternativa para salvar sus vidas.
“Me ahogo” fue la expresión de Óscar Núñez cuando le diagnosticaron una enfermedad renal que lo condenaría a depender de un riñón artificial por el resto de su vida de permanecer en Venezuela, país donde el 80% de las unidades de diálisis y hemodiálisis están fallando, de acuerdo con el monitoreo de la Sociedad Amigos Trasplantados de Venezuela.
“Me dolió porque no fue culpa mía, me enfermé por una decisión del Gobierno”, enfatiza. El desabastecimiento de antirretrovirales, entre 2016 y 2017, lo obligó a interrumpir el tratamiento. En ese lapso su sistema inmune decayó y lo primero que destruyó el virus fueron sus riñones. Óscar lidia con el VIH desde hace 12 años. No recuerda un momento más crítico que el que pasó en Venezuela durante esos años.
“Cuando por fin llegaron los medicamentos yo comencé a sentirme mal. Nos dimos cuenta de que, por la interrupción, el virus hizo resistencia al tratamiento y nos tuvieron que cambiar a otro esquema… Pero yo ya tenía daño renal”, relata.
Caída libre de la salud renal
La mayoría de las unidades de diálisis y hemodiálisis extrahospitalarias que hay en el estado Bolívar, el más extenso del país, están ubicadas en Ciudad Guayana y Ciudad Bolívar: menos de 10 unidades de diálisis por 238.000 kilómetros cuadrados.
Tres unidades de diálisis en Ciudad Guayana, en el municipio más poblado del estado, cerraron en los últimos cinco años. Queda una sola en pie con 28 máquinas operativas y 154 pacientes en tratamiento.
En la capital, Caracas, la situación no es distinta: había cuatro unidades de diálisis y hemodiálisis extrahospitalarias, pero quedan apenas dos en pie. Una de ellas tiene solo cinco de 17 máquinas operativas, y capacidad para atender apenas 32 pacientes. Eso quiere decir que solo en esta unidad no menos de 70 pacientes dejaron de recibir diálisis por la avería de la mayoría de los dializadores.
La génesis del colapso de las máquinas de diálisis es el incumplimiento del contrato entre el Ministerio de Salud a través del IVSS y las unidades de diálisis extrahospitalarias.
En dicho convenio —sin renovación desde 2017— las empresas privadas contratadas deben garantizar el local, mobiliario, salario de personal de salud y el mantenimiento del sistema de osmosis inversa mientras que el IVSS tiene la responsabilidad de hacer el mantenimiento preventivo, correctivo o reemplazo de las máquinas de diálisis, así como de garantizar insumos como el bicarbonato, los ácidos, el kit de diálisis, la eritropoyetina y los anticoagulantes.
Con el paso del tiempo, las máquinas se han ido dañando porque el IVSS no las repara o reemplaza al punto que, por la falta de inversión, la indolencia gubernamental y el incumplimiento de medidas, obliga a pacientes a buscar en otros países la cura para sus enfermedades o simplemente mantenerse con vida.



