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Editorial: La grosera injerencia

Esta semana han continuado los coletazos de la crisis paraguaya y las formas en la que el gobierno venezolano ha manejado la situación. No es la primera, ni posiblemente la última, en que el Canciller Maduro aparece interfiriendo en situaciones similares, basta recordar la injerencia en de forma descarada en la defensa de Zelaya en Honduras en el 2009, pasando por encima de todos los mecanismos internos de ese país.

En el caso paraguayo, la situación es más o menos similar pero el descaro de la intervención es el mismo. Aún cuando el gobierno venezolano justifique la presencia del Canciller Maduro en una reunión política de emergencia para evitar la caída de un aliado, la clara intención de reunirse con militares de otro país es una injerencia en los asuntos internos de un Estado. Las formas mediante las que interviene el gobierno venezolano se apegan un protocolo preestablecido: intervención por parte de la Cancillería venezolana, pronunciamiento de UNASUR, pronunciamiento de ALBA, retiro de funcionarios diplomáticos, cierre de consulados y finalmente cierre de la Embajada, en algunos casos ruptura total de las relaciones. Las consecuencias de todo esto la terminan pagando los ciudadanos venezolanos que habitan en esos países porque quedan sin representación diplomática ni consular y los intereses del país quedan desprotegidos.

Hablemos con sinceridad: se ha producido una grosera injerencia en “crisis” latinoamericanas donde estén involucrados aliados políticos del gobierno venezolano. Hay una necesidad de sostener alianzas en ideológicas dejando de lado los intereses de la nación. A todas luces esto es un doble discurso porque se pretende condenar el “imperialismo yanqui” cuando en realidad lo que se busca es sustituirlo por un nuevo modelo expansionista.

Lo que se ha dicho tantas veces se vuelve a ratificar: la Cancillería venezolana es una gran operadora política al servicio de un partido y no del Estado, en donde activistas fungen como enviados diplomáticos, en donde el Canciller vela por los acuerdos con los aliados y no por los intereses de la nación, en donde se perdió la doctrina de actuar esperando el desarrollo de los acontecimientos por las condenas inmediatas, en donde no se pierde ni un minuto en construir alianzas políticas en vez de alianzas nacionales y esto nos puede costar el aislamiento.

 @diploos

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Esta semana han continuado los coletazos de la crisis paraguaya y las formas en la que el gobierno venezolano ha manejado la situación. No es la primera, ni posiblemente la última, en que el Canciller Maduro aparece interfiriendo en situaciones similares, basta recordar la injerencia en de forma descarada en la defensa de Zelaya en Honduras en el 2009, pasando por encima de todos los mecanismos internos de ese país.

En el caso paraguayo, la situación es más o menos similar pero el descaro de la intervención es el mismo. Aún cuando el gobierno venezolano justifique la presencia del Canciller Maduro en una reunión política de emergencia para evitar la caída de un aliado, la clara intención de reunirse con militares de otro país es una injerencia en los asuntos internos de un Estado. Las formas mediante las que interviene el gobierno venezolano se apegan un protocolo preestablecido: intervención por parte de la Cancillería venezolana, pronunciamiento de UNASUR, pronunciamiento de ALBA, retiro de funcionarios diplomáticos, cierre de consulados y finalmente cierre de la Embajada, en algunos casos ruptura total de las relaciones. Las consecuencias de todo esto la terminan pagando los ciudadanos venezolanos que habitan en esos países porque quedan sin representación diplomática ni consular y los intereses del país quedan desprotegidos.

Hablemos con sinceridad: se ha producido una grosera injerencia en “crisis” latinoamericanas donde estén involucrados aliados políticos del gobierno venezolano. Hay una necesidad de sostener alianzas en ideológicas dejando de lado los intereses de la nación. A todas luces esto es un doble discurso porque se pretende condenar el “imperialismo yanqui” cuando en realidad lo que se busca es sustituirlo por un nuevo modelo expansionista.

Lo que se ha dicho tantas veces se vuelve a ratificar: la Cancillería venezolana es una gran operadora política al servicio de un partido y no del Estado, en donde activistas fungen como enviados diplomáticos, en donde el Canciller vela por los acuerdos con los aliados y no por los intereses de la nación, en donde se perdió la doctrina de actuar esperando el desarrollo de los acontecimientos por las condenas inmediatas, en donde no se pierde ni un minuto en construir alianzas políticas en vez de alianzas nacionales y esto nos puede costar el aislamiento.

 @diploos

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